El ritual de entierro de la placenta es una práctica tradicional presente en diversas culturas del mundo, en la que la placenta —órgano que sostiene el desarrollo fetal durante la gestación— es devuelta simbólicamente a la tierra tras el parto. Este acto suele asociarse con significados espirituales, de protección, identidad territorial y vínculo con los ancestros.

Práctica en el pueblo mapuche En el pueblo mapuche del sur de Chile, el entierro de la placenta constituye una expresión del kimün (conocimiento ancestral) y de la conexión espiritual entre la persona y su mapu (tierra). La placenta se entierra con respeto en lugares considerados sagrados o de energía, como bosques de hualles (robles nativos), en un gesto de agradecimiento y protección hacia el recién nacido.

Desde la promulgación de la Norma Técnica N.º 189 del Ministerio de Salud de Chile (2018), las personas pueden solicitar la placenta tras el parto en recintos hospitalarios, lo que ha facilitado la recuperación de prácticas tradicionales vinculadas al nacimiento y la identidad territorial.

Rituales en otras culturas Diversas culturas del mundo han atribuido significados rituales a la placenta.

En Malasia, se la entierra cerca del hogar: detrás de la casa si el recién nacido es varón o delante si es mujer, encendiendo hogueras para protegerla de los malos espíritus.

Entre los pueblos andinos, se la entierra o quema inmediatamente después del parto para evitar enfermedades en la madre o el niño.

En comunidades guajiras de Colombia, la placenta se deposita en lugares sombreados para prevenir fiebre puerperal.

En el antiguo Egipto, se le confería un carácter sagrado al ser envuelta como “paquete de vida” y empleada en ceremonias de la realeza.

Crónicas coloniales sobre los incas mencionan que el Inca Yupanqui habría mandado colocar la placenta de su nacimiento dentro de una estatua de oro que representaba a su madre, en un acto ritual de preservación simbólica.

Significado simbólico En muchas sociedades, la placenta se considera el “doble” o reflejo espiritual del recién nacido, capaz de influir sobre su bienestar. Su entierro o destrucción ritual busca restablecer el equilibrio alterado por el parto, protegiendo la salud física y espiritual de la madre y del hijo.

Referencias

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