El antisemitismo en Rusia, entendido como la represión ejercida por los distintos regímenes rusos contra la población judía, constituye un fenómeno histórico de larga duración, caracterizado por políticas de discriminación, violencia institucional y marginación cultural. Desde la Rusia Imperial hasta el período soviético, los judíos de Lituania, Bielorrusia y Polonia fueron objeto de medidas restrictivas que afectaron su libertad religiosa, sus derechos civiles y su seguridad personal. A lo largo de los siglos, esta represión adoptó diversas formas, desde pogromos y confinamientos territoriales hasta campañas ideológicas y persecuciones políticas, reflejando una continuidad en la hostilidad estatal hacia esta comunidad.

Antecedentes

Durante las particiones de Polonia en el siglo XVIII, que incluyeron la anexión de territorios por parte del Imperio ruso, la política imperial hacia los judíos —en su mayoría polacos— se endureció significativamente. En 1791, la zarina Catalina la Grande estableció la Zona de Asentamiento, una región delimitada donde los judíos podían residir legalmente; fuera de ella, su presencia estaba prohibida salvo contadas excepciones. A lo largo del , se implementaron restricciones que limitaban el acceso de los judíos a propiedades rurales, a la educación formal, y a cargos públicos, además de imponer obstáculos para el ejercicio de diversas profesiones.

Al inicio del reinado del zar Alejandro I, nieto de Catalina, se promovieron ciertos proyectos destinados a mejorar las condiciones de vida de los judíos, incluyendo el acceso a la educación. Sin embargo, estas iniciativas fueron recibidas con recelo por las comunidades judías, ya que eran percibidas como intentos encubiertos de conversión al cristianismo ortodoxo.Fue durante su reinado que ocurrió el primer pogromo de odesa, que es el primer pogromo en el imperio ruso

https://www.morasha.com.br/es/comunidades-de-la-di%C3%A1spora/La-Rusia-zarista-y-los-jud%C3%ADos.html El zar Nicolás I, sucesor de Alejandro I, inició un reinado marcado por políticas autoritarias y represivas hacia las minorías del Imperio, especialmente los judíos. En septiembre de 1827, aprobó los decretos cantonales, que establecían la conscripción obligatoria de niños judíos entre los 12 y 18 años en escuelas militares. Separados de sus familias, estos menores eran sometidos a condiciones extremadamente duras, con presiones constantes para convertirse al cristianismo ortodoxo, prohibición de prácticas religiosas judías y restricciones lingüísticas. Las propias comunidades judías debían cumplir con cuotas de reclutamiento, lo que agravó el impacto social de esta política.

Durante el reinado de Alejandro II, la política imperial hacia los judíos experimentó una moderada liberalización en comparación con la de sus predecesores, aunque las restricciones legales y sociales continuaron afectando a la mayoría de la población judía. En el contexto de sus reformas generales —como la abolición de la servidumbre en 1861—, el zar permitió que ciertos grupos judíos, como comerciantes de primera categoría, graduados universitarios, artesanos calificados y ex soldados, pudieran residir fuera de la Zona de Asentamiento, región establecida en 1791 donde los judíos estaban legalmente confinados.

Asimismo, se concedió acceso limitado a la educación superior, con la implementación de cuotas que restringían el número de estudiantes judíos en universidades y escuelas secundarias. Estas medidas beneficiaron a una élite judía ilustrada, pero no representaron una igualdad plena en el sistema educativo ni en la vida pública.En 1856, abolió el sistema de cantonistas, que había obligado a niños judíos a ingresar en escuelas militares desde temprana edad con fines de asimilación religiosa. No obstante, el servicio militar obligatorio para adultos judíos se mantuvo, aunque en condiciones más equitativas que bajo el reinado de Nicolás I.

A pesar de estas reformas parciales, el antisemitismo institucional persistió en la administración imperial y en la sociedad rusa. Las restricciones económicas, territoriales y profesionales continuaron limitando las oportunidades de la mayoría de los judíos, y las políticas de integración promovidas por el régimen estaban orientadas a la asimilación cultural y religiosa, más que al reconocimiento de la diversidad. En conjunto, su reinado representó una etapa de apertura relativa para ciertos sectores de la población judía, sin que ello implicara una transformación profunda del estatus legal o social de la comunidad en el Imperio.

Pogromos en Odesa: los orígenes del antisemitismo violento en el Imperio ruso https://kehilalinks.jewishgen.org/odessa/lif_violence.asp La ciudad de Odesa, ubicada en la costa del mar Negro, fue durante el un importante centro comercial y cultural del Imperio ruso. Su población multiétnica incluía comunidades griegas, judías, rusas, ucranianas y otras, lo que la convirtió en un espacio de convivencia pero también de tensiones sociales. En este contexto, Odesa fue escenario de algunos de los primeros pogromos registrados en el Imperio ruso, marcando el inicio de una larga historia de violencia antisemita en la región.

En medio de una creciente rivalidad entre la comunidad griega y la judía, y en el contexto del estallido de la Guerra de Independencia Griega en 1821, los judíos fueron acusados de simpatizar con las autoridades otomanas y de haber colaborado en el asesinato del patriarca griego Gregorio V. Estas acusaciones, aunque infundadas, desataron el primer pogromo de Odesa, protagonizado por miembros de la comunidad griega. Si bien no fue instigado por el Estado ruso, este episodio sentó un precedente importante como el primer pogromo registrado en el Imperio ruso, anticipando la violencia antisemita que sería promovida o tolerada por el régimen zarista en las décadas siguientes.

