Itau es una localidad de Bolivia, ubicada en el sur del país. Administrativamente se encuentra en el municipio de Caraparí de la provincia del Gran Chaco en el departamento de Tarija.

Itau fue fundada en 1791 como misión franciscana entre comunidades chiriguanas, y quedó abandonada tras la guerra de independencia. Fue refundada en 1845 y permaneció bajo tutela franciscana durante un prolongado proceso de secularización que se extendió hasta 1920.

Historia Época colonial Itau se encuentra en el piedemonte, en los últimos valles andinos al oeste de la serranía del Aguaragüe, antes de dar paso a la llanura chaqueña. Por su ubicación, estuvo entre las misiones franciscanas del Colegio de Tarija que mantuvieron un contacto más frecuente con el frente colonizador español.

Las primeras noticias documentales que mencionan específicamente a Itau datan de la década de 1730. Entre 1732 y 1735, los jesuitas Pons y Chomé pasaron por la comunidad y se entrevistaron con su jefe, cuyo nombre no se conoce. Según la correspondencia de Chomé, ese jefe convocó en Itau a los capitanes de Chimeo, Zapatera y Caaruruti, lo que indicaría que estas comunidades funcionaban entonces como una sola capitanía. En 1735, durante el ataque de los chiriguanos del Ingre contra Salinas, en el que murió el padre jesuita Lizardi, participaron todos los caciques de la zona a excepción de Catuari, identificado como jefe de Itau.

En 1758, Itau aparecía en las nóminas de pueblos chiriguanos considerados "infieles", con cuatro comunidades, mientras que Chimeo contaba con tres y Zapatera con cuatro. La primera descripción conocida del valle corresponde al jesuita Ramón Salat, quien lo visitó en 1769. Según su relato, el valle de Itau albergaba entonces seis pueblos, ninguno de los cuales superaba las 35 familias. Salat señaló además que sus habitantes mantenían mayor trato con los colonos españoles, por lo que mostraban menor interés en el cristianismo que otras comunidades de la región. El nombre de Itau, que en guaraní significa "piedra negra", fue utilizado por el franciscano Manuel Mingo de la Concepción para describir las relaciones conflictivas entre la comunidad y los asentamientos españoles. Mingo señaló que Itau había sido para los españoles una "piedra negra de escándalo" debido a los asaltos que sus habitantes protagonizaron contra los asentamientos de los tres valles de las Salinas.

En 1776, los chiriguanos de Chimeo, Itau, Caaruruti, Caraparí y Zapatera asaltaron conjuntamente estancias españolas del valle de Salinas. En 1778, un profeta con el título de Tumpa se levantó en Caiza y llamó a la guerra contra los españoles. Entre las comunidades convocadas se encontraban Itau, Zapatera, Chimeo, Pilcomayo y Guacaya. Entre los capitanes de Itau nombrados en la correspondencia de la época están Tavariyo, Tuichamini (o Tubichamiri), Aruca y Amerani. Los ataques continuaron durante los años siguientes. En abril de 1779, atacaron el fuerte de Santiago, y se menciona veintidós capitanes chiriguanos aliados, entre ellos los seis pueblos de Itau, que podían reunir hasta 200 guerreros. Recién en 1787 la intervención del arzobispo de La Plata (actual Sucre) y del cabildo de Tarija logró alcanzar una paz que incluyó a las comunidades de Itau.

La primera misión La paz alcanzada en 1787 no fue duradera. En agosto de 1790, una expedición punitiva de unos 800 españoles procedentes de Tarija destruyó Itau y Caraparí, como represalia por asaltos atribuidos a Chimeo y sus aliados. Según los franciscanos, este episodio llevó a los chiriguanos de Itau, junto con los de Zapatera y Caraparí, a solicitar por primera vez el establecimiento de una misión en su territorio. A este temor por nuevas represalias españolas se sumó, desde 1791, la creciente hostilidad de los tobas y los chanés, antiguos siervos de los chiriguanos que buscaban vengarse de los maltratos recibidos. Ante esto, los chiriguanos de Itau solicitaron una misión para poder defenderse de los ataques tobas.

