Edina Altara (Sassari, 9 de julio de 1898-Lanusei, 11 de abril de 1983) fue una ilustradora, artista decorativa, pintora y diseñadora italiana.

Artista autodidacta, desarrolló su actividad en los campos del collage, la ilustración de libros y revistas, el diseño gráfico y publicitario, la moda, el diseño para cerámica, la pintura bajo vidrio y el diseño de interiores. Activa en Cerdeña, Piamonte y Milán, colaboró en distintas etapas de su carrera con el ilustrador Vittorio Accornero de Testa y con el arquitecto y diseñador Gio Ponti.

Biografía

Infancia y formación

Edina Altara fue la tercera de cuatro hermanas: Aurora, Lavinia, Edina e Iride. Nació y creció en Sassari en el seno de una familia burguesa. Su padre, Eugenio Altara, era un médico oftalmólogo originario de Bitti, mientras que su madre, Gavina Campus, procedía de una familia acomodada de Pattada. Tras la separación de sus padres, Edina creció en un entorno familiar predominantemente femenino. Cursó únicamente la enseñanza primaria y no recibió formación artística académica.

Desde la infancia mostró un marcado interés por el dibujo, el recorte y la construcción de figuras de papel. En 1908 envió a su padre una serie de pequeños dibujos en los que representaba a su madre en diferentes situaciones de la vida social y doméstica, prestando especial atención a su ropa, sus accesorios y sus posturas. Estas obras infantiles anticipaban el interés que desarrollaría posteriormente por la moda, la figura femenina y la composición escénica.

Hacia 1915, el pintor de Sassari Giuseppe Biasi, amigo de la familia, reconoció sus aptitudes y la animó a continuar su actividad artística. Altara se orientó especialmente hacia el collage, utilizando papeles de colores, tejidos y otros materiales aplicados para construir imágenes sintéticas y bidimensionales.

Collages y juguetes de papel

En 1916 participó en la primera Esposizione artistica sarda, organizada en Sassari en el marco de las iniciativas de movilización civil durante la Primera Guerra Mundial. Presentó collages y juguetes construidos con papel y cartón, que llamaron la atención de la crítica. Ese mismo año tomó parte en la Mostra campionaria del giocattolo de Milán, donde expuso pequeñas construcciones inspiradas principalmente en personajes y escenas de la vida popular sarda.

Sus juguetes, conocidos actualmente sobre todo a través de fotografías de época, representaban niños, animales, músicos, mujeres junto a pozos y otros personajes ensamblados como pequeñas escenografías móviles. Sus trabajos fueron destacados, entre otros, por los críticos Vittorio Pica, Raffaello Giolli y Margherita Sarfatti. El escultor Leonardo Bistolfi también le expresó por escrito su admiración.

En 1917 participó en la decimonovena exposición de la Società degli Amici dell'Arte de Turín con cuatro obras definidas como «mosaicos de papel»: Il vespero, Il bagno, High Life y Gesus salvadelu. Esta última, realizada en 1916 y conocida también con el título Nella terra degli intrepidi sardi, fue adquirida por el rey Víctor Manuel III de Italia y pasó a formar parte de las colecciones artísticas del Palacio del Quirinal.

Paola Lombroso y las Bibliotechine rurali

También en 1917 comenzó su relación profesional con Paola Lombroso Carrara, conocida por el seudónimo de Zia Mariù, impulsora de las Bibliotechine rurali, una red de pequeñas bibliotecas destinadas a la infancia. Para las iniciativas de recaudación de fondos promovidas por Lombroso, Altara realizó postales, calendarios, figuritas e imágenes recortables. Lombroso la apodó cariñosamente «Edina Forbicicchia», en referencia a su habilidad con las tijeras y el papel.

En 1920 debutó como ilustradora en las páginas de la revista Il giornalino della Domenica. Su trabajo editorial la llevó a adaptar el lenguaje sintético de sus primeros collages a las necesidades de la narrativa infantil, desarrollando un dibujo más fluido y elaborado.

