La escaramuza del canal de Cerigo fue un encuentro entre una flota de la Liga Santa, liderada por Marco Antonio Colonna en ausencia de Juan de Austria, y la nueva armada otomana, reconstruida tras la batalla de Lepanto y capitaneada por Uluj Alí. Los turcos casi doblaban a los cristianos en número de efectivos, pero la flota cristiana contaba con naves pesadas cuya artillería permitió a la Liga ponerles en fuga.

Trasfondo Al año siguiente de la campaña de Lepanto, comenzaron los preparativos para la siguiente jornada de la Liga Santa, esta vez bajo los auspicios del nuevo papa Gregorio XIII. Los dos mayores miembros de la Liga, Felipe II de España y el Senado veneciano, prestaron su apoyo plenamente, el primero con ardor y el segundo por la imposibilidad que Venecia venía encontrando para firmar la paz con el sultán otomano Selim II. A pesar de ello, la muerte de Pío V había debilitado enormemente la cohesión de la Liga, ya que cada bando promovía operaciones más cercanas a sus propios dominios. Felipe estaba interesado en tomar las bases berberiscas de Argel y Túnez, mientras que Venecia ponía sus miras en el este. Sin embargo, para limar asperezas por el momento, Venecia sustituyó a Sebastiano Venier por Giacomo Foscarini a causa de sus desavenencias con Juan de Austria.

A principios de julio, la escuadra de la Liga se citó en Corfú sin la presencia de Juan de Austria, al que Felipe había ordenado permanecer en Sicilia debido a las exigencias de la revuelta holandesa, las actividades berberiscas y un posible ataque franco-otomano. Felipe temía incluso que Venecia pudiera cambiar de bando si los españoles atacaban Argel. Tras grandes negociaciones, don Juan exhortó a la flota de la Liga a adelantarse sin él. Así, las demás escuadras de la flota se reunieron el 15 de julio en Corfú. La Liga tenía planes de navegar hasta la costa de Turquía y allí provocar a los otomanos a otra batalla naval, ya que se tenían informes de que la nueva armada otomana sólo contaba con galeras mal armadas y tripulaciones sin experiencia.

Por la parte otomana, Francia y el visir Sokollu Mehmed habían animado a Selim II a continuar la guerra, y éste nombró gran almirante al principal superviviente de Lepanto, Uluj Alí (ahora llamado Kilic Alí, de kilic o "espada"). El primer destino de Kilic, al mando de la flota reconstruida, fue salir a Grecia solventar rebeliones griegas provocadas por la victoria de Lepanto. También saqueó las colonias venecianas de Tine y Cerigo y consideró invadir Candía. Advertido desde hace tiempo de estos movimientos, los venecianos urgieron al comandante interino de la liga, el veterano de los tercios y almirante pontificio Marco Antonio, a marchar contra él.

Movimientos previos Colonna desplazó la flota a Gomenizza el 20 de julio, donde repelieron en tierra un ataque de la caballería turca. El 28 recibió carta de Juan de Austria, que había partido a mediados de mes de Mesina con 64 galeras, dejando atrás 24 bajo el mando de Giovanni Andrea Doria a la espera de otra quincena como refuerzos. Don Juan anunciaba su llegada en unas semanas y ordenaba no emprender aún la expedición a Turquía, sino centrarse en proteger las colonias venecianas. Puesto que la petición de los venecianos no contravendría excesivamente estas órdenes, la armada de Colonna siguió adelante y se dirigió hacia el sur de Grecia, reclutando a la altura de Cefalonia trece galeras venecianas de Marco Quirini procedentes de Candía.

La armada de la Liga dio la vuelta a la Morea. Al igual que en Lepanto, navegaban ya en formación de combate, con Colonna en el centro reforzado por Foscarini y Gil de Andrade, los venecianos Giacomo Soranzo y Antonio Canale las alas derecha e izquierda y Juan de Cardona la reserva. Detrás navegaban las naves y galeazas, llevadas a remolque al carecer las unas de remos y ser demasiado pesadas las otras. Hicieron aguada en Zante, donde encontraron el rastro de la flota turca. Cuando Uluj supo de la llegada de la flota católica, abortó sus planes de atacar Candía y Maina y se desplazó con prisa hasta Malvasía.