En agosto de 1791, el Colegio de Propaganda Fide de Tarija envió al padre Lorenzo Ramos a Itau para establecer la misión. El 21 de septiembre se inauguró la primera capilla, bajo la advocación de San Mateo, en el paraje conocido como Tunalcillo o Tabarillo. Sin embargo, el nombre no se mantuvo por mucho tiempo. Tanto los colonos de Salinas como el propio padre Ramos preferían la advocación de San Miguel, que terminó siendo la adoptada por la misión. Poco después de su fundación, la misión se vio asediada de inmediato. El 14 de diciembre de 1791, chanés y tobas atacaron Caraparí, lo que obligó temporalmente a los misioneros de Itau a refugiarse en Salinas.

En junio de 1792, a propuesta del cacique Tubichamiri, la misión fue trasladada a un lugar un poco más arriba en el mismo valle. Para septiembre se habían construido catorce ranchos y la población, a la que se habían sumado chiriguanos llegados de Caiza por temor a los chanés, alcanzaba las 900 personas. Ese mismo año, una epidemia de viruela causó numerosas muertes. El 25 de abril de 1793, los chanés volvieron a atacar Itau y causaron un muerto y dieciséis cautivos. Las amenazas continuaron durante los años siguientes, por lo que los misioneros solicitaron medidas de protección.

En 1796 se aprobó la construcción de un fuerte en la misión, aunque las obras recién se concretaron en 1798, después de una nueva invasión chané el 22 de febrero de ese año.

Desde su fundación, los misioneros de Itau atendieron también a los criollos y mestizos asentados en el valle y en lugares vecinos, como Zapatera y Caraparí. A partir de 1804 comenzó a llevarse un libro de bautismos separado para esta población no indígena. El 12 de mayo de 1798, el gobernador intendente de Potosí, a solicitud del padre Antonio Comajuncosa, adjudicó a la misión una estancia de dos leguas de ancho por dos de largo en el paraje de Ñuguasu, para el pastoreo del ganado de los neófitos y los misioneros. El padre Francisco Rodríguez tomó posesión legal de ese terreno el 20 de junio de ese mismo año.

Independencia y decadencia La guerra de la independencia afectó gravemente a la misión de Itau. Cuando los realistas ocupaban Tarija, la misión servía como refugio de las tropas patriotas. El ganado de la misión fue saqueado por ambos bandos. El 14 de julio de 1818, tras la derrota patriota en la cuesta de la Soledad, las tropas se refugiaron en Itau mientras eran perseguidas por el coronel Antonio Vigil. El 25 de julio, los patriotas expulsaron de la misión al padre Manuel Saturio Ruiz. Poco después, Vigil arrestó al segundo conversor, fray Buenaventura González, acusándolo de favorecer a los patriotas, mientras las tropas realistas saqueaban e incendiaban la misión.

González regresó a Itau en febrero de 1819 e intentó reconstruir la misión, pero falleció en 1822. Para noviembre de 1833, los indígenas de la zona se hallaban dispersos y no se justificaba la presencia de un misionero, por lo que los franciscanos entregaron la exmisión al provisor eclesiástico de Tarija. Según los libros de bautismos consultados posteriormente por el padre Doroteo Giannecchini, Itau permaneció sin sacerdote desde el 2 de enero de 1829 hasta el 25 de julio de 1845, período durante el cual sus habitantes quedaron sin atención sacramental. miniaturadeimagen|Francisco Burdett O'Connor, que participó en la guerra de la independencia. La fecha exacta del fin de la misión ha sido objeto de distintas interpretaciones. El general Francisco Burdett O'Connor situó su desaparición en 1827, fecha que coincide con la apropiación que realizó por entonces de parte de sus tierras. Según su propio relato, un gobernador de Tarija le había señalado que el terreno de Ñuguasu había quedado como tierra baldía tras la extinción de la misión. Sin embargo, la documentación consultada por los historiadores Combès y Oliva indica que Itau continuaba siendo misión en 1827 y que las tierras de Ñuguasu, adjudicadas en 1798, seguían perteneciendo a esta. José Royo, el último conversor de la misión, reclamó y logró recuperar el terreno poco después. No todas las tierras tuvieron el mismo destino. Las de Ñancaguasu, también de la misión, fueron repartidas entre dieciséis criollos.

