El cientificidio es un concepto que se utiliza para referirse a diversos procesos o fenómenos multifacéticos que conducen al acoso, la reducción o la destrucción de los sistemas científicos y tecnológicos en algunos países del mundo, así como al exilio o abandono de investigadores de sus centros de formación. Estos pueden ocurrir por diversas razones, como guerras, represión política, falta de oportunidades, crisis climáticas, intervenciones extranjeras, políticas económicas o persecución ideológica.
Etimología El término se refiere metafóricamente al "asesinato de la ciencia", ya que combina la palabra ciencia con el sufijo latino cidium, que proviene de la raíz caedĕre ("matar").
Historia Las primeras referencias a este concepto con el término inglés "scienticide" datan de la década de 1990, cuando se empleó para referirse a la destrucción de la red de instituciones educativas, científicas y de investigación creada por el Consejo Antifascista de Liberación Nacional de Yugoslavia entre 1942 y 1945. El sistema educativo establecido fue atacado sistemáticamente por el Ejército Yugoslavo de la Patria, comúnmente conocido como Chetniks, una organización guerrillera nacionalista, conservadora y monárquica serbia. Este acoso se denominó un auténtico cientificidio. El término también se empleó para describir la persecución, el asesinato o el encarcelamiento en campos de concentración de muchos científicos genetistas, como Nikolai Vavilov, por parte de la antigua Unión Soviética durante las décadas de 1930 y 1940.
Años más tarde este término fue utilizado en portugués en 2014 para criticar las políticas del gobierno en Portugal relacionadas con los recortes de 82 millones de euros a la ciencia, impulsados por el entonces Ministro de Educación y Ciencia, que fueron calificados de "cientificidio" por la oposición.
En español, el concepto cobró relevancia cuando comenzó a formularse y utilizarse ampliamente en el ámbito académico argentino para referirse y oponerse a los recortes presupuestarios y sus efectos negativos en el sistema científico-tecnológico, ocurridos a partir de 2016 durante el gobierno de Mauricio Macri. Así, durante estos años, surgieron varias publicaciones; la primera en una cátedra de una universidad nacional, en periódicos, libros académicos y publicaciones científicas. Durante este período, el concepto y la palabra se utilizaron como eslogan por parte de los afectados por estas políticas. Posteriormente, su uso se expandió para abarcar tanto la pérdida de soberanía como las políticas neoliberales en América Latina, así como lo que comúnmente se conoce como "extractivismo infocognitivo" de personal científico altamente calificado por parte de centros científicos del primer mundo, vinculándolo con lo que se conoce comúnmente como "fuga de cerebros". Un proceso similar ocurrió en Brasil durante esos años, también descripto como "cientificidio".
A nivel internacional el término no se utilizó significativamente hasta la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, que afectó significativamente la ciencia en ese país. Esta ampliación en el uso del término se produjo tras un artículo en Nature que se hizo eco de las acusaciones de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania contra Rusia por la destrucción deliberada de la ciencia en Ucrania. Este proceso se describió con el concepto de "cientificidio". En este último caso, además de la destrucción intencional de una gran cantidad de infraestructura científica, para marzo de 2024 se habían contabilizado al menos 124 científicos muertos durante la guerra, el 12 % de los científicos ucranianos habían emigrado a otros países; y 1443 edificios científicos habían sufrido daños.
Al mismo tiempo, en 2024, el concepto volvió a utilizarse con fuerza en Argentina debido a las políticas de desinversión que afectaron al sistema científico-tecnológico y a los ataques verbales contra la comunidad científica por parte del presidente Javier Milei en diversas ocasiones. Esto fue descrito en múltiples medios de comunicación nacionales e internacionales. Al mismo tiempo, se ha observado un aumento de la persecución contra científicos e investigadores por motivos ideológicos. Importantes revistas internacionales de ciencia y tecnología como Nature y Science se han referido a este tema. Esta última revista ubicó a Argentina junto a otros países que experimentan fuga de cerebros por diversas razones, como Siria, Turquía, Etiopía, Irán, Afganistán y Ucrania.
Referencias
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