Francisca Cristina del Palatinado-Sulzbach (16 de mayo de 1696 - 16 de julio de 1776), fue una noble alemana que ejerció como princesa-abadesa de las abadías de Essen y Thorn desde 1726 hasta 1776, siendo su mandato el más largo. Su reinado estuvo marcado por disputas entre la abadía y la ciudad, provocadas por sus consejeros.
Familia Fue la tercera descendiente, y segunda hija, de los diez vástagos del duque Teodoro Eustaquio del Palatinado-Sulzbach y de su esposa, la landgravina María Leonor de Hesse-Rotenburgo. Los Sulzbach eran una rama colateral de la Casa de Wittelsbach.
Destinada a la vida religiosa, a la edad de cinco años, obtuvo un título prebendado en la Abadía de Thorn, una abadía secular para damas de alta cuna, ubicado al oeste del río Mosa, en Roermond, donde se criaría junto a su hermana Ernestina. Su tía Leonor de Löwenstein-Wertheim-Rochefort era la abadesa y nombró a Francisca Christina, su "muy querida prima", su única heredera en 1706. En 1712, presentó su Aufschwörung (prueba de su noble linaje) a la Abadía de Essen, donde también recibió un prebendado, con la condición de que no se le permitiera votar en las decisiones del capítulo mientras dos de sus hermanas también tuvieran derecho a voto. La razón de esta restricción era que solo diez damas tenían derecho a voto y se consideró que otorgar tres de ellos a la familia Palatinado-Sulzbach les daría demasiada influencia. No obstante, aceptó su prebendado en Essen el 10 de noviembre de 1712 e inmediatamente se estableció en dicha ciudad, condición necesaria para tener el derecho a voto. Quedó exenta del requisito de residencia en septiembre de 1713 y obtuvo el derecho dos años después, cuando su otra hermana María Ana dejó la abadía e ingresó en un monasterio religioso. (Essen era una abadía secular; esto significaba que las damas colegiadas conservaban sus posesiones y podían marcharse cuando quisieran, por ejemplo, si decidían casarse).
No ocupó ningún cargo ni en Thorn ni en Essen antes de ser elegida abadesa.
Abadesa en Thorn Tras la muerte de la abadesa Juliana Ana Elena de Manderscheid-Blankenheim el 12 de enero de 1717, cinco candidatas habían manifestado interés en el cargo:
Ana Salome de Manderscheid-Kail-Falkenstein, Decana de Thorn. La condesa de Löwenstein, dama colegiada residente en Thorn. Magdalena de Salm-Reiferscheid, dama universitaria residente en Thorn. La propia Francisca Cristina, también una dama universitaria, pero sin derecho a voto. Condesa Ana Juana de Manderscheid-Blankenheim.
Diez damas colegiadas y seis canónigos tenían derecho a voto. Thorn era una abadía imperial, por lo que la abadesa era una princesa imperial. De este modo, la elección permitía a las casas reales aumentar su influencia, al lograr que fueran elegidos partidarios de sus familiares. El 2 de febrero de 1717 llegó a Thorn una carta del elector palatino Carlos III Felipe, en la que recomendaba la elección de su pariente Francisca Cristina, debido a que al esto coincidir con la boda de su hija Isabel Augusta con José Carlos del Palatinado-Sulzbach, hermano de Francisca Cristina, la elección de está encajaba con la política de poder de la Casa de Wittelsbach. El cabildo se opuso inicialmente a esta propuesta, ya que la princesa con apenas 21 años, tenía menos experiencia que las demás candidatas y no era la preferida. El 7 de marzo llegó a Thorn un enviado del elector, «…para hacer algunas propuestas a los dignatarios de la abadía con respecto a la Serenísima Princesa Cristina de Sulzbach». Se desconoce la naturaleza de estas propuestas, pero fueron tan convincentes que ni siquiera una carta del emperador Carlos VI recomendando a otro candidato impidió la elección el 31 de marzo. Al no tener la edad suficiente para ocupar el cargo, tuvo que obtener una dispensa papal.
Aún siendo abadesa, en 1720 posteriormente su familia intentó buscarle un esposo, siendo propuestos el los futuros duques Luis I de Orleans y Antonio de Parma, así como otros príncipes alemanes y franceses, como dichas negociaciones no llegaron a nada, se confirmó que la princesa llevaría una vida dedicada a la religión.
Abadesa en Essen El 15 de octubre de 1726, fue elegida abadesa de Essen, dicha elección también estuvo muy influenciada por factores externos. Küppers-Braun ha establecido que en esta elección los intereses de varios condes, en particular los de Manderscheid-Blankenheim y Salm-Reifferscheid, los cuáles chocaron con los intereses de las casas principescas. La decana de Essen, Ana Felicidad de Salm-Reifferscheid, desempeñó un papel crucial. Había prometido votar por ella, en contra de los intereses de sus parientes. El conde de Manderscheid-Blankenheim ofreció al conde de Salm varios beneficios eclesiásticos prestigiosos si este lograba persuadir a su hermana para que rompiera su promesa. Sin embargo, Ana Felicidad cumplió y votó por Francisca Cristina, la cual también era la candidata favorita de los príncipes imperiales, los cuales también intentaron influir en la votación. Su pariente el arzobispo de Colonia, Clemente Augusto de Baviera, con quien la familia Sulzbach mantenía buenas relaciones, envió una carta de recomendación. El elector Carlos III Felipe también envió dos enviados, con otra carta de recomendación e instrucciones para permanecer en Essen hasta después de las elecciones. El rey Federico Guillermo I de Prusia, que se consideraba protector de Essen, se pronunció a favor de Francisca Cristina. Sin embargo, el enviado prusiano se sintió obstaculizado por los enviados de los principados católicos. Prusia confiaba en la promesa de que la princesa concedería a la ciudad la libertad religiosa. Essen se mostró menos crédula, pues el cabildo general de la abadía tuvo que atender una queja de los concilios católicos, que exigían compensación por los insultos sufridos en sus barrios. Para asegurar la elección de la princesa, el Palatinado envió un cañón con su dotación a la ciudad.
