Mariano Isava Alcalá (Cumaná, - San Felipe, ) fue un político, funcionario público, educador y comerciante venezolano. Tuvo un papel activo durante la transición política de la Revolución de Marzo y los inicios de la Guerra Federal, ejerciendo como Representante al Congreso, Juez de Primera Instancia, Diputado a la Gran Convención Nacional de Valencia y Gobernador de la Provincia de Yaracuy en dos ocasiones.Duarte, Carlos F. (2009). La ciudad de San Felipe: Testimonios, crónicas y tradiciones familiares. Caracas, Venezuela. Edición del autor. Tras la escalada del conflicto civil, se retiró de la vida pública en 1860 para dedicarse al cultivo de sus haciendas y a la literatura.

Biografía Primeros años y familia Mariano Isava Alcalá nació en Cumaná hacia 1802. Fue hijo del coronel Casimiro Isava Sucre, prócer de la independencia, y de Inés de Alcalá y Figueroa. Por vía paterna, era nieto del ingeniero militar español Casimiro Isava Oliver y primo segundo del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre.

Poco después de consolidada la independencia venezolana, se residenció por motivos políticos y económicos en la población de Curiepe, donde se dedicó al comercio y a la enseñanza, solicitando en 1835 la preceptoría de primeras letras en la cercana Villa de Río Chico. Hacia 1841 se estableció definitivamente en San Felipe junto a sus hermanos Casimiro y Juan María, participando activamente en la vida pública y comercial de la ciudad, además de colaborar en periódicos como El Venezolano.

Contrajo matrimonio con Micaela Josefa González, con quien tuvo siete hijos: Mariano Cosme, Ascención, Inés Micaela Clara, Delfina Matilde, Casimiro y Magdalena Nieves.

Trayectoria legislativa y judicial Su intervención en la política nacional se consolidó en la década de 1840. En octubre de 1844 fue nombrado por el Colegio Electoral como representante principal por la Provincia de Barquisimeto (de la cual dependía San Felipe). Se incorporó a la Cámara de Representantes en Caracas el 1 de febrero de 1846, donde tuvo una participación activa, logrando la modificación de artículos constitucionales para prohibir que senadores y representantes ejercieran simultáneamente la profesión de abogados o procuradores.

Paralelamente a su labor legislativa, ejerció en diversas oportunidades como Juez de Primera Instancia del Tercer Circuito de Barquisimeto entre 1844 y 1848.

Durante la crisis política del Monagato, Isava mostró una firme oposición. Tras la insurrección de julio de 1854 en la Provincia de Barquisimeto contra el gobierno de José Gregorio Monagas, Isava formó parte de un gobierno provisional. Tras el fracaso del alzamiento, fue arrestado y remitido al castillo de Puerto Cabello y luego a Barquisimeto. Mantuvo su postura opositora al rechazar el indulto emitido por el gobierno el 28 de octubre de 1854, dejando testimonio de sus convicciones a través de un soneto escrito desde la cárcel.

Gobernador de Yaracuy y la Guerra Federal Con el triunfo de la Revolución de Marzo en 1858 y el ascenso al poder del general Julián Castro, se reorganizó la administración del Estado. Mariano Isava Alcalá asumió la Gobernación de la Provincia de Yaracuy, sucediendo en el cargo al político y militar federalista José María Álvarez de Lugo (cuyo nieto homónimo se convertiría años más tarde en el yerno de Isava).

En julio de 1858, concurrió como diputado principal por Yaracuy a la Gran Convención Nacional instalada en Valencia, encargada de redactar una nueva Constitución frente a la inminente amenaza de una guerra civil. Tras retornar a su cargo en San Felipe, Isava enfrentó la grave crisis del tesoro público provincial, viéndose forzado a mantener a la guarnición militar con sus propios fondos para garantizar el orden ante los rumores de conspiración armada.

