La Junta de Damas de Cádiz fue una organización filantrópica femenina constituida el 8 de marzo de 1827 como quinta clase de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Cádiz. Integrada principalmente por mujeres de la nobleza y la alta burguesía gaditanas, desarrolló funciones de educación pública, asistencia social y protección de la infancia. Administró una escuela gratuita para niñas sin recursos y asumió tareas de gobierno y vigilancia en la casa de expósitos de la ciudad.
La Ley General de Beneficencia de 1849 amplió su relación con la administración provincial. Desde 1852 articuló una red de juntas de señoras y establecimientos de expósitos en la provincia bajo el nombre de Sociedad Protectora y Conservadora de Maternidad y Expósitos de la provincia de Cádiz. En 1863 se separó definitivamente de la Sociedad Económica: Isabel II aceptó su presidencia y la entidad adoptó la denominación de Real Junta de Damas de Cádiz y su provincia. Bajo esa denominación permaneció vinculada a la administración estatal hasta su disolución, ya en el .
Antecedentes
La Junta gaditana tomó como referencia a la Junta de Damas de Honor y Mérito, admitida en 1787 en la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País. En Cádiz existía además una experiencia propia de asociacionismo femenino: la Sociedad Patriótica de Señoras de Fernando VII, fundada durante el sitio de Cádiz en 1811, reunió a mujeres de la nobleza y de las élites mercantiles para recaudar fondos, confeccionar vestuario militar y abastecer hospitales de campaña.
miniatura|izquierda|upright=1.2|alt=Grabado alegórico de varias damas gaditanas entregando donativos|Grabado alegórico de Francisco Pomares y Bartolomeo Pinelli (1816) sobre las contribuciones de las damas gaditanas durante la Guerra de la Independencia. La inscripción menciona a las marquesas de Villafranca y Casa Rábago, vinculadas al precedente de 1811; no es un retrato individual.
La Sociedad Económica intentó crear una sección de mujeres en 1817. Su proyecto preveía veinticinco damas electoras y se orientaba inicialmente a la vigilancia de la Casa de Expósitos; entre las escogidas figuraron Josefa Fernández de Rábago y O’Ryan y su madre, Mariana O’Rian Perry. La selección de candidatas concluyó a comienzos de 1818, pero la sección no llegó a constituirse. Un tercer precedente fueron las iniciativas de asistencia organizadas por mujeres gaditanas durante la epidemia de fiebre amarilla de 1819.
Constitución y organización
La sección femenina quedó constituida definitivamente el 8 de marzo de 1827. Recibió indistintamente los nombres de Junta de Damas, Clase de Señoras y Quinta Clase de la Sociedad Económica. En su primera elección, Josefa Fernández de Rábago, II marquesa de Casa Rábago, fue designada presidenta; María Ignacia Valiente, secretaria, y Margarita Gómez de Urcullu, vicesecretaria. Junto con ellas ingresaron Ana Minio, Teresa Laborde, Josefa Ostos, Agustina Ymbrechts, Aurora Bolch, Jacinta Arizábalo y Petrona Roda.
+ Primera junta directiva documentada, 1827 Cargo Titular Presidenta Josefa Fernández de Rábago y O’Ryan Secretaria María Ignacia Valiente de Zaldo Vicesecretaria Margarita Gómez de Urcullu
Su funcionamiento reproducía en parte el de las restantes clases de la Económica: celebraba sesiones, debatía los asuntos asignados y levantaba actas. Sin embargo, sus acuerdos se elevaban a la entidad masculina para su aprobación; la Sociedad debía autorizar incluso los días y horas de reunión, y la correspondencia institucional de las damas quedaba restringida a la corporación matriz. El acceso estaba limitado a mujeres consideradas aptas por su posición social, conducta y disponibilidad económica, de modo que la Junta reunió sobre todo a nobles, esposas y viudas de comerciantes y profesionales acomodados.
Josefa Fernández de Rábago presidió la organización durante algo más de treinta y cuatro años, hasta su muerte el 10 de julio de 1861.
