miniaturadeimagen|Durante una audiencia en el Senado de los Estados Unidos en abril de 2024, el secretario de Defensa Lloyd Austin negó el genocidio de Gaza en respuesta a una pregunta del senador Tom Cotton. El negacionismo del genocidio palestino en Gaza ha estado en curso desde el comienzo del genocidio y sigue patrones similares a otros casos de negacionismo. Incluye la negación literal, rechazando los hechos de las matanzas en masa y otras atrocidades cometidas por las fuerzas israelíes; la negación interpretativa, cuestionando la responsabilidad israelí por la destrucción masiva; y la negación implicatoria, minimizando las implicaciones políticas y morales del genocidio.

Además de ser la postura oficial del gobierno de Israel, entre los demás Estados que niegan el genocidio en Gaza se encuentran algunos de los principales aliados de Israel como Estados Unidos, el Reino Unidoy Alemania.

Antecedentes

Si bien no existe una declaración o decisión judicial única o universal que haya dictaminado que lo que está ocurriendo en Gaza es un genocidio, varios organismos internacionales, ONG de derechos humanos y comisiones de expertos han concluido que hay indicios suficientes para afirmar que así es. La Corte Penal Internacional emitió una orden de detención contra el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu y Yoav Galant, su exministro de Defensa, el 21 de noviembre de 2024, por presuntos crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad vinculados al conflicto en Gaza. Amnistía Internacional publicó ya en diciembre de 2024 un informe concluyendo que hay base suficiente para afirmar que Israel está cometiendo genocidio en la Franja de Gaza. En septiembre de 2025, la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Oriental, e Israel de la ONU confirmó el genocidio infligido en Gaza mediante una investigación exhaustiva de los hechos y urgió a castigar a los responsables.

El sociólogo Stanley Cohen, pionero en la investigación sobre la negación del genocidio, también aplicó su teoría del negacionismo a la sociedad israelí en diversas publicaciones durante las décadas de 1990 y 2000. Consideraba a Israel un caso especial porque «es una nación de demócratas que, a sabiendas, se identifican con la misión de negar a los palestinos la igualdad de derechos». Cohen escribió que, si bien la mayoría de la gente no creía en falsedades flagrantes sobre las acciones discriminatorias del gobierno israelí, sí terminaba creyendo en mitos que presentaban a la sociedad judía israelí bajo una luz favorable. Rene van Swaaningen, Bas van Stokkom y Hans Nelen señalan que, con el paso del tiempo, Israel restó importancia a la percepción externa y sustituyó la refutación jurídica de los informes de Amnistía Internacional por «propaganda y desinformación».

Retórica negacionista En un artículo que analiza el tema, el politólogo de la London School of Economics, Omar Shahabudin McDoom, identificó diez técnicas negacionistas:

«Enmarcar la violencia a gran escala como un derecho legal y un deber moral», sintetizando los reclamos de legítima defensa y minimizando la agencia israelí en una forma de negación interpretativa. Desviar toda la culpa a Hamás por iniciar la guerra y supuestamente utilizar escudos humanos, una especie de negación implicatoria. El «whataboutism» («y tú más»), que afirma que Israel es injustamente señalado por acusaciones de genocidio como parte de una campaña orquestada, motivada por el antisemitismo o el antisionismo, y destinada a deslegitimar al Estado de Israel. Por ejemplo, importantes periódicos estadounidenses como The New York Times, The Washington Post y The Wall Street Journal publicaron editoriales negando el genocidio y calificando las acusaciones de «obscenidad moral», «libelo de sangre» y «genocidio fabricado por los medios». Ofuscación, afirmando falsamente que Israel hace todo lo posible para evitar víctimas civiles y que tiene «la mejor tasa de muertes entre civiles y combatientes del mundo». Afirman que si Israel estuviera involucrado en un genocidio, todos los habitantes de Gaza habrían sido asesinados hace mucho tiempo. Contrariamente a este argumento, los líderes israelíes han reconocido públicamente que están limitados por la necesidad de mantener el apoyo internacional y cierto grado de legitimidad política. Deslegitimar al acusador («Argumento ad hominem»), incluidas acusaciones de apoyar a Hamás y ser antisemita. Demonizar a los enemigos de Israel al tiempo que se enfatiza la supuesta superioridad moral de Israel. Variantes de este argumento incluyen afirmar que los palestinos son terroristas o equivalentes a los nazis, y sostener que las FDI son «el ejército más moral del mundo» y la idea de que, como algunos ciudadanos israelíes descienden de supervivientes del Holocausto, es imposible que Israel sea culpable de genocidio. Exagerar la amenaza que supone Hamás. Redirigir la compasión de los palestinos hacia las víctimas de los ataques del 7 de octubre. Banalizar y normalizar la violencia como algo que ocurre inevitablemente durante la guerra. Desorientación estratégica, que apunta a información irrelevante como el crecimiento demográfico a largo plazo de Gaza.

Por otra parte, Genocide Watch ha identificado doce estrategias retóricas de negación: «Minimizar las muertes», argumentando que todas las estadísticas son inexactas o están sesgadas; «Atacar a quienes dicen la verdad [como] “antisemitas”, mentirosos o simpatizantes de Hamás»; «Negar la intención. Las muertes de civiles son "daños colaterales" no intencionales en defensa propia»; «Deshumanización»; «Culpar a un conflicto antiguo»; «Culpar a errores» para presentar las muertes de civiles como un desafortunado accidente; «Alegar apaciguamiento. Los críticos están apaciguando a los asesinos, violadores y genocidas de Hamás»; «Justificar el armamento de Israel»; «Alegar buen trato» a los palestinos; «Legalismo», argumentando que «los ataques de Israel no se ajustan a la definición legal de genocidio»; «Culpar a las víctimas» y «La paz supera a la justicia».

