El chthuluceno (/tu.luˈse.no/) es un concepto y neologismo propuesto por la filósofa, socióloga, bióloga y escritora feminista estadounidense Donna Haraway en su obra de 2016, Staying with the Trouble: Making Kin in the Chthulucene. Este se define como un espacio-tiempo actual y futuro en el cual los seres humanos y no humanos se encuentran inextricablemente ligados mediante prácticas tentaculares.

En contraposición a otras denominaciones para el periodo contemporáneo, como el antropoceno, el chthuluceno se manifiesta como una alternativa optimista frente al derrotismo, enfocada en la posibilidad de desarrollar estrategias y redes que asuman la radicalidad de devenir-con y en la reconstrucción de formas dignas de habitar y reconstruir una tierra profundamente afectada. Es un principio teórico fundamental para reimaginar el futuro de la crisis ambiental, no como un apocalipsis, sino como una situación sobre la cual se debe tomar responsabilidad.

Esta postura se distingue por no aspirar a establecer un inicio cronológico ni un final catastrófico para las eras geológicas, se enfoca en una forma de pensar anclada en el presente.Como modelo alternativo de humanidad frente a las problemáticas del Antropoceno, propone abandonar las lógicas individualistas y pensar la existencia desde la interdependencia y la coexistencia entre múltiples formas de vida. Surge como una alternativa no sólo epistemológica, sino gnoseológica y política.Epistemológicamente, el término se construye de una multiplicidad de lenguajes narrativos, buscando rastrear y nombrar la era actual desde un pensamiento situado que active la imaginación política.

Esta posición queda clara desde el propio nombre y la forma de enunciación desplegada por medio de una entramado de lenguajes: el artístico, el poético, el científico y el de la militancia política, proponiendo una forma de pensamiento y método de investigación no individualista. De este modo, se rechaza la separación entre razón y sensibilidad, mezclando lenguajes científicos, filosóficos, artísticos y narrativos para generar nuevas formas de pensamiento y de investigación.

Origen y etimología El término es un compuesto de dos raíces griegas (khthónios y kainos). Se hace uso de esta combinación para denotar la interconexión radical entre seres, entornos, historias y pensamientos.

Este concepto une distintos símbolos vinculados con la tierra, la fertilidad y las fuerzas naturales de diversas culturas con el objetivo de tener una visión más amplia y plural sobre la vida en el planeta.

Kainos significa nuevo, ahora, continuidad y frescura. Dentro del concepto del chthuluceno, se utiliza la raíz como una presencia continua, densa y con hifas, imbuyendo todo tipo de temporalidades y materialidades. Khthónios significa perteneciente a la tierra o de la tierra. Los chthónicos son entidades atemporales vinculados con la tierra, concebidos como presencias tentaculares que manifiestan y performan la significatividad material de lo no humano y de los procesos terrestres.

Se denomina chthuluceno a las diversas fuerzas y poderes tentaculares de la amplia Tierra. Tentacularidad denota la interconexión o relacionalidad entre seres, historias y pensamientos. Incluye en este concepto cosas reunidas con nombres tales como Naga, Gaia, Tangaroa, Terra, Haniyasu-hime, Mujer araña, Pachamama, Oya, Gorgo, Raven y A’akuluujjusi, la araña Pimoa cthulhu, entre otros.

Desarrollo En la utopía del chthuluceno se ofrece un horizonte virtual que puede denominarse post-antropogénico. Horizonte por la importancia de la óptica, de la visión y la perspectiva de la configuración del mundo; virtual por ser virtuoso (tiene la virtud de no ser antropocéntrico y de ser responsable con la crisis ambiental) y potencial (es idealmente posible).

A partir del pensamiento de Donna Haraway, se critica la idea de que el ser humano existe separado y por encima de la naturaleza. Este cambio propone comprender a los humanos como parte de una red compleja de relaciones entre especies, tecnologías, territorios y ecosistemas, configurando un organismo aglutinador donde las existencias de la humanidad, la fauna, la flora y la tecnología coexisten de manera interdependiente y simbiótica.

