La encomienda de Wamba fue una encomienda de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén situada en la villa de Wamba (Valladolid), en la comarca de los Montes Torozos. Tuvo su sede en el monasterio mozárabe de Santa María de Wamba, donado a los sanjuanistas el 10 de junio de 1140 por la infanta Sancha Raimúndez, hermana del rey Alfonso VII. Fue una de las principales encomiendas hospitalarias al norte del Sistema Central y constituyó la única absorción de un gran cenobio con dominio plenamente desarrollado por parte de la Orden en la Corona de Castilla durante el siglo XII.
La encomienda articuló un señorío que en su momento de máxima extensión comprendía, además de Wamba, las posesiones sanjuanistas vallisoletanas de Arroyo de la Encomienda, Castrodeza, Adalia y —hasta el siglo — San Miguel del Pino, a las que en distintos momentos se sumaron las casas de Olmedo, Castrillo de Vega y San Cebrián de Mazote. Sus titulares —los comendadores— ejercían el señorío sobre la villa y la jurisdicción ordinaria sobre los priores subordinados, integrando una jurisdicción eclesiástica exenta o vere nullius. Pervivió hasta su supresión por la desamortización de Mendizábal de 1836, momento en el que sus bienes pasaron al Estado y se vendieron en pública subasta.
Antecedentes El monasterio de Santa María (siglos –) La existencia de un primer establecimiento religioso en Wamba se remonta a la época visigoda. Según las crónicas, Gérticos —localidad que las redacciones tardías de la Crónica de Alfonso III identificaron con Wamba— fue el lugar donde se eligió rey al monarca godo Wamba tras la muerte de su antecesor Recesvinto en el año 672. Aunque la investigación moderna ha demostrado que la identificación entre Gérticos y Wamba carece de fundamento histórico —Gérticos pertenecía a la diócesis salmantina—, el nombre del rey godo se asentó sobre la antigua población de Bamba a partir del reinado de Alfonso III de Asturias. Las excavaciones acreditan un poblamiento ininterrumpido desde esa fecha y se conservan restos decorativos visigodos en el Museo de Valladolid.
La refundación del cenobio tuvo lugar a comienzos del siglo X, durante la repoblación cristiana al norte del Duero. Un documento de 928 menciona como sedis wambensis a Frunimio (Frunimius), obispo de León dimitido de su sede, quien actúa como abad del monasterio y aparece firmando como «obispo de Bamba» entre 928 y 948. Entre 945 y 951 figura ya su sucesor, el abad Nuño. Por entonces el cenobio había reunido un dominio considerable, con propiedades distantes que se extendían desde el Cea al Porma. La iglesia conservada, de finales del siglo X, presenta una cabecera tripartita con testero plano, arcos de herradura sobre pilares y bóvedas de cañón con generatriz de herradura, con notable parentesco tipológico con la iglesia de Santa María de Lebeña (Cantabria).
Decadencia y dominio de la infanta Sancha Entre mediados del y comienzos del el monasterio desaparece prácticamente de la documentación, lo que sugiere una rápida pérdida de relevancia. Wamba reaparece a finales del siglo XI como parte de la dote o infantazgo que la infanta Elvira Fernández —tía abuela de Sancha Raimúndez— había recibido sobre los Montes Torozos. A través de ella el monasterio pasó al patrimonio de la infanta Sancha, hermana del emperador Alfonso VII, y formó parte del infantazgo que en el momento de su entrega correspondía a la casa real leonesa.
Fundación y consolidación de la encomienda miniaturadeimagen|derecha|220px|Portada occidental románica de la iglesia, datada por inscripción en 1195 (era 1233). Donación de 1140 El 10 de junio de 1140, la infanta Sancha Raimúndez donó el monasterio de Santa María de Bamba con todas sus posesiones a la Orden de San Juan de Jerusalén. Su hermano Alfonso VII confirmó la donación ese mismo año. El caso resulta excepcional dentro de la trayectoria de los hospitalarios castellano-leoneses: aunque la Orden absorbió en los siglos y varios cenobios preexistentes, en general se trataba de pequeños monasterios familiares; Wamba constituyó la única integración de «un gran cenobio con su dominio ya desarrollado», con posesiones extensas y comunidad numerosa.
