La música andaluza es tanto la música tradicional propia del territorio español de Andalucía, como un tipo de música específico de género culto, definido por unas características propias en el ámbito métrico, melódico, armónico y formal. En el ámbito armónico es muy frecuente el uso de la cadencia andaluza. Por ello, puede hablarse con propiedad de música andaluza compuesta por compositores no andaluces. En el ámbito de la musicología, a esta tendencia suele llamársele Andalucismo musical. Destacados géneros de música andaluza son el flamenco, la copla andaluza y el rock andaluz.

Historia

La historia de Andalucía es de una gran complejidad debido a su amplia dilatación en el tiempo. Su posición geoestratégica en el extremo sur de Europa, entre este lugar y África, entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, así como sus riquezas minerales y agrícolas y su gran extensión superficial de 87.268 km² (mayor que muchos de los países europeos), forman una conjunción de factores que hicieron de Andalucía un foco de atracción de otras civilizaciones ya desde el inicio de la Edad de los Metales. Por ello existen gran cantidad de sustratos musicales que han contribuido a la conformación de la música andaluza, como son el prerromano, el hispanorromano, el judío, el cristiano, el mozárabe, el castellano, el gitano, etc.

Edad Antigua

Durante la Antigüedad varios autores latinos mencionan que las muchachas gaditanas (puellae gaditanae), de origen tartésico, que cantaban y bailaban acompañadas por las baetica crusmata (una especie de crótalos), y cuyos bailes rítmicos y sensuales llevaban al paroxismo, eran de las más apreciadas en las fiestas romanas. Posteriormente el cristianismo empezó a penetrar en la Bética en torno al y fue consolidándose fuertemente en dicho territorio hasta el VIII, en que se produjo la islamización de la península ibérica. Este cristianismo primitivo y, en consecuencia, su música, estaba muy impregnado de las culturas latina, griega y judía.

Edad Media

La Invasión musulmana de la península ibérica iniciada en el 711, se efectuó de manera bastante rápida y con poco aporte de población foránea, en torno a un 2% de árabes y un 8% de bereberes. Por ello la cultura musulmana árabe se mezcló con un potente substrato latino, creándose una cultura sincrética muy vinculada a la clásica, original y diferenciada dentro del conjunto del Dar al-Islam.

El territorio de la actual Andalucía, como el resto al-Ándalus, quedó desconectado de las grandes reformas musicales impulsadas por el papa Gregorio Magno en el Occidente Cristiano, sobreviviendo en el territorio andalusí el rito mozárabe y su canto, con modos musicales propios y diferenciados de los del resto de la Europa cristiana. La influencia oriental, que ya estaba presente en la formación del canto mozárabe, se vio reforzada por la presencia de músicos bizantinos en la corte cordobesa y por la reforma musical de Ziryab en el califato.

Sin embargo hay testimonio de pervivencias paganas y latinas en al-Ándalus. En este sentido se utilizaba la palabra zamra para definir las unas fiestas profanas mozárabes cuya celebración en la península ibérica era anterior a la llegada del Islam. En estas zamr, de cuyo nombre deriva la palabra zambra, se cantaban coplas en lengua mozárabe, se bailaba y se bebía vino. Asimismo el surgimiento en suelo andalusí de géneros poéticos distintos a la clásica qasida árabe, como son el zéjel y la moaxaja, y especialmente las jarchas, que son remates líricos a modo de estribillo que constituyen la lírica romance más antigua de Europa, también apunta hacia el carácter original y sincretico de al-Ándalus.

La presencia judía en la península ibérica desde la Antigüedad como consecuencia de la diáspora, continuó en tiempos de al-Ándalus, aunque no hay noticias concretas de su influjo musical durante este periodo.

En el campo de la música tradicional, a lo largo de la primera mitad del la conquista castellana de Sierra Morena y el Valle del Guadalquivir, que incorporó este territorio a la Corona de Castilla, trajo consigo al territorio de Andalucía las letras y la música del romancero castellano. Del mismo modo la música culta castellana, especialmente la religiosa, según el rito romano, empezó a cultivarse en las tierras andaluzas. La influencia de la población mudéjar durante este periodo no está clara, teniendo en cuenta que gran parte de ella fue expulsada tras la Revuelta de 1264.

Edad Moderna

La conquista castellana de Granada durante el y la subsiguiente repoblación de su territorio, no fue obstáculo para la permanencia de gran cantidad de población morisca, heredera de la sincrética cultura andalusí. En este sentido los moriscos siguieron cultivando la zamra, que los repobladores cristianos creyeron originaria de los moriscos y que los andalusíes consideraban herencia hispanorromana.

Tras décadas de relativa tranquilidad y convivencia con los conquistadores, los moriscos se sublevaron. Como medida de represión, fueron dispersados por los territorios de la Corona y finalmente se decretó la Expulsión de los moriscos en 1609. Según la opinión de algunos autores esta dispersión pudo posibilitar que la población morisca en parte se diluyera con otros grupos marginales, especialmente con los calés y que, en la fecha de la expulsión, muchos pudieron haberse camuflado ya entre los referidos gitanos para evitar el destierro, de modo que durante varias décadas se produciría un maridaje étnico que permitiría un trasvase cultural y musical. De esta manera los gitanos, que habían llegado a la península hacia 1415, sirvieron de correa de transmisión entre el mundo marginal morisco y la cultura urbana. Muchos de ellos se dedicaron al canto y a la danza como forma de subsistencia, cultivando el romance, la seguidilla o la zarabanda, como se refleja en La Gitanilla de Miguel de Cervantes.