El 28 de marzo de 1859, en los albores de la Guerra Federal, el general Ezequiel Zamora invadió San Felipe tras derrotar a las fuerzas del gobierno en El Palito. Con la plaza desguarnecida, Zamora tomó la ciudad y proclamó el Estado Federal. Ante los saqueos de grupos irregulares —que incluyeron la destrucción de la biblioteca de su cuñado, el Dr. José Tomás González—, el Gobernador Isava, su gabinete y su familia se vieron obligados a refugiarse en las montañas del cerro «Los Catudelos». Tras la retirada de Zamora hacia occidente el 6 de abril, Isava retornó a su despacho al día siguiente para reconstituir el poder civil y convocar nuevas elecciones.

Acusación judicial y absolución En medio de la inestabilidad de la guerra, Isava enfrentó una severa acusación judicial promovida en marzo de 1859 por el dirigente Manuel Antonio Lavado, quien le imputó abusos de autoridad y coacción electoral en los comicios provinciales.

El proceso escaló hasta la Corte Superior del 6º Distrito de Barquisimeto, la cual ordenó la suspensión temporal de Isava de la gobernación en mayo de 1859. Isava se defendió enérgicamente, presentando abundantes pruebas documentales y testimoniales que demostraron que sus acciones —como el arresto de un funcionario desobediente— respondieron a la necesidad de mantener el orden público militar ante la inminente invasión federalista, sin motivaciones electorales. Finalmente, el 20 de julio de 1859, el Tribunal Superior de Caracas declaró infundada la acusación y absolvió a Isava de todos los cargos.

Continuación de la guerra y segundo mandato Apenas días después de su absolución, en agosto de 1859, la ciudad de San Felipe fue ocupada pacíficamente por las fuerzas federales del general Juan Crisóstomo Falcón, forzando la huida de las autoridades centrales. Sin embargo, en noviembre de ese mismo año, el gobierno central retomó el control de la ciudad mediante una columna comandada por el general Celis Belisario. Restablecido el orden constitucional, las autoridades militares designaron nuevamente a Mariano Isava Alcalá como Gobernador provisional de la Provincia de Yaracuy.

Durante este segundo y breve mandato, la región continuó sufriendo enfrentamientos, saqueos y zozobra. A pesar de las dificultades, Isava logró convocar y llevar a cabo elecciones provinciales y nacionales entre diciembre de 1859 y enero de 1860. Paradójicamente, en estas elecciones resultó electo gobernador Manuel Antonio Lavado, su antiguo acusador político. Lavado asumió el cargo en febrero de 1860, marcando el fin de la carrera política activa de Isava.

El asedio a San Felipe y fin del conflicto A pesar de su retiro del poder, la inestabilidad de la Guerra Larga siguió afectando a la región. En agosto de 1861, San Felipe sufrió un severo sitio de quince días por parte de fuerzas federales que culminó con la heroica resistencia de la ciudad. La violencia continuó escalando y, ante una nueva y definitiva amenaza de invasión revolucionaria en abril de 1863 al mando del general Leonidas Álvarez de Lugo, la población evacuó hacia Puerto Cabello. Durante este éxodo, Isava se vio forzado a disfrazarse oscureciéndose el rostro para poder escapar a caballo sin ser identificado por las tropas federales.

Tras el triunfo definitivo de la Federación y la firma del Tratado de Coche en 1863, la familia Isava logró retornar a San Felipe y recuperar cierta normalidad.

Vida personal, familia y últimos años A partir de 1860, Isava se alejó definitivamente de los cargos públicos para concentrarse en la educación en el hogar de sus hijos, la administración de sus propiedades agrícolas y la literatura. Cultivó asiduamente la poesía, escribiendo numerosos sonetos, himnos y versos dedicados a figuras de la sociedad y a devociones religiosas.