Permutas de 1141 y 1159 La consolidación territorial de la encomienda exigió un reajuste casi inmediato. En 1141, la propia infanta Sancha pactó con el prior del Hospital, Fortún Caisar, un intercambio en el que doña Sancha cedía a la Orden el monasterio de Santa María de Toro y recibía de vuelta Bamba y San Cebrián de Mazote junto a Torrecilla de la Torre, cerca de Barruelo.Ayala Martínez (1995), doc. n.º 47, pp. 197–198. Entre 1148 y 1153 Sancha vuelve a titularse «señora» del lugar, lo que sugiere que el acuerdo previo no había sido plenamente operativo. Sin embargo, en su testamento volvió a confirmar la donación de Wamba con todas sus heredades a la Orden, excepto Olmedo, Villalba y Penilla.
En 1159 se cerró el dominio con una nueva permuta. Doña Sancha intercambió con el prior sanjuanista Ordoño Santa María de Toro por Santa María de Aborridos, cerca de Castromonte, operación en la que se hizo constar expresamente la aprobación del prior de Wamba, don Menendo.Ayala Martínez (1995), doc. n.º 80, pp. 242–243. Aborridos quedó posteriormente atribuido al vecino monasterio cisterciense de La Espina. Otras donaciones reales completaron el patrimonio vallisoletano: Castriel de Ferruz (identificada con Castronuevo de Esgueva) y San Miguel de Malvavisco (la actual San Miguel del Pino).
Al pasar la región del Infantado al Reino de León, el rey Fernando II de León reforzó las posesiones de los hospitalarios entregándoles, en 1172, la iglesia de Santa María de Castrodeza, a la que probablemente acompañaba también el señorío de la villa.
La encomienda durante la Edad Media Organización y comendadores La encomienda formaba parte del priorato de Castilla y León de la Orden del Hospital, una de las dos grandes circunscripciones peninsulares (junto al priorato de Navarra) bajo la autoridad del prior provincial. Dentro del esquema territorial estudiado por Carlos de Ayala Martínez, las posesiones sanjuanistas al norte del Sistema Central se concentraban en torno a la línea Valderaduey–Guareña, con Toro como centro principal; Wamba y Olmedo formaban el eje vallisoletano oriental.
A pesar de que el siglo XIII marcó el inicio de un repliegue patrimonial de los hospitalarios castellanos —que se vieron forzados a desprenderse de numerosas heredades para sostener su presencia en Tierra Santa—, la encomienda de Wamba se mantuvo. El primer comendador conocido por la documentación es Arias Gutiérrez Quexada (también Quijada), caballero de la familia Quijada, cuya rama alcanzaría notoriedad en el siglo XVI. Aparece como comendador de Bamba ya en 1298. En 1308 recibió del Maestre Foulques de Villaret la concesión expresa de la bailía de Wamba junto con la de San Miguel del Pino —como, según se hizo constar, «recompensa» por sus servicios— y ese mismo año actuaba ya como lugarteniente del Maestre para los asuntos de la Orden en Castilla y León. El hecho de que la gestión de Wamba se confiase a uno de los oficiales más relevantes del priorato pone de manifiesto la consideración económica y simbólica de la encomienda.
Salida de San Miguel del Pino del dominio sanjuanista A lo largo del siglo , San Miguel del Pino siguió una trayectoria divergente respecto al resto del señorío. La villa salió del dominio hospitalario directo y pasó a manos de Leonor de Guzmán, amante de Alfonso XI y madre del rey Enrique II de Castilla. Posteriormente, su jurisdicción acabó atribuida a la abadesa del Real Monasterio de Santa Clara de Tordesillas: en 1432 la villa rentaba unos 20 000 maravedís anuales solo en concepto de alcabalas, y en 1434 una sentencia determinó que el señorío sobre la villa y «treinta pasos alrededor de la cerca» correspondía a la abadesa, fijando definitivamente su separación de la red sanjuanista vallisoletana. Desde entonces, y a diferencia de lo ocurrido con Wamba, Castrodeza, Adalia y Arroyo —que se mantuvieron en manos de la Orden hasta 1836—, San Miguel del Pino quedó vinculado al concejo de Tordesillas y al patrimonio del real monasterio.
