miniaturadeimagen|Pareja de bajones en el Museo del Instrumento Musical en Phoenix, Estados Unidos. miniaturadeimagen|Bajones en San Ignacio de Moxos. Bajón, también llamado bajón moxeño, es un instrumento de viento de Bolivia, de la familia de las trompetas múltiples, originario de la región de los Moxos, en las tierras bajas del país. Es un instrumento particular entre los aerófonos de América Latina y sin equivalente directo entre ellos. Es tradicional del pueblo indígena mojeño. Su uso se concentra principalmente en San Ignacio de Moxos y sus alrededores, en el departamento del Beni. El instrumento está compuesto por una serie de trompetas naturales de caña, construidas con hojas de las palmeras cusi o jatata, de diámetros y longitudes decrecientes, dispuestas en hilera y sujetas a una tabla de madera llamada peineta. El bajón se interpreta habitualmente en parejas complementarias, llamadas macho y hembra. Los intérpretes combinan los sonidos de ambos instrumentos mediante una técnica de entrelazado melódico conocida como hoquetus.
Su nombre en español deriva de la semejanza de su sonido grave con el del bajón europeo, es decir, el dulcian renacentista y barroco antecesor del fagot, denominación que le dieron los misioneros jesuitas asentados en la región durante los siglos y . En las lenguas indígenas de la región recibe otras denominaciones según el grupo étnico y el tamaño del instrumento. El instrumento conserva un papel importante en el repertorio musical litúrgico y festivo de la región, en particular durante la Ichapekene Piesta, la fiesta patronal de San Ignacio de Moxos celebrada cada 31 de julio, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de Bolivia en 2011 y Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2012.
Etimología miniaturadeimagen|Músicos tocando el bajón en la Ichapekene Piesta. El nombre español bajón hace referencia a la tesitura grave del instrumento y fue utilizado por los misioneros jesuitas por su semejanza sonora con el bajón europeo. Entre 1550 y 1700, este término se usó para denominar al dulcian, instrumento de viento de madera de los períodos renacentista y barroco. Al nombre se le suele agregar un gentilicio, de modo que también se lo llama bajón mojeño, bajón trinitario, o incluso bajón chiquitano, aunque este último instrumento no suele encontrarse hoy en día en la región de Chiquitos ni entre los chiquitanos, salvo en algunas piezas musicales provenientes de las reducciones de la Chiquitanía.
El instrumento recibe además varias denominaciones locales en lenguas indígenas, que varían según el grupo étnico y el tamaño del bajón. Entre los antiguos loretanos y trinitarios se documentan las formas juru'i, yuruhi o yuruí, mientras que en javeriano se registra iru'i y en ignaciano chujare. En ignaciano actual, chuja o chujare se emplea de manera genérica para nombrar a los aerófonos, por lo que el instrumento se distingue con el término vajune, una refonetización mojeña del vocablo español, para el llamado bajón largo, y con yuruí, jerure o yura para el bajón corto. Según el músico e investigador boliviano Ernesto Cavour, los antiguos loretanos llamaban jeruré al bajón menor de tamaño mediano y yuruí al más pequeño, mientras que los chiquitanos lo llamaban uru-í y los ignacianos chujaré. El mismo autor recoge, de una entrevista realizada en 1987 al profesor Luis Rivera de San Ignacio de Moxos, que chuyu-í y jeruré pertenecen a la familia de los bajones y aportan tonos agudos con funciones específicas dentro de las melodías.
Sobre el nombre en lengua baure, las fuentes no coinciden. Cavour atribuye a los baures el término ippijiraseko. Otros investigadores como Civallero y Mújica, por su parte, plantean como hipótesis no confirmada que esta misma palabra, registrada como ippijíraseco, podría haber sido el nombre original del instrumento entre los propios mojeños.
Historia Las primeras misiones jesuíticas en la región de Moxos, en el actual departamento boliviano del Beni, se establecieron a partir de 1682, cuando los jesuitas administraron los primeros bautismos entre los indígenas mojos. El proceso culminó en 1684 con la fundación de la misión de Nuestra Señora de Loreto por los padres Cipriano Barace, Pedro Marbán, Antonio de Orellana y José de Vega. Los cronistas jesuitas de la época destacaron la facilidad con que los mojeños aprendían la práctica musical europea y señalaban que eran capaces de fabricar por sí mismos diversos instrumentos de cuerda y de viento.
