miniaturadeimagen| Fotografías del National Severe Storms Laboratory (NSSL) en Norman, Oklahoma, ⁣ que muestran el personal y las herramientas de caza de tornados durante el primer proyecto VORTEX de 1994 a 1995. La primera foto fue tomada en Graham, Texas, y la segunda al sureste de Shamrock, Texas. miniaturadeimagen| Vehículos mesonet móviles del NSSL en el primer proyecto VORTEX (que operó en las temporadas de 1994 a 1995), equipados con equipos de medición de superficie. La caza de tormentas (del inglés storm chasing; de storm, 'tormenta', y chasing, 'caza') se define, en términos generales, como la búsqueda deliberada de cualquier fenómeno meteorológico extremo, independientemente del motivo, aunque muy a menudo por curiosidad, aventura, investigación científica o para cobertura de noticias o medios de comunicación. A una persona que persigue tormentas se le conoce como cazador de tormentas o cazatormentas.

Si bien presenciar un tornado es el principal objetivo para la mayoría de cazatormentas, muchos persiguen tormentas eléctricas y disfrutan observando cumulonimbos, estructuras de nubes relacionadas, una lluvia de granizo o de relámpagos y los diferentes paisajes que pueden aparecer en el cielo. Un número menor de cazadores de tormentas intentan interceptar ciclones tropicales y mangas de agua.

Naturaleza y motivaciones de la caza La caza de tormentas es principalmente una actividad recreativa, a menudo motivada por el deseo de fotografiar o grabar en vídeo una tormenta, o por razones personales.Entre estos motivos pueden figurar la belleza de las vistas que ofrecen el cielo y la tierra, el misterio de no saber con exactitud lo que va a suceder, el viaje a un destino indeterminado por carretera abierta, experiencias intangibles como sentirse uno con un mundo natural mucho más grande y poderoso, el reto de pronosticar correctamente e interceptar las tormentas desde puntos de observación óptimos, o la pura búsqueda de emociones fuertes. Los intereses económicos y la competencia también pueden empujar a las personas a participar en esta actividad, pero el sentido de camaradería es común.

Aunque a veces se cita el trabajo científico como un objetivo, la participación directa en dicho trabajo es casi siempre poco práctica durante la caza propiamente dicha, con la excepción de cazatormentas que colaboran en un proyecto organizado por una universidad o un gobierno. Muchos también actúan como observadores de tormentas e informan a las autoridades pertinentes sobre las observaciones que hacen de condiciones climáticas peligrosas. Estos informes son de gran beneficio tanto para las alertas en tiempo real, pues aportan información veraz, como para la ciencia en su conjunto, ya que aumentan la fiabilidad de las bases de datos de tormentas extremas utilizadas en climatología y otras investigaciones (lo que mejora la capacidad de pronóstico y de alerta). Además, muchos cazatormentas recreativos envían fotos y vídeos a investigadores o a instituciones como el Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos para entrenar a observadores.

Generalmente, los cazadores de tormentas no reciben ningún pago o salario a cambio de su trabajo, con la excepción de los equipos de medios de televisión en ciertas áreas del mercado televisivo, los productores de vídeos y fotógrafos (en su mayoría autónomos, pero algunos son empleados) e investigadores como meteorólogos graduados y profesores. Un número cada vez mayor de personas consiguen obtener beneficios con la venta de vídeos y fotografías de tormentas, mientras que algunos operan servicios de "tours de caza", convirtiendo así la caza de tormentas en una forma de turismo de nicho recientemente desarrollada. El rendimiento financiero suele ser relativamente escaso comparado con el costo de la caza: la mayoría de cazatormentas gastan más de lo que ingresan y muy pocos se ganan la vida únicamente con la caza. Los cazatormentas también se ven a menudo limitados por la duración de la temporada con mayor probabilidad de que se desarrollen tormentas extremas, generalmente la primavera y/o el verano locales.

No se requiere ningún título ni certificación para ser un cazador de tormentas, y muchas cazas se organizan de forma independiente por aficionados y entusiastas sin entrenamiento formal. Algunas agencias e instituciones meteorológicas locales, así como grupos independientes, organizan clases y cursos para entrenar a observadores de tormentas, generalmente a principios de la primavera. Algunas oficinas colaboran para crear talleres sobre condiciones climáticas extremas orientados a meteorólogos operativos.

Los orígenes laborales y socioeconómicos de los cazadores de tormentas son muy variados. Aunque un buen número de ellos son meteorólogos profesionales, la mayoría provienen de otros campos profesionales, que pueden incluso tener poco o nada que ver con la meteorología. Una proporción relativamente alta posee títulos universitarios y, en Estados Unidos, un gran número vive en el centro y sur del país. Muchos son amantes de la naturaleza, con intereses que también incluyen la flora, la fauna, la geología, los volcanes, las auroras, los meteoros, los eclipses y la astronomía.

Historia La primera persona en obtener reconocimiento público como cazador de tormentas fue David Hoadley (nacido en 1938), que comenzó a cazar tormentas en Dakota del Norte en 1956, utilizando sistemáticamente datos de las oficinas meteorológicas y aeropuertos del área. Es ampliamente considerado como el cazatormentas pionero y fue el fundador y primer editor de la revista Storm Track, la primera revista dedicada a esta actividad.

Posteriormente, en las décadas de 1950 y 1960, Neil B. Ward (1914-1972) llevó la caza con fines de investigación a un primer plano, solicitando la ayuda de la Oklahoma Highway Patrol para estudiar las tormentas. Su trabajo fue el primero en la detección moderna de tormentas e hizo realidad la caza institucional.

