Los standesherren, o casas mediatizadas, eran las dinastías antaño soberanas del Sacro Imperio Romano Germánico, quienes, tras la mediatización (1802-1815), perdieron la soberanía de sus territorios, pero no su posición, al pasar a formar parte de la alta nobleza de los Estados resultantes y, por consiguiente, de las entidades confederadas que aparecerían a lo largo del (la Confederación del Rin, la Confederación Germánica, el Imperio alemán, etc.). Se trataba de una distinción de rango y prestigio, que conservaba sus históricos privilegios y tratamientos protocolares, aunque sus titulares habían perdido su soberanía, y por tanto el derecho automático de voto en el parlamento federado o imperial (según qué época). Algunas de estas casas eran las de Arenberg, Fürstenberg, Hohenlohe, Leiningen y Löwenstein, entre otras.
Contexto y definición La mediatización, llevada a cabo a principios del , fue el proceso de reagrupación de los entre 200 y 300 territorios «estatales» (Estados inmediatizados) —desde condados y marquesados a principados territoriales y la mayoría de ducados, además de un par de miles de señoríos— en pocos Estados soberanos. La derogación de la inmediatez imperial de los territorios absorbidos tuvo como fin reducir la fragmentación política que había dificultado en gran medida las relaciones intraimperiales, si bien, lo cierto es que el proceso fue impulsado principalmente por Napoleón como táctica de control, y por los Estados alemanes más grandes para fortalecerse ante la prevista disolución del Sacro Imperio, que ya había comenzado. El proceso, que empezó aún existiendo el Sacro Imperio, terminaría en los años siguientes a su desaparición, con la creación de los Estados alemanes y el Imperio austríaco.
miniaturadeimagen|186x186px|Mapa del Sacro Imperio en 1789, a saber, poco antes del comienzo de la mediatización. La soberanía de la gran mayoría de estos territorios sería cedida a entidades mayores. Como resultado, la gran mayoría de los territorios (salvo los de mayor tamaño) perdieron su soberanía, incluyendo a decenas de territorios eclesiásticos soberanos, que ya a finales del se habían visto obligados a secularizarse tras la derrota del Sacro Imperio ante las fuerzas de Napoleón, y la repartición de los dominios eclesiástico-imperiales entre otros señores (aunque, a la postre, los territorios germánicos son donde más prosperaría el catolicismo político moderno con la propagación del ultramontanismo).
Todos estos territorios y sus correspondientes casas nobiliarias fueron considerados en la época del Sacro Imperio como parte de los estamentos imperiales (reichsstände), con «privilegios principescos», a saber, una semisoberanía con amplios derechos (acuñación de monedas propias, recaudación de impuestos, etc.), un escaño y voto en el Reichstag, y la pertenencia a la nobleza imperial (la que estaba asociada más con los territorios que tenían en feudo que con la herencia de la sangre). Esto último significaba entre otros el derecho a contraer matrimonios con otras casas principescas (es decir inmediatizadas), independientemente de su título (condes, duques, etc.). La condición de «principesco» (fürstlich) era de la que emanaban los derechos nobiliarios imperiales (a diferencia de los títulos nobiliarios tradicionales). Entre estos títulos se encontraban los condes principescos, landgraves y príncipes imperiales. Los duques, casi todos poseedores de dominios al menos en parte inmediatizados, no cambiaron de título y en todo caso eran parte del Consejo de Príncipes en la dieta imperial. A su vez, los eclesiásticos a la cabeza de demarcaciones católicas del imperio (también inmediatizadas, es decir, consideradas Estados imperiales, pero bajo guía del Vaticano) recibían el título de príncipe-obispo.
Casas reinantes tras la mediatización Con la mediatización de la gran mayoría de entidades imperiales/estatales, las dinastías reinantes se redujeron a poco menos de cuarenta —reinos, grandes ducados, y los principales ducados y principados (algunos, como el ducado de Nassau, fueron de hecho constituidos en este período, y otros, como los ducados ernestinos, conservaban su independencia en medio de un reino propio a través de sus lazos históricos)—. El proceso mediatizador seguía en marcha durante la Confederación del Rin (siendo un protectorado de Napoleón) hasta un par de años después (el reino de Hannover, por ejemplo, se fundó como tal solo en 1814, mientras que los otros reinos resultantes se habían formado ya en 1806). Uno de los mayores territorios consolidados en este proceso (a pesar de la gran pérdida de dominios hacia el este en las guerras napoleónicas) fue Prusia, en sí reino ya desde 1701, que quedaba fuera de la confederación por ser considerado amenaza al Imperio francés. Este fue también el caso de Austria, ahora siendo definida como Imperio, pero con un poder limitado por Francia (hasta el derrocamiento de Napoleón, pero que ya no volvería a ser el núcleo del poder germánico, pese a que el Congreso de Viena tuviera lugar en su ciudad capital). En cuanto a las ciudades libres —antaño llamadas ciudades imperiales libres—, solo cuatro sobrevivieron el proceso (entre las decenas que hubo en el Sacro Imperio),La ciudades libres (ya no imperiales) tras la mediatización eran Hamburgo, Bremen, Lübeck y Fráncfort del Meno; mientras que Augsburgo y Núremberg, aunque en un principio tampoco mediatizadas, se sometieron en 1806 a la soberanía del nuevo Reino de Baviera. pero estas se regían por la ciudadanía y no bajo unas casas nobles propias. El número de Estados se iría reduciendo a lo largo de los años; en vísperas de la formación del Imperio alemán en 1871 hubo unos 25 en total.