Escuela gratuita de niñas
La primera obra de la Junta fue una escuela gratuita destinada a niñas de familias sin recursos. Abrió el 1 de junio de 1827 en la Casa de la Camorra con sesenta alumnas. El aumento de solicitudes motivó el traslado a la calle del Beaterio, donde funcionaba un año después; desde 1840 se instaló en la calle Verónica. Entre 1838 y 1843 mantuvo una media anual de 116 alumnas y en 1841 llegó a registrar trescientas.
El reglamento contemplaba lectura, escritura, cálculo y doctrina religiosa, además de costura. Durante la década de 1830 las labores textiles adquirieron mayor peso y la enseñanza de las primeras materias se hizo irregular. En marzo de 1836, la Junta protestó por la desatención de la lectura, la escritura y el cálculo; en 1840 consiguió que se restableciesen la lectura y la escritura y que se incorporasen principios de aritmética. Las labores de costura continuaron como enseñanza principal y abastecieron también de prendas a la Casa de Expósitos.
La Junta utilizó los exámenes públicos y la entrega de premios para mostrar los progresos de las alumnas y dar visibilidad a la educación femenina. En 1839, su presidenta insistió en que la prensa anunciara estos actos. En 1842 el Ayuntamiento asumió el sostenimiento del centro, que pasó a ser la primera escuela pública municipal de niñas de Cádiz, aunque la dirección y vigilancia continuaron en manos de las damas.
Iniciativas durante la Primera Guerra Carlista
En abril de 1836, durante la Primera Guerra Carlista, Fernández de Rábago propuso que seis alumnas confeccionasen hilas y vendajes para los hospitales militares sin perjudicar el resto de su educación. La iniciativa fue difundida por la prensa local y por El Español de Madrid, que identificó a la presidenta como promotora. Hasta el final de la guerra, la escuela produjo cincuenta libras de hilas con lienzos y recursos aportados por las propias damas.
Casa de Expósitos y asistencia a la infancia
La Casa de Expósitos de Cádiz acogía a menores abandonados y atravesaba problemas crónicos de financiación, alimentación, higiene, personal y mortalidad. Una real orden de 12 de febrero de 1829 incorporó a las damas a la Junta Protectora de la Inclusa; el 16 de marzo asumieron tareas de asistencia y cuidado en el establecimiento.
La actividad incluyó la organización y vigilancia de las amas de cría, la inspección de los menores atendidos fuera de la casa y medidas relativas a la alimentación, el aseo, la separación de enfermos y la asistencia médica. La historiografía atribuye a la intervención de las damas una reducción de la elevada mortalidad infantil que había caracterizado al establecimiento.
Reorganización provincial de la beneficencia
La Ley General de Beneficencia de 20 de junio de 1849 reorganizó la asistencia pública. Su artículo 12 permitió que las juntas provinciales delegasen en juntas de señoras el cuidado de las casas de maternidad, expósitos y párvulos. La Casa de Cádiz pasó del ámbito municipal al provincial, y las damas adquirieron una relación directa con la Junta Provincial de Beneficencia.
El 20 de abril de 1852, Fernández de Rábago pidió que se aclarasen las competencias de la Junta y defendió una organización propia. Durante el verano se constituyó la Junta Protectora de Maternidad y Expósitos de la Provincia de Cádiz, denominada también Sociedad Protectora y Conservadora de Maternidad y Expósitos de la provincia de Cádiz. El gobernador civil ocupaba formalmente la presidencia, mientras las damas conservaron sus cargos directivos y ampliaron su ámbito de actuación a toda la provincia.