El segundo pogromo de Odesa tuvo lugar en 1859, en un contexto de creciente nacionalismo ruso y tensiones sociales. Aunque menos documentado que el de 1821, este nuevo brote de violencia volvió a tener como blanco a la comunidad judía, que seguía creciendo en número e influencia económica. Las autoridades locales no intervinieron de manera efectiva para detener los disturbios, lo que reflejaba una creciente tolerancia —o incluso complicidad— por parte del Estado frente a la violencia antisemita.

El pogromo de Odesa de 1871 fue el primero en atraer la atención nacional dentro del Imperio ruso y marcó un cambio significativo en la forma en que se ejercía la violencia antisemita. Este hecho no solo intensificó el miedo entre los judíos de Odesa, sino que también reveló el creciente antisemitismo institucional y la disposición del régimen a utilizar sus fuerzas armadas para llevar a cabo actos de violencia étnica.

Asesinato del Zar Alejandro II

El zar Alejandro II fue asesinado el 13 de marzo de 1881 por miembros del grupo revolucionario Naródnaya Volia. El atentado comenzó cuando el revolucionario Nikolái Rysakov lanzó una bomba a su carruaje, seguida por una segunda explosión que causó su muerte. Aunque los autores no eran judíos, se difundieron rumores que culpaban falsamente a conspiradores judíos, lo que alimentó el antisemitismo popular. Tras el magnicidio, su hijo Alejandro III ascendió al trono y respondió con una política de represión autoritaria, que incluyó persecuciones contra opositores y una ola de pogromos contra comunidades judías. centro|thumb|Alejandro II en su lecho de muerte|220px

Pogromo de Varsovia

El pogromo de Varsovia tuvo lugar entre el 25 y el 27 de diciembre de 1881, en la ciudad de Varsovia, entonces bajo dominio del Imperio ruso. Fue uno de los primeros brotes de violencia antisemita registrados en territorio polaco durante el , en un contexto de creciente tensión social y política tras el asesinato del zar Alejandro II.

El incidente se originó el 25 de diciembre, durante una misa celebrada en la Iglesia de la Santa Cruz, cuando una falsa alarma de incendio provocó una estampida entre los asistentes. Como resultado, 29 personas murieron aplastadas o heridas por la multitud. Posteriormente, se difundió el rumor infundado de que la alarma había sido provocada por carteristas judíos con el objetivo de generar caos y facilitar robos. Esta acusación, carente de fundamento, desencadenó una serie de ataques contra la comunidad judía local.

Durante los tres días siguientes, se produjeron agresiones físicas, saqueos de negocios y viviendas judías, así como disturbios en diversas zonas de la ciudad. El saldo oficial fue de dos muertos y 24 heridos, aunque el impacto psicológico y social fue considerable. Las autoridades imperiales intervinieron para restablecer el orden, pero la violencia reflejó el arraigado antisemitismo en la región y la vulnerabilidad de las comunidades judías frente a la hostilidad popular.

El pogromo de Varsovia se inscribe en una serie de episodios similares ocurridos en el Imperio ruso entre 1881 y 1884, conocidos como la primera ola de pogromos modernos, que afectaron principalmente a Ucrania, Bielorrusia y el sur de Rusia. Estos eventos marcaron un punto de inflexión en la historia del antisemitismo en Europa oriental y contribuyeron al inicio de la emigración masiva de judíos hacia Europa occidental y América. centro|thumb|220px|Estampida a la salida de la iglesia de Santa Cruz en Varsovia el 25 de diciembre de 1881, origen del pogromo. Reacción judía Durante los siglos y principios del , la población judía del Imperio ruso enfrentó una intensa discriminación institucional, restricciones legales, violencia antisemita y exclusión social. En respuesta a estas condiciones, surgieron diversos movimientos políticos, sociales y culturales impulsados por judíos, con el objetivo de reivindicar sus derechos, preservar su identidad y resistir la opresión. Movilización política y social

La reacción judía se manifestó en múltiples formas de organización: El Bund (1897): La Unión General de los Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia fue fundada como un movimiento socialista que defendía los derechos laborales y culturales de los judíos. Promovía el uso del ídish como lengua nacional y se oponía al sionismo, abogando por la lucha por la igualdad dentro de los países donde residían los judíos. thumb|Logo del Bund|centro|150px

Sionismo: En paralelo, el movimiento sionista ganó fuerza entre sectores judíos que consideraban que la única solución viable era la creación de un Estado judío en Palestina. El sionismo atrajo a intelectuales, jóvenes y activistas que buscaban escapar de la persecución y construir una sociedad libre.

120px|centro|thumb|Theodor Herzl, padre del sionismo político.

Participación en movimientos revolucionarios: Numerosos judíos se integraron en partidos socialistas, comunistas y anarquistas, contribuyendo activamente a la lucha contra el régimen zarista. Figuras como León Trotsky y Rosa Luxemburgo son ejemplos de esta implicación.

Organizaciones de autodefensa: Frente a los pogromos y la violencia antisemita, se formaron grupos de autodefensa judíos que protegían a sus comunidades, muchas veces vinculados al Bund o a movimientos revolucionarios.

Organizaciones antisemitas en la Rusia zarista

Las Centurias Negras fueron un conjunto de organizaciones ultranacionalistas rusas activas a comienzos del , especialmente entre 1905 y 1917. Defendían la autocracia zarista, la ortodoxia religiosa y la idea de una Rusia étnicamente homogénea. Su ideología se caracterizaba por un profundo antisemitismo, hostilidad hacia las minorías étnicas y oposición a cualquier forma de liberalismo o socialismo. Estas agrupaciones participaron activamente en pogromos —ataques violentos contra comunidades judías— y en campañas de propaganda que culpaban a los judíos de los males sociales y políticos del Imperio.