miniaturadeimagen|290x290px|Cementerio de barcos de Kerhervy durante la marea baja (Lanester, Francia). Se aprecian los esqueletos de madera en descomposición de los antiguos atuneros y arrastreros que encallaron aquí a partir de la década de 1920. Un cementerio de barcos o cementerio naval es un término usado para designar un lugar geográfico de concentración de embarcaciones inutilizables o restos de embarcaciones. Los emplazamientos pueden ser de distintos tipos (sumergibles/terrestres, naturales/artificiales...), y su formación el resultado bien de eventos puntuales o bien de procesos prolongados o continuos. Distintos cementerios navales abarcan diferentes tipos de naves, históricas o modernas, con diferentes destinos (naufragios, abandonos, varamientos, entierros rituales, chatarra naval, etc.), de una época o varias, y en distintos estados (conservadas, deterioradas, en ruinas o desguazadas).

Cementerios de barcos naufragados

Yacimientos submarinos También llamados cementerios de pecios o cementerios marítimos, son concentraciones subacuáticas de pecios en el lecho marino de océanos, mares, ríos y grandes lagos. Constituyen yacimientos arqueológicos bajo la superficie acuática, a veces de grandes extensiones, y son de los sitios más explorados por científicos y arqueólogos marítimos y navales. También son destino favorito de cazadores de tesoros y de buceadores recreativos. En algunos lugares, los cementerios navales subacuáticos definen el paisaje marino, habiendo interactuado con los ecosistemas locales y la fauna marina durante décadas hasta siglos.

Estos parajes son muchas veces el resultado de la guerra naval, es decir, naufragios y hundimientos causados por acciones humanas, normalmente una armada enemiga o artillería de costa, pero también por acciones autoinfligidas. Suelen encontrarse a una relativa poca profundidad —unas decenas de metros bajo la superficie acuática—, ya que históricamente las batallas navales se han librado frente a las costas, a la entrada de puertos y bahías, en ríos de acceso, en torno a islas, etc. Son clave para entender la historia de la guerra naval, el desenlace de batallas enteras y el resultado de algunos conflictos históricos. En muchos casos contienen pecios de las flotas de ambos bandos del conflicto (y en otros solo de la flota atacante, golpeada por la artillería costera). Cabe destacar que por otra parte, los naufragios bélicos en alta mar, hallados a grandes profundidades, suelen ser más puntuales y en su mayoría no resultan en concentraciones de restos navales.

La mayoría de los cementerios de barcos militares son del período de las dos guerras mundiales. El atolón Chuuk, en Micronesia, concentra el mayor número de medios militares hundidos de todo el mundo, albergando los restos de decenas de buques de guerra y aviones interceptados en febrero de 1944 durante la Operación Hailstone, en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Fue el bastión naval más protegido de Japón en el Pacífico y sufrió un ataque sorpresa estadounidense, en el que se hundieron unos 60 barcos y 275 aeronaves. Es un sitio mundialmente famoso en los círculos de buceo técnico y turismo de buceo, este ultimo debido a la transformación de los cascos en arrecifes de coral rodeados de gran variedad de peces y demás especies marinas. También persiste todavía el peligro de municiones, muchas de las cuales siguen almacenadas en las bodegas de las naves hundidas.

Las concentraciones de pecios militares en lugares estratégicos, o en aguas territoriales antaño enemigas, se deben muchas veces a actos de sus propias tripulaciones, bien para provocar un bloqueo que impidiera el paso de embarcaciones hostiles (los llamados barcos de bloqueo), o bien para evitar la captura de las naves por las tropas enemigas. Este último fue el objetivo del famoso hundimiento de la flota alemana en Scapa Flow, en Escocia, a finales de la Primera Guerra Mundial, que supuso el fin de la alemana, retenida en dicho puerto británico, y dio lugar a la acumulación de barcos autohundidos más extensa del mundo. Se considera además el mayor sabotaje naval de la historia, pues en un solo día Alemania destruyó su avanzada estructura naval para evitar que se convirtiera en botín de guerra para los Aliados. Se llevó a cabo en junio de 1919, con el armisticio ya en vigor, después de que el almirante Ludwig von Reuter creyera erróneamente que las negociaciones de paz habían fracasado. En total se hundieron 52 buques, entre cruceros, acorazados y destructores, causando la muerte de 9 marineros alemanes (las últimas víctimas oficiales de la Gran Guerra). Posteriormente, el sitio fue conocido por el «acero de la era espacial» (acero de bajo fondo radiactivo) extraído de los pecios; si bien muchos hallazgos han sobrevivido, entera o parcialmente, siete de los cuales (incluyendo tres acorazados de toneladas) hoy forman un parque arqueológico protegido, visitado por buceadores de todo el mundo.

Muchos cementerios de barcos hundidos en acciones bélicas abarcan naufragios que anteceden a las estructuras metálicas del . Un ejemplo del uso de barcos de bloqueo a gran escala se produjo en la guerra hanseática contra la Unión de Kalmar, en el . De hecho, las aguas del Báltico frente a la costa de Copenhague, Dinamarca, concentran numerosos pecios medievales, resultado tanto de actos hostiles (como es el caso del Svælget 2, la mayor coca medieval jamás encontrada, y posiblemente la mayor construida) como de acciones propias con el objetivo de bloquear la salida del puerto de la ciudad (como los llevados a cabo en la segunda fase de la mencionada guerra). El Báltico es solo un ejemplo de lugares estratégicos que han presenciado numerosos enfrenamientos navales a lo largo de la historia. La bahía de Algeciras reúne a embarcaciones militares naufragadas a lo largo de dos y medio milenios de historia naval arqueológicamente documentada. Incluye cerca de 120-130 pecios (y decenas de otros yacimientos subacuáticos) que datan desde la Antigüedad clásica —un total de 23 barcos romanos y púnicos (a partir del , las más antiguas halladas en la punta Carnero)— hasta Segunda Guerra Mundial, pasando por épocas como la islámica-medieval. Los estudios arqueológicos del lugar han permitido entender la evolución estratégica, comercial y militar en una de las rutas de navegación más transitadas del mundo.