Entre 1833 y 1845, la exmisión quedó a cargo de una sucesión de clérigos seculares. Durante este período también se produjo una rebelión indígena en Itau y sus alrededores, fechada por algunas fuentes en 1832 y por otras en 1834. El general O'Connor participó en su represión y trasladó a varios indígenas a Tarija para incorporarlos al ejército boliviano. Las fuentes difieren en cuanto al número de hombres trasladados: Alejandro Corrado menciona 72, mientras que los capitanes de Itau, Manuel Viraque y Gregorio Guarumboi, señalaron 180. En una carta de 1846, O'Connor da la cifra de 81. El historiador Erick Langer sitúa la rebelión en 1834.

Refundación franciscana Con el avance de la colonización de la frontera chaqueña impulsado durante el gobierno de José Ballivián, los franciscanos del Colegio de Tarija decidieron restablecer la misión de Itau como punto de entrada hacia los pueblos del interior del Chaco boliviano. En 1845, el prefecto de misiones llegó a Itau, reunió a los indígenas y refundó la misión bajo la advocación de San Miguel Arcángel. Según los franciscanos, el restablecimiento de la misión atrajo de vuelta a numerosos antiguos pobladores dispersos, así como a otros chiriguanos procedentes del río Pilcomayo y de Guacaya.

A partir de entonces, la misión desarrolló actividades agrícolas y ganaderas y construyó una iglesia y escuelas. En 1878 sus tierras comprendían Ñuguasu, un terreno adicional cedido por el prefecto del departamento de Tarija, la estancia de Ñancaguasu, concedida en 1846 para sembradíos de los indígenas, y otros cinco solares adquiridos a criollos de la zona entre 1854 y 1874. Hasta 1883, la principal actividad económica de la misión fue la ganadería. A partir de ese año adquirió mayor importancia la agricultura, con cultivos de maíz, yuca, maní, calabazas, tabaco, algodón, naranjas, caña de azúcar, arroz y trigo. Su producto más destacado fue un tabaco, descrito en la documentación de la época como de "primera calidad". Su cultivo estaba a cargo sobre todo de los criollos y su producción alcanzó incluso mercados de Argentina. Hacia 1860, 1868 y 1872 proporcionó ganado y caballos para ayudar a fundar las nuevas reducciones de San Francisco Solano (actual Villa Montes), Macharetí y Tigüipa.

La iglesia de la misión, construida en 1852, fue dañada por un temblor en 1862 o 1863 y reconstruida, reabriéndose en 1871. Un informe de 1883 la describe como un edificio de adobe con cuatro capillas laterales, sacristía y torre. El conjunto misional incluía además un cementerio, una casa parroquial con hospedería y cárcel, escuelas separadas para varones y mujeres, y un horno de tejas y ladrillos.

Secularización miniaturadeimagen|Vista general de la misión de Itau en 1898. miniaturadeimagen|Planos de los terrenos de la iglesia de Itau, elaborado ca. 1917. Desde finales del siglo XIX, los propios franciscanos impulsaron la secularización de Itau, es decir, su entrega al clero secular, con el fin de liberar recursos y misioneros para fundar nuevas reducciones entre los indígenas del Chaco. En 1872, el prefecto de misiones informó a sus superiores de que la misión se encontraba en decadencia y recomendó su transferencia. Sin embargo, el Discretorio del Colegio de Tarija se opuso, al considerar que la fe cristiana todavía no se había consolidado lo suficiente entre los indígenas. En 1876 se hizo un nuevo intento y esta vez fue aprobado por el Discretorio, pero el arzobispado no disponía de clérigos para hacerse cargo de la misión.