Las cabezas de jaguar o más técnicamente cabezas de jaguar estilizado, son esculturas zoomorfas o antropoformas con rasgos de jaguar, murciélago o ambos talladas en bulto redondo sobre rocas (de basalto, andesita o escoria volcánica) que fueron elaboradas por las poblaciones del sur del área maya que habitaban principalmente en el occidente de El Salvador durante el período preclásico (comenzando a fabricarse probablemente en el preclásico medio, 900 a. C a 400 a. C., y alcanzando su auge en el preclásico tardío, 400 a. C. a 200 d. C.), siendo reutilizadas en algunos lugares en períodos posteriores. Aunque se desconoce su propósito original, parecen haber sido foco de veneración pública y de rituales dirigidos por la élite gobernante que probablemente estaban relacionados con el ciclo de vida y muerte; a la vez de ser, junto con otros monumentos a los que aparecen asociados (como estelas talladas, complejo estela-altar lisos, y barrigones), símbolos de la centralización del poder político que se estaba dando y consolidando en ese entonces alrededor de centros cívicos como Chalchuapa y Ataco.

Su primera mención provino de Herbert J. Spiden en su publicación Notes on the Archaeology of Salvador de 1915; y fueron denominadas como cabezas de jaguar por Francis B. Richardson en Non-maya monumental sculptures of Central America, que hacía parte de la publicación The Maya and Their Neighbours del año de 1940. Más adelante, fueron sumamente estudiadas y catalogadas por Federico Paredes Umaña, desde 2006 hasta su fallecimiento en 2023; a partir de ello, a cada una de estas escultura se las conoce como M (monumento) más el número con el que han sido catalogadas, como: M1, M2, M40, etc.

Descripción

Características Estos monumentos consisten en cabezas o rostros que han sido tallados en la superficie frontal de rocas duras semiredondeadas, de basalto, andesita o de escoria volcánica; utilizando tanto técnicas de bajo relieve como de alto relieve, lo que se traduce en rasgos bien definidos, planos tallados en profundidad y en líneas incisas. Algunos ejemplares cuentan con algún tipo de espiga o zona irregular en la parte posterior que habría sido diseñado como un contrapeso para la colocación de la escultura, probablemente en una pared.

Tienen dimensiones que oscilan entre 35 y 90 cm de altura, para un promedio de 60 cm; y por lo general presentan: Una cresta sagital, ubicada en el centro de la parte superior de la cabeza. Ojos enmarcados por cejas-volutas. Narices, que pueden variar entre chatas o prominentes, que están fundidas con los maxilares superiores en un diseño trilobulado en forma de “U” invertida. Depresiones laterales inferiores que enmarcan una región central del cual emergen dientes (bien ornamentados mediante incisiones, pero careciendo de colmillos). Para un mejor entendimiento de estos rasgos, Federico Paredes los agrupó en tres complejos: complejo cresta, complejo ojo-ceja y complejo fauces.

Complejo cresta La cresta sagital es el elemento más común de estos monumentos, y se presenta en alto relieve, pudiendo ser lisas (con rígidas líneas verticales) u ornamentadas (rematados por copetes de formas gráciles) y llevando muchas veces líneas incisas. Aunque sus proporciones varían entre las distintas esculturas, poseen características semejantes.

Por lo general, la cresta tiene forma rectangular. Su extremo inferior se ubica a la altura de los ojos y con poca frecuencia aparece fusionada con un hocico plegado sobre el rostro; mientras que el extremo superior se encuentra sobre el borde más alto del rostro y en algunos casos lo excede.

Algunos ejemplos ornamentados llevan un volumen doble, uno largo y uno corto (que pueden estar conectados o de forma independiente); otros, en cambio pueden tener un remate superior o líneas incisas internas; mientras que los más elaborados tienen motivos en bajo relieve y forman rizos en su vista lateral.

Existen casos, como M12 (hallado en finca Santa Teresa, Santa Ana) y M48 (encontrada en la hacienda 5 puertas en Atiquizaya, departamento de Ahuachapán), que presentan crestas muy elaboradas con una forma seccionada en la parte superior y proyectada hacia el frente que cuenta con líneas incisas y un rizo lateral.

Complejo ojo-ceja Otro rasgo muy común, presente en la mayor parte de las esculturas, son las cejas que están formadas por una voluta encima de las órbitas de los ojos que gira hacia adentro y que puede presentarse ya sea rodeando los ojos o emergiendo de ellos. Su representación varía entre rasgos bien definidos o líneas simples incisas.

Existen algunas singularidades con respecto a las cejas, como M11 encontrado en Ahuachapán que muestra una omisión intencional de la ceja y el ojo izquierdo por completo; o como M36 hallada en Los Cerritos (cerca del lago de Coatepeque en El Congo, departamento de Santa Ana) donde las volutas de las cejas giran hacia fuera.

La mayoría de estos monumentos presentan ojos que se encuentran flanqueando la cresta sagital, con formas que pueden ser redondas o rectangulares. Las cuencas de los ojos pueden representarse llenas o vacías, mediante volúmenes esféricos o huecos respectivamente, siendo más frecuente las cuencas oculares vacías. En algunos casos difiere un ojo de otro, teniendo por un lado una cuenca llena y por el otro una vacía.

Complejo fauces

Región trilobulada La parte principal de este complejo, y que se presenta generalmente en la mayoría de las esculturas, es el diseño trilobulado en forma de “U” invertida generado por la fusión de las narices de las esculturas (chatas o prominentes) con el maxilar superior (que a veces puede estar exagerado, protuberante o insinuado por una oquedad). Esta "U" invertida forma dos ángulos de 90 grados y se extiende lateralmente hasta formar dos lóbulos adicionales bien definidos a manera de trébol, incluyendo a menudo la sugerencia de un cuarto lóbulo inferior que está interrumpido por una fila de dientes que emergen de esta zona.

