El yacimiento arqueológico de Santa Llúcia comprende interesantes hallazgos desde el III milenio a.n.e hasta época islámica.Ubicado al norte de Castellón de la Plana, en la Comunidad Valenciana, se encuentra protegido como BRL bajo la catalogación de la ermita que se encuentra sobre los restos arqueológicos, según consta en el Inventario General del Patrimonio Cultural Valenciano.
Cuenta con evidencia de tres asentamientos de diferentes épocas, haciéndolo especialmente interesante. Se ubica en el municipio de Alcalá de Xivert, de la comarca del Baix Maestrat, provincia de Castellón. Se encuentra a una altura de aproximadamente 300 metros sobre el nivel del mar y a dos kilómetros de la costa mediterránea. Los principales momentos históricos que definen el conjunto se ven comprendidos desde finales del tercer milenio a.n.e. hasta una ocupación musulmana datada alrededor del n.e. Sobre los restos arqueológicos se encuentra una ermita dedicada a Santa Lucía y San Benito, lo que le da nombre al yacimiento. Gracias a las sucesivas campañas realizadas y al esfuerzo del Ayuntamiento de Alcalà de Xivert-Alcossebre, en 2019 fue inaugurado el Centro de Interpretación Etnológica de Santa Lucía en el propio entorno del yacimiento y la ermita, donde se encuentran reproducciones de los objetos cerámicos y orfebres encontrados en el yacimiento. El entorno Situado a 312 metros de altura sobre el nivel del mar, el yacimiento se emplaza en una privilegiada ubicación de la Sierra de Irta. Con amplias vistas del Baix Maestrat y la Plana Alta de la provincia de Castellón, el punto está dominado actualmente por la ermita de Santa Lucía y San Benito, edificio de estilo barroco valenciano que data del .
La ermita y su entorno inmediato (que comprende también al yacimiento) se encuentran registrados en el Inventario General de Patrimonio Cultural Valenciano con el número 12.004-9999-000024, contando con protección de segunda sección (Bien de Relevancia Local). Su declaración como BRL cuenta con la Protección Genérica de la GVA, publicada en el DOGV el 18/06/1998 y en el BOE el 22/06/98. Este último dato es el que nos permite entender que, a pesar de que el registro se encuentre a nombre de la ermita, su contexto inmediato y alrededores protegen por igual al emplazamiento arqueológico y los objetos que en él se encuentren.
Historia Las campañas arqueológicas llevadas a cabo por la diputación de Castellón y en colaboración con los ayuntamientos locales (Alcossebre-Alcalà de Xivert) exponen que el yacimiento arqueológico cuenta con tres fases de actividad humana evidenciada en diferentes niveles estratigráficos. Sorprendentemente, los primeros rastros de asentamiento humano en este punto datan de finales del III milenio ca. a.n.e., y concluyen su actividad en los primeros siglos del II milenio a.n.e., comprendiendo una primera instancia de asentamiento ininterrumpido denominado por los arqueólogos como fase 3, correspondiéndose temporalmente con el Bronce Antiguo. Los hallazgos delatan que el sitio habría sido abandonado (concluyendo con esta fase) a causa de un incendio. La evidencia concluye que hubo un largo periodo durante el cual el lugar permaneció inhabitado. No se encuentran restos de nueva actividad hasta casi terminado el a.n.e., comenzando la denominada fase 2. Esta etapa corresponde al Hierro Antiguo, con interesantes hallazgos cerámicos y de orfebrería. La correspondiente ocupación concluye, nuevamente, con un incendio hacia mediados del a.n.e. No es hasta época islámica que se vuelve a encontrar rastros de repoblación del sitio, en este caso datando del n.e. En este caso se han encontrado evidencias de viviendas, estructuras fortificadas y más.Es en el que se construye sobre las ruinas islámicas la ermita de Santa Lucía y San Benito, actualmente visible y visitable, siendo un punto de referencia turístico y de peregrinaje a pesar de su mal estado de conservación.
Fase III (Bronce Antiguo) Los hallazgos arqueológicos sugieren que la zona habría sido acondicionada para ser habitada por primera vez hacia el III milenio a.n.e. La datación estratigráfica y los diferentes objetos encontrados concluyen que el asentamiento se encuentra en el periodo conocido como Bronce Antiguo.
