Ad fontes es una locución latina que quiere decir literalmente "a las fuentes". Es un término surgido en la Edad Moderna que hace referencia a la necesidad de retomar la originalidad de los textos, en especial de los filósofos griegos.

Antecedentes En 1511, Erasmo de Rotterdam publicó su obra programática De ratione studii ac legendi interpretandique auctores, en la cual señala: «Sed in primis ad fontes ipsos properandum, id est graecos et antiquos» («Pero ante que todo, se debe acudir a las fuentes mismas, es decir, a los griegos y a los antiguos en general»).Esto produjo un giro en los círculos humanistas de aquella época, especialmente en el enfoque y desarrollo de la filología, la cual estaba fuertemente influenciada por la escolástica de origen medieval, priorizando el análisis de glosas y comentarios secundarios por sobre los textos primarios.Este quiebre metodológico encontró un terreno fértil de aplicación institucional en los años siguientes. En agosto de 1518, durante su discurso inaugural en la Universidad de Wittenberg titulado De corrigendis adolescentiae studiis, el erudito Felipe Melanchthon instó a los estudiantes a adoptar formalmente esta disciplina filológica, exhortándolos a estudiar, en primer lugar, los idiomas clásicos para penetrar directamente en la materia de los autores antiguos en lugar de conformarse con «meras sombras».

En consecuencia, este impulso filológico y pedagógico en la ciudad alemana de Wittenberg, en el entonces Electorado de Sajonia del Sacro Imperio Romano Germánico, adquirió una dimensión teológica rupturista a través de Martín Lutero, transformando el ad fontes en el núcleo metodológico de la Reforma protestante. Influenciado por las herramientas erasmianas y el entorno académico de Melanchthon, Lutero adoptó el Novum Instrumentum omne, la edición crítica del Nuevo Testamento en griego publicada por Erasmo en 1516, para realizar su revolucionaria traducción de las Escrituras al alemán en 1522 (el Septembertestament), prescindiendo de la autoridad milenaria de la Vulgata latina. La historiografía contemporánea enfatiza que este giro técnico consolidó el principio de la Sola scriptura, transformando la búsqueda de las fuentes en una necesidad hermenéutica que postulaba que la Biblia se interpretaba a sí misma, desafiando directamente el monopolio doctrinal de la Iglesia católica y su andamiaje dogmático medieval.

Referencias

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