miniaturadeimagen|La marca de Mérida de 1807, en corona de laurel: «Merida de Marac. Indias / Franca / Picon.», con el apellido del administrador. Dibujo de Adrián Hernández B. (1966). La prefilatelia de Venezuela comprende el servicio de correos y las marcas postales empleadas en el territorio venezolano antes de la puesta en circulación de las primeras estampillas del país, el 1 de enero de 1859. Dentro de la prefilatelia, Adrián Hernández Baño —que firmaba sus artículos como Adrián Hernández B.— la definió como el estudio de las marcas que llevan los sobrescritos anteriores a la aparición de las estampillas. Los autores que la han estudiado distinguen tres formas sucesivas de marca: la lineal de la época colonial, la ovalada de gran formato de la Gran Colombia y la circular adoptada durante la presidencia de José Antonio Páez. El período se cierra con el decreto de 28 de junio de 1858, que hizo obligatorio el franqueo previo mediante estampillas.

El correo colonial Antes de que existiera un servicio organizado, las cartas se enviaban por lo general con un «propio», es decir, una persona pagada para llevarlas. Según la voz dedicada al correo por la Fundación Polar, el cargo de Correo Mayor de Indias se creó por reales cédulas de 14 de mayo de 1514 y 27 de octubre de 1525; la correspondencia entre Venezuela y España viajaba en cajas clavadas y aseguradas con brea, cordeles y precintos, y el servicio se hizo más riguroso a partir de 1730 con el establecimiento de la Compañía Guipuzcoana, creada por real cédula en 1728. El correo de la provincia de Venezuela iba directamente a España, sin depender de la subdelegación del virreinato de Santa Fe de Bogotá, y en el interior la correspondencia oficial se transportaba mediante postas a pie o a caballo.

El occidente del actual territorio venezolano dependía del Virreinato de Nueva Granada, y allí se sitúa la fecha más antigua del correo regular: el virrey José Alfonso Pizarro estableció por decreto de 7 de agosto de 1751 un correo entre Maracaibo y Bogotá, que dos chasquis o correos a pie debían cubrir en 32 días, por Tunja, Pamplona, San Cristóbal, Mérida y Gibraltar, con una tarifa de entre uno y tres reales por carta sencilla. Hernández Baño señala que con ese servicio ya tenían correo Mérida, La Grita, San Cristóbal, Maracaibo y Gibraltar. En 1761 el gobernador de Maracaibo informó al rey del establecimiento de un correo ordinario entre esa ciudad y Caracas, por Coro y Puerto Cabello, en 19 días, y el 1 de junio de 1771 comenzó un correo mensual de Mérida a Barinas.

El correo marítimo y el auto de Solano (1765) Carlos III creó los Correos Marítimos en 1764. Un despacho del ministro Grimaldi de 28 de octubre de ese año autorizó al gobernador y capitán general de la provincia, José Solano y Bote, a establecer el servicio en Venezuela. Miguel Dao transcribió íntegro el auto que Solano dictó en Caracas el 13 de abril de 1765: obligaba a dirigir las cartas «a la Casa o Estafeta dispuesta para el fin», bajo pena de un ducado de plata por cada carta, y fijaba la salida del correo de Caracas a La Guaira los lunes y viernes al amanecer y su regreso los martes y sábados; el auto se publicó por bando, a voz de pregonero. A raíz de esa fundación se abrieron estafetas en Caracas, La Guaira y Puerto Cabello. La real ordenanza del correo marítimo de 26 de enero de 1777 dio reglas expresas al servicio, que se prestaba mensualmente entre la Península y América.

Pando y Carbonell Para organizar el servicio en el virreinato, la Corona nombró en 1769 a José Antonio de Pando; hacia 1777 se publicó en Lima su Itinerario Real de Postas, que recoge, entre otras, las rutas de Santa Fe a Maracaibo por Ocaña, Tunja, Cúcuta y Mérida, de Mérida a Barinas y de Maracaibo a Trujillo y Caracas. Hernández Baño le atribuye las primeras normas del correo de Maracaibo, ciudad que habría visitado hacia 1777. En la provincia de Venezuela, el decreto que el gobernador Pedro Carbonell dictó el 6 de octubre de 1795 se considera, según la Fundación Polar, el inicio de la organización postal venezolana.