La autora adopta el término composthumano (cambiando el término posthumano); así como la composta se forma de desechos orgánicos que dan nueva vida, los desechos del Capitaloceno pueden revitalizar el mundo. El chthuluceno es composthumano porque se propone regenerar la vida a partir de la muerte y de hacer simbiosis, de fomentar prácticas de “alteridad significativa”, es decir, busca permanentemente el conocimiento de la intimidad del otro. Este vínculo se define a través de la existencia de "especies compañeras", formas vivas que conviven en simpoiesis en el planeta y también el ecosistema de prácticas que dialogan con relación al Chthuluceno.

En este contexto, lo humano ya no es homo, sino humus (descomposición orgánica). Entonces, entre los terranos estarían los “gumanos”, que no son humanos, más bien son “humus” y habitan Terrapolis, un mundo rico en composta, donde las entidades cooperantes, terraforman (dan forma a la Tierra), semiótica y materialmente. Las comunidades del compost se esfuerzan por heredar las múltiples dimensiones del vivir y del morir que permea cada corredor ecológico. Se proponen comenzar desde las ruinas con creatividad simpoiética estableciendo relaciones de parentesco novedosos para reducir el número de humanos y otras criaturas reduciendo las demandas sobre la tierra.

Esta noción propone generar parentescos y forjar lazos más allá de los límites genéticos y biológicos tradicionales, confrontando las lógicas dicotómicas de la modernidad, llamando a la creación de parentescos que no dependen de los lazos sanguíneos de las lógicas biológicas tradicionales, generando un colectivo enfocado en recomponer los tejidos de un planeta herido.

Desde este enfoque situado, la finalidad del concepto no es instituir verdades o respuestas absolutas, sino detonar interpelaciones y preguntas que manifiesten un compromiso real con las causas ambientales. La autora apela a una teoría ecofeminista que impulsa a los sujetos a asumir un rol activo mediante el fomento de la creatividad, las narrativas ficcionales y la exploración de los lugares que habita cada especie, desarticulando los entramados que posicionan al hombre en un lugar privilegiado.

Conceptos relacionados Esta narrativa no cuestiona las lógicas de poder dominantes, no distingue las estructuras que causan la devastación, termina operando bajo una visión restrictiva que obtura la acción política y perpetúa la brecha geopolítica al ignorar las realidades de regiones periféricas. Frente a esto, el Antropoceno refleja una visión que coloca al ser humano como centro del mundo y responsable del dominio sobre la naturaleza, mientras que el Chthuluceno propone que la continuidad de la vida depende de relaciones de cuidado, cooperación y responsabilidad compartida entre humanos y no humanos.

Como parte de este marco, la escritora rechaza la etiqueta de posthumanista para definirse como compost-ista, en función de destacar la urgencia de la crisis ecológica: Yo soy una compost-ista, no una posthuman-ista: somos todos compuestos, no post-humanos. El límite que es el Antropoceno/Capitaloceno significa muchas cosas, incluyendo el hecho de que una inmensa e irreversible destrucción está realmente ocurriendo, no sólo para los 11 mil millones o más de personas que van a estar en la tierra hacia el final del siglo XXI, sino también para una infinidad de otros seres. (El ininteligible pero serio número cerca de 11 mil millones solamente se mantendrá si las tasas actuales de natalidad humana permanecen bajas; si suben nuevamente, todas las apuestas caen por tierra). “Al borde de la extinción” no es sólo una metáfora; y “colapso del sistema” no es una película de suspenso. Pregunten sino a cualquier refugiado, de cualquier especie.Mientras el antropoceno ha sido criticado por diferentes académicos por su perspectiva antropocéntrica, la autora propone lo siguiente:Renovar simpoiéticamente los poderes biodiversos de Terra: ese es el trabajo y juego simpoiético del Chthuluceno. Específicamente, a diferencia del Antropoceno o el Capitaloceno, el Chthuluceno se compone de historias y prácticas multiespecie en curso de devenir-con en tiempos que siguen en juego, en tiempos precarios, en los que el mundo no ha terminado y el cielo no se ha caído, todavía. Estamos en juego los unos con los otros. A diferencia de los dramas dominantes del discurso del Antropoceno y el Capitaloceno, los seres humanos no son los únicos actores importantes en el Chthuluceno, donde todos los demás seres pueden simplemente reaccionar. El orden es más bien invertido: los seres humanos están con la tierra y son de la tierra, y los demás poderes bióticos y abióticos de esta tierra son la historia principal.

Referencias

Categoría:Cambio climático Categoría:Ecología humana