miniatura|Auditorio de Tenerife (2003), de Santiago Calatrava, Santa Cruz de Tenerife miniatura|Cúpula de la Sala de los Derechos Humanos de la ONU (2007-2008), de Miquel Barceló, Ginebra miniatura|Tulipanes (1995-2004), de Jeff Koons, Museo Guggenheim, Bilbao miniatura|Comediante (2019), de Maurizio Cattelan, colección particular miniatura|Niña con globo (2002), de Banksy miniatura|Imagen generada con inteligencia artificial El arte del se caracterizó en sus primeras décadas por una cierta solución de continuidad con el del siglo anterior, contrariamente a lo que había sucedido a inicios del con la aparición de las vanguardias históricas, que supuso una ruptura con el arte decimonónico. Esta afirmación sería aplicable sobre todo a lo concerniente a escuelas y estilos artísticos, aunque, por otro lado, se observó una creciente individualización del trabajo del artista, consecuencia de un progresivo proceso de atomización de los estilos artísticos que, al ir sucediéndose cada vez con mayor velocidad y con menor duración en el tiempo, condujo a que un número cada vez mayor de artistas se desligasen de escuelas y estilos específicos y respondiesen más a un sello personal que a unas características de grupo. Otro fenómeno fue el de la globalización, por el que cada vez se fueron perdiendo más las señas de identidad nacionales, sociales, culturales o religiosas, en favor de técnicas y estilos más modernos y universales. Otro factor a tener en cuenta fueron fenómenos sociales como el feminismo y los movimientos de identidad de género, que se vieron reflejados en el arte con características propias.
Cabe señalar también en la evolución del arte contemporáneo el papel de las nuevas tecnologías, determinante como materiales o soportes, o incluso en la misma concepción de la idea artística, llegando a determinar la aparición de nuevas técnicas y especialidades artísticas: tal sería el papel de la fotografía y el cine, aún en el ; y, desde entonces, nuevos medios como el vídeo, el láser, la holografía, la informática, internet, los videojuegos, las redes sociales, la realidad virtual, la inteligencia artificial y otros. En el nuevo milenio se produjo una fusión entre arte y tecnología, una hibridación de los medios y los soportes artísticos, con obras cada vez más multidisciplinares que, en muchas ocasiones, eran dadas a conocer por sus autores gracias a la instantaneidad de las comunicaciones, con lo que se producía una interrelación entre el artista y el público, lo que ayudaba igualmente a la democratización y globalización del arte y fomentaba la reflexión sobre la sociedad actual.
Durante la centuria anterior se fueron sucediendo diversos estilos artísticos cada vez con mayor celeridad: así, si en la Antigüedad y la Edad Media surgieron estilos que duraron varios siglos y en la Edad Moderna podían durar desde varias decenas de años hasta un siglo entero, en la Edad Contemporánea estos períodos se fueron reduciendo, hasta llegar en el a estilos y movimientos que podían durar apenas unos pocos años, sucediéndose unos a otros de forma vertiginosa, oponiéndose y complementándose, y coincidiendo a menudo varios de ellos en el tiempo. Por último, esta progresiva aceleración de movimientos llevó en ocasiones a la disgregación de los mismos, a la pérdida de identidades de grupo en favor de artistas individuales, responsables tan solo de su propia obra, ajenos a referencias externas.
Desde la Segunda Guerra Mundial, el arte experimentó una vertiginosa dinámica evolutiva, con estilos y movimientos que se sucedían cada vez más rápido en el tiempo. El proyecto moderno originado con las vanguardias históricas llegó a su culminación con diversos estilos antimatéricos que destacaban el origen intelectual del arte por encima de su realización material, como el arte de acción y el arte conceptual. Alcanzado ese nivel de prospección analítica del arte, se produjo el efecto inverso —como suele ser habitual en la historia del arte, donde los diversos estilos se enfrentan y se contraponen, el rigor de unos sucede al exceso de otros y viceversa—, retornando a las formas clásicas del arte, aceptando su componente material y estético, y renunciando a su carácter revolucionario y transformador de la sociedad. Surgió así el arte posmoderno, donde el artista transitaba sin pudor entre diversas técnicas y estilos, sin carácter reivindicativo, volviendo al trabajo artesanal como esencia del artista. Por último, la transición entre los siglos y estuvo marcada principalmente por la globalización, donde el arte se fue volviendo cada vez más multicultural, diluyéndose las diferencias tradicionales entre artistas occidentales y del llamado tercer mundo.
Conceptos generales miniatura|Apoyo (2017), de Lorenzo Quinn, 57ª Bienal de Venecia
El arte del fue en sus primeras décadas heredero del continuo proceso evolutivo de movimientos artísticos que se fue forjando desde finales del y durante todo el , hasta el punto de que los «ismos» —como se solía llamar a los movimientos de vanguardia, que solían acabar con ese sufijo— se convirtieron en «giros», según la denominación de Didier Fassin (Permanencia de la crítica, 2018). Si los ismos se percibían como una continua sucesión de movimientos que buscaban la novedad y el progreso, los giros aceptaban la superación de grandes teorías en aras de nuevas formas de expresión más particulares, incluso individuales, con formulaciones propias y autorreferenciales, plurales y diversas, en busca de la deconstrucción de las fórmulas tradicionales, en un contexto dinámico y multidisciplinar. Los giros buscaban «cambiarlo todo de golpe y hacerlo sin molestarse por construir entramados teóricos coherentes», según Fassin. Se fomentaría así una nueva visión del arte que superaría el formalismo en busca de nuevas formas de expresión interrelacionadas con conceptos sociales y culturales, con especial énfasis en cuestiones de identidad, género, ecologismo y reivindicaciones étnicas y antropológicas.
En general, el arte del nuevo milenio es dinámico, diverso, globalizador, preocupado por cuestiones políticas y sociales, con tendencia a fusionar arte y tecnología, a su difusión por los nuevos medios digitales —especialmente internet— y a la interrelación con el espectador, así como cierta preferencia por lo efímero y temporal. En el nuevo milenio se cuestionaron los valores tradicionales del arte, conceptos como calidad, estilo o gusto, la idea del artista como genio, o la distinción entre bellas artes, arte popular o arte primitivo, incluso las fronteras entre medios artísticos (pintura, escultura, artesanía), que se fueron diluyendo.
Durante las primeras décadas del siglo se fue forjando una nueva forma de concebir el arte marcada profundamente por los diversos hechos históricos acaecidos a nivel mundial, como el 11-S y el incremento del terrorismo a nivel global, el cambio climático, la crisis económica de 2008, el COVID, la guerra de Ucrania, el conflicto israelí-palestino y otros acontecimientos globales. Todo ello influyó en un arte más globalizado, democrático, intercultural, comprometido e interdisciplinar.
miniatura|izquierda|180px|Harrier (2010), de Fiona Banner, Tate Britain, Londres. Las instalaciones artísticas han ido ganando peso en los museos en los últimos tiempos El panorama del arte en el año 2000 estaba dividido entre un proceso de desmaterialización de la obra de arte iniciado con el posminimalismo y las corrientes procesual y conceptual en los años 1970 y la nueva propuesta surgida con la posmodernidad, que a su vez se dividió en una corriente «cálida» —representada por el neoexpresionismo y la transvanguardia— y otra «fría» —manifestada en el postapropiacionismo y los movimientos «neo» (neoobjetual, neoabstracto, neogeo, neobarroco)—, al tiempo que surgieron nuevos movimientos como el arte urbano, el arte derivado de las nuevas tecnologías y el arte relativo a un nuevo concepto multicultural derivado de la globalización, con especial énfasis en reivindicaciones ecologistas y sociopolíticas, especialmente en lo concerniente a minorías étnicas, feminismo e identidad de género.
Heredero en buena medida del arte de vanguardia practicado en el , el del estuvo profundamente marcado por la influencia de artistas como Marcel Duchamp, Andy Warhol y Joseph Beuys. A Duchamp se le considera el padre del arte conceptual y de acción (happening, performance, instalación) por su obra Fuente (1917) y su introducción del ready-made. Warhol fue el gran tótem del arte pop, así como de la mecanización y mercantilización del arte, de su relación con los medios de comunicación de masas. Beuys abrió las vías del arte de acción, de una nueva forma de entender el arte que trasciende el objeto y se centra en la idea, el proyecto, así como su ejecución como un acto vital, fundiendo arte y artista, e integrando igualmente al espectador en el acto creativo.
En el terreno de la reflexión artística, un hito fundamental fueron las protestas de mayo de 1968, que señalaron el punto de ruptura entre la concepción moderna del arte y una nueva visión del arte más abierta y globalizadora. Así como la obra del crítico Clement Greenberg (Hacia un nuevo Laocoonte, 1940; Pintura moderna, 1960) supuso el final del concepto vasariano del arte —el concepto de arte tradicional fundamentado en las «bellas artes»— para construir una nueva narrativa del arte moderno, basada en la definición y percepción del arte, el propio arte moderno fue cuestionado por autores como Arthur C. Danto (Después del fin del arte. El arte contemporáneo y el linde de la historia, 1999), defensor de la idea de que el arte no tiene definición, sino que es algo abierto. Danto habló del «fin del arte», señalando que tanto el arte tradicional como el moderno se fundamentaban en «narrativas maestras», de las que carece el arte contemporáneo, que se encuentra fuera de los lindes de la historia, sin reglas sobre lo que es arte o no es arte. Lo que Danto llamó «momento posthistórico» se tradujo en el arte posmoderno, un arte sin dirección, con infinidad de comportamientos artísticos sucediéndose y contraponiéndose, sin jerarquías, sin imposiciones, con múltiples vías de desarrollo e infinidad de medios de expresión. Se replanteó entonces la idea sobre la naturaleza del arte, qué hace que un objeto sea arte o no, abriéndose una nueva vía para el artista, que se veía liberado para explorar cualquier medio artístico sin sentir en su obra la carga de la historia. Así, de forma paradójica, el «arte después del arte» formulado por Danto siguió siendo arte, aunque alejado de la estética tanto clásica como moderna.
miniatura|Espacio reservado para grafiti legal en el Fórum Universal de las Culturas 2004, Barcelona