Más allá del ámbito militar están las aglomeraciones de embarcaciones naufragadas a causa de fenómenos naturales o accidentadas en lugares de difícil acceso o navegación. De hecho, los cementerios de barcos más extensos pertenecen a esta categoría. El arrecife de coral de Bermudas, por ejemplo, en el océano Atlántico, es uno de los mayores de su tipo, reuniendo a más de 300 pecios (desde galeones españoles hasta vapores del ) repartidos en 500 kilómetros cuadrados. La causa principal de los naufragios aquí han sido los bajíos de coral afilados y las tormentas repentinas en esta región. En este lugar posan algunos de los pecios más conocidos, como el (un gran transatlántico español encallado en el arrecife en 1936), la (un carguero estadounidense hundido en 1943 tras chocar contra los corales), o el (un vapor encallado en el ). La leyenda del triángulo de las Bermudas está basada en gran parte en los naufragios ocurridos en este lugar.

Otros parajes desafiantes en cuanto a condiciones de navegación incluyen el Parcel das Abrolhos, un archipiélago brasileño con formaciones coralinas llamadas «castillos de coral» (), donde varias naves históricas encallaron de manera accidental; o la baja de Gando, en Gran Canaria, España, un peligroso escalón rocoso costero responsable de los numerosos hundimientos de buques mercantes por la acción geomorfológica y las mareas del lugar. Cabe destacar también los grandes cementerios de barcos de Estados Unidos, los llamados Cementerio del Atlántico y Cementerio del Pacífico, que reúnen entre ellos a más de diez mil pecios dispersos en cientos de kilómetros cuadrados de superficie submarina. También se usa la expresión de Cementerio de los Grandes Lagos para referirse a la totalidad de naves sumergidas en el fondo de los Grandes Lagos de América del Norte; de ser el caso, podría considerarse como el cementerio de barcos más extenso del mundo, si bien muchos consideran a esta expresión demasiado inclusiva y que la zona se divide en varias áreas de concentración de naufragios y otras de restos puntuales.

Yacimientos terrestres miniaturadeimagen|250x250px|Grupo de barcos oxidados en el desierto de lo que antes era parte del mar de Aral. Los lugares de concentración de barcos naufragados pueden encontrarse en tierra firme, un fenómeno que se debe al retroceso o secado de las aguas como consecuencia de procesos naturales. Se trata por tanto de lugares cerca de la costa o en las orillas de ríos, existentes o históricos, o en los lechos de lagos o cursos fluviales que han quedado secos con el paso del tiempo.

Quizá el ejemplo más famoso de las últimas décadas es el cementerio de barcos de Moynaq, situado en el lecho seco del mar de Aral, en Uzbekistán. Recibe su nombre del antiguo puerto pesquero homónimo, y se ha definido como uno de los paisajes más sobrecogedores debido a las consecuencias de la intervención humana, habiéndose formado un vasto desierto donde antes se hallaba el cuarto lago más grande del planeta. El desvío de los ríos Amu Daria y Sir Daria durante la era soviética con fines agrícolas desencadenó una drástica bajada de las aguas y, más tarde, su evaporación, con el correspondiente secado de áreas extensas, dejando varados a decenas de barcos pesqueros y de transporte en medio del ahora desierto de Aralkum, a más de cien kilómetros de la orilla actual del mar de Aral del Norte, en Kazajistán. Actualmente son cascos metálicos oxidados que reposan sobre la tierra agrietada y salitrosa del desierto. La imagen real más famosa de un barco varado en el desierto corresponde a este paraje.

Si bien, el cementerio más grande del mundo de naves naufragadas que incluye también a naves varadas en tierra firme es la costa de los Esqueletos, en Namibia. Con más de un millar de embarcaciones registradas a lo largo de su historia, es un paraje de entorno híbrido, que incluye pecios subacuáticos, vestigios en aguas poco profundas, algunas naves posadas en la costa seca y otras cubiertas de arena en la dunas tierra adentro. Aunque muchos de los naufragios se encuentran bajo la superficie marina (se estiman unos 300), el lugar es famoso por los esqueletos de barcos visibles desde tierra (de ahí su nombre). A diferencia del mar de Aral, donde el agua ha desaparecido por acciones humanas deliberadas, aquí es el desierto del Namib el que avanza activamente hacia el Atlántico. Con el paso de los años, la arena va engullendo los barcos encallados, «reubicándolos» hacia el interior. No se sabe con exactitud cuántos barcos quedan atrapados bajo las arenas; en la actualidad, el más alejado de la costa es el Eduard Bohlen, un carguero alemán encallado en 1909 que hoy se encuentra a de la costa, en las dunas del desierto. El pecio ha servido durante más de un siglo para documentar el fenómeno de tierras ganadas al mar, y ha sido escenario de rodaje de escenas cinematográficas. Aquí es también donde en 2008 se descubrió el navío portugués (también en la arena, a 200 metros de la costa), cuyo destino se desconocía por completo desde su desaparición en 1533. A la hora del descubrimiento, se halló un tesoro de 2000 monedas de oro y 17 toneladas de lingotes de cobre, convirtiéndolo en el barco más antiguo y más valioso jamás descubierto en el litoral africano del Atlántico. Ambos barcos han inspirado a varias obras literarias y cinematográficas con la temática de un barco perdido en el desierto.

Terrenos emergentes (ríos y lagos)