La salud planetaria es el campo de estudio que forma una intersección entre la salud humana y ambiental. Es un campo de investigación interdisciplinario y un movimiento global que explora las consecuencias del cambio ambiental en la salud humana. La salud planetaria se define como «la salud de la civilización humana y el estado de los sistemas naturales de los que depende». El concepto se creó en 2015 por la Comisión Rockefeller Foundation–Lancet sobre Salud Planetaria, y en la actualidad se está desarrollando hacia una nueva ciencia de la salud con más de 25 áreas de especialización.
Antecedentes Existen varias ideas y conceptos que pueden considerarse precursores del concepto de salud planetaria. Según Susan Prescott, el término «salud planetaria» surgió de los movimientos de salud ambiental y holística de las décadas de 1970 y 1980. En 1980, Friends of the Earth amplió la definición de salud de la Organización Mundial de la Salud, afirmando que «la salud es un estado de completo bienestar físico, mental, social y ecológico, y no meramente la ausencia de enfermedad; la salud personal implica la salud planetaria». James Lovelock acuñó el término «Medicina Planetaria» en 1986. En 1993, el médico noruego Per Fugelli escribió: «La Tierra, como paciente, está enferma. Las perturbaciones ambientales globales pueden tener graves consecuencias para la salud humana. Es hora de que los médicos realicen un diagnóstico mundial y ofrezcan recomendaciones sobre el tratamiento». En la década de 1990 se desarrolló un modelo de plan de estudios de Medicina Terrestre en la Universidad Católica de Eichstätt-Ingolstadt como parte del proyecto Agenda 21 de Altmühltal. En 2000, James Lovelock publicó su libro Gaia: La ciencia práctica de la medicina planetaria.
Hitos En marzo de 2014, un número de la revista médica The Lancet hizo un llamamiento a un movimiento por la salud planetaria para transformar el campo de la salud pública, que tradicionalmente se ha centrado en la salud de las poblaciones humanas sin considerar necesariamente los ecosistemas naturales circundantes. La propuesta reconocía las amenazas emergentes para los sistemas naturales y artificiales que sustentan a la humanidad.
En 2015, la Fundación Rockefeller y The Lancet crearon la Comisión Rockefeller Foundation-Lancet sobre Salud Planetaria. La Alianza para la Salud Planetaria fue fundada en diciembre de 2015 por la Universidad de Harvard, junto con la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre y otras organizaciones asociadas. El Consejo Económico de la Fundación Rockefeller sobre Salud Planetaria de la Escuela Oxford Martin se estableció el 1 de junio de 2017 para definir mejor la nueva disciplina de salud planetaria. La revista de acceso abierto Lancet Planetary Health publicó su número inaugural en abril de 2017.
La Declaración de São Paulo sobre Salud Planetaria es un llamado a la acción multisectorial, creado conjuntamente por la comunidad global de Salud Planetaria en la Reunión Anual de Salud Planetaria de 2021, celebrada en São Paulo, Brasil. La declaración insta a los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y el público en general a comprometerse con la Gran Transición para salvaguardar un futuro saludable y equitativo para la humanidad y proteger toda la vida en la Tierra.
En 2022, con motivo del 50 aniversario de la primera conferencia ambiental de la ONU, la «Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano» celebrada en Estocolmo en 1972, la ONU publicó el informe: «Conferencia de la ONU Estocolmo+50: Un planeta sano para la prosperidad de todos: nuestra responsabilidad, nuestra oportunidad».
En 2023, la Asociación de Facultades de Medicina de Canadá publicó la «Declaración de las Instituciones Académicas de Salud sobre la Salud Planetaria», que insta a todas las instituciones académicas de salud del mundo a tomar medidas inmediatas para detener el impacto negativo de sus actividades en los sistemas naturales del planeta e instituir medidas adaptativas y regenerativas, entre ellas el activismo. Más de 40 instituciones académicas de salud han firmado la declaración. Entre estas se incluyen escuelas de medicina, facultades de medicina, escuelas de enfermería, escuelas de salud pública y otras instituciones académicas relacionadas con la salud de diversos países, como Canadá, India, Finlandia, República Dominicana, Sudáfrica, Alemania, Portugal e Indonesia entre otros.
La Real Academia de Artes y Ciencias de los Países Bajos publicó en junio de 2023 un informe exhaustivo sobre el estado de la investigación en salud planetaria y la futura agenda de investigación, que tiene relevancia no solo para los Países Bajos sino también a nivel internacional (Informe Consultivo sobre Salud Planetaria).
En abril de 2024, más de 100 miembros de una comunidad mundial crearon la Hoja de Ruta y el Plan de Acción Global para la Salud Planetaria, una guía para avanzar en pro de la salud planetaria, basándose en los principios y el llamado a la acción de la Declaración de São Paulo de 2021 sobre la Salud Planetaria. Esta hoja de ruta abarca ámbitos clave como la gobernanza, la educación, los negocios y las comunicaciones, proporcionando un marco estratégico para impulsar este creciente movimiento y salvaguardar la salud y el bienestar de toda la vida en la Tierra.