Su vida familiar estuvo fuertemente marcada por las tensiones políticas de la época, las cuales se reflejaron en los matrimonios de sus hijas. En agosto de 1863, celebró pacíficamente el enlace de su hija mayor, Ascención, con su primo Mariano Calzadilla Isava. Sin embargo, en 1868, su hija Inés Micaela contrajo nupcias con Manuel Antonio Lavado, antiguo enemigo político de Isava y promotor de su juicio en 1859. Ante la oposición rotunda de Mariano, Inés abandonó el hogar paterno bajo la figura jurídica de "depósito" para poder casarse, causando una severa ruptura familiar.

Años más tarde, Isava también se opuso a la relación de su hija Delfina Matilde con Francisco Antonio Duarte Sánchez (futuro general de brigada del guzmancismo), separándolos durante cinco años debido a sus profundas diferencias ideológicas. Finalmente, la pareja logró casarse en 1876, también sin la asistencia de los padres de la novia.

Por el contrario, Isava aprobó y apadrinó en 1877 el matrimonio de su hija menor, Magdalena Nieves, con José María Álvarez de Lugo y Álvarez de Lugo (nieto del mencionado exgobernador de Yaracuy). Esta unión consolidó los lazos con una de las familias de mayor arraigo histórico en San Felipe, descendientes directos de don Agustín Álvarez de Lugo —fundador del linaje en la ciudad en 1743— y emparentados con el general José Gabriel Álvarez de Lugo, ilustre prócer de la Independencia de Venezuela.

Alejado de las nuevas dinámicas del gobierno de Antonio Guzmán Blanco, don Mariano y su esposa Micaela González realizaron un largo viaje a Europa hacia 1876, residiendo una temporada en París.

Mariano Isava Alcalá falleció en San Felipe el 25 de enero de 1880 y fue sepultado al día siguiente en la misma ciudad.

La Hacienda La Marroquina thumb|Oficinas y trapiche de vapor de la Hacienda La Marroquina, con carretas de bueyes cargadas de caña. Fotografía dedicada por Mariano Cosme Isava en mayo de 1888. Tras su retiro de la vida pública, Isava se dedicó plenamente a la administración de su hacienda cacaotera y azucarera, La Marroquina (también conocida históricamente como Yurubí). Esta propiedad, fundada originalmente en el siglo XVIII por el sargento mayor guipuzcoano José Antonio Marroquín, se convirtió bajo la administración de la familia Isava en un importante centro de producción. Su casa principal sirvió posteriormente como escenario de las lides nacionalistas lideradas por la familia. Fue el propio Mariano Isava Alcalá quien impulsó la siembra de caña de azúcar en la propiedad, sumándola al cultivo tradicional del cacao.Duarte, Carlos F. (2009). La ciudad de San Felipe: Testimonios, crónicas y tradiciones familiares. Caracas, Venezuela. Edición del autor. pp. 120-122.

thumb|left|Camino a la Hacienda La Marroquina en San Felipe. A la izquierda, José María Álvarez de Lugo y a la derecha, Mariano Cosme Isava (1888). Tras su muerte en 1880, la administración y expansión de la finca quedó a cargo de su hijo, Mariano Cosme Isava. Durante la década de 1880, la hacienda alcanzó su mayor esplendor industrial y agrícola. Se construyeron edificios administrativos y se incorporó maquinaria de vanguardia europea, incluyendo un trapiche de vapor, centrífugas para procesar el azúcar, alambiques, parrillas, acueductos y túneles.

Históricamente, La Marroquina destacó por ser el primer lugar en toda la región yaracuyana donde se logró la siembra y cosecha copiosa de arroz. Este hito agrícola se consolidó gracias a la importación de trilladoras de último diseño traídas desde Europa, novedad que fue ampliamente reseñada y elogiada por la prensa local de la época.Duarte, Carlos F. (2009). La ciudad de San Felipe: Testimonios, crónicas y tradiciones familiares. Caracas, Venezuela. Edición del autor. p. 87.