Protocolariamente, las dinastías que quedaban a la cabeza de todos estos territorios, salvo las ciudades libres, se consideraban tras la desaparición del Sacro Imperio «casas soberanas» o «casas reinantes».En alemán se usa el término , si bien en español se usa para las casas nobiliarias soberanas de territorios gobernados por ellas, aunque no sean regias, también el adjetivo «reinante» (lo mismo que en los principados y el gran ducado de la actualidad). En los reinos y grandes ducados (dinastías monárquicas) recibían el tratamiento de Alteza Real (casas como Wittelsbach, Wettin, Hohenzollern, Oldemburgo, Hannover, etc.), mientras que los jefes de las demás casas ducales y principescas (por ejemplo, las de Reuss, Lippe o Schwarzburgo) recibían el tratamiento de ).Un remanente en la actualidad de esta categoría es el principado de Liechtenstein, siendo el dominio de un fürst con el tratamiento de Durchlaucht (Alteza Serenísima). Un caso aparte entre las dinastías monárquicas fue el Imperio austríaco, donde se aplicaba al jefe de la casa de Habsburgo-Lorena el tratamiento de Alteza Imperial.
Casas mediatizadas Más allá de las casas reinantes, también estaban todas las casas principescas anteriores —desde condes imperiales a Reichsfürsten— antes señores cuasisoberanos de dominios ahora mediatizados, casas que se consideraban al mismo nivel (en términos de derecho nobiliario) que las casas reinantes, y entre las cuales se encontraban muchas de prestigio y alto estatus social y que otrora habían tenido influencia al ser los señores de Estados del Sacro Imperio. Estas no perderían sus privilegios históricos (ya arraigados), a pesar de ya no ser soberanos en sus tierras, con lo que seguían usando sus títulos y los tratamientos de Durchlaucht y Erlaucht (este último traducido a Alteza Ilustrísima). En cuanto a sus títulos, lo mismo que en el caso de las casas reinantes, teóricamente se suprimió la mención de reich debido a la inexistencia del Sacro Imperio (y por tanto de una «condición imperial» en el sentido que tenía en los siglos anteriores), si bien en la práctica estos términos seguían en uso e incluso serían incorporados posteriormente al protocolo en algunos casos.
miniaturadeimagen|159x159px|El bonete principesco seguía simbolizando a las casas mediatizadas (desde condales a principescas), indicando su pertenencia a la alta nobleza. Estas casas recibieron el calificativo de standherren, cuyo significado literal (en singular) es ‘señor del Estado’ o ‘señor de estamento’. Proviene de su función en los tiempos del Sacro Imperio como estamentos imperiales (jefes cosoberanos de Estados imperiales, según el sistema feudal aplicado), que en alemán se llamaban reichsstände. A partir de esta expresión, se usó la palabra stand/stände para crear el término para estas dinastías, que se suele traducir simplemente como ‘casas mediatizadas’. Este título confería, más que prestigio, igualdad de rango () con las casas reinantes, perteneciendo todas ellas a la alta nobleza. Esta condición tenía gran importancia en los casos de matrimonio entre miembros de las distintas familias, tanto mediatizadas como reinantes, cumpliendo así con el derecho que prohibía los matrimonios morganáticos. Dicho derecho emanaba de la condición de standesherr más que por el título en sí, por lo que se hacía posible el matrimonio entre distintos rangos nobiliarios, como fürst y condesa, siempre y cuando ambos fueran de familias reinantes o mediatizadas.
Aunque ya no tenían voto automático en el parlamento federal o imperial (según qué época), salvo los que eran diputados nacionales, en la mayoría de Estados sí que ocupaban un escaño en la cámara alta (los llamados , nótese el uso de stände aquí también). Otro privilegio destacable en muchos casos era una condición legal especial () que tenían en los Estados conformados por territorios que antaño estaban bajo su jurisdicción, además de ventajas como exención del servicio militar y el pago de impuestos directos (de forma similar al derecho que tenían en el Sacro Imperio a pagar solo los impuestos imperiales, mientras que en sus territorios eran ellos quienes recaudaban impuestos). Dentro de los territorios en los que antes ejercían soberanía, estas familias conservaron en muchos casos algunos derechos, como la justicia de primera instancia () o la supervisión de los asuntos religiosos, la educación escolar y las fundaciones (entidades caritativas). Este fue el caso de los territorios integrados en los reinos de Sajonia y de Prusia, el Imperio austríaco y el Gran Ducado de Hesse, entre otros, donde por consiguiente recibieron la calificación de standesherrschaften (véase a continuación).En el caso de Prusia, la década de 1840 bajo Federico Guillermo IV, los Standesherren perdieron sus competencias jurídicas, viéndose otros privilegios sometidos a la supervisión estatal, con la intensificación de los esfuerzos que marcaron una transición y modernización del poder del Estado sobre el poder autónomo de la nobleza. También en el caso de otros Estados, como Hesse, sus privilegios se verían reducidos a lo largo del , pero no a tal extremo.
En Austria, el destacado papel en la sociedad de las casas mediatizadas, como también su prominencia entre la nobleza germánica del , además de convertirse algunas en referencias de distintas industrias, hacía que algunas de ellas acumularan tanto prestigio, que más tarde serían incluidas en el Estatuto de la Familia Imperial Austríaca durante el Imperio austrohúngaro, constatando su derecho a casarse con un Habsburgo. A su vez, en el Reino de Wurtemberg, los standesherren se convertirían a lo largo de dicho siglo en el estamento más prestigioso de la sociedad de la época. La importancia de la institución de los standesherren era tal, que en Alemania fueron agrupados en 1864 en un potente gremio, que en 1919 se convirtió en una federación (con la pérdida de sus privilegios debido a la Constitución de Weimar), que sigue existiendo hasta la actualidad: la Verein der deutschen Standesherren.