La ingestión de semen o espermatofagia se refiere el acto de consumir semen por vía oral, acto que ocurre con mayor frecuencia en contextos sexuales, pero que también está documentado en ciertos entornos culturales, rituales e históricos.
Esta práctica se ha descrito en diversas sociedades y sistemas de creencias, donde puede tener un significado simbólico, social o erótico. En la actualidad, la ingestión de semen se asocia con mayor frecuencia al acto sexual oral de la felación, y se le discute en relación con el comportamiento y las preferencias sexuales.
Reportes antropológicos e históricos describen casos en los que el consumo de semen ha sido imbuido de significado espiritual o para el desarrollo, particularmente en ritos de iniciación o tradiciones religiosas esotéricas. Debates contemporáneos pueden situar esta práctica dentro del estudio más amplio de la sexualidad humana, incluyendo su prevalencia, motivaciones y su representación altamente frecuente en la pornografía.
Aspectos nutricionales y de salud La ingestión de semen no puede resultar en un embarazo, en tanto no hay forma de que el semen ingerido alcance el útero y las trompas de falopio para fertilizar el óvulo. Además, los ácidos estomacales y las enzimas digestivas en el tracto gastrointestinal desintegran y matan a los espermatozoides. El semen humano tiene un valor nutricional apenas nominal, ya que una eyaculación típica produce cantidades relativamente pequeñas en relación con el consumo normal de alimentos. Si bien contiene pequeñas cantidades de sustancias nutricionalmente beneficiosas, lo hace a niveles tan bajos que se requeriría la ingestión de una gran cantidad para obtener algún beneficio para la salud. El aspecto más nutritivo del semen es que contiene el 7% del aporte diario recomendado de zinc.
El sabor del semen es descrito comúnmente como suave y variable, con reportes que van desde ligeramente salado o amargo hasta ligeramente dulce. Su sabor y el perfil nutricional pueden verse afectados por la dieta individual. Por ejemplo, una creencia muy extendida ha sido que comer piña mejora el sabor del semen, lo cual, según se ha reportado, tiene alguna base científica debido a que la acidez de la piña equilibra el pH naturalmente alcalino del semen.
La investigación clínica ha establecido tentativamente un vínculo entre la ingesta de semen y la modulación inmune, indicando que puede reducir las probabilidades de complicaciones durante el embarazo. Un estudio encontró que la preeclampsia, una complicación potencialmente fatal, ocurría menos en mujeres que practicaban la felación de manera regular, siendo aquellas que también ingerían el semen de su pareja las que tenían el menor riesgo. Estos resultados fueron consistentes con el hecho de que el semen contiene TGF-β1, cuyo intercambio entre parejas tiene una reducción causal en el riesgo de preeclampsia causado por una reacción inmunológica. Sin embargo, la ingesta de semen no es el único mecanismo viable para la transmisión de TGF-β1.
Se han escrito libros de cocina que contienen recetas para cocinar con semen y que ensalzan sus propiedades culinarias.
Por otra parte, la ingestión de semen conlleva algunos riesgos, entre ellos principalmente la posible exposición a infecciones de transmisión sexual, ya que patógenos pueden entrar en el cuerpo a través de las membranas mucosas de la boca. Además, existe la posibilidad de tener o desarrollar una alergia a algún componente del semen en sí, o una alergia a algo que se introduce en el semen, como las proteínas del cacahuete si la persona consume cacahuetes.
Todavía en 1976 algunos médicos aconsejaban a las mujeres en el octavo y noveno mes de embarazo que no tragaran semen por temor a que les provocara un parto prematuro, pero posteriormente se determinó que era seguro.
Aspectos sexuales La ingestión de semen es una conclusión relativamente común del acto de la felación.
Según algunas encuestas y testimonios anecdóticos, muchas personas que practican la felación optan por tragar el semen después de una eyaculación. Una encuesta informal informó que aproximadamente el 79% de las mujeres tragan el semen tras la felación, y el resto incluye a aquellas que lo escupen por razones como que no les gusta el sabor o la textura, o porque encuentran erótico el acto de escupirlo. Entre las razones para tragar el semen se incluyen el gusto por el sabor o la textura del semen, el deseo de complacer o brindar una sensación de intimidad a la pareja, evitar desórdenes o regueros asociados con la eyaculación externa y eliminar cualquier riesgo de embarazo.
En la pornografía La ingestión de semen es un recurso frecuente en la pornografía, si bien las preferencias de los espectadores varían y algunos análisis de contenido muestran una mayor prevalencia de eyaculación oral/externa en vídeos pornográficos en comparación con las preferencias reales declaradas por los espectadores respecto a tales actos. Una práctica común en la pornografía es que la persona receptora abra la boca para mostrar el semen en su interior, luego la cierre y lo trague, y la vuelva a abrir para mostrar que lo ha tragado. Las exhibiciones visibles de semen de esta manera son centrales para lo que los investigadores han identificado como la fetichización del semen en la pornografía como evidencia de placer masculino legítimo. Un estudio comenta al respecto: «incluso cuando los actores eyaculan dentro de la boca de la actriz... el guion pornográfico a menudo exige que la actriz haga visible el semen, dejando que se derrame de su boca... como evidencia de que el clímax masculino realmente ocurrió».