En un extremo, los negacionistas han rechazado que Israel haya cometido crimen de guerra alguno. Martin Shaw escribe que los partidarios de Israel utilizaron la posición al antisemitismo (o anti antisemitismo) institucionalizada en Estados Unidos, Alemania y otros países occidentales para bloquear el reconocimiento del genocidio.

Distorsión del derecho internacional humanitario Algunos juristas han argumentado que Israel utilizó interpretaciones permisivas del derecho internacional humanitario (DIH) para justificar sus acciones. Por ejemplo, tres de ellos escribieron que «Israel ha utilizado diversos conceptos del DIH, como zonas seguras, evacuaciones, escudos humanos y “escudos hospitalarios”, como tecnologías de desplazamiento colonial y genocidio, creando condiciones de vida que conducen a la destrucción total o parcial de los palestinos de Gaza».

Minimizar la magnitud o el alcance del número de víctimas

Una táctica fundamental del negacionismo del genocidio en Gaza es minimizar la magnitud de las bajas palestinas sembrando dudas sobre la exactitud de las cifras oficiales de muertos imitando estrategias de larga data utilizadas en el negacionismo del Holocausto. Los negacionistas critican la credibilidad del Ministerio de Salud de Gaza (a pesar de que las cifras de víctimas que aporta han sido avaladas por distintas fuentes independientes), excluyen las muertes causadas por inanición o enfermedad (a pesar de que estas condiciones fueron creadas por Israel) y explotan las lagunas en la recopilación de datos que se derivan de la destrucción de hospitales y redes de comunicación. Además, los expertos en genocidio afirman que el crimen de genocidio no se define estrictamente por un número mínimo de víctimas "There is no minimum number of victims, but the part of the group targeted must be significant enough that its destruction would impact the group as a whole." o víctimas previstas, ni por el grado en que el grupo ya ha sido destruido. Canadá y varios estados europeos declararon en una intervención conjunta en el caso de Gambia contra Myanmar que el número de víctimas no es decisivo porque los perpetradores pueden elegir métodos de destrucción más lentos o menos directos.

En 2024, el historiador francés Jean-Pierre Filiu escribió en Le Monde:

miniaturadeimagen|Niños buscando entre los restos de un edificio destruido en la Franja de Gaza Marc Owen Jones, escribió en Third World Quarterly, que Pallywood, un término que él define como «un término despectivo que sugiere que los palestinos escenifican escenas de sufrimiento con fines propagandísticos», ha sido «un tema recurrente en las campañas de desinformación contra Gaza», y que «a medida que el asesinato de miles de niños y bebés palestinos por parte de Israel se hizo más difícil de ocultar, los relatos y medios de comunicación israelíes de alto perfil afirmaron que los palestinos estaban inventando cifras de víctimas y escenificando el asesinato de bebés». Según el sociólogo israelí Ron Dudai, la actitud predominante en la sociedad israelí con respecto a la hambruna en la Franja de Gaza y otras atrocidades es: «todo es falso y se lo merecen».

Inversión moral Las variaciones de este argumento incluyen afirmar que los palestinos son terroristas o equivalentes a los nazis y argumentar que las Fuerzas de Defensa de Israel son «el ejército más moral del mundo». Otro argumento hace referencia a la supuesta singularidad del Holocausto como piedra angular del estudio del genocidio. Dado que algunos ciudadanos israelíes descienden de sobrevivientes del Holocausto, según este argumento, es imposible que Israel sea culpable de genocidio.

Acusaciones de antisemitismo

Una estrategia negacionista recurrente es enmarcar las críticas a las acciones del Estado israelí como antisemitas, en lo que a veces se describe como la «utilización del antisemitismo como arma». Si bien históricamente el antisemitismo se refería al prejuicio o la discriminación contra los judíos, el concepto se ha ampliado para abarcar las críticas a Israel y al sionismo. Según los académicos Putra, Shadiqi y Figueiredo, esta expansión permite a los funcionarios y simpatizantes israelíes «controlar la interpretación de a quién se etiqueta como antisemita». La afirmación de que el antisemitismo motiva las acusaciones de genocidio se complica aún más por el hecho de que varias organizaciones judías, académicos, activistas e incluso sobrevivientes del Holocausto han descrito la conducta israelí como genocida. Como ejemplo, politólogos críticos con las acciones de Israel como Norman Finkelstein y Noam Chomsky han sido descritos como «judíos antisemitas o que se odian a sí mismos».

Martin Shaw escribe que los partidarios de Israel utilizaron la ideología del antisemitismo institucionalizada en Estados Unidos, Alemania y otros países occidentales para bloquear el reconocimiento del genocidio.

Según McDoom, las acusaciones de antisemitismo son lógicamente erróneas porque «no es el pueblo judío el que está acusado; es sólo el Estado de Israel». El académico Fassin afirma que «la confusión entre la crítica a las políticas israelíes y el antisemitismo... permite desacreditar cualquier oposición a la represión actual en Gaza». McDoom sostiene que las acusaciones de antisemitismo «instrumentalizan una forma grave de odio», debilitando su significado e impidiendo los esfuerzos para combatir el antisemitismo genuino.

Análisis Una parte fundamental de los esfuerzos de negación de Israel consiste en suprimir las noticias sobre sus acciones, por ejemplo, negando el acceso a periodistas extranjeros y asesinando a periodistas palestinos y a quienes destruyen infraestructuras de información. Al mismo tiempo, Israel emite declaraciones falsas sobre sucesos como la masacre de paramédicos en Rafah.