Desafortunadamente, las posteriores ocupaciones no han favorecido la conservación y estado de los restos, principalmente concentrados en el Sector 1 del yacimiento. Los objetos que se han podido recuperar e identificar delatan una producción metalúrgica a pequeña escala y muy local. Entre ellos podemos encontrar los restos de un cuchillo remachado, pepitas y algunos lingotes, todo de bronce. Algunos de estos objetos fueron encontrados en un recipiente cerámico. Los estudios llevados a cabo por Ignacio Montero-Ruiz et al y publicados en 2017 sugieren que la producción metalúrgica mencionada contaba con poca presencia de importación de materia prima y gran homogeneidad material (bronce).
Fase II (Hierro Antiguo) Los estudios realizados sobre esta fase son bastante más completos en cuanto hallazgos e información que los de la fase anterior. Esto, pues, a pesar de contar con adaptación de la ocupación posterior, se trata de una etapa mucho más cercana en el tiempo (siglos VII-VI a.n.e.), por lo que la acción erosiva no ha sido tan agresiva con los restos del Hierro Antiguo como lo fueron con los del Bronce Antiguo. Sin embargo, posteriores diferentes campañas han confirmado que la conservación del yacimiento es muy desigual, variando mucho dependiendo del sector. Del poblado del Hierro Antiguo, solo se han logrado identificar cuatro muros,en términos de estructura, por lo que la mayor parte de hipótesis relevantes surgen principalmente de restos cerámicos y metálicos, concentrados en pocos sectores del conjunto arqueológico. Esto se hace patente al ver el destacado sector I, muy bien conservado gracias a la reutilización de algunas estructuras de este periodo en la posterior ocupación islámica del territorio. Gracias a esta cuestión, entre los numerosos ejemplares cerámicos, completos e incompletos, se lograron identificar fragmentos de pithoi y ánforas fenicias.
Los hallazgos cerámicos destacan especialmente porque han permitido la datación de la fase II del asentamiento, siendo así gracias a las tipologías fenicias identificadas y a la datación por C14.A pesar de esto, es apropiado resaltar los conjuntos de objetos metálicos también recuperados en el yacimiento como, por ejemplo, un conjunto de ocho piezas de oro, potencialmente de uso ornamental, cuya tipología se ha identificado como propia de la metalurgia aragonesa y levantina de este periodo, cuyas decoraciones de influencia orientalizante y la comparación con hallazgos similares de otros yacimientos han contribuido a su apropiada datación, siendo muy coherente con las conclusiones logradas a partir del estudio de la cerámica encontrada en el sector I, pues se han encontrado en el contexto de una misma estructura, por lo que se les puede relacionar con cierta seguridad.
Esta fase del asentamiento resulta particularmente llamativa en parte por su preservación, que se teoriza fue posible gracias a un incendio que los estudios realizados en 2016 sugieren. Esta teoría nace del descubrimiento de objetos de barro, eventualidad que suele estar relacionada en contextos de incendio, lo que además habría acabado con la ocupación del Bronce Antiguo y sellando esta capa estratigráfica entre el 575 y el 525 a.n.e. Por otra parte, la presencia de orfebrería de influencia fenicia-orientalizante ha llamado la atención por su rareza en la zona. Además, la variedad de objetos y su materialidad (principalmente oro, cobre y plomo) les ha permitido a los arqueólogos plantear diferentes hipótesis sobre el asentamiento del Bronce antiguo, que van desde un depósito de orfebrería hasta un pequeño taller de metalurgia.
Finalmente, del Hierro Antiguo es importante resaltar la presencia de estancias rectangulares correspondientes a este asentamiento. Estas se basan en la construcción de muros de piedra revestidos con mortero de cal. También se han podido identificar estructuras defensivas, potencialmente una torre, así como el aterrazamiento del terreno a ser ocupado.
Fase I (Época islámica) El registro arqueológico de la zona cuenta también con evidencia de un asentamiento de época islámica, datado en el n.e. Su estudio ha sido posible, en parte, gracias a que este periodo de ocupación ha reutilizado muros de la fase II, de la misma manera que la ermita de Santa Lucía que corona el cerro también ha reaprovechado estructuras fortificadas, incluyendo una torre correspondiente a este momento histórico.Las construcciones islámicas identificadas, como la torre y estructuras de hábitat se pueden relacionar a la presencia de una alquería.
Referencias
Categoría:Alcalá de Chivert Categoría:Control de B25es OLI26