thumb|325px|Autocine con pantalla inflable "AIRSCREEN". Un autocine (también denominado autocinemaLa Tercera, Festival Sanfic rescata la tradición de ver cine en el auto , 21-8-2010.) es una forma de cine que consta de una gran pantalla al aire libre, un proyector, un puesto de venta y una amplia zona de aparcamiento para coches. La pantalla puede ser tan simple como una pared pintada de blanca o mas compleja, como una estructura de acero.
En esta zona, los clientes pueden ver las películas desde la intimidad y la comodidad de sus coches. Algunos autocines tienen pequeñas zonas de juego para los niños y algunas mesas o bancos de picnic. Otros incluso fueron más lejos añadiendo carreteras en miniatura y carruseles, y campos de minigolf. También dispone de hamacas y asientos en el interior en el área del bar. Debido al carácter al aire libre del visionado de películas en el autocine, suelen ser proyectadas durante las tardes o las noches cuando está suficientemente oscuro para ver la pantalla adecuadamente.
Originalmente, el sonido de la película se proporcionaba mediante altavoces en la pantalla y, más tarde, mediante altavoces individuales colgados de la ventanilla de cada coche, que se sujetaban con un cable. Estos sistemas fueron sustituidos por el método más práctico de microdifusión de la banda sonora a las radios de los coches. Esto también permite que la banda sonora sea captada en estéreo por el público en los sistemas estéreo de los coches, que suelen ser de mayor calidad y fidelidad que los simples altavoces utilizados en los antiguos sistemas.
Historia
Orígenes (antes de 1945) En 1915, una época en que los automóviles aún eran una lujosa novedad, se inaugura en Nuevo México el "Theatre de Guadeloupe", un cine al aire libre que también tenía disponibilidad para 40 vehículos y operó por un año. En 1921, Claude V. Caver obtuvo un permiso para proyectar películas en el centro de la ciudad de Comanche, Texas."Claude Caver Dies at Home." Dallas Morning News, 20 February 1959., p. 5. Los espectadores estacionaban de manera muy pegada para presenciar la proyección de películas mudas desde sus vehículos. Pese a la popularidad del cine al aire libre durante al década del 20, se realizaron pocos intentos de experimentar con drive-ins debido a cuestiones de logística.
En 1932 el magnate Richard M. Hollingshead, Jr, cuya familia poseía la R.M. Hollingshead Corporation (fabricante de artículos automotrices) en Camden, Nueva Jersey, Estados Unidos, llevó a cabo pruebas de cine al aire libre. Después de clavar una pantalla en unos árboles en su patio trasero, colocó un proyector Kodak de 1928 en el capó de su coche y puso una radio detrás de la pantalla, probando diferentes niveles de sonido con sus ventanas de coche hacia abajo y hacia arriba. Bloques debajo de los vehículos le permitieron determinar el tamaño y el espaciamiento de rampas para que desde todos los automóviles se pueda tener una visión clara de la pantalla. Hollingshead postuló por una patente el 6 de agosto de 1932, obteniendo la patente 1909537 el 16 de mayo de 1933. alt=|miniaturadeimagen|496x496px|El autocine de Hollingshead en 1933.
El 6 de junio de ese año se inauguraba en Camdem el primer autocine de la historia, con un cartel que en letras gigantes, que indicaba: “Toda la familia es bienvenida, sin importar lo ruidosos que sean sus niños”.
Existen dos versiones sobre la idea de Hollingshead: En una, éste buscaba que su madre, de elevado peso, pudiera ver una película en total comodidad, mientras que otra versión apunta a que Hollingshead buscaba únicamente impulsar el uso del automóvil y de los productos Whiz, bajo el eslogan publicitario “cada quien en su propio palco”, sin darse cuenta de que terminaría creando un nuevo negocio.
