El vestido de novia de Letizia Ortiz es el traje que la reina de España lució en su boda con Felipe VI el 22 de mayo de 2004.

Historia Contexto Nacida en 1972 en Oviedo, Letizia es la mayor de las tres hijas del periodista Jesús José Ortiz Álvarez y su exesposa María Paloma Rocasolano Rodríguez. Tras cursar Educación General Básica en el colegio público La Gesta de Oviedo, continuó su formación en el Instituto Alfonso II, compaginando su educación con clases de ballet. El trabajo de su padre obligó a toda la familia a mudarse a Rivas-Vaciamadrid, prosiguiendo Letizia con sus estudios en el Instituto Ramiro de Maeztu, donde culminó el bachillerato para después matricularse en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, en la que se licenciaría en Ciencias de la Información. Ya en su etapa universitaria comenzó a participar activamente en el diario ABC así como en el área de Política Internacional de la Agencia EFE en el último año de carrera. Poco después, entre 1992 y 1993, realizó prácticas como becaria en las áreas de Economía, Televisión y Espectáculos del periódico La Nueva España de Oviedo, tras lo cual obtendría una maestría en Información Audiovisual por el Instituto de Estudios de Periodismo Audiovisual. Sus inicios en la televisión tuvieron lugar en 1997 en la cadena privada de Estados Unidos con sede en España Bloomberg TV, pasando en 1999 a la CNN+. Acreedora en 2000 del Premio Mariano José de Larra, en julio de ese mismo año se incorporó a Televisión Española, donde estuvo a cargo de presentar el programa Informe semanal en La 1 hasta septiembre, formando a su vez parte de la segunda edición del Telediario en el mismo canal. Habiendo presentado diferentes ediciones entre 2000 y 2003, en noviembre de este último año finalizó su relación laboral con Televisión Española, produciéndose ese mismo mes el anuncio de su compromiso con el entonces príncipe de Asturias Felipe de Borbón, noticia que causó un gran asombro en la opinión pública puesto que la prensa desconocía por completo que hubiese alguna relación entre ambos.

Compromiso El anuncio del compromiso tuvo lugar el 1 de noviembre de 2003; la noche anterior, Letizia, quien había dedicado varias semanas a meditar la petición del príncipe, despidió el que sería su último informativo de la misma forma en la que había despedido los demás, declarando que estaría de regreso el 3 de noviembre. Aprovechando que el día 1 era festivo nacional (Día de Todos los Santos), la Casa Real emitió un comunicado anunciando el compromiso del príncipe con la periodista:

A la pedida de mano fueron invitados un total de 340 periodistas y la misma transcurrió de manera un tanto distendida e informal debido a una anécdota que pasaría al imaginario colectivo casi de inmediato; mientras Letizia hablaba a los medios, Felipe la interrumpió, lo que provocó que la futura princesa de Asturias le diese un toque de atención con las siguientes palabras: «Déjame terminar». Esta reacción desató las risas del príncipe y de algunos de los presentes, quienes vieron este gesto como una graciosa y a la vez efectiva demostración de carácter frente a la seriedad y formalidad del protocolo real, mientras que otros lo percibieron como una grosería y un acto de desafío impropio de un miembro de la realeza. Durante el acto, Letizia dedicó varios halagos a su futuro esposo, quien con el fin de aligerar la tensión provocada por el anterior comentario de la periodista, declaró que en el futuro le haría recordar dichos halagos, desatando las risas de los presentes. El anuncio del compromiso sirvió a mayores para reparar por vez primera en el estilismo de Letizia; para la ocasión la futura reina se decantó por un sobrio traje en dos piezas de color blanco facturado por Armani. Respecto al anillo de compromiso, valorado en 3000 euros y el cual combinaba con unos gemelos de zafiros y oro blanco de 2000 euros adquiridos en la madrileña calle de Serrano por Letizia para su futuro esposo, este consistía en una alianza de la eternidad realizada en diamantes de talla baguette sobre oro blanco con una hilera de gemas dispuestas de tal forma que no se sabe dónde empiezan ni dónde acaban (de ahí el nombre de esta tipología de anillos); la joya fue encargada por catálogo por el propio Felipe y recogida en las dependencias de la joyería Suárez de Barcelona por su entonces cuñado Iñaki Urdangarin ante la imposibilidad de la infanta Cristina de acudir debido a una indisposición. Pese a la importancia de la pieza, Letizia tomaría en 2011 la decisión de no volver a lucir el anillo argumentando que el mismo suponía un obstáculo para los besamanos, aunque se cree que dicha decisión estuvo motivada por la implicación de Urdangarin en el polémico caso Nóos. Sumado a estas alhajas, Felipe regaló a su futura esposa un collar y unos pendientes de perlas que en su momento fueron propiedad de María de las Mercedes de Borbón, mientras que el entonces rey Juan Carlos I obsequió a la pareja dos relojes de la firma Piaget.