En la exposición de arte sardo celebrada en Cagliari en 1921 se le reservó una sala individual, en la que presentó collages, juguetes y obras decorativas. También formó parte del comité ejecutivo y del jurado, siendo la única mujer de unos organismos integrados por artistas e intelectuales varones.

Matrimonio y colaboración con Vittorio Accornero

En Casale Monferrato, Altara conoció a Vittorio Accornero de Testa, ilustrador que también trabajaba con los seudónimos Victor Max Ninon y Ninon. Se casaron en 1922 y colaboraron en ilustraciones, postales, libros y trabajos publicitarios. Algunas de sus obras conjuntas fueron firmadas «Edina e Ninon».

Su lenguaje gráfico se aproximó al gusto internacional del art déco, caracterizado por las figuras alargadas, la atención prestada a la indumentaria y la elaboración de escenografías de inspiración teatral. Sin embargo, la división del trabajo no fue idéntica en todas las obras. En algunos casos, Altara se encargó principalmente de las figuras y Accornero de los fondos, mientras que en otras composiciones resulta más difícil distinguir sus respectivas aportaciones.

La pareja se separó en 1934. Altara continuó su carrera de manera independiente en Milán, exploró nuevos ámbitos profesionales y abrió en su domicilio un taller dedicado al diseño de vestidos, ajuares, bordados y ropa de casa.

Ilustración, edición y diseño gráfico

Libros infantiles

La ilustración de libros constituyó una parte relevante y continuada de la actividad de Edina Altara. Después de sus primeras colaboraciones con Paola Lombroso y de su debut en Il giornalino della Domenica, ilustró relatos, cuentos y libros destinados principalmente a niños y jóvenes lectores.

A lo largo de su carrera ilustró aproximadamente treinta libros infantiles y juveniles. Entre sus trabajos más representativos se encuentra Il libro giocattoli, publicado en 1945 por la editorial Hoepli. En esta obra recuperó su interés juvenil por las figuras de papel destinadas a ser recortadas, montadas y utilizadas como juguetes.

En 1971 ilustró Quattro favole, de S. Fiocchi, considerado el último libro conocido de su producción editorial.

Revistas y publicaciones periódicas

Altara colaboró con numerosas revistas y publicaciones periódicas, para las que realizó ilustraciones narrativas, figurines de moda, portadas, motivos decorativos e imágenes publicitarias.

Entre las publicaciones con las que trabajó se encuentran La Sorgente, In Penombra, Rivista Sarda, Il giornalino della Domenica, Cuor d'oro, La Donna, Giornale dei Balilla, Noi e il mondo, Lidel, Fantasie d'Italia, Scena illustrata, Per voi Signora, Bellezza, Rakam, Grazia, La Lettura, Fili Moda, Fili. Rivista mensile dei lavori d'ago, Sovrana, La Fiaccola e Il Secolo XX.

Entre 1941 y 1943 colaboró con la revista Grazia, para la que realizó figurines de moda. En 1942 comenzó a trabajar también para Bellezza, revista de alta costura dirigida por Gio Ponti.

Postales, calendarios y publicidad

Paralelamente a su trabajo en libros y revistas, Altara produjo postales ilustradas, calendarios y material publicitario. Durante las décadas de 1920 y 1930 trabajó para editoriales y empresas especializadas como Degami, Cecami y N.M.M.

También diseñó pequeños calendarios publicitarios, entre ellos los conocidos en Italia como calendarietti da barbiere, para empresas de cosméticos y perfumería. Entre los clientes documentados se encuentran Viset, para la que trabajó en 1923, 1924 y 1928; Caleri, en 1925; Gi.Vi.Emme, en 1928; Bertelli, en 1939, 1950 y 1951; y Valli, en 1941 y 1942.

Cerámica y moda

La colaboración de Altara con Margelli, una joyería y tienda de artículos de regalo de Sassari, está documentada al menos desde 1932. Margelli encargaba la realización de las piezas diseñadas por la artista a la Manifattura Ceramiche Faentine de Minardi y, ocasionalmente, a la manufactura turinesa Lenci.