Con dicho apoyo y también respaldada por un permiso papal previamente concedido para ejercer el cargo de abadesa en dos abadías simultáneamente, fue elegida con 20 votos de los 22 votantes.
Mandato y políticas como Princesa-Abadesa Durante su elección, se había alojado en Sulzbach. Cuando la recién elegida abadesa entró en la ciudad de Essen, se publicó un folleto de cuatro páginas titulado Essendia Redeviva, en el que se alegaba que durante el reinado de su predecesora Bernardina Sofía de Frisia Oriental y Riedberg «no había prevalecido más que hostilidad, desconfianza y desarmonía continuamente» y «todo el país había pasado sus días en melancolía, esperando en vano la redención», hasta que Francisca Christina asumió el cargo. Küppers-Braun señala que este folleto muestra claras influencias jesuitas. Durante su reinado, que duró casi cincuenta años, dicha congregación tuvo una gran influencia en la política de la abadía. Su predecesora se había enemistado con la orden siete años antes. Francisca Christina, sin embargo, los reincorporó como expertos administrativos. Sus confesores, que ejercieron una fuerte influencia sobre ella, eran jesuitas. La visión absolutista de gobierno de sus consejeros a menudo chocaba con los derechos ancestrales de los cabildos de Thorn y Essen, que estos últimos defendían con vehemencia. Por ejemplo, hubo una disputa sobre si la abadesa podía decidir unilateralmente la organización de las oraciones y procesiones, o si necesitaba el acuerdo del cabildo. Otra disputa, que incluso derivó en un pleito ante el Tribunal Supremo de Wetzlar, versaba sobre si la abadesa o sus funcionarios tenían derecho a inspeccionar la chimenea de las residencias privadas de los canónigos en Essen sin consultar previamente al cabildo. En Thorn, surgieron disputas sobre asuntos fiscales y judiciales.
Bajo su gobierno, más bien nominal, se promulgaron un nuevo código tributario, uno hipotecario y una orden judicial. Los Estados Generales, que tenían voz en los asuntos fiscales, fueron convocados solo una vez durante su reinado. Tiempo después, comenzaron a reunirse en la casa del Preboste, sin haber sido convocados por la abadesa. De hecho, ella, o más bien sus consejeros, intentaron impedir estas reuniones. La relación entre la abadía y la ciudad de Essen también se vio afectada por la influencia de los jesuitas sobre ella. No solo los protestantes se quejaron, sino también los católicos. En 1775, las damas de la escuela y los ciudadanos intentaron, en conjunto, destituir al padre Tomás Mantels, S.J., confesor jesuita de Francisca Cristina. Su motivación era que había buscado reemplazar a otro jesuita que había estado a cargo de la parroquia de San Juan. También se le acusó de ser responsable de la elevada carga impositiva y del reemplazo no autorizado de funcionarios de la abadía. Todos los testigos declararon que la abadesa no había cometido ninguna falta. Un testigo mencionó que se hicieron acusaciones sobre su confesor que "ningún verdadero católico podría escuchar sin sentir repulsión". Hacia 1766, el Nuncio apostólico escribió lo siguiente sobre Francisca Cristina a su sucesor:
Casa principesca Francisca Cristina era hija de un príncipe imperial y tras su elección, princesa imperial por derecho propio. Como tal, intentó rodearse de una corte principesca, en la medida en que su principado le proporcionaba los recursos suficientes para ello. Ignacio Fortuna ocupaba un lugar destacado en su corte. En el edificio de la abadía de Essen, vivía en la antesala del comedor. En la mansión de Steele, disponía de una habitación climatizada en la misma planta que la princesa, un privilegio del que solo gozaban él, el tesorero de la congregación y el sacerdote personal.
Castillo de Borbeck La residencia de las princesas abadesas de Essen, ubicada en la abadía, era antigua y se encontraba en mal estado. El barón de Duminique, quien posteriormente organizó la elección de su sucesora en 1776 como enviado de la corte sajona, se vio obligado, debido a la humedad en la mampostería, a solicitar alojamiento a los jesuitas vecinos. Al igual que muchos de sus predecesores, Francisca Cristina pasó la mayor parte del tiempo en el castillo de Borbeck y apenas visitó su abadía. Entre 1744 y 1762, amplió y renovó el castillo, dándole su aspecto actual. Encargó la ampliación del edificio en el lado sur al arquitecto de la corte del Palatinado en Düsseldorf. Colocó su escudo de armas sobre la puerta de entrada y creó un jardín de 17 hectáreas al estilo inglés.
El orfanato