Al estreno acudieron alrededor de 600 espectadores a los que se le cobraba 25 centavos por persona y 25 centavos por vehículo. Si querías ver la película sin llevar coche, debías pagar 1 dólar. Fue una solución para muchas familias numerosas que no podían comprar las entradas para el cine, convirtiéndose además en un punto de atracción para las jóvenes parejas. En la 'Lover's Lane', la última fila, los enamorados se sumergían en sus pasiones, con la pantalla al fondo. Tenía una capacidad para 400 vehículos y una pantalla de 120 metros cuadrados. La primera película que se proyectó fue “Wives Beware” una comedia protagonizada por Adolphe Menjou y dirigida por Fred Niblo.
También se dice que el autocine fue una solución para muchas familias que veían una oportunidad de ocio asequible a sus bolsillos, siendo también un lugar donde las parejas encontraban intimidad. Es por ello que no se puede hablar del autocine sin apoyarlo en el desarrollo de dos culturas como son la del cine y la del automóvil. Antes de la Segunda Guerra Mundial ya había más de 100 repartidos por todo el país, pero su época de mayor auge fue durante la década de los 50 y principios de los 60 cuando llegó a haber abiertos 4000 autocines.
Auge (fines de los años 40-años 1960) Tras la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento de la población suburbana y rural así como del parque automotriz en los Estados Unidos generaron un ambiente propicio para una explosión de la popularidad de los autocinemas, con cientos de ellos siendo construidos cada año, cada inauguración siendo un evento social importante. También empezarían a expandirse a otros países: En 1946 se inauguraría el primer autocine en Canadá, mientras que en 1948 abriría el primer drive-in en Cuba y Latinoamérica. En 1949 se inaugura el primer autocine en Venezuela, específicamente el Autocine Los Chaguaramos en el sector homónimo de la ciudad de Caracas.
La máxima popularidad del autocine en los Estados Unidos llegó a finales de 1950 y comienzos de 1960, en particular en las zonas rurales, con unos 4.000 autocines en todo el país, pasando a ser un símbolo del 'American Way of Life'. En el caso de familias con bebés o niños pequeños, el autocine les permitía cuidarlos mientras veían la película, mientras que los adolescentes con automóvil los consideraban ideales para sus citas. Con todo, los ingresos eran inferiores en comparación con los cines regulares, debido a que solamente podían proyectar películas por la noche. Hubo intentos fallidos de acondicionar espacios para proyectar en horario diurno, como enormes estructuras de forma de tiendas de campaña, pero al final nada fue posible.
En la década de 1950, la mayor privacidad que el autocine ofrecía a los clientes les dieron la reputación de ser inmorales, y fueron etiquetados como "pozos de pasión" en los medios de comunicación (a modo de chiste, se decía que 1 de cada 4 estadounidenses de la generación "baby boomer" --nacidos entre fines de la década del 40 e inicios de los 60-- fue concebido en un autocine). Durante la década de 1970, algunos de los autocines cambiaron de oferta de películas dedicadas a la familia por películas más fuertes, como una forma de compensar la disminución de clientes e ingresos. Además, durante esta década, algunos autocines comenzaron a mostrar películas pornográficas en horario no familiar con el fin de mejorar los ingresos. Esto hizo que estuviera disponible material censurado al público, incluyendo aquellos con edad no permitida para verlo. De paso, para evitar pagar su entrada individual, algunos espectadores entraban al cine escondidos en los maleteros de los vehículos.
Algunos autocines eran muy elaborados y hasta exagerados en el confort que ofrecían. Algunos proporcionan pequeños calentadores de propano, para atraer a los clientes en los meses más fríos. Otros ofrecían un sistema de calefacción o de aire acondicionado a través de conductos subterráneos, para calentar o refrescar a los clientes. Lamentablemente, con el tiempo estos ductos se convirtieron en hogar de roedores, por lo que muchas personas terminaron con el coche lleno de ratones.