La noche previa al 7 de agosto, habiendo hecho puerto en el lado este de Cerigo, Colonna alcanzó la isla de Cervi, al norte de Cerigo y al oeste del cabo Malea, donde se enteró por una avanzadilla que la flota de Kilic estaba en Malvasía y su tamaño doblaba a la suya. Hallándose a menos de treinta millas, Colonna juzgó el combate inevitable y se preparó para equilibrar la situación con sus buques pesados. Por su parte, confiando en su superioridad numérica, Uluj salió de Malvasía y descendió hasta el cabo Malea. Tenía la esperanza de que en la flota de la Liga no hubiera todavía naves españolas, lo que facilitaría sus planes.

Fuerzas enfrentadas Cuando alcanzaron al enemigo, contando la flotilla de Quirini, la flota de la Liga incluía 139 galeras, seis galeazas y 20 de las llamadas naves gruesas, como galeones, carracas y naos, junto con embarcaciones menores como galeotas y bergantines. Las galeazas y naves gruesas eran un importante factor para equilibrar las fuerzas gracias a su porte y a su artillería pesada. Así mismo, las galeras cristianas habían sido reforzadas, con mandato de que ninguna de ellas llevase menos de 150 combatientes a bordo. Además de los capitantes de las escuadras y Foscarini, formaba parte de la flota Giacomo Soranzo, sustituto del difunto Agostino Barbarigo, caído en Lepanto.

La flota otomana tenía en total 225 naves entre galeras y galeotas, contando con las recién botadas, las provenientes de Lepanto y los refuerzos de corsarios berberiscos, junto con varias otros buques menores. Originalmente las seguían cinco mahonas, galeazas de diseño otomano, aunque Kilic prefirió dejarlas atrás el día antes de la escaramuza.

Batalla Primer día La mañana del día 7, con viento del norte, Colonna y Uluj Alí formaron delante el uno del otro cerca del cabo. Ambos bandos esperaban viento del oeste, aunque éste no llegó. La flota cristiana tenía un orden de batalla similar al de Lepanto, con Colonna en el centro con 50 galeras, los venecianos a los lados con 40 en cada ala y una fina reserva de 7, y además de esto habían formado delante de ellos una vanguardia de galeazas y naves. Los otomanos dispararon la primera andanada, pero resultó inútil, ya que habían tenido que formar muy lejos para mantenerse lejos del alcance de la artillería pesada cristiana, embarcada en la vanguardia. Conociendo el poder artillero de estos navíos pesados, Uluj decidió contemporizar y esperar su oportunidad. derecha|miniaturadeimagen|280x|Mapa de Morea. Colonna comenzó a avanzar lentamente con el viento disponible, por lo que Uluj mantuvo la distancias y utilizó una pantalla de humo para enmascarar sus movimientos. El otomano buscó la manera de separar las galeras cristianas del amparo de sus naves para así poder abrumarlas con su superioridad numérica. Hizo girar su flota a sotavento y se acercó a Cervi, intentando sin éxito que la flota cristiana le siguiera. Cuando el viento del poniente hizo aparición por fin, Uluj aprovechó y volvió a desplegarse, pero esta vez a la espalda de los cristianos, entre Cerigo y Cervi. Colonna inmediatamente mandó a la flota rotar para volver a encararle, haciendo girar a las galeras y esperando a que las naves y galeazas volvieran a ponerse delante. Uluj había esperado que los buques católicos se enredaran en el intento, pero en cambio el giro se realizó en perfecto orden, y volvió a disparar una salva inútil debido a la distancia.