Jurisdicción eclesiástica La situación jurisdiccional de la encomienda registró importantes vaivenes. En 1269, don Martín de Zamora otorgó fuero al concejo de Wamba; cuatro años más tarde, en 1273, el papa Gregorio X desvinculó la encomienda de la diócesis de Zamora —a la que había estado adscrita en algún momento— y la atribuyó a la de Palencia. A largo plazo, la encomienda obtuvo, como otras de la Orden, el privilegio de constituir una territorial vere nullius, esto es, una jurisdicción eclesiástica exenta: el vicario nombrado por los caballeros sanjuanistas ejercía la jurisdicción ordinaria sobre los curatos de Wamba y de los pueblos de la encomienda, con independencia del ordinario diocesano.
A mediados del siglo XIV la situación se reflejaba en el Becerro de las Behetrías redactado por las Cortes de Valladolid de 1351: Wamba figuraba integrada en la Merindad del Infantazgo de Valladolid, con la Orden ostentando tanto el señorío del lugar como la propiedad de la iglesia parroquial, encuadrada eclesiásticamente en la Diócesis de Palencia.
Rentas y vasallaje Los vasallos de la Orden en Wamba —según la información recogida en el Becerro de las Behetrías— debían satisfacer pagos en metálico, además de la moneda, servicios y fonsadera correspondientes al rey. La martiniega y el yantar se abonaban tanto a la monarquía como a la Orden. A estos tributos comunes a otras encomiendas se sumaba uno particular: los vasallos que poseyeran ganado de labor debían a la encomienda una serie de sernas —prestaciones de trabajo—, equivalentes a un día al mes con su yunta.
La capilla de Doña Urraca Hacia las últimas décadas del siglo XII se retiró al monasterio, profesando como freira de la Orden, Urraca de Portugal, hija del rey Alfonso I de Portugal y de Mafalda de Saboya, y esposa repudiada del rey Fernando II de León —madre del futuro Alfonso IX de León—, cuyo matrimonio había sido anulado por consanguinidad. Murió en Wamba en 1211 y fue sepultada en una capilla del monasterio que desde entonces se denomina capilla de Doña Urraca o «de la Reina».
Edad Moderna Rentas y jurisdicción Reducido el dominio a las cuatro villas vallisoletanas tras la salida de San Miguel del Pino, la encomienda mantuvo sin grandes alteraciones su estructura señorial durante toda la Edad Moderna. En el siglo XVIII la documentación señorial menciona como pertenecientes a la encomienda, además de la propia villa de Wamba, los lugares de Castrodeza, Adalia y Arroyo, todos ellos en la actual provincia de Valladolid. En cada uno de ellos había un prior subordinado al comendador de Wamba, designado por el gobernador general de la Orden.
En 1521, durante la Guerra de las Comunidades de Castilla, la villa fue ocupada por las tropas del condestable Íñigo Fernández de Velasco, II conde de Haro, que se acuarteló en Wamba con unos 3.600 soldados en los días previos a la batalla de Villalar.
A partir del siglo XVII, sin embargo, los grandes prioratos sanjuanistas castellano-leoneses entraron en una marcada crisis de rentas. Las visitas de la Orden recogen una caída desde los aproximadamente 100 000 ducados de finales del siglo XVI hasta los 60 000 ducados a mediados del XVII. Aun así, la encomienda de Wamba mantuvo su pujanza patrimonial. En el siglo XVIII, ya bajo la denominación común de Orden de Malta que la Orden había adoptado tras su instalación en la isla, se llevaron a cabo nuevas obras: se adosó al sur de la iglesia un pórtico columnado y una sacristía, se abrieron ventanales con vitrales y se instaló un coro alto a los pies del templo.
La encomienda en el Catastro de Ensenada