Eduard Franz Ludwig Kullmann (14 de julio de 1853 - 16 de marzo de 1892) fue un tonelero alemán que intentó asesinar al canciller Otto von Bismarck el 13 de julio de 1874.
Primeros años Kullmann era hijo de un humilde vendedor de pescado de la región católica romana de Eichsfeld,y su madre era una mujer profundamente religiosa que más tarde comenzó a sufrir enfermedades mentales y estuvo bajo cuidado psiquiátrico en varias ocasiones como consecuencia del trauma causado por el alcoholismo y el abandono de su marido. El padre de su madre también se suicidó debido a una dolencia en un pie, lo que contribuyó al deterioro mental de esta.
Kullmann se convirtió en aprendiz de tonelero y, tras alcanzar el grado de oficial, se unió a una organización de oficiales católicos en Salzwedel. Kullman comenzó a radicalizarse y ser cada vez más hostil con la dirigencia cristiana protestante del Imperio alemán, que finalmente alcanzó su punto máximo con la Kulturkampf. Tras las Leyes de Falk (1873-1875), Kullmann decidió que tenía que asesinar a Bismarck para poner fin a la Kulturkampf –en algún momento alrededor de la Pascua de 1874–. Según los informes, también llamó a Bismarck «canalla» y «filisteo». Se reportó que Kullmann estaba infectado de sífilis y presentaba cicatrices a causa de la infección.
Kullmann tenía un historial de ultraviolencia y falta de control de ira. En un incidente, se enfureció tanto que lanzó una cuchilla afilada de tonelero a la cabeza de un compañero aprendiz llamado Gustav Welsch, causandole una herida grave. En julio de 1873, Kullmann apuñaló dos veces por la espalda a su compañero oficial, Carl Otto, con su navaja de bolsillo. Alegó que lo hizo porque "estaba ebrio", y se le perdonó el castigo después de que Carl retirara los cargos durante el proceso judicial. En Salzwedel, Kullmann atacó con un cuchillo a otro aprendiz llamado Friedrich Günther; Kullmann lo negó y afirmó que era mentira que hubiera un arma blanca involucrada. Sin embargo, el ataque fue detenido por un ulano, que resultó levemente herido en la boca por el cuchillo de Kullmann. Fue arrestado en septiembre por intentar apuñalar a Philipp Welsch, hermano de su antiguo maestro con quien había sido aprendiz en Magdeburgo. La razón dada por Kullmann fue que Welsch supuestamente lo llamó «mojigato católico» y luego lo acusó de decir algo que no había dicho. Un mes después, fue condenado por agresión y sentenciado a tres meses de prisión. En febrero de 1874, Kullmann fue expulsado de un baile tras insultar a su antiguo maestro August Welsch, y más tarde agredió en un hotel a uno de los oficiales que lo habían echado.
Intento de asesinato de Otto von Bismarck
Plan de asesinato en Berlín Kullmann compró una pistola de un solo disparo en Salzwedel y practicó disparando a aves y objetos al azar. Según los informes, le dijo a un testigo llamado Ernst Meisner: «Esta cosa tiene su propósito y logrará su propósito», refiriéndose a su nueva arma. Otro testigo llamado Carl Dörr, que era aprendiz de tonelero, afirmó que Kullmann dijo: «Antes de que yo muera, caerá otro». El 26 de mayo de 1874, Kullmann tomó un tren hacia Berlín tras leer en los periódicos que Bismarck estaría allí; un testigo declaró que Kullmann le dijo que «quería ir a Berlín para encontrar al príncipe Bismarck». Una vez que llegó a la ciudad, compró más munición para su pistola. La búsqueda del apartamento de Bismarck resultó difícil, y sus planes de asesinarlo en Berlín se frustraron cuando Bismarck partió el 31 de mayo hacia Varzin. Para ganar algo de dinero, trabajó para un maestro tonelero en Berlín y luego para otro en Potsdam.
Espera de una nueva oportunidad Mientras estaba en Potsdam, un testigo afirmó que Kullmann le dijo en la Posada Cristiana: «Mi mano está destinada para algo más, y actuaré en consecuencia». Kullmann y otro tonelero llamado August Schulze abandonaron Potsdam el 19 de junio para trabajar en la ciudad de Sangerhausen. Schulze afirma que Kullmann le dijo: «Esas ya son lo suficientemente grandes como para apagar la sangre vital de alguien», al ver los grandes trozos de pólvora en su aparador, y que Kullmann se rio al ver una noticia sobre la mala salud de Bismarck. Kullmann también leyó en el periódico que Bismarck se dirigía a Bad Kissingen para recibir tratamiento; Bismarck llegó allí el 3 de julio. El 6 de julio, Kullmann salió de Sangerhausen y partió hacia Bad Kissingen, a donde llegó el 12 de julio. Como era domingo, el día de descanso cristiano, se negó a intentar matar a Bismarck el día de su llegada. Deambuló por la ciudad preguntando dónde vivía Bismarck y a qué hora solía salir. Su mapa tenía anotada la dirección de la casa de Bismarck y las horas en las que, según la gente, solía salir de su hogar. Al día siguiente, se dirigió a la casa de Bismarck y esperó a que saliera.