En esa época, los misioneros dieron a un aerófono nativo preexistente una nueva función litúrgica, la de sustituir al bajón o fagot europeo dentro de la orquesta misional, dando origen al instrumento que hoy se conoce con ese nombre. El misionero jesuita Francisco Javier Eder, quien permaneció en la región hasta la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767, describió detalladamente los instrumentos utilizados para acompañar las danzas indígenas antes de su adaptación al culto católico. Entre ellos mencionó dos aerófonos graves: uno hecho de "poros" grandes, es decir, calabazas de cuello alargado usadas a modo de trompeta con una pequeña flauta insertada como boquilla y otro compuesto de flautas hechas de hojas de palma, que producían un sonido muy grave. El investigador Claro identificó a este segundo instrumento como un antecedente directo del bajón. Por la misma época, una descripción anónima llamada Descripción de los Mojos de 1754 también menciona un baile en doble hilera en el que los propios danzantes tocaban instrumentos de la familia del bajón mojeño.
miniaturadeimagen|Ilustración titulada Misa musical en Trinidad, del libro de Franz Keller-Leuzinger, publicado en 1874. Durante el , algunos viajeros documentaron la continuidad del bajón tras la expulsión de los jesuitas. Alcide d'Orbigny, que asistió a una misa en la misión de la Purísima Concepción de Baures el 12 de febrero de 1832, describió un instrumento formado por trece tubos de diferentes longitudes y diámetros, hechos de hojas de palmera. Nueve de ellos estaban dispuestos en una línea para las notas y cuatro en otra para los semitonos. En 1867, el ingeniero alemán Franz Keller-Leuzinger visitó Trinidad y observó que el bajón seguía practicándose con frecuencia, sin que apreciara signos de decadencia en su práctica. En julio de 1874, el viajero Edward D. Mathews presenció en la misma ciudad la interpretación de polkas y cuadrillas en las que los bajones, junto con la caja, producían disonancias que, a su juicio, disminuían el efecto sonoro de los violines y las flautas.
El archivo musical de la iglesia de San Ignacio de Moxos conserva partes instrumentales que documentan la continuidad del uso del bajón hasta bien entrado el . Entre ellas se encuentra la pieza anónima Atención a la fragua amo, para cuatro voces, dos violines y acompañamiento de bajones, cuyas partes fueron copiadas en San Ignacio el 24 de mayo de 1918. También se conserva El día del Corpus salen a bailar, para cinco voces, violín y bajones, en Sol mayor. El catálogo del archivo registra además varias partes de bajón fechadas y firmadas por copistas mojeños identificados por su nombre.
La continuidad del instrumento en el también está documentada fuera del archivo escrito. En marzo de 1975, el investigador Rogers Becerra Casanovas registró en la iglesia de Trinidad la ejecución de un Yorebabaste por la capilla, integrada por voces masculinas, violines y bajones, alternando con las mujeres vinculadas a la iglesia, conocidas como memes y abadesas. Hacia mediados del , el bajón experimentó un período de menor uso, seguido posteriormente por un proceso de revitalización. Actualmente son pocos los músicos que, además de interpretarlo, también lo construyen.
Descripción y funcionamiento miniaturadeimagen|Bajón con las notas musicales grabadas en la peineta. El bajón es un aerófono de trompetas múltiples, formado por varios tubos de caña de longitud y diámetro decrecientes, dispuestos en una sola hilera y sujetos por uno de sus extremos a una tabla de madera llamada peineta. A primera vista, recuerda a una zampoña de grandes dimensiones, pero, a diferencia de esta, cada tubo tiene en su extremo superior una boquilla de madera y se sopla como una trompeta. El instrumento se ejecuta siempre en pareja, dividido en dos partes complementarias llamadas macho y hembra, cada una a cargo de un intérprete. Ambos músicos entrelazan sus sonidos graves para formar la melodía. En los ejemplares actuales de San Ignacio de Moxos, cada una de las dos partes consta de diez tubos, y el más largo alcanza entre 1,55 y 1,60 metros de longitud, según el ejemplar.
Cada tubo se construye enrollando hojas de las palmeras cusi o jatata sobre una estructura interna de varas de cogollo. Las hojas se aseguran con hilo de algodón encerado con cera de abeja señorita. Para su elaboración se usan herramientas como el tumare (cuchillo) y la capotera (aguja). Las boquillas, torneadas en madera del árbol tarara, se insertan en el extremo superior de cada tubo. El conjunto se sujeta a la peineta, en la que se graba una letra para indicar la afinación de cada uno. En el extremo inferior del tubo más largo se adhiere una base de cuero rígido o de goma, que evita que el instrumento se dañe al apoyarlo en el suelo durante los descansos.
La afinación de cada tubo se indica mediante una letra grabada en la peineta, de acuerdo al sistema alemán de notación. Las notas se distribuyen de forma diatónica y complementaria entre las hileras del macho y la hembra, de modo que juntas abarcan la escala completa. Según Ernesto Cavour, antiguamente el instrumento contaba con una hilera adicional de tubos que aportaba notas cromáticas, característica que en la actualidad se encuentra prácticamente perdida.
El bajón se ejecuta mediante la técnica de hoquetus, en la que los intérpretes del macho y la hembra entrelazan sus respectivas partes para completar la melodía. Cada ejecutante sostiene su instrumento en posición horizontal con ambas manos y sopla apretando los labios contra la boquilla, de manera similar a como se toca una trompeta. Debido a su tamaño y peso, el intérprete no puede sostener el instrumento por sí solo mientras lo toca, por lo que requiere la ayuda de otra persona que sujeta el extremo inferior. Esta forma de ejecución es habitual durante misas, procesiones y otros actos religiosos.
Véase también Erke Tarka Moceño Música de Bolivia Misiones jesuíticas de Bolivia
Referencias
Categoría:Instrumentos musicales de Bolivia Categoría:Instrumentos de viento