Nuestra Señora del Carmen Coronada es una advocación mariana de Jerez de la Frontera (Andalucía, España), venerada en la Basílica Menor de Nuestra Señora del Carmen Coronada. La imagen es titular de la Hermandad del Carmen y procesiona anualmente cada 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen.
Historia La historia de la Virgen del Carmen en Jerez de la Frontera está estrechamente vinculada a la llegada de la Orden del Carmen a la ciudad. Los carmelitas se establecieron en Jerez en 1586 procedentes de Sevilla, ocupando inicialmente el Hospital de la Sangre, en el barrio de Santiago. Conforme a la tradición de la orden, llevaron consigo una imagen de la Virgen del Carmen para presidir la nueva fundación, siendo trasladada por fray Diego de Gabriel, primer prior del convento jerezano.
Tras permanecer aproximadamente un año en el Hospital de la Sangre, los religiosos recibieron unos terrenos junto a la Ermita de San Benito, donde permanecieron hasta comienzos del siglo XVII. En 1600, una grave epidemia de peste afectó a la ciudad, y los carmelitas pusieron sus dependencias al servicio de la población, habilitando el convento para la atención de los enfermos. Como muestra de agradecimiento por su labor asistencial, el Cabildo municipal solicitó autorización a la Corona y a la Santa Sede para la fundación de un nuevo convento. Concedidos los permisos, el Ayuntamiento cedió a la orden los terrenos de la antigua Pescadería Vieja, permitiendo el establecimiento del primer convento intramuros de la ciudad.
En un primer momento, los religiosos utilizaron la Capilla de Nuestra Señora de Loreto, perteneciente a la antigua Hermandad de Pescadores. Sin embargo, el reducido tamaño del edificio llevó a los carmelitas a proyectar un nuevo templo. La antigua capilla fue demolida y en 1727 se levantó la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. La imagen de la Virgen fue colocada en un camarín situado en el retablo mayor del nuevo templo. miniaturadeimagen|Basílica de Nuestra Señora del Carmen Coronada Durante la Guerra de la Independencia española, la iglesia sufrió el saqueo de las tropas francesas. Los vecinos de Jerez intentaron defender el convento, a los frailes y a la imagen de la Virgen del Carmen, aunque no pudieron evitar los daños ocasionados por la ocupación.
En la década de 1830, las políticas liberales impulsadas durante la regencia de María Cristina dieron lugar a la exclaustración de las órdenes religiosas y a la desamortización promovida por Juan Álvarez Mendizábal. Como consecuencia, los carmelitas fueron expulsados de su convento, pese a la labor asistencial que desarrollaban durante la epidemia de cólera que afectaba a la ciudad. No obstante, la iglesia permaneció abierta al culto gracias a la arraigada devoción popular hacia la Virgen del Carmen.
Durante la Revolución Gloriosa de 1868, se ordenó la demolición del templo. Ante esta amenaza, varios devotos trasladaron clandestinamente la imagen de la Virgen, cubierta con un lienzo, a la cercana Parroquia de San Dionisio para protegerla. Finalmente, la iglesia no llegó a ser derribada.
La restauración de la monarquía borbónica en 1874, con la llegada al trono de Alfonso XII, favoreció el regreso de diversas órdenes religiosas. Los carmelitas recuperaron su convento en 1878 y, en 1880, la imagen de Nuestra Señora del Carmen fue trasladada nuevamente a su iglesia.
En 1929, por iniciativa de fray Luis María Llop, fraile carmelita, se funda la Hermandad del Carmen, con el objetivo de fomentar el culto y la devoción a Nuestra Señora del Carmen Coronada, así como promover la vida espiritual entre sus miembros.
En mayo de 1931, en el contexto de los disturbios anticlericales que afectaron a numerosos edificios religiosos en España, la iglesia volvió a ser objeto de ataques. La imagen de la Virgen del Carmen logró salvarse gracias a la intervención de un monaguillo, quien propuso trasladarla a su domicilio, donde permaneció oculta y protegida durante varios años.
Coronación canónica La profunda vinculación histórica entre la ciudad de Jerez de la Frontera y la imagen de Nuestra Señora del Carmen se fue consolidando a lo largo de más de tres siglos desde la llegada de la Orden del Carmen a la ciudad en 1586. El origen de la coronación canónica se encuentra en la iniciativa impulsada por el prior del convento carmelita de la ciudad, fray Luis María Llop. El 8 de junio de 1921 presentó a la comunidad religiosa el proyecto de solicitar la coronación de la imagen, propuesta que fue aprobada por unanimidad. El 16 de julio de ese mismo año, durante la función principal celebrada en honor de la Virgen del Carmen, hizo pública la iniciativa ante los fieles, obteniendo una respuesta inmediata y entusiasta de la sociedad jerezana.
La campaña en favor de la coronación recibió el respaldo de numerosos sectores sociales e institucionales. El Ayuntamiento de Jerez, presidido entonces por Dionisio García-Pelayo y Cordoncillo, formalizó la petición oficial en nombre de la ciudad. Asimismo, la iniciativa contó con el apoyo de numerosos obispos españoles, de la jerarquía eclesiástica sevillana y del nuncio apostólico en España, monseñor Federico Tedeschini. Especial relevancia tuvo la implicación de Fernando de Soto y Aguilar y Carmen Domecq y Núñez de Villavicencio, marqueses de Arienzo y de Santaella, condes de Puerto Hermoso y Grandes de España, quienes asumieron el patrocinio de la coronación.