Desde el al está documentada la presencia de población negra en el área litoral de la Baja Andalucía, cuya posible influencia está muy poco estudiada. Sin embargo estudiosos de la música africanaJanheinz Jahn: Muntu. Las culturas de la negritud. Ediciones Guadarrama, Madrid. 1970. Págs 92 y ss. han encontrado claras líneas de relación entre algunas formas musicales españolas y la música de África Occidental, sobre todo de la música Yoruba. De este modo, la chacona y sobre todo el fandango, podrían estar emparentadas con la chica, una danza yoruba relacionada con la yuca y que está en el origen de buena parte de la música afrocubana, en especial, de la rumba. También los pies rítmicos de los tanguillos, las seguiriya y las bulerías han sido relacionados con un origen africano, por estar vinculadas con la rítmica en cruz, que une la polimetría y la polirritmia y que son típicas de África. Janheinz Jahn: Muntu. Las culturas de la negritud. Ediciones Guadarrama, Madrid. 1970. Págs 190-191. A juicio de algunos autores, pudo haber influencia de la música afrocubana ya desde el , que configuraría el fandango y otras formas musicales.Diario de Sevilla. Un estudio sitúa en el periodo Barroco los orígenes del flamenco. Lo cierto es que durante tres siglos el monopolio del comercio con América radicó en puertos andaluces, lo que motivó un intercambio cultural que abarca desde lo gastronómico y lo arquitectónico hasta lo musical. Los cantos y danzas andaluces y españoles en general viajaron con los primeros pobladores a América, sufriendo importantes transformaciones, desarrollándose de manera divergente y retornando desde las colonias. Por todo ello puede afirmarse que la influencia africana llegó a la música de Andalucía, bien directamente a través de la población negra o bien a través de la música afrocubana en los siglos XVII, XVIII y XIX.Hurtado, Antonio y David: La Llave de la Música Flamenca, Ed. Signatura, Sevilla, 2009

Edad Contemporánea

Tras siglos de marginación y persecución, iniciada por los Reyes Católicos y culminada con la Gran Redada de 1749, la Pragmática de Carlos III de 1783 inició el camino de mejora de las condiciones de vida de los gitanos españoles.

Posteriormente, como consecuencia de la Guerra de Independencia (1808-1812) se despertó en la conciencia española un sentimiento de orgullo racial que contrapone al ilustrado afrancesado la fuerza telúrica del majo, arquetipo del individualismo, la gracia y el casticismo. En ese ambiente comenzó a triunfar el costumbrismo andaluz y la moda cañí. Las cantiñas gaditanas sufrieron la influencia de la jotas patrióticas algunas de cuyas letras y el aire de su ejecución impregnó a las alegrías, dando lugar a lo que se denominó jota flamenca.

Paralelamente el romanticismo habían visto en el gitano y en otros tipos andaluces como el bandolero un arquetipo de individualismo que triunfó tanto en La Corte como entre los viajeros románticos del centro y norte de Europa. De este modo los gitanos, especialmente dotados y propensos a la música y la danza, cultivadores y mantenedores del folklore de sus lugares de acogida en toda Europa, hicieron lo propio con el rico folklore andaluz, llegando a una síntesis entre lo andaluz y lo gitano que luego se conocerá como flamenco, género que acabó por profesionalizarse produciéndose una separación entre el virtuosismo del cantaor y las posibilidades interpretativas del pueblo llano, sin que esto supusiera que el flamenco perdiera su carácter popular aunque minoritario.

A mediados del aparecieron en Andalucía la farruca y el garrotín, provenientes del folclore del norte de España. Ríos Ruiz, Manuel: Introducción al cante flamenco, Edt. Istmo, Madrid, 1972, Dep.Leg. M-6.269-1972, p.92

Historia de la danza en Andalucía

En el Siglo de Oro los cantos y danzas populares españoles, como los romances, las zarabandas, chaconas y seguidillas, llegaron a los escenarios en forma de intermedios o entremeses durante las obras teatrales, modificando sus rasgos populares. Los escritores tanto españoles como extranjeros relatan la existencia de cuadrillas de músicos y bailarines profesionales.

En el tránsito del al los bailarines profesionales siguieron haciendo cambios creativos en bailes populares, como el fandango y la seguidilla, añadiendo elementos, giros y eliminando de ellos lo tosco y lo explícito sexualmente. En Andalucía se cultivaron especialmente las seguidillas sevillanas, la seguidilla gitana y el zapateado. Asimismo, el monopolio del comercio con las Indias de Sevilla y Cádiz, y el consecuente tráfico de esclavos negros hacia América, propició la presencia en varias ciudades portuarias bajo andaluzas de colonias de negros, que influyeron con su música y danza en la población local, en un movimiento de ida y vuelta entre África, España y América. En Cádiz surgió el zorongo, un baile que según las letras de los pliegos de cordel era originario del Congo, aunque posteriormente Teófilo Gautier lo describió bailado por gitanos. El fandango llegó a España desde las Indias, siendo considerado en las Antillas un baile de negros. A finales del XVIII el fandango era un baile muy concreto y popular, tanto en los escenarios como en las fiestas. Su coreografía se acompañaba de castañuelas y pitos e incluía el zapateado. Hoy día ya no se baila.

A finales del XVIII se creó el bolero, cuya supuesta paternidad es compartida por varios bailarines, si bien Serafín Estébanez Calderón atribuye su definitiva codificación al maestro murciano Requejo. La manera de bailar el bolero pasó a crear un estilo de baile, llamado escuela bolera, un auténtico compendio del baile popular español estilizado que, en la primera mitad del XIX entró en las academias de baile, con bailes como el polo, la tirana y el ole.