Al principio se utilizaban altavoces móviles que se ubicaban en la parte delantera del autocine. Pero resultaron ineficaces porque el sonido en la parte delantera era demasiado fuerte para los espectadores, mientras que era casi imperceptible para la gente de la parte trasera. Posteriormente, se colocaron pequeños altavoces que podían ser enganchados en la parte lateral de los vehículos. Estos también tuvieron problemas con la calidad y no proporcionaban un sonido estéreo. Más tarde aún, gracias a la estandarización de los equipos estéreos en los vehículos, se comenzó a transmitir la pista de audio en frecuencia modulada, lo que mejoró notablemente el disfrute del sonido de la película.
Durante su apogeo, algunos autocines utilizaban diferentes recursos para llamar la atención y mejorar la asistencia. Estos iban desde pequeñas pistas de aterrizaje de aviones, atracciones inusuales, como un pequeño zoológico de contacto o una jaula de monos, presentaciones de actores para los estrenos de sus películas, o grupos musicales para interpretar antes del espectáculo. Algunos autocines ofrecían servicio religioso los domingos, o pagar un precio fijo por coche en las noches de poca audiencia como los miércoles. En las noches del "Buck" durante los años 1950 y 1960, el precio de la entrada era de un dólar por coche.
Decadencia (décadas del 70 al 90)
Aunque los empresarios intentaron seguir atrayendo clientes con innovaciones como la transmisión del sonido en estéreo vía radio (hasta entonces el sonido se transmitía mediante unos altavoces que se introducían en el vehículo), los autocines iniciaron un lento declive que dura hasta hoy. En la actualidad menos de 500 operan en los Estados Unidos.
Con el tiempo, la economía de bienes raíces hizo que las áreas de grandes propiedades fueran cada vez más costosas para los autocines. La tierra se hizo demasiado valiosa para las empresas de autocines, que en la mayoría de los casos fueron de verano solamente. La adopción generalizada del horario de verano restaba una hora de tiempo al aire libre para el visionado nocturno. Entre estos cambios y la aparición de televisores en color, reproductores de video y alquiler de películas de video condujo a una fuerte disminución en la popularidad de los autocines. El negocio en sí mismo con un autocine estaba sujeto a los caprichos de la naturaleza como las inclemencias del tiempo, lo que daba lugar a menudo a cancelaciones.
Finalmente cayó en una situación casi de novedad con el puñado restante que acudían al cine con respecto al público general, nostálgicos, a pesar del éxito de los autocines en algunas áreas, como los de Lexington, Virginia; Eden, Carolina del Norte; Eau Claire, Wisconsin; Lamesa, Texas, Wichita, Kansas; Lake Elmo, Minnesota; Luverne, Minnesota, Oak Harbor, en Whidbey Island, Washington y Ohio. Muchos autocines siguen siendo reutilizados como lugares de almacenamiento, o reutilizados como espacio para mercadillos. De hecho, el autocine más grande del mundo, el Fuerte Lauderdale Swap Shop, es a la vez el mercado persa más grande del mundo.
Otro ejemplo de autocine convertido en mercadillo es Spotlight 88 en el norte de Sewickley Township, condado de Beaver, Pennsylvania, que terminó el negocio como autocine, después de que un tornado F3 destruyera gran parte de la propiedad el 31 de mayo de 1985. Como una broma tras el golpe de tornado, los propietarios pusieron en el cartel de programación Lo que el viento se llevó. Spotlight 88 sigue abierto a pesar de la competencia de los mercadillos en el área, sobre todo Rogers Comunidad Subasta y Mercadillo en Rogers, Ohio, así como la reciente apertura de Big Beaver Marketplace en las inmediaciones Big Beaver, Pennsylvania.
Sin embargo, muchos de estos sitios se están convirtiendo a los usos comerciales de mayor intensidad, como el Midway Drive-In, cerca de Federal Way, Washington. El período más difícil fue la década que va desde 1978 a 1988 donde se apagaron cerca de 1000 pantallas, dado el crecimiento del cine por televisión.