miniaturadeimagen|El pedestal vacío de la estatua de Edward Colston en Bristol, al día siguiente de que los manifestantes la derribaran y la arrojaran al puerto en 2020.

La descolonización del espacio público ha sido el proceso —impulsado por los movimientos antirracistas y decoloniales— de cuestionar y transformar los monumentos, estatuas y topónimos de carácter colonial o esclavista, tratados como «patrimonio disonante» o incómodo, lo que exige modificar tanto las prácticas simbólicas y materiales como la distribución del poder en la construcción de las memorias colectivas.

El movimiento social y sus acciones proceden de asociaciones antirracistas y anticolonialistas, o de descendientes de comunidades que sufrieron la colonización europea (por ejemplo, la comunidad maorí en Nueva Zelanda, las comunidades indígena y afroestadounidense en Estados Unidos, y la diáspora congoleña en Bélgica). Es el ejemplo más difundido de desconmemoración.

Este proceso comenzó en las antiguas colonias tras su independencia, en la segunda mitad del siglo . Desde allí se extendió al mundo occidental a comienzos del siglo . Entre los maoríes de Nueva Zelanda, esta reivindicación alcanzó su punto culminante en la década de 2010. En América del Norte, en Bélgica y en el Reino Unido no llegó a su apogeo hasta 2020, al calor de las manifestaciones contra el racismo y la brutalidad policial que siguieron al asesinato de George Floyd, muerto a manos de la policía el 25 de mayo de 2020 en Mineápolis, Minnesota (Estados Unidos).

Historia del movimiento

El cuestionamiento de las huellas públicas de la historia colonial europea empezó en la década de 1960, durante la independencia de numerosas regiones antes colonizadas. Iniciado en las antiguas colonias, este movimiento se extendería después a la propia Europa a medida que avanzaban y se difundían los estudios poscoloniales.

Esta protesta cobró especial relevancia en 2020, cuando la emoción despertada por el asesinato de George Floyd en Estados Unidos se propagó por el mundo occidental y relanzó el movimiento Black Lives Matter. Como consecuencia, se produjeron numerosas pintadas, destrucciones y retiradas de estatuas por parte de activistas que deseaban desconmemorarlas, como las de Cristóbal Colón en Estados Unidos (impugnada por los pueblos indígenas), la del explorador James Cook, la del comandante naval británico John Hamilton en Nueva Zelanda (impugnada por el pueblo maorí), la del presidente confederado Jefferson Davis, las de los traficantes de esclavos Edward Colston y Robert Milligan en Bristol (Inglaterra), la de la reina Victoria, la del ex primer ministro británico Winston Churchill (cuyas declaraciones sobre cuestiones raciales suscitaron polémica) y la de Robert Baden-Powell, fundador del movimiento scout mundial, acusado de racismo, homofobia y vínculos con el régimen nazi.

Modos y ámbitos de actuación Modos de actuación

La descolonización del espacio público puede lograrse mediante retiradas espontáneas, en el transcurso de manifestaciones populares (como ocurrió con la estatua de Edward Colston en Bristol), o mediante largas negociaciones o campañas de sensibilización (como con la estatua de Hamilton en Nueva Zelanda). También pueden hallarse soluciones intermedias, como la instalación de placas explicativas (calles con nombres de traficantes de esclavos en Burdeos).

Algunos activistas cubren monumentos y estatuas con inscripciones reivindicativas o los rocían con pintura roja, símbolo de la sangre. Los militantes de este movimiento, que rechazan el término «vandalismo», consideran sus acciones una forma de arte urbano de fuerte carga simbólica.

Ámbitos de actuación

En el espacio público, las referencias coloniales y la memoria de las atrocidades se componen de elementos muy diversos. Pueden ser estatuas o monumentos, nombres de vías públicas (odónimos) o de lugares (topónimos), símbolos nacionales (himnos, banderas, monedas), elementos culturales (nombres de obras de arte, especialidades gastronómicas, carnavales, etc.) e incluso rótulos comerciales (Café du négro en Bayona, Pharmacie de la Négresse en Biarritz y Au Nègre joyeux en París).