A partir de las Memorias de Hacienda de 1830, Hernández Baño fechó el inicio del servicio en varias oficinas: Maracaibo y Mérida en 1751; La Guaira y Puerto Cabello en 1765, como subalternas de Caracas; Cumaná en 1779; Angostura (hoy Ciudad Bolívar) en 1782, y Valencia en 1795.

Independencia y Gran Colombia La guerra de Independencia impidió el funcionamiento regular del correo; circulaban correos particulares o «propios», independientes de los órganos oficiales, y en los despachos urgentes se hacía firmar por fuera el acuse de recibo con la fecha y la hora. Durante la Gran Colombia (1819-1830) el servicio entre las principales ciudades volvió a prestarse con cierta regularidad, mediante postas a pie, buques del litoral y embarcaciones fluviales.

El correo de la República (1830-1858) Separada Venezuela de la Gran Colombia, la ley de 14 de octubre de 1830 sobre organización y gobierno de las oficinas de Hacienda estableció en su capítulo VI una administración general de correos en la capital y una administración principal en cada capital de provincia, dependiente de aquella, bajo las órdenes inmediatas del secretario de Hacienda, y declaró subsistentes las instrucciones y órdenes anteriores del ramo. Santiago Hernández Ron, que estudió el período a partir de las Memorias de Hacienda, recoge que en 1832 el reglamento vigente seguía siendo el del gobierno español, que en 1831 había cuatro correos mensuales para la correspondencia del Gobierno y las provincias, que la renta del ramo cerró ese año con un déficit de 11 432 pesos y que lo elevado del porte llevaba al público a valerse de conductores particulares en lugar de las estafetas.

En 1832 un decreto de Páez sobre los buques procedentes de lugares afectados por el cólera dispuso que la correspondencia de los que quedaran en cuarentena se fumigara antes de llevarla a la estafeta; Hernández Baño publicó el decreto y el método de desinfección que lo acompañaba.

El 31 de marzo de 1841 se promulgaron dos leyes: una orgánica, que mantuvo la administración general en la capital, a cargo de un administrador general y un interventor dependientes de la Secretaría de Hacienda, con administraciones principales en las capitales de provincia, y otra sobre el régimen de las oficinas, que la Fundación Polar considera posiblemente la primera y más importante ley postal del país.

Sobre el tamaño de la red las fuentes dan cifras de distinto origen. Según la Fundación Polar, en 1833 había, además de la administración general, 7 oficinas principales y 26 subalternas, y en 1851 una general, 15 principales y 53 subalternas. Hernández Ron cuenta 24 estafetas a fines de 1841, 67 en 1850 y 79 el 1 de enero de 1859, aunque en sus conclusiones habla de 78; Hernández Baño eleva a 90 las oficinas principales y subalternas existentes en 1859.

Portes y tarifas Según Humberto Bermúdez, las tarifas que regían en la Gran Colombia procedían de las dictadas por el Consejo de Madrid en auto de 9 de noviembre de 1672. La primera ley venezolana de tarifa de portes fue aprobada por el Congreso el 9 de mayo de 1834 y mandada ejecutar el 13 de mayo por el vicepresidente Andrés Narvarte; graduaba el porte según la distancia y el peso. Hernández Ron anota que el porte mínimo de la carta sencilla quedó en un cuarto de real, que con esa ley dejaron de regir las tarifas grancolombianas, que la rebaja no mejoró la renta —el déficit llegó a 15 779 pesos en 1836— y que no circulaba moneda de un cuarto de real.