Colonna ordenó de nuevo avanzar y atacar, por lo que Uluj volvió a retroceder para mantenerse a salvo de su vanguardia. Sin embargo, al llegar de nuevo a tiro de cañón, el viento cesó y dejó inmovilizadas las naves y galeazas, con lo que Colonna mandó detenerse para no romper la formación y darle al turco lo que buscaba. A continuación Uluj amagó un flanqueo hacia el ala izquierda cristiana, pero Canale formó cerrándole el paso, y al intentarlo por la derecha, lo mismo sucedió con Soranzo. Incapaz también de separar las alas para crear una brecha, Uluj disparó por última vez, también en vano. Para entonces había transcurrido el día entero, y al caer el sol los turcos se retiraron ciando hacia el golfo de Laconia. Al perderles de vista en la oscuridad, los católicos volvieron a Cerigo.

Intermedio Al día siguiente, Colonna envió entonces un par de galeras a Corfú para advertir a Juan de Austria de que ahora la flota turca estaba entre ellos dos y era lo bastante grande como para intentar emboscarle, ya que don Juan no traería más de una cincuentena de galeras y una treintena de naves. La armada de la Liga atracó por dos días al no saber hacia dónde había huido Uluj, ya que además éste había enviado lejos una galera con un fanal a modo de señuelo para confundir su rastro. Al final decidieron volver a Corfú y reunirse como fuera posible con don Juan.

El día 9 se desplazaron a Cerigo para hacer aguada, donde exploradores terrestres descubrieron la flota turca junto al cabo Matapán. Los venecianos deseaban quedarse donde estaban para vigilar que Uluj no se dirigiera a Candía, pero Colonna, recordando que los turcos ahora estaban entre ellos y la dirección por la que Juan de Austria debía llegar para reunirse con la Liga Santa, ordenó avanzar contra ellos para impedir que Uluj le atrapara. thumb|200px|Marco Antonio Colonna. Segundo día El amanecer del día 10, la armada cristiana llegó hasta el cabo Matapán y consiguió coger despevenidos a los otomanos, aunque éstos lograron formar a tiempo. Retomando sus planes, Uluj formó en gran amplitud y adelantó sus alas, esperando que las galeras cristianas se atrevieran a dejar atrás sus naves y galeazas y así la flota otomana pudiera envolverlas. Adivinando su estrategia, Colonna ordenó que nadie se moviera, e instruyó a Soranzo y Canale a que siguiesen con sus proas la dirección del enemigo para impedir cualquier flanqueo.

Impaciente, Soranzo actuó por su cuenta y adelantó demasiado su escuadra derecha, con las dos galeazas al frente y las galeras detrás, con lo que se produjo una lucha y el ala izquierda otomana retrocedió. Sin embargo, resultó ser una retirada fingida, y Uluj ordenó al ala izquierda detenerse y volver al combate. A pesar de todo, Soranzo consiguió retroceder controladamente mientras bombardeaba las posiciones turcas, mientras Colonna ordenaba al resto de naves y galeazas reorientarse para asistir al veneciano con su potencia de fuego. El ala izquierda de Canale buscó también intervenir antes de desistir a causa de su lejanía. Aunque Uluj había logrado obligarles a moverse, su ala izquierda había quedado muy maltratada. Sin embargo, no fue posible a la flota cristiana avanzar al completo, ya que el viento cambió de dirección en el peor momento, volviendo a dejar inmóviles las naves y galeazas.

Uluj volvió a retirarse para mantenerse fuera del alcance de la artillería pesada cristiana. Viéndose embarazados por su vanguardia, y después de largas deliberaciones con sus subordinados. Colonna y Foscarini decidieron finalmente acceder a las condiciones de Uluj y avanzar sólo con las galeras para entrar en combate. Sin embargo, Uluj se retiró entonces, aprovechando que el viento cambió hacia el oeste para navegar viento en popa al cabo Matapán. Los cristianos entonces dieron la vuelta y regresaron a Cerigo.

Consecuencias