Atentado Bismarck subió a su carruaje y se dirigió al balneario alrededor de la una y media de la tarde. Como la mayoría de los días, una multitud de personas se encontraba fuera para verlo. Kullmann salió de entre la muchedumbre y disparó hacia la cabeza de Bismarck a una distancia aproximadamente de un paso o un paso y medio. La bala rozó la mano derecha de Bismarck y pasó de largo su cabeza. Según se informó, Bismarck también sufrió quemaduras en la cara debido a que el arma se disparó muy cerca de él. Kullmann arrojó su pistola e intentó huir; sin embargo, el cochero Sebastian Schmidt le golpeó en la cara con su látigo. Esto permitió que varios transeúntes, entre ellos el cantante de ópera húngaro José Lederer, atacaran a Kullmann y evitaran su huida para que la policía pudiera arrestarlo. El periódico Provinzial-Correspondenz, esencialmente controlado por el Estado, describió la indignación y la paliza diciendo: «Lo agarraron por todas partes de su cuerpo y casi lo despedazaron; tan grande era la indignación por el atroz crimen». Un testigo en el juicio también afirmó que mucha gente gritaba: «¡Ahórquenlo, canalla!».
Consecuencias Kullmann fue llevado a la prisión local antes de ser trasladado a la prisión de Wurzburgo. Mientras estaba bajo custodia, fue interrogado varias veces y confesó repetidamente haber intentado matar a Bismarck. También declaró en múltiples ocasiones que su único arrepentimiento era no haber disparado mejor, y se quejó de que solo falló porque Bismarck se movió ligeramente en el último segundo. Kullmann negó haber recibido ayuda de cualquier persona o grupo, afirmando que fue una decisión exclusivamente suya. Explicó que odiaba a Bismarck por señalarlo a él y a los católicos como enemigos del Reich.También, un sacerdote católico llamado Hauthaler fue detenido bajo la sospecha de estar asociado con Kullmann, ya que se había interpuesto frente al carruaje obligando al conductor frenar justo en el momento del intento de asesinato;sin embargo, fue liberado más tarde después de que la investigación demostrara que no participó en el crimen.
El periódico católico Germania –que era el medio de comunicación del Partido de Centro– para no verse perjudicado, condenó las acciones de Kullmann afirmando:
Juicio El juicio se celebró en Wurzburgo y solo duró dos días, del 29 al 30 de octubre. Kullmann fue acusado de intento de asesinato. Se llamó a declarar a 31 testigos, aunque uno no pudo ser interrogado en el tribunal por encontrarse en prisión. El acta de acusación por escrito se filtró a la prensa a través de alguien del bufete de abogados de la defensa, lo que motivó una pequeña investigación para descubrir al responsable de la filtración.
Durante el proceso, Kullmann explicó cómo llegó a una posición tan radical y por qué sentía que asesinar a Bismarck era la única forma de resolver su problema con los protestantes. Afirmó haber sido influenciado por periódicos católicos y liberales que informaban sobre la persecución de los católicos por parte del gobierno alemán. Cuando se le preguntó por qué llamaba a Bismarck «el peor y más terrible enemigo de la Iglesia católica», respondió: «Porque los propios periódicos liberales lo retrataban como tal». Kullmann declaró ante el tribunal que se «consideraba un ultramontano» y que veía en Bismarck al orquestador de las Leyes de Falk. Admitió haber dicho que si el gobierno se llevaba a su párroco, «aquel que quisiera llevárselo, caería». El gobierno y la fiscalía mostraron cierta simpatía y misericordia, y manifestaron que sentían que el «carácter feroz» de Kullmann había sido corrompido por la retórica católica antialemana.
El padre de Kullmann en ningún momento acudió al tribunal para pedir clemencia y, según el antiguo maestro de primaria de Kullmann, quien también conocía a sus padres, declaró que la madre fue ingresada en el hospital mental de Halle aproximadamente un año antes del crimen, donde falleció en septiembre de 1874.
El 30 de octubre de 1874, Kullmann fue condenado por el intento de asesinato de Otto von Bismarck. Se le impuso una pena de catorce años de prisión con trabajos forzados en la prisión de Bayreuth. La pena de muerte nunca se consideró una opción, ya que las autoridades tampoco buscaban crear un mártir católico durante aquellos tiempos difíciles.
Encarcelamiento y muerte Se tomaron precauciones especiales con Kullmann en la prisión: se reforzaron las puertas, se colocaron rejas de hierro en las ventanas y se cambiaron todas las cerraduras cercanas a su celda. Durante su estancia en prisión, Kullmann cometió 36 infracciones y sufrió graves consecuencias por su insubordinación. Recibió una sentencia adicional de siete años por sus faltas en la cárcel y fue trasladado a la prisión de Amberg en 1888. Kullmann murió allí el 16 de marzo de 1892. Referencias
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