Hermine Hartleben (Gemkenthal, Baja Sajonia, 2 de junio de 1846–Brandeburgo, 18 de julio de 1919) fue una profesora alemana experta en el antiguo Egipto, autora de la primera biografía del egiptólogo francés Jean-François Champollion.
Biografía Hermine Hartleben provenía de una familia de mineros y guardas forestales de las montañas Harz. Asistió a la escuela secundaria para niñas de Clausthal de 1859 a 1861 y, posteriormente, trabajó como maestra en Netra, Hesse. Atraída por el Oriente desde muy joven, cursó estudios universitarios en Hannover y París, donde asistió a la Sorbona como oyente en los cursos de arqueología griega impartidos por el helenista George Perrot. Tras ejercer como profesora en la escuela de niñas de Stade y después en París entre 1870 y 1879, aceptó una plaza docente en Constantinopla, en una escuela de niñas griega (hoy Zappeio High School for Girls o Zapeion Likio en Estambul). A su labor en Estambul le siguió una estancia de seis años en Egipto, donde residió en la casa de un funcionario del virrey turco en El Cairo para educar a sus hijos.
Fue entonces cuando se apasionó por la civilización faraónica. En 1889, de regreso en Alemania, propuso la creación de una sociedad de eruditos alemanes que aportara fondos para excavar en Egipto (siguiendo el modelo de la Egypt Exploration Society fundada en 1882) y el establecimiento de un instituto arqueológico en El Cairo. No obstante, por diversos motivos, estos proyectos recibieron poco apoyo en Alemania y no prosperaron.
Años más tarde conoció al egiptólogo Adolf Erman, quien la animó a investigar la obra y el destino del descifrador de los jeroglíficos, Jean-François Champollion, cuyo centenario de nacimiento en 1890 no había sido conmemorado en Francia. A partir de ese momento, dedicó el resto de su vida a esta tarea, reuniendo una vasta documentación, principalmente en Francia. Tras investigar en la Biblioteca Real de Berlín, Hartleben publicó dos artículos bajo el seudónimo de Theodor Harten en el Norddeutsche Allgemeine Zeitung el 22 y 23 de diciembre de 1891, titulados Champollion. Este trabajo llegó a París y terminó en manos del último portador del apellido familiar, Aimé Champollion, quien contactó con Hartleben a principios de 1892. Este le facilitó material sobre su tío, que sirvió de base para otro artículo aparecido en el suplemento del Münchener Allgemeine Zeitung a finales de marzo y principios de abril de 1893. Su investigación, que la llevaría por toda Europa, no había hecho más que empezar.
Posteriormente investigó en la biblioteca del Instituto de Francia y halló material inédito en la Biblioteca Nacional de París. Entabló contacto con una de las sobrinas de Champollion, a quien visitó varias veces entre 1895 y 1903 para obtener detalles de la vida del egiptólogo gracias a su extraordinaria memoria. La investigación la condujo a Figeac (lugar de nacimiento de Champollion), Grenoble (su primer lugar de trabajo), Vif, París y Ginebra, recorriendo todas las etapas de su carrera. Contó con el apoyo de Georges Perrot (1832–1914), entonces director de la École Normale Supérieure de París, y de Gaston Maspero (1846–1916), director general del Servicio de Antigüedades de El Cairo. Visitó archivos, bibliotecas y museos en Dinamarca, Suecia, Italia y Alemania, recibiendo ayuda especial del egiptólogo y escritor alemán Georg Ebers (1837–1898), que en aquella época ocupaba una cátedra en Leipzig.
Su monumental biografía de Champollion —Champollion. Sein Leben und sein Werk— se publicó en dos volúmenes en la editorial Weidmann de Berlín en 1906, aunque no se tradujo al francés hasta 1983 bajo el título Jean François Champollion. Sa vie et son oeuvre. 1790–1832. Esta biografía fundamental sigue siendo el libro de referencia absoluto, apodado «el Hartleben», y el clásico que ha inspirado todas las obras modernas sobre el padre de la egiptología. En 1909 publicó dos volúmenes de las cartas de Champollion en la Bibliothèque Égyptologique titulados Lettres de Champollion le Jeune. En 1910, la Academia de Inscripciones y Bellas Letras le concedió el Premio Bordin —una distinción poco común para una mujer en aquellos años— por su edición de la correspondencia de Champollion.
Su figura permaneció en la sombra durante muchos años en la historia de la egiptología. Ha sido gracias a la investigación de su correspondencia con diversos egiptólogos, conservada en bibliotecas y archivos, que se ha podido rescatar parte de su relevante actividad como egiptóloga y biógrafa. Referencias
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