A ambos lados del diseño trilobulado a veces aparecen unas placas laterales rectangulares o de contorno irregular que están talladas en profundidad y cuyo exterior está sujetado por unas bandas horizontales que parece que estiran la boca hacia ambos lados del rostro, teniendo algunas líneas incisas en el interior.

Algunos ejemplos, como M31 y M37 (procedentes de El Cajete, departamento de Ahuachapán; y probablemente de San Andrés, en La Libertad respectivamente), presentan en esta parte trilobulada diseños en formas escalonadas o de líneas diagonales a modo de triángulos invertidos y abiertos.

Hay monumentos que tienen dentro del hueco, generado por el maxilar superior en forma de “U” invertida, una nariz antropomorfa (que parece una nariz humana debido a su aspecto general con un par de orificios que serían las fosas nasales). Otros en cambio, presentan una nariz zoomorfa estilizada que se observa como un elemento voluminoso que sobresale de las fauces y se proyecta hacia el frente, estando parcialmente fusionada con la boca.

Un caso peculiar ocurre en ejemplares como M12, que tienen o presentan indicios de un rostro que sale desde dentro del lóbulo superior de la zona trilobulada.

Dientes Desde la parte trilobulada, sujetada lateralmente por las placas horizontales, se proyecta hacia el frente (como que emergiese desde un plano interior) una zona generalmente rectangular y con el borde inferior algunas veces curvo, sobre el cual, en la mayoría de los casos, se indican dientes mediante líneas incisas.

Algunos casos muestran decoraciones dentales mediante incisiones, que recuerdan las incrustaciones de piedras preciosas en los dientes; o, como M37, M29 (proveniente de Santa Leticia en Apaneca, departamento de Ahuachapán) y M19 (hallado en Tapalshucut norte, Izalco, departamento de Sonsonate), presentan formas geométricas talladas sobre el volumen donde van los dientes. Mientras que otros ejemplares, como M20 (que proviene de Tapalshucut norte), tienen solamente una región prominente y lisa, sin detalle alguno debido probablemente a la erosión.

Existen ejemplares que presentan la zona de los dientes dividida a la mitad por una profunda hendidura vertical o por una protuberancia alargada; en lo que es usual que los dos lados presenten características distintas, mostrando dientes en un lado y diseños irregulares en el otro. Ejemplo de ello puede verse en M22 (encontrado en la orilla suroeste del lago de Coatepeque, frente a la isla Teopán, departamento de Santa Ana) que del lado derecho tiene dientes y dos bandas (una vertical y otra horizontal) mientras que del lado izquierdo tiene toda una serie de diseños de contorno geométrico y una voluta en la parte inferior.

Variaciones Estas esculturas, como se vio anteriormente, si bien comparten características comunes también tienen rasgos que las diferencian, habiendo algunas que lucen más como representaciones zoomórficas y otras como antropomórficas. Debido a ello, y a que muy probablemente los rasgos animales en la mayoría de los casos sería más de murciélago, y en menor medida de mariposas, que de jaguares (algo lo que se hablará más adelante en la sección interpretación), Herbert Portillo clasificó estas esculturas en los siguientes grupos:

Grupo de escultura de murciélago: que se caracterizan por poseer rasgos prefominantes de murciélagos, carecer de rasgos humanos y tener proporciones de cabeza más anchos. Entre ellos están los ya mencionados M12, M31 y M48. Grupo de mariposa: que carecen de rasgos faciales y presentan líneas incisas que forman la apariencia de una mariposa, pero también mantienen el canon artístico de las demás esculturas (las líneas incisas forman volutas en la parte superior, como las pestañas de los demás monumentos, y también presentan cresta sagital); como se puede observar en M28 (proveniente de Santa Leticia) y M44 (de procedencia desconocida; que además tiene un relieve en forma cuadrada enmedio, como que fuese una gran nariz, bajo la cual pareciese haber una boca). Grupo antropomorfo: con rasgos humanos predominantes y elementos alegóricos del murciélago, además de una proporción de cabeza más ovalada y antropomorfa; como puede observarse en el ya mencionado M22. Grupo zoo antropoformo: al que pertenecen la mayoría de las esculturas (como los ya mencionados M11, M19, M20, M29, M36 y M37) y que se caracterizan por poseer los elementos relacionados con los murciélagos pero con rasgos antropomorfos.

Datación En principio, la datación de estos monumentos resultó problemática debido a que la mayoría de las esculturas se habían encontrado fuera de su contexto original. Así, en base a tres monumentos que se habían encontrados en algún lugar de Ahuachapán (que corresponden a M5, M9 y M11, en la clasificación de estas esculturas), Herbert J. Spiden en su publicación de 1915 llamada Notes on the archaeology of Salvador, que vendría siendo la primera mención de estos monumentos, los comparó con las esculturas de Santa Lucía Cotzumalhuapa (Escuintla, Guatemala) y consideró, en su cronología propia, que habrían sido elaboradas en la época post maya (lo que vendría siendo el posclásico temprano, donde comenzaron las migraciones nahuas y las poblaciones se vieron influencias por la cultura tolteca). Más adelante Francis B. Richardson, en su obra titulada Non maya monumental sculptures of Central America publicado en The maya and their neighbours en 1940, consideró que estos monumentos guardan paralelismos con los barrigones (específicamente las cabezas colosales) de Monte Alto en Escuintla y que por ende habrían sido hechos por la misma cultura que también elaboraron las figuras toscas (como las del tipo Bolinas), que Samuel Lothrop consideró que datarían de tiempos anteriores a los mayas.