Interpretación académica

El fenómeno se analiza dentro de los estudios sobre el patrimonio cultural a partir de nociones como la de «patrimonio incómodo» (difficult heritage), acuñada por la antropóloga Sharon Macdonald para designar un pasado reconocido como significativo en el presente, pero conflictivo y difícil de conciliar con una identidad colectiva positiva. Desde esta perspectiva, el patrimonio no se concibe como un legado fijo, sino como un objeto en disputa, atravesado por relaciones de poder, en el que cada sociedad negocia qué se conmemora y qué se silencia. La historiadora del arte Erika Doss ha estudiado, por su parte, la proliferación contemporánea de monumentos y las intensas emociones públicas que rodean tanto su erección como su retirada.Erika Doss, Memorial Mania: Public Feeling in America, Chicago, University of Chicago Press, 2010. En conjunto, estas prácticas se estudian de forma comparada bajo el concepto de «desconmemoración» (de-commemoration), que abarca tanto la retirada de estatuas como el cambio de nombre de lugares.

Los estudios sobre monumentos en conflicto suelen distinguir varias respuestas posibles ante estos símbolos: la retirada o destrucción, la reubicación en un museo, la recontextualización mediante placas explicativas o contramonumentos, y la conservación acompañada de una explicación de su significado.

El origen reciente de los monumentos coloniales

Varios estudios señalan que muchos de los monumentos coloniales hoy cuestionados no son contemporáneos de la conquista, sino construcciones relativamente recientes, levantadas siglos después de los hechos que conmemoran. El historiador peruano Rafael Varón Gabai indicó que la idea de que Francisco Pizarro es el único conquistador español honrado con un monumento en Hispanoamérica es una de las muchas inexactitudes que rodean a su estatua, y documentó que fue aproximadamente a partir del primer centenario de la independencia de los países americanos —es decir, hacia las décadas de 1910 y 1920— cuando empezaron a erigirse estatuas conmemorativas de los conquistadores, entre ellas las de Sebastián de Belalcázar y Gonzalo Jiménez de Quesada en Colombia o Francisco de Orellana en Ecuador. Las tres estatuas ecuestres gemelas de Pizarro, obra del escultor estadounidense Charles Cary Rumsey, son un ejemplo de ello: la de Trujillo, en la provincia de Cáceres (España), se presentó en 1929, durante la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, mientras que la de Lima se inauguró en 1935, con motivo del cuarto centenario de la fundación de la ciudad.

Algo semejante ocurrió con las estatuas de Cristóbal Colón. La mayoría se erigieron en torno al cuarto centenario de su primer viaje, en 1892, y en las décadas siguientes, a menudo impulsadas por asociaciones católicas e italoestadounidenses —como los Caballeros de Colón— que veían en el navegante un símbolo de su integración en la sociedad estadounidense: el monumento de Columbus Circle, en Nueva York, se inauguró en 1892, y el de la Union Station de Washington D. C., en 1912. Estos homenajes se levantaron pese a que, como han documentado los historiadores, Colón no fue solo un navegante: durante su gobierno de La Española esclavizó y mató a miles de indígenas taínos e inició el traslado de personas esclavizadas a través del Atlántico, dentro de la esclavización de los pueblos originarios que acompañó a la conquista. Pese a esa trayectoria, su figura sigue presente en unos seis mil lugares de Estados Unidos —estatuas, topónimos y nombres de instituciones—, algunos erigidos o nombrados hasta fechas tan recientes como el año 2000.

