El viaje apostólico de Juan Pablo II a Argentina, realizada entre el 6 y el 12 de abril de 1987, fue el segundo viaje del papa de ese entonces, hoy Santo de la Iglesia Católica, a dicho país, como parte final del 33° viaje apostólico fuera de Italia, que incluyó Uruguay y Chile. Visitó en total diez provincias y pronunció 26 discursos. El 12 de abril, Domingo de Ramos, se celebró la II Jornada Mundial de la Juventud, la primera fuera de Roma, sobre la avenida 9 de Julio, en Buenos Aires.
La misma se enmarcó en respuesta a la invitación de Argentina y Chile en agradecimiento a la mediación papal por el canal de Beagle, tratado firmado en 1984, y en pleno debate de la Ley de divorcio vincular, que el propio papa condenó en su discurso en la ciudad de Córdoba. Tres días después ocurriría el primer levantamiento carapintada en la Semana Santa de 1987, bajo la conducción de Aldo Rico.
Contexto histórico
Conflicto del Beagle izquierda|thumb|200px|El cardenal Antonio Samoré al llegar a la Argentina el 26 de diciembre de 1978, durante la mediación del Conflicto del Beagle. El conflicto del Beagle fue una disputa territorial entre Argentina y Chile sobre la determinación de los límites entre ambos países en la zona de la boca oriental del canal de Beagle, involucrando las islas Picton, Nueva y Lennox, y el acceso de Chile al océano atlántico. El Laudo arbitral de 1977, bajo la mediación del Reino Unido, dejó las islas en poder del país vecino, trazando como límite una línea diagonal hacia el este. El arbitraje fue aceptado por Chile, pero rechazado por Argentina. Durante 1978, Argentina comenzó a aumentar su presión militar sobre Chile, llegando al borde de la guerra, con el cierre de las fronteras y la preparación para una invasión. Chile por su parte recurrió a la movilización de tropas en la frontera y el control de su espacio aéreo. thumb|izquierda|250px|El papa Juan Pablo II observa la firma del tratado de Paz y Amistad entre los cancilleres Jaime del Valle (izquierda) y Dante Caputo (derecha). Vaticano, 29 de noviembre de 1984. Apenas dos meses en el cargo, el papa Juan Pablo II se involucró en el tema, nombrando al cardenal Antonio Samoré como mediador. Samoré llegó a Buenos Aires en diciembre de 1978, viajando a ambos países para recaudar información. Con el acta de Montevideo de enero de 1979, ambos países aceptaron tener al Vaticano como mediador para buscar una solución diplomática, poniendo una tregua a la situación. En diciembre de 1980, el santo padre mandó su primera propuesta: que las islas queden en posesión chilena, y establecer el confín marítimo chileno a 12 millas náuticas. La misma fue aceptada por la dictadura de Augusto Pinochet, pero no tuvo respuesta de su par argentino, el dictador Jorge Rafael Videla. La guerra de Malvinas retrasó un nuevo acuerdo, y el papa Juan Pablo II, en su primera visita a Argentina, pidió al entonces presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri una pronta respuesta.
Con la recuperación de la democracia en la Argentina, el 10 de diciembre de 1983, el presidente Raúl Alfonsín encomendó a su canciller Dante Caputo una pronta resolución, que, junto al embajador Marcelo Delpech y su contraparte chilena Ernesto Videla, concluyeron las negociaciones. En junio de 1984, el secretario de Estado del Vaticano, Agostino Casaroli, mandó la última propuesta, que fue aceptada por ambos países en octubre, y firmada ante el propio papa el 29 de noviembre de 1984.
Como gesto de agradecimiento, el 16 de junio de 1985, día de la virgen del Carmen, la Conferencia Episcopal de Chile mandó una carta al Vaticano reiterando su invitación al papa. «Los obispos de Chile solicitamos por unanimidad vuestra visita pastoral a nuestra patria», decía la misiva. La respuesta llegó el 21 de octubre de 1985, cuando la Nunciatura Apostólica de ese país manifestó el deseo del papa de visitar Argentina y Chile en el primer trimestre de 1987. La Conferencia Episcopal Argentina manifestó en un comunicado que «La próxima visita del Santo Padre a nuestro país, que colmará de gozo al alma cristiana de nuestra Patria, será por su misma finalidad un extraordinario impulso evangelizador, que sin duda alguna dejará una huella profunda en esta esforzada tarea común de la nueva evangelización que implante definitivamente la civilización del amor». thumb|200px|El cardenal Eduardo Pironio, obispo de Mar del Plata y luego presidente del Pontificio Consejo de los Laicos. Bajo la directiva del papa Juan Pablo II, elaboró un encuentro de jóvenes en 1985, inicio de las Jornada Mundial de la Juventud. II Jornada Mundial de la Juventud
1985 fue nombrado por la Organización de las Naciones Unidas como el «año Internacional de la Juventud». Es así que el papa encarga al cardenal argentino Eduardo Pironio, presidente del Pontificio Consejo de los Laicos, la concreción de una idea para hacer presente a la iglesia católica en dicho año, una reunión que involucre a niños de todo el mundo. A las vísperas del Domingo de Pascua de 1985, se hizo un encuentro en Roma ante 300 000 asistentes. La idea prosperó, llamándose Jornada Mundial de la Juventud, que tuvo su primera jornada en 1986.
