El Movimiento All of Mexico o Movimiento All Mexico (traducción literal al español: Movimiento Todo México) fue una corriente política expansionista que abogaba por la incorporación completa de México a los Estados Unidos. Este movimiento representó una vertiente polémica del Destino Manifiesto que no logró reunir el apoyo político suficiente para materializarse. La guerra mexicano-estadounidense (1846–1848) enfrentó a ambas naciones por diversas disputas geopolíticas, incluido el deseo de invadir y anexar gran parte del territorio mexicano, conflicto que concluyó con la victoria estadounidense. Tras la toma de la Ciudad de México por el ejército de EE. UU., se reavivó el entusiasmo por la anexión total. Sin embargo, la propuesta encontró una férrea oposición en el Congreso estadounidense, dividido por disputas políticas internas.
Militarmente, las tropas estadounidenses se enfrentaron a una guerra de guerrillas en Tamaulipas —entre Veracruz y la capital mexicana—, lo que impidió cualquier control efectivo sobre el territorio, al tiempo que sufrían pérdidas humanas, de suministros y equipo. Mientras en Tamaulipas intentaron someter a la población local mediante la violencia y el terror, en la Ciudad de México y Veracruz procuraron respetar y no interferir con los habitantes. Ambos enfoques fracasaron. Precisamente este incremento de la violencia y la insurrección convenció a los líderes mexicanos de la necesidad de establecer una paz con Estados Unidos. De forma paralela, para Washington resultaba urgente poner fin al conflicto, maximizar las ganancias territoriales y minimizar pérdidas innecesarias.
Antecedentes izquierda|miniaturadeimagen|300x300px|Pintura de Carl Nebel que representa a Winfield Scott entrando en la Plaza de la Constitución; la Catedral Metropolitana se encuentra al fondo. Antes de que el presidente estadounidense James K. Polk asumiera el cargo en 1845, el Congreso del país norteamericano ya había aprobado la anexión de Texas. Una vez en el poder, Polk buscó afirmar el control sobre la región comprendida entre el río Nueces —límite sur que México reclamaba para Texas— y el río Bravo, la frontera que Texas había declarado al independizarse de México en 1836. Este conflicto fronterizo desencadenó el estallido de la guerra mexicano-estadounidense el 24 de abril de 1846.
Los éxitos militares de Estados Unidos hacia el verano de 1847 avivaron las voces que pedían la anexión completa de México, especialmente entre los demócratas del este del país. Estos argumentaban que incorporar México a la Unión sería la mejor forma de garantizar la estabilidad y la paz en la región.
Oposición La propuesta de anexionar la totalidad de México generó una fuerte controversia. Defensores idealistas del Destino Manifiesto, como John L. O'Sullivan, siempre habían sostenido que las leyes de Estados Unidos no debían imponerse a pueblos en contra de su voluntad. La anexión completa de México habría violado ese principio y habría suscitado polémica al otorgar la ciudadanía estadounidense a millones de mexicanos. Este debate puso de relieve una de las contradicciones fundamentales del Destino Manifiesto. Por un lado, las ideas racistas inherentes a esta doctrina sugerían que los mexicanos, al ser considerados personas de color, representaban una amenaza para la «integridad racial blanca» y, por tanto, no estaban cualificados para ser ciudadanos estadounidenses. Por otro lado, el componente «misionero» o civilizador del Destino Manifiesto proponía que los mexicanos serían «mejorados» (o «regenerados», en la terminología de la época) al integrarlos en la democracia estadounidense. Así, el racismo alimentaba el Destino Manifiesto, pero también se usaba para oponerse a él.
Un ejemplo claro de esta postura identitaria y racista fue la del senador John C. Calhoun de Carolina del Sur, expresidente vicepresidente y futuro portavoz de la secesión sureña. En un discurso ante el Congreso el 4 de enero de 1848, declaró textualmente:«Nunca hemos soñado con incorporar a nuestra Unión más que a la raza caucásica, la raza blanca libre. Incorporar a México sería el primer caso de incorporación de una raza india, pues más de la mitad de los mexicanos son indígenas y el resto se compone principalmente de mestizos. ¡Protesto contra una unión semejante! La nuestra, señor, es un gobierno de la raza blanca».Los partidarios de la anexión total de México la veían, paradójicamente, como una medida antiesclavista. Además, muchos estadounidenses desconfiaban del catolicismo mexicano, de su republicanismo frágil y del potencial resurgimiento de un nacionalismo que pudiera desafiar la hegemonía de Estados Unidos.
Resultado final La controversia encontró su desenlace con la Cesión Mexicana, que incorporó a Estados Unidos los territorios de Alta California y Nuevo México —ambos mucho menos poblados que el resto de México—. Al igual que el movimiento «Todo Oregón», el movimiento «Todo México» se disipó con rapidez.
El historiador Frederick Merk, en su obra Manifest Destiny and Mission in American History: A Reinterpretation (1963), sostuvo que el fracaso de estos movimientos expansionistas indica que la expansión territorial no fue tan popular como tradicionalmente habían retratado los historiadores. Merk argumentó que la creencia en la misión benéfica de la democracia era central en la historia estadounidense, pero el «continentalismo agresivo» fue una aberración respaldada solo por una minoría —en su mayoría demócratas—, y rechazada por los whigs y por una parte de los propios demócratas. De hecho, los demócratas de Luisiana se opusieron a la anexión de México, mientras que los de Misisipi la apoyaron.
Referencias
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