Diversos estudios enmarcan buena parte de esta estatuaria en las conmemoraciones de los centenarios de la independencia (hacia 1910 y 1921), que las élites gobernantes emplearon para proyectar relatos nacionales oficiales en el espacio público mediante monumentos, edificios públicos e iconografía conmemorativa. En el caso del centenario chileno de 1910, los historiadores Tomás Aguilera Durán y Carolina Valenzuela Matus señalan que estas celebraciones estuvieron condicionadas por «cierta visión eurocéntrica de la modernidad» y por modelos estéticos europeos, materializada en su iconografía, monumentos, edificios públicos y exposiciones.

Paralelamente, tras el desastre de 1898 se consolidó una corriente hispanoamericanista, impulsada desde España —en particular durante el reinado de Alfonso XIII— y por diversos sectores americanos, que subrayaba la herencia española común y la idea de «la Raza», institucionalizada en la Fiesta de la Raza del 12 de octubre a partir de la década de 1910. Según el historiador Michael J. Gonzales, en el centenario mexicano de 1910 los organizadores exaltaron un pasado prehispánico idealizado al tiempo que presentaban a los indígenas contemporáneos como un obstáculo para el progreso, mientras los sectores conservadores se identificaban con la herencia hispánica del país.

En África Sudáfrica

miniaturadeimagen|Retirada de la estatua de Cecil Rhodes mediante una grúa en la Universidad de Ciudad del Cabo, el 9 de abril de 2015, tras el movimiento Rhodes Must Fall.

miniaturadeimagen|El busto de Cecil Rhodes en el Rhodes Memorial de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) después de ser decapitado con una amoladora.

En la Universidad de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, el movimiento Rhodes Must Fall estalló en 2015. Este colectivo, formado por estudiantes y personal de la universidad, exigió y consiguió la retirada de una estatua de Cecil Rhodes situada a la entrada del campus. Erigido en 1934 en agradecimiento por los terrenos que había legado a la institución, el monumento rendía homenaje a Cecil Rhodes, antiguo primer ministro de la Colonia del Cabo, supremacista blanco y símbolo del imperialismo británico de finales del siglo . El colectivo esgrimió otros motivos de descontento, como la escasa presencia de personas no blancas en los cargos directivos y docentes, la supuesta persistencia del racismo institucional —a través, por ejemplo, del importe de las matrículas— o las condiciones de alojamiento del estudiantado no blanco.

Aunque no estaba organizado, el movimiento Rhodes Must Fall se extendió por todo el país. Julius Malema, fundador de los Economic Freedom Fighters (Luchadores por la Libertad Económica), pidió la destrucción de todos los monumentos vinculados a la historia de la Sudáfrica blanca. A lo largo de varias semanas fueron atacadas otras estatuas que simbolizaban la dominación blanca, entre ellas la estatua de la reina Victoria en Port Elizabeth, la estatua ecuestre de Louis Botha y el Rhodes Memorial de Ciudad del Cabo, la estatua de Jorge V en la Universidad de Durban, la estatua de Johannes Strijdom en Krugersdorp, varias estatuas de Paul Kruger (una en Pretoria, otra en Rustenburg y una tercera en Krugersdorp), así como diversos monumentos que conmemoraban la segunda guerra bóer, como el monumento a los caídos de Uitenhage y el Horse Memorial de Port Elizabeth. En la Universidad del Estado Libre, en un clima de violentas tensiones raciales y sociales, la estatua de Charles Swart, presidente durante la etapa del apartheid, fue incendiada, derribada y arrojada a un estanque. Las protestas se reavivaron en julio de 2020, tras el asesinato de George Floyd en Estados Unidos, y los monumentos coloniales volvieron a ser objeto de ataques en el país. El busto de Cecil Rhodes, situado en su memorial de Ciudad del Cabo, fue entonces decapitado con una amoladora.

República Democrática del Congo miniaturadeimagen|Estatua ecuestre de Leopoldo II en Kinsasa, 2018.

Una estatua de Leopoldo II, inaugurada en 1928 por Alberto I, se instaló en Kinsasa (llamada Leopoldville en su honor hasta 1966), frente al Palacio de la Nación, la actual sede presidencial.