La ley de 11 de mayo de 1840 reformó la anterior y fijó en cuatro reales el derecho de los certificados; con ella, según Hernández Ron, el porte de la carta sencilla subió de un cuarto a medio real, y una resolución de 28 de mayo del mismo año dispuso que las cartas para el exterior pagaran el porte terrestre hasta el puerto de embarque. La sustituyó la ley de 5 de abril de 1856, en vigor desde el 1 de julio siguiente, que cobraba un real sencillo por toda carta llegada del extranjero y seis reales por los certificados.

Las marcas prefilatélicas La carta y las formas de envío miniaturadeimagen|Carta de Caracas de 1849, plegada y sin sobre, con la marca «Libre de porte» y el peso estampado con sello de mano («1 ONZ»). La carta de la época no llevaba sobre: la misma cuartilla exterior servía de cubierta y se cerraba por detrás con oblea o lacre. Había tres formas de envío: franca, cuando pagaba el remitente; a debe, cuando pagaba el destinatario, y certificada, en la que el destinatario firmaba la cubierta, que se devolvía al remitente. La mayor parte de la correspondencia circulaba a debe. Si el destinatario no aceptaba pagar el porte, la carta no se le entregaba y era destruida; un decreto de 12 de mayo de 1854 mandó incinerar el 1 de julio de 1856 las cartas rezagadas en las oficinas, por considerarlas perjudiciales para el erario.

Algunas cubiertas llevan además números, que indican el peso de la carta en onzas o fracciones y el porte pagado o por pagar en reales; los hay manuscritos y estampados con sellos de mano. Según Hernández Baño, los números de cuño aparecen a partir de 1844, y antes se escribían a lápiz o a pluma.

Marcas coloniales Hernández Baño describe la evolución material de las marcas: primero una anotación a pluma con el nombre del pueblo, después cuños tallados en madera de bucare y, años más tarde, marcas de metal; las tintas conocidas son negra, roja, azul, verde y violeta. Las marcas coloniales son lineales. El mismo autor, advirtiendo que nada hay escrito al respecto, opinaba que la provincia de Maracaibo debió de tener sus primeras marcas entre 1785 y 1790, la de Venezuela hacia 1790 y las de Cumaná y Guayana hacia 1800; la carta más antigua con marca que había visto era de Maracaibo, de 1794, con una marca lineal en negro. De Maracaibo conocía varias marcas coloniales a partir de 1800, una de ellas con el nombre del administrador, y de Mérida una de 1807 que incluye también el apellido del suyo; de La Guaira, varias desde 1804. Rafael de Santis las tenía por rarísimas y declaraba en 1963 no haber visto ninguna.

Marcas ovaladas de la Gran Colombia miniaturadeimagen|Carta de Coro de enero de 1836 con la marca ovalada «República de Colombia / Coro / Franca», en uso después de la separación de la Gran Colombia. Las marcas grancolombianas son, según Hernández Ron, sellos de forma elíptica, generalmente de 54 × 38 milímetros y en su mayoría de color rojo, con la leyenda «República de Colombia», el nombre de la oficina y la indicación «Franca», «Debe» o «Certificada». Hernández Baño sitúa en 1827 el cambio de la marca lineal por la ovalada en Maracaibo, y señala que no la había visto en ningún pueblo del oriente del país ni en Angostura. En cartas de La Guaira de 1828 y 1829 se encuentran además notas de censura a pluma, como «Pase por la alta policía».

Venezuela siguió usando estas marcas después de su separación, porque la ley de tarifas de 1834 no dio norma alguna sobre sellos y marcas postales. De Santis llamó a esa etapa, de 1830 a 1842, «período pseudo-colombiano», y registró como últimas fechas vistas con marca elíptica una carta de Maracaibo de 28 de abril de 1842 y otra de La Guaira de 11 de julio del mismo año. Describió también dos casos de transición: la oficina de La Guaira había borrado de su sello, al parecer desde 1839, la leyenda «República de Colombia», y una carta despachada en Valencia el 11 de mayo de 1842 lleva una marca ovalada en la que se lee «República de Venezuela».

Marcas circulares «Correos de Venezuela» miniaturadeimagen|Carta de La Guaira de marzo de 1848 con la marca circular roja «Correo de Venezuela / Guaira / Franca».