La casa gaditana pasó a ser el establecimiento central o matriz de una red de hijuelas y juntas sucursales. La bibliografía documenta centros en las siguientes localidades:
+ Red provincial de maternidad y expósitos a mediados del Área Localidades documentadas Bahía de Cádiz y costa noroeste Cádiz, El Puerto de Santa María, Chiclana de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda y Jerez de la Frontera Campiña y sierra Arcos de la Frontera, Medina Sidonia y Olvera Campo de Gibraltar Algeciras
Cada junta local contaba con presidenta, vicepresidenta, tesorera, secretaria-contadora y vicesecretaria-contadora. Las inspectoras comprobaban la alimentación, higiene y trato de los menores confiados a nodrizas, evitaban que una misma ama criase simultáneamente a más de un lactante y supervisaban su instrucción. En 1860-1861, por ejemplo, la sucursal de Sanlúcar estuvo presidida por la marquesa de Spínola. Un reglamento específico para las juntas sucursales se publicó en 1865.
En 1854 la Junta asumió además la supervisión del nuevo Asilo de Párvulos de Cádiz. Sus integrantes intervinieron posteriormente en la inspección de las escuelas municipales de niñas y párvulos, una función que mantuvieron hasta los cambios políticos del Sexenio Democrático.
Separación de la Sociedad Económica
La reorganización de 1852 creó una doble dependencia: las mujeres continuaban consideradas socias de la Económica, pero actuaban como delegadas de la Junta Provincial de Beneficencia. El reglamento interno de 1858 de la Sociedad Protectora afirmó su autonomía. La Económica respondió con unos estatutos de 1860 que suprimían la antigua quinta clase pero mantenían a las damas como una sección propia; un nuevo reglamento de 1861 les reconoció capacidad para formular propuestas, intervenir en exposiciones públicas y resolver determinados asuntos, aunque seguía definiéndolas como sección de la corporación masculina.
Tras la muerte de Josefa Fernández de Rábago, las damas solicitaron la presidencia de Isabel II en una instancia tramitada el 19 de diciembre de 1862. Una real orden comunicada el 24 de enero de 1863 aceptó que la reina asumiera la presidencia. Con el nombre de Real Junta de Damas de Cádiz y su provincia, la organización se desligó definitivamente de la Sociedad Económica.
miniatura|derecha|upright=0.82|Isabel II aceptó la presidencia de la organización en 1863, cuando adoptó el nombre de Real Junta de Damas de Cádiz y su provincia.
Etapa independiente
Como Real Junta, la entidad mantuvo su cometido en la protección de expósitos y la administración de la red provincial. El reglamento de 1865 reguló las juntas sucursales y las inspecciones periódicas de las escuelas municipales de niñas. En septiembre de 1869 renunció a esta última función; aunque la Junta Provincial de Instrucción Pública y el siguiente ayuntamiento le pidieron reconsiderarlo, no volvió a ejercerla. Su actividad quedó centrada en la protección de los expósitos.
En 1897, José María León y Domínguez todavía la describía como una organización activa y publicó la composición de su directiva, presidida entonces por Micaela Aramburu de Moreno de Mora. La tesis doctoral de Fátima Salaverri documenta que la Real Junta continuó ligada a la administración estatal hasta su disolución en el .
Fondos documentales e historiografía
La actividad de la Junta generó libros de actas, reglamentos, correspondencia, expedientes de amas y menores, padrones de expósitos, registros de vacunación, prohijaciones e informes de inspección. Parte de esta documentación forma hoy parte de los fondos de instituciones benéfico-asistenciales conservados en el Archivo de la Diputación Provincial de Cádiz; su inventario incluye expresamente un «Libro de la Real Junta de Damas», libros de la Junta Protectora de Expósitos y series de las casas matriz e hijuelas provinciales.
La historiografía contemporánea ha estudiado la Junta como una forma de asociacionismo que permitió a mujeres de las élites intervenir de manera continuada en la esfera pública, adquirir experiencia administrativa y crear redes provinciales, aunque su actuación se desenvolviera dentro del ideal decimonónico de la «maternidad social» y bajo estructuras estatales dirigidas por hombres.
Véase también
Sociedad Patriótica de Señoras de Fernando VII Real Sociedad Económica de Amigos del País de Cádiz Junta de Damas de Honor y Mérito