El proyecto culminó con la concesión de la autorización pontificia para la coronación canónica de la imagen, convirtiéndose Nuestra Señora del Carmen de Jerez en una de las primeras imágenes marianas coronadas de Andalucía y en la primera imagen carmelita del mundo en recibir esta distinción.
Para organizar los actos fue constituida el 11 de diciembre de 1924 una Junta de Coronación, integrada por representantes de la Iglesia, la nobleza, las autoridades civiles y militares y destacadas personalidades de la sociedad jerezana. La presidencia de honor recayó en los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg, mientras que la dirección efectiva de la organización correspondió a fray Luis María Llop.
Los actos preparatorios se desarrollaron durante los días previos a la ceremonia e incluyeron quinarios en las parroquias de San Miguel y Santiago, triduos en la entonces Iglesia Colegial de San Salvador y en la Iglesia del Carmen, así como una gran vigilia de adoración nocturna celebrada en el templo carmelita. La ciudad vivió aquellas jornadas con una intensa participación popular, convirtiéndose en el principal centro de atención religiosa y social de Andalucía.
La coronación tuvo lugar el 23 de abril de 1925 en el Parque González Hontoria. La jornada comenzó de madrugada con la celebración de once misas consecutivas en la Iglesia del Carmen. A las ocho y media de la mañana la imagen salió de su templo, desprovista de corona y cubierta únicamente con una mantilla de encaje de Flandes, acompañada por la comunidad carmelita, el clero secular y la corporación municipal.
Al acto asistieron los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, los infantes Carlos de Borbón-Dos Sicilias y María Luisa de Orleans, el nuncio apostólico Federico Tedeschini, el cardenal Eustaquio Ilundain y Esteban, arzobispo de Sevilla, así como diversas autoridades civiles, militares y eclesiásticas. También participaron representaciones de la Armada Española, la Escuela Naval Militar, la Infantería de Marina y distintos regimientos del Ejército, subrayando la estrecha relación de la advocación carmelita con el ámbito naval y militar.
La ceremonia fue presidida por el nuncio apostólico, quien bendijo las coronas de la Virgen y del Niño Jesús antes de imponerlas solemnemente. El momento de la coronación fue recibido con una multitudinaria manifestación de júbilo popular y con el repique general de las campanas de la ciudad. Las crónicas de la época describieron el acontecimiento como uno de los episodios religiosos más importantes de la historia contemporánea de Jerez.
Finalizada la ceremonia, la imagen fue trasladada en solemne procesión hasta la entonces Colegiata de San Salvador, donde al día siguiente se celebró un pontifical de acción de gracias presidido por las principales autoridades asistentes.
La Imagen La imagen de Nuestra Señora del Carmen Coronada es una talla de autoría anónima, cuya presencia en Jerez de la Frontera se remonta a finales del siglo XVI, cuando llegó desde Sevilla en 1586 junto con la comunidad de la Orden del Carmen. Se trata de una imagen de gran tamaño concebida inicialmente sin la inclusión del Niño Jesús. Sin embargo, a finales del siglo XVIII se le incorporó una escultura del Divino Infante, tradicionalmente atribuido a la escultora Luisa Roldán, la Roldana.
A lo largo de su historia, la imagen ha sido objeto de diversas intervenciones y restauraciones destinadas a su conservación y adecuación al culto. Entre las más significativas destaca la realizada con motivo de la coronación canónica de 1925. En dicha intervención, el escultor Carmelo Vicent Suria ejecutó un nuevo cuerpo de talla para la imagen, al que fueron adaptadas la cabeza y las manos originales. Asimismo, se incorporó una estructura interna de hierro con el fin de reforzar su estabilidad y permitir la sujeción de la corona de grandes dimensiones que fue impuesta en la ceremonia de coronación.
Iconografía La iconografía de la advocación de la Virgen del Carmen responde a uno de los modelos marianos más definidos dentro de la tradición católica. La imagen se representa siguiendo el esquema propio de la Orden del Carmen, con hábito compuesto por túnica marrón y capa blanca, junto al escapulario como signo distintivo de la devoción carmelitana.
En este sentido, la representación iconográfica mantiene una serie de elementos característicos fijados por la tradición. La Virgen aparece vestida con capa blanca ajustada al cuello, bajo la cual se aprecia el hábito pardo. En las imágenes de vestir, el cabello suele mostrarse visible sobre los hombros y la espalda, pudiendo aparecer con mantilla o sin ella, en función de la tradición local. miniaturadeimagen|Retablo cerámico de la Virgen del Carmen Entre los atributos más significativos se encuentra el escapulario carmelita, símbolo central de la espiritualidad de la orden, así como la correa con la llamada “obediencia”, que alude a la vida comunitaria y a la sumisión a la regla conventual. Junto a ella suele disponerse el rosario, elemento asociado a la oración y a la piedad popular.
En muchas representaciones, la Virgen sostiene al Niño Jesús, generalmente en el brazo izquierdo, mientras porta en la mano derecha elementos simbólicos como el cetro. La iconografía puede completarse con una media luna a sus pies, en alusión a la mujer apocalíptica del Libro del Apocalipsis, así como con ráfagas o resplandores que refuerzan su carácter glorioso y celestial.
Culto y devoción La devoción a Nuestra Señora del Carmen Coronada en Jerez de la Frontera se encuentra estrechamente ligada a la temprana implantación de la Orden del Carmen en la ciudad, cuyo convento fue el primero de carácter intramuros tras la conquista cristiana. Su ubicación céntrica, en la antigua Pescadería Vieja, favoreció desde sus orígenes una intensa afluencia de fieles, convirtiéndose el templo en uno de los principales focos de devoción mariana de la ciudad.