Paradigmas y agenda de investigación Partiendo de la definición de salud como «un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no meramente la ausencia de enfermedad o dolencia», así como de los principios recogidos en el preámbulo de la constitución de la Organización Mundial de la Salud, la Comisión de The Lancet definió la salud planetaria como «el logro del más alto nivel alcanzable de salud, bienestar y equidad en todo el mundo mediante una atención juiciosa a los sistemas humanos —políticos, económicos y sociales— que dan forma al futuro de la humanidad y a los sistemas naturales de la Tierra que definen los límites ambientales seguros dentro de los cuales la humanidad puede prosperar».
El informe identificó varios principios generales que sustentan el concepto de salud planetaria. Uno de ellos sostiene que la salud humana depende de ecosistemas saludables y de una gestión responsable de los sistemas naturales. Las actividades humanas, como la producción de energía y de alimentos, han alterado de forma significativa los sistemas terrestres, lo que ha llevado a numerosos científicos a denominar Antropoceno a la época geológica actual.
En 2021, la Alianza para la Salud Planetaria publicó el Marco de Educación en Salud Planetaria, concebido para orientar la formación de ciudadanos y profesionales capaces de afrontar los desafíos de este campo. El marco también pretende fomentar la creación, restauración, gestión y conservación de ecosistemas saludables como base para una civilización humana próspera. Para ello, identifica cinco dominios fundamentales que articulan los conocimientos, valores y prácticas de la salud planetaria: (1) la interconexión con la naturaleza; (2) el Antropoceno y la salud; (3) la equidad y la justicia social; (4) la construcción de movimientos y el cambio sistémico; y (5) el pensamiento sistémico y la complejidad.
Un grupo de científicos especializados en ciencias del sistema terrestre y medioambientales, encabezado por Johan Rockström, del Centro de Resiliencia de Estocolmo, propuso el concepto de los nueve límites planetarios, dentro de los cuales la humanidad puede desarrollarse de forma segura y sostenible para las generaciones presentes y futuras. Según una actualización publicada en 2024, ya se habían sobrepasado seis de esos límites: el cambio climático, la integridad de la biosfera, los flujos biogeoquímicos, el cambio del sistema terrestre, el uso del agua dulce y la contaminación. Un séptimo límite, la acidificación de los océanos, se encontraba próximo a ser rebasado.
La Comisión de la Fundación Rockefeller–The Lancet concluyó que eran necesarias medidas urgentes y transformadoras para proteger la salud de las generaciones presentes y futuras. Entre las prioridades señaladas figuraba la reforma de los sistemas de gobernanza y de producción y organización del conocimiento humano, considerados insuficientes para afrontar las amenazas a la salud planetaria.
Entre sus recomendaciones, la comisión propuso fortalecer la gobernanza para favorecer la integración de las políticas sociales, económicas y ambientales, así como promover la generación, síntesis y aplicación del conocimiento interdisciplinario. Asimismo, defendió una concepción de la prosperidad centrada en la mejora de la calidad de vida y el acceso equitativo a la salud, compatible con la preservación de la integridad de los sistemas naturales.
Agenda internacional de investigación para la salud planetaria En junio de 2023, la Real Academia de Ciencias de los Países Bajos publicó el informe Salud planetaria, un campo emergente en desarrollo, elaborado a partir de un proceso de consulta de dos años. El informe identificó numerosas lagunas en el conocimiento sobre la salud planetaria. Una revisión de la literatura científica, complementada con consultas a especialistas, permitió identificar más de un centenar de áreas específicas que requieren investigación adicional. Entre ellas figuran la comprensión aún limitada de los efectos del cambio ambiental global sobre la salud humana, los mecanismos mediante los cuales se producen dichos efectos, la eficacia de las medidas de mitigación y adaptación, y las estrategias más eficaces para promover cambios oportunos en las políticas públicas y en el comportamiento social. La Academia concluyó que colmar estas lagunas requerirá un esfuerzo coordinado de la comunidad científica internacional y una mayor cooperación en la financiación de la investigación. Asimismo, anunció su intención de colaborar con organizaciones científicas internacionales y redes de academias, como EASAC, FEAM y ALLEA, para impulsar esta agenda.
En 2025, el informe GEO-7 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señaló que las inversiones en salud planetaria podrían traducirse en un aumento de varios billones de dólares del producto interno bruto (PIB) mundial, además de evitar millones de muertes y contribuir a reducir la pobreza y el hambre. El informe destaca la alimentación y la nutrición como componentes esenciales de la salud planetaria. En este contexto, sostiene que los sistemas alimentarios, la agricultura y las tecnologías asociadas deberán transformarse para alimentar a una población mundial que superará los 9000 millones de personas, al tiempo que se reducen los impactos ambientales derivados del desperdicio de alimentos y de las dietas con una elevada huella de carbono. Uno de los principales ámbitos de investigación en salud planetaria consiste en desarrollar sistemas alimentarios y estrategias nutricionales que sean sostenibles tanto para la salud humana como para el medio ambiente, así como generar la evidencia científica y el respaldo político necesarios para su aplicación. En 2019, una comisión internacional propuso la dieta para la salud planetaria como un modelo alimentario orientado a esos objetivos.