Creación thumb|Manuel Pertegaz en 2005. Debido a la magnitud del evento, el vestido de novia se convirtió en uno de los temas centrales de la boda. Pese a que la moda nunca había sido importante para Letizia, se esperaba que el traje nupcial fuese escogido con sumo cuidado ya que el mismo sería objeto de escrutinio tanto a nivel nacional como internacional. Un aspecto que llamó la atención en su momento fue el hecho de que para Letizia esta no era su primera boda, pues ya en 1998 había contraído matrimonio con el que fuera su profesor de lengua y literatura, Alonso Guerrero; en ese entonces optó por un vestido de sencilla factura creado por Victorio & Lucchino que reciclaría en múltiples ocasiones. La simpleza del diseño tenía que ver con el hecho de que la boda consistió en una ceremonia civil oficiada en el Ayuntamiento de Almendralejo, mientras que su reutilización evidenciaba que la futura reina no tenía un particular interés ni en la moda ni en las bodas, aspectos de gran importancia en la monarquía. Sin embargo, la elección del atuendo nupcial, dadas las dimensiones del evento, terminaría por convertirse no solo en un factor destacado sino incluso en una cuestión de Estado. El primer punto a tener en cuenta fue el diseñador, pues al tratarse de una boda real no cabía la opción de lucir un traje creado por un modisto que no fuese de renombre ni menos aún una prenda prêt-à-porter; tras barajarse importantes diseñadores como Lydia Delgado o Lorenzo Caprile, finalmente se decidió que el vestido corriese por cuenta de Manuel Pertegaz, elección motivada por la amistad entre el modisto y la reina Sofía de Grecia, quien recomendó expresamente al diseñador ya que Pertegaz había creado numerosos atuendos para la monarca, mientras que otra de las razones para esta medida era la gran fama que este poseía en el mundo de la alta costura al ser uno de los modistos más veteranos de España, lo que a la postre ayudaría a evitar celos entre otros diseñadores. Sumado a estos dos motivos, hubo una tercera razón para encargar el diseño a Pertegaz la cual tenía que ver con sus vínculos catalanes, pues a pesar de haber nacido en Teruel, había desarrollado toda su carrera en Barcelona, considerándose el propio modisto como «catalán en un 95%», un detalle de gran importancia para la Casa Real, deseosa de estrechar lazos con esta comunidad autónoma. De acuerdo con Dione Caus, sobrina de Pertegaz, el origen de la elección del diseñador estaría sin embargo en un encuentro fortuito en noviembre de 2003 en el mercadillo Nuevo Futuro entre ella y la infanta Pilar de Borbón, quien le habría dado a entender el deseo de la familia real de que fuese el modisto el encargado de la confección de la prenda.

Una vez solventado el problema de la elección del diseñador, surgió un segundo tema a tratar y que tuvo que ver con el tiempo. Pertegaz fue designado a cargo del diseño del traje a principios de diciembre de 2003, aunque otras fuentes sitúan el primer contacto de la Casa Real con el diseñador a finales de enero de 2004, produciéndose la confirmación del encargo la noche del 5 de febrero tras haber visitado Letizia su taller; con fecha límite el 22 de mayo, día de la boda, el modisto dispuso de un plazo de menos de medio año para acometer la labor de crear el atuendo. Pertegaz aceptó el cometido consciente de que no podía negarse a ello dada la importancia del mismo, aunque tuvo serias dudas de que la prenda pudiese estar lista en un plazo de tiempo tan reducido, motivo por el que preparó un equipo de veinte empleados para su dedicación exclusiva a la confección del traje y rechazó cualquier otro encargo a excepción del vestido de madrina de la reina Sofía. En total, se necesitaron intensas jornadas de 24 horas durante un total de cinco meses para la creación del atuendo, cuya elaboración, acometida principalmente de noche para evitar filtraciones a los medios, fue supervisada por la propia Letizia, quien llegó a acudir al taller del modisto, ubicado en el nº 423 de la avenida Diagonal, hasta en diez ocasiones, las primeras dedicadas a hablar del diseño y las siguientes a pruebas de vestuario: en dos de ellas se presentó acompañada por su futura suegra, acudiendo en otras dos con su madre y sus dos hermanas, mientras que el resto de visitas las realizó con alguna de sus amigas y posiblemente una de ellas acompañada por la infanta Cristina, con quien después de acudir al taller habría ido a comer a un restaurante junto con Victoria de Suecia, quien se encontraba casualmente en la ciudad condal (aunque la primera visita se produjo a comienzos de febrero, ya el modisto había acudido previamente al Palacio de la Zarzuela con varios bocetos). Pese a la supervisión del proceso de elaboración por parte de la futura reina, Pertegaz, tal y como declararía años después, gozó de total libertad creativa en lo tocante al diseño y la elección de la tela, lo que permitió al modisto imprimir su sello personal en la factura del atuendo, aunque el escote creó cierto nivel de conflicto; Letizia deseaba que este fuese más pronunciado que el del diseño original, algo a lo que Pertegaz se mostraba reacio, si bien ambos lograrían llegar a un acuerdo mediante el cierre del escote en pico a la altura del pecho y la abertura del mismo lo suficiente como para dejar las clavículas parcialmente al descubierto (a mayores, la libertad creativa del modisto estuvo condicionada a la inclusión de diversos detalles que, al tratarse de una prenda de corte real, debían estar presentes para reflejar el sentimiento monárquico del evento). Cabe destacar que hacia el final del proceso, cuando se estaban acometiendo las últimas labores del bordado floral en el cuello y el bajo de la falda, el hilo de oro empleado en la confección se terminó, y ante la ausencia de dicho material tanto en España como en Francia, se tuvo que deshacer el bordado y reconstruirlo intercalando hilo de oro y de plata.