El Joven Daniel fue un bergantín de la Armada de Chile que entró en servicio en 1838, desempeñándose como transporte en la expedición de Manuel Bulnes al Perú durante la Guerra contra la Confederación. Posteriormente, la nave se hizo conocida por su naufragio frente a las costas de la Araucanía en 1849. Fue construido en la localidad inglesa de King's Lynn.
Debido a que el naufragio ocurrió en La Frontera, un territorio fuera del control del gobierno chileno, el cual en ese entonces se encontraba unas décadas posterior a su independencia del Imperio español, las autoridades republicanas tuvieron dificultades para esclarecer el destino de los posibles sobrevivientes, en medio de acusaciones entre grupos indígenas locales sobre saqueos, asesinatos de tipo masacre y otras atrocidades atribuidas a grupos mapuches de la zona. Los acontecimientos derivados del naufragio alimentaron un fuerte sentimiento antimapuche en la sociedad chilena del resto del país, contribuyendo años más tarde a la decisión del Estado chileno de ocupar los hasta entonces territorios independientes de la Araucanía.
Naufragio y consecuencias
Primeros informes En la noche del 31 de julio de 1849, la nave se dirigía a Valdivia desde Valparaíso cuando naufragó en la costa ubicada entre las desembocaduras de los ríos Imperial y Toltén. Más específicamente, encalló y se destruyó en la costa rocosa de Puancho, cerca del lago Budi, en la actual comuna de Saavedra, región de La Araucanía. Las autoridades chilenas tomaron conocimiento de los hechos durante la primera semana de agosto, cuando un mapuche conocido como Santiago Millaguir informó sobre el naufragio.
Según los reportes, Millaguir visitó el lugar del naufragio seis días después de ocurrido y declaró a las autoridades chilenas que los sobrevivientes habían sido asesinados y la carga saqueada. Además, afirmó que niños y mujeres sobrevivientes fueron secuestrados, violados y posteriormente asesinados. Señaló como responsables de estos hechos a personas del cacique mapuche Curin.
El Estado chileno envió a Joaquín Sayago para investigar el caso y, aunque no logró encontrar a Curin ni a su gente, pudo contactar a las tribus del Toltén, al sur del sitio del naufragio. Los mapuches de Toltén poseían diversos objetos provenientes de la embarcación y estuvieron dispuestos a devolver artículos como papel, telas y oro. Los intentos por hallar tumbas de supuestos sobrevivientes cerca de la playa resultaron infructuosos.
En investigaciones posteriores, Sayago y los capitanes de amigos que lo asistían concluyeron que la “voz general” entre los mapuches sostenía que no había habido sobrevivientes del naufragio. Esto parecía contradecir la investigación chilena, que describía el lugar del accidente como una playa desde donde los náufragos podrían haber perfectamente alcanzado tierra, tal como parte de sus pertenencias fueron recuperadas por los habitantes locales sin mayores dificultades.
Nuevos testigos y parlamento El intendente de Valdivia envió a Miguel José Cambiaso, al mando de un destacamento militar, hacia el norte con el objetivo de arrestar a Curin y a su gente para llevarlos ante la justicia. Cambiaso regresó a Valdivia con diversos testigos mapuches que describieron cómo los sobrevivientes, incluidos niños y mujeres, habrían sido violados y asesinados.
La oposición del presidente Manuel Bulnes solicitó una expedición punitiva, mientras los mapuches se preparaban para una eventual confrontación con el Ejército de Chile. El general José María de la Cruz, comandante de las fuerzas del sur del Ejército chileno y probable líder de una expedición militar, convocó a un parlamento a los caciques mapuches de la zona cercana al naufragio. Los líderes mapuches reunidos mostraron considerable disposición favorable hacia los intereses chilenos y condenaron a quienes eran acusados de asesinato y saqueo.
Enjuiciamiento Los mapuches entregaron a algunos de los acusados de saqueo para ser juzgados en Concepción y Valdivia. Durante los juicios, algunos acusados afirmaron no haber participado en los saqueos, mientras otros admitieron haber saqueado; sin embargo, todos negaron las acusaciones de asesinato, argumentando que no había habido sobrevivientes.
Los mapuches sostuvieron además que todo el botín había sido entregado al asistente de Sayago, aunque las cantidades mencionadas por ellos no coincidían con las entregadas posteriormente por Sayago en Valdivia. Esto abrió la posibilidad de que Sayago o miembros de su grupo hubiesen participado en malversación.