Ante tal éxito, el 8 de junio de 1986, el papa Juan Pablo II anunció la celebración de la segunda Jornada Mundial de la Juventud el Domingo de Ramos de 1987 en Buenos Aires, coincidiendo con el final de su viaje apostólico, que ya incluía a Uruguay. En su mensaje de convocatoria, el papa escribió: «En Buenos Aires, tendré el gran gozo de encontrarme no sólo con la juventud argentina, sino también con muchos jóvenes provenientes del área latinoamericana y de otros países del mundo.(...) No deja de ser significativo que, esta vez, la Jornada tenga su lugar central de celebración en tierras latinoamericanas, pobladas mayoritariamente por jóvenes, que son los animadores y futuros protagonistas del llamado “continente de la esperanza”. »
Debate por la ley de divorcio
En 1978, el juez de Instrucción, Juan Bautista Sejean, de 42 años, conoció a Alicia Kuliba, trabajadora de la Cámara del fuero Contencioso Administrativo. Ambos estaban separados, un delito según el Código Civil de Argentina, siendo uno de los cuatro países en donde aún el divorcio era ilegal. Luego de tener una hija en 1984, Sejean comenzó una presentación judicial contra el artículo 64 de la ley de Matrimonio Civil 2393, para permitirle volver a contraer matrimonio. Tras ser rechazada por la Cámara Nacional de Apelaciones en primera instancia, la Corte Suprema de la Nación, el 27 de noviembre de 1986, falla a favor de Sejean, por tres votos (Fayt, Petracchi y Bacqué) a dos (Caballero y Bellusio). En marzo de 1987, Sejean y Kuliba, «el señor y la señora divorcio», tal como la prensa de ese entonces los llamó, se casaron, noticia que llegó a las principales portadas del mundo.
El caso de Sejean coronó un debate que surgió luego de la llegada de Alfonsín a la presidencia. Para el verano de 1984, ya habían sido presentados al Congreso tres proyectos de ley para modificar el Código Civil. Históricamente, los países que contaban con una larga y viva tradición católica, como Argentina, atravesaron por ciertas turbulencias a la hora de avanzar en alguna modificación en la legislación familiar, por lo que generó movilizaciones impulsadas por la iglesia Católica, entre ellos el arzobispo de Buenos Aires, Juan Carlos Aramburu, y el obispo de Mercedes-Luján, Emilio Ogñenovich, la más importante la desarrollada frente a la Basílica de Luján el 5 de julio de 1986 bajo el lema «la familia es garantía y esperanza en nuestra patria», que contó con la participación de sectores de la Unión del Centro Democrático, la Unión Popular, el Movimiento de Integración y Desarrollo, y sectores ortodoxos del Peronismo y el sindicalismo.
Por su parte, en agosto de 1986, la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina ordenó sancionar a los diputados que votaran a favor de los proyectos de ley. Las homilías, los discursos y los documentos explicitaban el rechazo episcopal al divorcio, proclamando «decidida y expresamente la firmeza del vínculo matrimonial tal como lo ha enseñado y enseña la Iglesia Católica», y «que esa firmeza e indisolubilidad del vínculo matrimonial es un irrenunciable don de Dios Creador al hombre, y por lo mismo, no modificable por leyes humanas». En palabras del obispo Ogñenovich, como «si fuerzas del averno se hubieran desatado contra el matrimonio y la familia renegando de las tradiciones nacionales que hicieron grande a la Argentina».
Al momento de la visita del papa, el proyecto tenía media sanción, por parte de la Cámara de Diputados de la Nación, el 19 de agosto de 1986, con 177 votos a favor y 35 en contra. Desde entonces surgieron voces disidentes con el episcopado, con una mirada más pastoral, bajando el tono al debate, como el cardenal Raúl Primatesta, que dijo «En más de una ocasión, frente a los cambios, a dificultades nuevas, a renovados planteos pastorales, a opinables enfoques y apreciaciones o fuimos mal interpretados, o no supimos dar la imagen de una unidad que ciertamente existe en nuestro corazón de pastores».
Cronología Preparativos Para la conformación de una comisión organizadora, el presidente Raúl Alfonsín dispuso que la organización sería llevada a cabo por el Ministerio de Relaciones Exteriores, y la seguridad y el traslado dentro del territorio argentino por parte de la Casa Militar de la Presidencia. Sus integrantes fueron el secretario de Culto, Juan Carlos Palmero, el jefe de la Agrupación Seguridad, coronel Yago Degarcía, y el jefe de la División Aviones, comodoro Alberto Vianna.
En junio de 1986 se desarrolló una reunión preparatoria en el Vaticano, con la presencia del embajador argentino ante la Santa Sede, Santiago de Estrada, y por el Vaticano, el sacerdote Roberto Tucci. Allí se definió el itinerario de la visita. Luego mantuvieron reuniones en Buenos Aires con el nuncio apostólico en Argentina, Ubaldo Calabresi. Entre el 21 y el 24 de octubre de 1986, el sacerdote Tucci viajó a la Argentina para realizar el itinerario y revisar cada lugar. Para los traslados en avión, se reacondicionó el T-02, propiedad de la Presidencia de la Nación, incorporando una mesa de trabajo, un sofá cama y una mesa de luz.
Itinerario Las principales actividades realizadas por el papa en Argentina fueron: