Porphyrios (del griego: Πορφύριος) fue una ballena (κῆτος) de gran tamaño conocida por un periodo de unos cincuenta años en el que hostigó y llegó a hundir barcos en las aguas cercanas a Constantinopla en el siglo VI. El emperador Justiniano I (527-565) consideró su captura de vital importancia, pero no logró hallar una manera de hacerlo. La ballena hallaría su final cuando quedó varada por cuenta propia cerca de la boca del Mar Negro, donde sería despedazada por una multitud.
Nombre Porphyrios recibió su nombre por parte de marineros bizantinos; aunque también como Porphyrius, Porphyrion, Porphyry o Porphyrio, si bien el origen de estos nombres es incierto. Las hipótesis sobre el nombre consideran posible que provenga de un auriga contemporáneo del mismo nombre, o de Porfirión, el gigante mitológico.
Anthony Kaldellis consideró en 2010 que el nombre podía originarse en el púrpura de Tiro, usado por la realeza bizantina, y que era "señal del respeto que se le tenía a la ballena". Esta teoría fue apoyada por Sian Lewis o Lloyd Llewellyn.Jones en 2018, que consideraban que el nombre aludía al color de la realeza y era muestra de un gran asombro por parte de los locales hacia la ballena.
Ya en 1996, James Allan Stewart Evans sugirió que el nombre podía ser referencia al color de piel de la ballena: Porphyra significaba púrpura oscuro en griego. Porhyrios podría haber tenido un color vino oscuro equivalente al descrito por el significado de la palabra. En 2002, la hipótesis de 1996 sería apoyada por las declaraciones de John K. Papadopoulos y Deborah Ruscillo, que creían que el nombre podía significar "púrpura". A su vez, Daniel Ogden sustentaría la relación con el color considerando en 2008 que el nombre podría interpretarse como "chico púrpura". El propio Kaldellis apoyaría esta etimología en 2017.
Vida Porphyrios es mencionado en los escritos del historiador Procopio de Cesarea a lo largo del siglo VI, tanto en su Historia de las Guerras (VII 29) como en Historia Secreta. Según el historiador, la ballena medía 13,7 metros de largo y 4,6 metros de ancho.
Estos animales no eran entendidos con exactitud ni en la Antigüedad ni en la Edad Media, y usualmente se consideraban grandes monstruos. El significado original de κῆτος era precisamente monstruo marino. Por ende, no es posible identificar a qué especie podría haber pertenecido Porphyrios, que podría haber sido un cachalote o una orca de tamaño inusualmente grande.
Su identificación como cachalote podría cobrar lógica debido a su tamaño, temperamento y a su larga vida. Por otra parte, su identificación como orca tendría sentido por su localización geográfica, ya que las ballenas raramente se aventuran a las aguas como las que frecuentaba Porphyrios. Si se considera el nombre de la ballena como referencia a su color de piel, ambas especies serían válidas, pues el color negro de las orcas o el marrón oscuro de los cachalotes podrían ser interpretados como púrpura.
La teoría más aceptada sobre cómo podría haber acabado la posible ballena en las aguas de Constantinopla considera que Porphyrios nadó a través del Estrecho de los Dardanelos cuando era una ballena joven, seguramente cazando, y las grandes corrientes del estrecho le habrían impedido volver al Mar Egeo. Así pues, como las aguas del Mar Negro no son viables para las ballenas debido a su bajo nivel de oxígeno, la ballena comenzaría a habitar permanentemente el Mar de Mármara, atrapada. Única en el ecosistema, tendría una abundancia de presas de las que alimentarse y, en el caso de ser una orca, podría explicar su enorme tamaño.
Con su hábitat establecido, Porphyrios hostigaría a distintos navíos en las aguas de los alrededores de la capital bizantina por un periodo de más de cincuenta años, con tiempos donde desaparecería temporalmente. Haciendo frecuentes apariciones en el Estrecho del Bósforo. La ballena no haría distinciones en sus ataques, asaltando barcos de pesca, de mercaderes e incluso barcos de guerra. Muchos de estos serían hundidos por el cetáceo, ganándose para sí una temible fama entre las tripulaciones de navegantes y de los locales de la región, provocando que las rutas tuvieran en cuenta su presencia y se desviaran de las zonas habituales del animal. El emperador Justiniano I, perplejo ante los continuos ataques y deseoso de mantener la ruta segura consideró el asunto de gran preocupación, aunque fue incapaz de hallar la manera de detenerlos.
En una ocasión, en la que Porphyrios se hallaba persiguiendo delfines, el cetáceo encalló cerca de la desembocadura del Río Sakarya, donde quedaría varado.. Aunque se debatió e intentó salir del barro, el animal solo consiguió hundirse aún más en el mismo, quedando atrapado Al poco tiempo, los locales de la zona se organizaron y fueron en bandada a matar al famoso monstruo marino con hachas y cuerdas Los primeros intentos de asesinar al animal serían en vano, pues las hachas eran incapaces de perforar la piel Por ello, usando carros y cuerdas, alejaron aún más a Porphyrios del agua, donde por fin lograron despedazarlo. Los atacantes pronto se dividirían las porciones del animal, e incluso algunos comenzarían a comerlo en el mismo lugar de su muerte.
Legado Según Procopio, la muerte del cetáceo fue un gran alivio para la población, aunque se especulaba que la ballena asesinada podría haber sido otra.
La ballena Porphyrios es el caso documentado de una ballena atacando navegantes y sería mencionada en la Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano (1776-1789) de Edward Gibbon. Dicho autor consideraba a Porphyrios un "extranjero" y un "viajero", siendo único en su especie por tamaño y actitud en el Mediterráneo. Asimismo, en el comentario de George Horne de la obra de Gibbon, Horne interpreta en el pasaje de Gibbon que este consideraba sutilmente que la historia podía ser ficticia. Enfadado ante esto, el propio George Horne comentó que "o Dios había preparado a la ballena para este propósito, o quizá no era una ballena en absoluto."
El relato de Porphyrios es mencionado en Moby-Dick (1851) de Herman Melville , como un caso histórico de ballenas atacando humanos. Además, la ballena aparece en El conde Belisario (1938), la ficción histórica de Robert Graves. En dicha obra, Justiniano, tras recibir varias quejas de amigos y conocidos de su esposa la emperatriz Teodora, envía a su famoso general Belisario a dar caza a la ballena. En la trama, Belisario requisa un barco de guerra equipado con una catapulta en búsqueda de Porphyrios, y la ballena es descubierta en dirección a Constantinopla. Ante esto, la tripulación comienza a lanzar arpones y usar arcos, aunque estos son virtualmente inútiles contra el cetáceo, la cual se sumerge y se aleja. La batalla entre el general y la ballena ha sido mencionada en alguna ocasión como un evento erróneamente por autores posteriores a la obra.
Referencias
Categoría:Justiniano I Categoría:Cetáceos en la cultura