Altara no fabricaba personalmente las cerámicas, sino que preparaba los diseños destinados a platos, cuencos y azulejos. Los temas representaban principalmente personajes y escenas sardas, aunque la indumentaria tradicional era reinterpretada mediante las líneas de la moda contemporánea y un lenguaje gráfico moderno.

El plato titulado A convegno se encuentra entre las obras documentadas como producidas por Lenci. Los diseños destinados a la manufactura de Faenza se reproducían tanto en platos de diferentes dimensiones como en azulejos. Una misma composición podía, por tanto, aparecer sobre distintos formatos y soportes.

Los bocetos se realizaban con frecuencia mediante collage y posteriormente se transferían a la superficie cerámica mediante la técnica del estarcido. Las composiciones resultantes se caracterizaban por sus figuras estilizadas, sus superficies de color claramente delimitadas y una marcada simplificación visual.

Para reducir los costes de la producción realizada en Faenza, Altara desarrolló también una técnica denominada «en frío», consistente en aplicar pinturas o barnices sintéticos sobre piezas cerámicas industriales previamente esmaltadas en blanco. Sus hermanas Iride y Lavinia colaboraron en la reproducción de los diseños, dando origen a una pequeña producción familiar documentada hasta la década de 1950.

Los azulejos decorados en frío representaban principalmente figuras femeninas aisladas, maternidades y personajes vestidos con trajes sardos. Los temas masculinos eran menos frecuentes. Estas obras se comercializaron tanto en la tienda Margelli como en el establecimiento Arte Sarda Ferrigno de La Maddalena.

Al mismo tiempo, Altara continuó trabajando en el ámbito de la moda. Tras separarse de Accornero, abrió un taller en su domicilio milanés, frecuentado por una clientela burguesa, para la que diseñaba prendas de vestir, ajuares, bordados y ropa de casa.

Colaboración con Gio Ponti

La relación profesional entre Edina Altara y Gio Ponti, iniciada a través de la revista Bellezza, se amplió después de la Segunda Guerra Mundial desde el diseño gráfico y la moda hasta la decoración de interiores, muebles, puertas, paneles y superficies de vidrio.

Altara desarrolló especialmente la pintura bajo vidrio. En esta técnica, la imagen se pinta sobre la cara posterior del cristal y debe ejecutarse en el orden inverso a aquel en el que será observada desde la parte frontal.

Para la confitería Dulciora de Milán realizó decoraciones de vidrio con figuras, guirnaldas e imágenes inspiradas en el mundo de los dulces. También participó en la decoración interior de varios transatlánticos italianos, entre ellos el Conte Grande, el Conte Biancamano y el Oceania.

Para el Conte Grande realizó en 1950 la obra Allegoria del viaggiare («Alegoría del viaje»), un gran panel pintado al óleo sobre vidrio relacionado con el proyecto de decoración de Gio Ponti. Para el Conte Biancamano creó paneles con personajes vestidos con los trajes tradicionales de las diferentes regiones italianas.

Dos grandes paneles de vidrio pintado procedentes de la motonave Oceania, titulados Nettuno e allegoria della terra y Anfitrite e allegoria del mare, ingresaron posteriormente en las colecciones de la Pinacoteca Nacional de Sassari.

Uno de los principales resultados de su colaboración con Ponti fue su participación en la decoración de la Casa Lucano de Milán, presentada en 1952 en las páginas de la revista Domus como una casa di fantasia, es decir, una «casa de fantasía».

Altara realizó puertas de cristal pintado dedicadas a Atenea y Baco, cómodas decoradas con episodios de la Odisea y varias sobrepuertas pintadas. Sus composiciones trasladaban los personajes de la mitología clásica al espacio doméstico, combinando narración, decoración e ilusiones de perspectiva.

Ponti dedicó a Altara un artículo publicado en el número 270 de Domus, en mayo de 1952, en el que destacó especialmente su capacidad para transformar las superficies y los muebles en narraciones figurativas.

Obra de madurez y últimos años