En una carta adjunta a los documentos judiciales, José Antonio Zúñiga, soldado participante en la expedición de Sayago, describió la costa de Puancho como rocosa, contradiciendo así las descripciones anteriores que caracterizaban el lugar del naufragio como una playa. Asimismo, planteó la hipótesis de que las acusaciones de asesinato entre los mapuches se originaron en disputas por el botín, ya que numerosos grupos habrían llegado rápidamente al lugar del naufragio. Según esta interpretación, las autoridades chilenas habrían terminado involucradas en un conflicto interno entre grupos mapuches lafquenches.
Catalina Ayinmán, quien previamente había sido llevada por Miguel José Cambiaso a Valdivia para declarar como testigo, fue nuevamente llamada a testificar en Concepción. En esta ocasión afirmó que sus declaraciones anteriores habían sido inventadas, ya que ella se encontraba en Mehuín, mucho más al sur, al momento del naufragio. Indicó además que se hallaba exiliada allí debido a acusaciones de brujería kalku realizadas por su esposo y por Curin, quien era su tío.
En declaraciones posteriores, Catalina Ayinmán acusó abiertamente a Miguel José Cambiaso de haber fabricado sus primeras declaraciones mediante presión y distorsión.
Finalmente, Bulnes terminó descartando los llamados a realizar una expedición punitiva, considerando que esta no tenía relevancia para la eventual conquista de la Araucanía.
Impacto cultural miniaturadeimagen|Pintura de Raymond Monvoisin que representa a Elisa Bravo Jaramillo, quien supuestamente sobrevivió al naufragio para luego ser secuestrada y asesinada por mapuches. El naufragio tuvo un importante impacto cultural en Chile. A medida que los detalles se conocieron en Santiago, alimentaron un fuerte sentimiento antimapuche y reafirmaron visiones prejuiciosas que describían a los mapuches como bárbaros brutales. Por primera vez en la historia de Chile, la destrucción de la “raza” y cultura mapuche entró en el debate público.
Una pasajera de la embarcación, Elisa Bravo, fue retratada particularmente como heroína en dos poemas escritos por Rafael Santos en 1856. Su supuesto destino fue posteriormente representado en pinturas realizadas por Raymond Monvoisin.
Evaluación historiográfica Las posturas de la historiografía chilena han sido diversas en torno a los acontecimientos, sumado a la falta de evidencia que pueda determinar a cabalidad la veracidad de los relatos de la época, en particular lo relacionado a los asesinatos.
Por una parte, Benjamín Vicuña Mackenna fue el primer historiador en analizar los acontecimientos, concluyendo que Sayago era inocente de robo y que Cambiaso era culpable. El historiador Diego Barros Arana concluyó que no ocurrió ningún asesinato y que soldados valdivianos habían retenido parte del botín, ocultando esto mediante una serie de mentiras y declaraciones engañosas. Barros Arana elogió la reacción de las autoridades centrales, y sus opiniones sobre el tema fueron posteriormente adoptadas por otros historiadores destacados como Francisco Antonio Encina y Ricardo Ferrando Keun.
En contraparte, utilizando el relato de Pascual Coña, un terrateniente mapuche local que entregó un testimonio consistente sobre el ataque a los sobrevivientes, José Bengoa concluyó que los asesinatos efectivamente ocurrieron, aunque la confiabilidad de esta fuente ha sido cuestionada debido a la presencia de algunos elementos fantásticos en el relato, propios de la cosmovisión mapuche.
El historiador valdiviano Gabriel Guarda cambió su postura inicial, pasando de negar los asesinatos y secuestros a aceptar que el secuestro sí ocurrió. Guarda modificó su opinión tras leer un testimonio de 1863 del viajero Guillermo Cox, quien afirmó haber visto a Elisa Bravo. TemaConclusiónLugar del naufragioExisten descripciones contradictorias que lo señalan como una playa o como una costa rocosa.AsesinatosExistió una negación general entre los mapuches respecto a los asesinatos, sosteniéndose que nadie habría sobrevivido al naufragio. Al menos un supuesto testigo presencial se retractó posteriormente.TumbasAlgunas personas afirmaron que existían tumbas de sobrevivientes, pero nunca fueron encontradas.SaqueosAlgunos mapuches admitieron haber participado en el saqueo de los restos de la embarcación.Destino del botínParte de los objetos fue recuperada, mientras que el resto posiblemente quedó en manos de mapuches o soldados valdivianos.
Referencias
Joven Daniel Categoría:Chile en 1849 Categoría:Incidentes marítimos en Chile Categoría:Saavedra (Chile)