La primera actividad coordinada de caza de tormentas patrocinada por una institución tuvo lugar en la ciudad Red Deer, en Alberta, y se llevó a cabo como parte de un proyecto iniciado en 1969 para estudiar granizadas. Se equipó varios vehículoscon diversos instrumentos meteorológicos y aparatos para atrapar granizo, y se llevó estos vehículos a regiones en las que se sospechaba que habría granizo. El controlador se comunicaba con los vehículos por radio.

En 1972, la Universidad de Oklahoma, en cooperación con el National Severe Storms Laboratory (NSSL), inició el Proyecto de Intercepción de Tornados, cuya primera excursión tuvo lugar el 19 de abril de ese año. Esta fue la primera actividad de caza de tornados a gran escala patrocinada por una institución. Culminó con un brillante éxito en 1973 gracias al tornado de Union City, en Oklahoma, que proporcionó una base para la morfología de tornados y supercélulas, y con ello quedó demostrada la eficacia de la investigación de campo a través de la caza de tormentas.El proyecto produjo la primera legión de cazadores de tormentas veteranos, y la revista Storm Track de Hoadley juntó a la comunidad en 1977.

La caza de tormentas llegó a la cultura popular en tres grandes oleadas: en 1978, con la emisión de un episodio del programa de televisión En busca de...; en 1985, con un documental sobre la serie estadounidense Nova de PBS; y en mayo de 1996, con el estreno en cines de Twister, una película de Hollywood que representaba el hobby de manera ficticia pero repleto de acción. A finales de los años 1970, se publicaron en la revista estadounidense Weatherwise artículos destacados que contribuyeron a visibilizar la caza de tormentas durante su etapa temprana.

La conciencia y el interés en las tormentas y la caza de tormentas aumentaron sustancialmente debido tanto a la creciente cobertura de fenómenos meteorológicos extremos por parte de los medios de comunicación, como a la aparición de varios programas de televisión que trataban dicho tema, con lo que coincidió la revolución inicial del video que generalizó, a principios de los años 1990, la propiedad del VHS. Particularmente, Internet ha contribuido a un aumento significativo del número de cazadores de tormentas desde mediados y finales de la década de 1990, factor al que también se le atribuye el pronunciado aumento de público general que deambula impulsivamente por una zona en busca de tornados. La serie de telerrealidad Storm Chasers, emitida entre 2007 y 2011 por Discovery Channel, produjo otro aumento en la actividad. Con el paso de los años, la naturaleza de la caza y las características de los cazadores cambiaron.

Desde su aparición en la década de 1970 hasta mediados de la década de 1990, se llevaron a cabo de manera ocasional proyectos científicos de campo en las Grandes Llanuras durante la primavera.El primero de los trascendentales proyectos de VORTEX tuvo lugar entre 1994 y 1995, y pronto lo siguieron varios experimentos de campo cada primavera, con otro gran proyecto, VORTEX2, en 2009-2010. Desde mediados de la década de 1990, la mayor parte de la ciencia dedicada a la caza de tormentas, con la notable excepción de grandes proyectos de campo, consiste en intercepciones de radares meteorológicos Doppler móviles.

Caza típica de tormenta La caza a menudo implica conducir durante miles de kilómetros para poder presenciar el período relativamente corto de tormentas eléctricas extremas activas. No es raro que un cazador termine con las manos vacías en un día determinado. El grado de participación, de competencias, de filosofías y de técnicas de los cazadores de tormentas varían ampliamente, pero muchos de ellos pasan una cantidad significativa de tiempo realizando pronósticos, tanto antes de salir a la carretera como durante la caza, utilizando diversas fuentes de datos meteorológicos. La mayoría de los cazadores de tormentas no son meteorólogos, y muchos de ellos dedican un tiempo y esfuerzo considerables a aprender meteorología y las complejidades de la predicción de tormentas convectivas extremas a través del estudio y la experiencia.

Además de los abundantes viajes hacia, desde y durante las cazas, la caza de tormentas está marcada por períodos contrastantes de larga espera y acción incesante. En el tiempo que precede el inicio de una convección, se analizan datos, se visitan lugares de interés, surgen deportes espontáneos para pasar el rato o simplemente se espera bajo el cielo soleado. Si se da un patrón de inactividad, estas horas muertas pueden alargarse durante días. Cuando empiezan a darse las tormentas, a menudo hay poco o nada de tiempo para ocuparse de las necesidades de uno mismo, y encontrar combustible puede causar demoras y desvíos frustrantes. Navegar por obstáculos como ríos y zonas con redes de carreteras inadecuadas es una preocupación primordial. Solo un puñado de cazadores deciden continuar la caza si se ha de entrar en Dixie Alley, donde los árboles y las redes de carreteras ocultan en gran medida las tormentas y, a menudo, los grandes tornados, lo que dificulta la observación. La combinación del tiempo que se pasa conduciendo y del que se pasa esperando se ha comparado con un "deporte extremo de estar sentado". Un "fiasco" ocurre cuando las tormentas no se desencadenan o cuando se desencadenan pero con problemas, tales como que los cazatormentas se las pierdan, que las tormentas acaben siendo exiguas o que se desencadenan tras el anochecer.

La mayor parte de la caza se realiza conduciendo un vehículo motorizado de cualquier marca o modelo, ya sea una berlina, una furgoneta, una camioneta o un todoterreno; sin embargo, se han dado casos de personas que vuelan aviones, y las estaciones de televisión en algunos mercados utilizan helicópteros. Los proyectos de investigación a veces también emplean aeronaves.

Actividad geográfica, estacional y diurna