Aunque se representa comúnmente, algunas investigaciones sugieren que los espectadores, en particular las mujeres, no prefieren tales exhibiciones, y además que «Algunas personas, especialmente aquellas a quienes el semen masculino les resulta poco atractivo, incluso veían las eyaculaciones bucales como una forma relativamente elegante (cuando la actriz traga el semen) de evitar verlo por completo». Algunos espectadores indicaron sentir que el acto de tragar semen indicaba aceptación o afecto por parte de quien tragaba hacia el otro.
Prácticas menos comunes
Varias prácticas sexuales menos comunes también implican la ingestión de semen, lo cual puede realizarse con una o más personas. Las prácticas que incluyen la ingesta oral de semen incluyen:
El felching es una práctica sexual que consiste en succionar el semen del ano de la pareja tras el sexo anal. Según el Oxford English Dictionary, la primera aparición impresa de la palabra en idioma inglés parece haber sido en The Argot of the Homosexual Subculture (El argot de la subcultura homosexual) de Ronald A. Farrell en 1972, aunque en este libro se le usaba como sinónimo de anilingus. El gokkun () es un término japonés para referirse a una actividad sexual en la que una persona, generalmente una mujer, consume el semen de uno o más hombres, a menudo tomándolo de algún tipo de recipiente. Es un subgénero de la pornografía japonesa. Gokkun también puede referirse al acto sexual de tragar semen después de practicar una felación o participar en un bukkake. La palabra «gokkun» es onomatopéyica, refiriéndose al sonido que se hace al tragar. El traspaso de semen o «beso blanco» (a veces llamado en inglés «snowballing» o «snowdropping», lit., «hacer rodar una bola de nieve» o «soltar nieve») es una práctica sexual en la que una persona toma el semen de otra en su boca y luego lo pasa a la boca de la persona que eyaculó, generalmente por medio de un beso. El término fue utilizado originalmente solo por hombres homosexuales y bisexuales. Investigadores que encuestaron a más de 1 200 hombres gais o bisexuales en eventos de la comunidad LGBT de Nueva York en 2004 descubrieron que alrededor del 20% dijo haber participado en el snowballing al menos una vez. En la pornografía convencional, el traspaso de semen muestra también a actores pasando semen de su boca a la de un tercer actor o actriz.
En la religión Los borboritas, también conocidos como fibonitas, fueron una secta gnóstica cristiana primitiva de finales del cuyas supuestas prácticas relacionadas con el semen sagrado son descritas por el heresista cristiano primitivo Epifanio de Salamina en su Panarion. Epifanio afirma que los borboritas tenían un texto sagrado llamado las Grandes cuestiones de María, que contenía un episodio en el que, durante una aparición posterior a la resurrección, Jesús llevó a María Magdalena a la cima de una montaña, donde se sacó a una mujer de su costado y tuvo relaciones sexuales con ella. Luego, al eyacular, Jesús bebió su propio semen y le dijo a María Magdalena: «Así debemos hacer para vivir». Al oír esto, María Magdalena se desmayó al instante, a lo que Jesús respondió ayudándola a levantarse y diciéndole: «¡Oh, mujer de poca fe! ¿Por qué dudaste?» Esta historia era supuestamente la base del ritual eucarístico borborita, en el que supuestamente participaban en orgías y bebían semen y sangre menstrual como el «cuerpo y la sangre de Cristo» respectivamente. Bart D. Ehrman, un estudioso del cristianismo primitivo, pone en duda la exactitud del resumen de Epifanio, comentando que «los detalles de la descripción de Epifanio se parecen mucho a lo que se puede encontrar en los antiguos rumores sobre sociedades secretas en el mundo antiguo».
En algunas culturas, se considera que el semen posee propiedades especiales asociadas con la masculinidad. Varias tribus de Papúa Nueva Guinea, entre ellas los simbari y los etoro, creen tradicionalmente que el semen promueve la maduración sexual entre los hombres más jóvenes de su tribu. Para ellos, el semen posee la naturaleza viril de los ancianos de la tribu, y para transmitir su autoridad y poder, los hombres más jóvenes de la siguiente generación deben practicar sexo oral a sus ancianos e ingerir su semen. Los varones prepúberes y pospúberes estaban obligados a participar en esta práctica. Este acto también puede estar asociado con la homosexualidad culturalmente activa en estas y otras tribus. En la cultura baruya, existe un ritual secreto en el que los muchachos practican sexo oral a hombres jóvenes y beben su semen para «regenerarse a sí mismos antes del matrimonio». En las últimas décadas, la inseminación de niños simbari, junto con otras prácticas tradicionales que implican una visión jerárquica y antagónica hacia las mujeres, han desaparecido en favor de la escolarización y relaciones más igualitarias entre hombres y mujeres.
Véase también
Hematofagia Urofagia
Referencias
Enlaces externos
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