Las Actas de los mártires o Acta martyrum son los documentos literarios del proceso y muerte de los mártires. Las mejores ediciones son las realizadas por los bolandistas en sus obras Acta Sanctorum, Bibliotheca hagiographica latina, Bibliotheca hagiographica graeca y Bibliotheca hagiographica orientalis. El apelativo mártir (del griego martyr, testigo) se atribuyó en un principio a los Apóstoles, que fueron testigos de la vida y resurrección de Cristo (cf. Hch 1, 8) y a los primeros apóstoles, que por mantener ese testimonio afrontaron la muerte;Por ejemplo, Esteban (Hch 7, 54) o Antipas (Ap 2, 13). con el tiempo la palabra mártir pasó a significar al cristiano que da con su sangre y su vida, un testimonio firme de su fe, para designar posteriormente a las personas, muertas por los ideales de su fe.Real Academia Española. Diccionario Usual, voz "mártir".

Origen

thumb|San Policarpo mártir, obispo de Esmirna. Grabado de Michael Burghers (c. 1685). La expresión Acta martyrum en sentido genérico, se aplica a todos los textos narrativos de la muerte de los mártires; pero posee un significado más restringido y preciso, cuando se refiere, en lenguaje técnico, a las actas oficiales del proceso y condena. Tales actas eran estenografiadas y transcritas por los oficiales de cancillería del tribunal (notarius exceptor) para ser conservadas en sus archivos; por esta relación con el tribunal del procónsul, se denominaron también «proconsulares» (Acta proconsularia). Una vez introducida esta distinción, la denominación de acta queda reservada para los procesos verbales (por ejemplo, Acta martyrum Scyllitanorum) mientras que a los restantes relatos referentes a los mártires, se aplica el nombre de passio, en todas sus diversas formas (gesta, martyrium, legenda). Semejante distinción queda igualmente justificada por la diversa finalidad y carácter de ambas clases de documentos; las acta están desprovistas de todo carácter hagiográfico, mientras que las pasiones se caracterizan por su finalidad y sentido religioso e incluso edificante. Es necesario añadir, sin embargo, que en el grupo de las acta van incluidos algunos textos, que contienen partes narrativas ajenas al proceso verbal, pero de un valor documental e histórico equivalente (Acta-Passio SS. Perpetuae et Felicitatis, por ejemplo). De todos modos el grupo de acta conservado es muy reducido, apenas una docena de fragmentos, de manera que la mayoría de los textos narrativos acerca de los mártires lo constituyen las pasiones. La escasez de actas oficiales y documentación directa ha sido objeto de polémica.

Las antiguas comunidades cristianas tuvieron un gran interés en conservar el recuerdo de sus mártires, como prueban las noticias referidas en el relato del martirio de San Policarpo (m. 156),«...probablemente el 22 de 156..». (Quasten 2004:86). cuyo recuerdo se veneraba anualmente en Esmirna. Cf. Martyrium Polycarpi 18. San Cipriano solía recomendar a sus clérigos que tomaran nota detallada de la muerte de los mártires;Cf. Epístola 12, 2: «dies quibus excedunt adnotate»; véase también Epístola 39, 2. estos valiosos testimonios son también las noticias más antiguas sobre el culto a los mártires. De acuerdo con lo que se conoce hasta hoy, no hay una idea precisa acerca del grado en que los cristianos acostumbraban a transcribir las actas del proceso; es, sin duda, muy probable que algunos de los que presenciaran el desarrollo estenografiasen su texto, del mismo modo que el notarius del tribunal, y lo entregaran a la comunidad para que se conservara en los archivos de la Iglesia. Esta hipótesis parece ser confirmada por los detalles y anotaciones que se leen en algunas acta referentes a la actitud y reacciones del juez o del mártir y que parecen interrumpir el rígido formulario del protocolo. Por otra parte no resultaba fácil para los cristianos obtener una copia de los procesos verbales que se guardaban en el archivo proconsular, por los que en ocasiones había que pagar fuertes sumas.Cf. Passio Probi, Tarachi et Andronici, BHG 1574. No se han conservado antecedentes que permitan saber si la Iglesia de Roma, que tenía organizada una sección de notarios, asumió la iniciativa de recoger las acta de sus mártires, ni tampoco es segura la noticia de que Julio Africano realizase una tarea semejante por lo que a Roma se refiere.Cf. Passio S. Symphorosae, BHL 7971; Acta Sanctorum jul. IV, 355. La información acerca de otras comunidades es todavía más incierta.

De todos modos, la escasez de este tipo de documentos puede explicarse en parte por la destrucción ordenada por Diocleciano en el año 303 de los libros sagrados existentes en las iglesias y que habría afectado igualmente a las acta. No existen vestigios de que las iglesias se ocupasen después de restaurar el patrimonio de los textos hagiográficos destruidos. Los acontecimientos de los siglos posteriores, como las invasiones germánicas de Occidente durante los siglos y , es posible que hayan consumado la pérdida irreparable de los escritos aún conservados.

División y clasificación Dada la enorme cantidad de textos hagiográficos y lo heterogéneo de su origen, autoridad y valor, los críticos han propuesto una clasificación para orientar su estudio. Se ha observado en primer lugar que una clasificación de los textos basada en el criterio de la autenticidad del mártir o la legitimidad de su culto no resulta válida ni útil. Carece de valor igualmente una clasificación basada en características extrínsecas, como la que divide los documentos hagiográficos en Acta, Passiones, Vitae, Miracula, Translationes, etc., de acuerdo con el objeto del relato. Tampoco responde a las exigencias de la crítica la clasificaciónCf. (Grossi-Gondi 1919:1). en dos grandes grupos, documentos contemporáneos y documentos posteriores, puesto que nada expresan acerca del valor del documento. El criterio más seguro es el indicado por Hippolyte DelehayeCf. Les légendes hagiographiques, 3 ed., 106 ss. que se basa en el grado de sinceridad e historicidad que ofrece el género literario del documento.

Según este criterio se establecen seis grupos de textos: Comprenden los procesos verbales contenidos en las relaciones oficiales procedentes de los archivos proconsulares o de transcripciones directas, como las Acta S. Cypriani, por ejemplo. Agrupan relatos de testigos presenciales o de contemporáneos dignos de confianza, bien sean testimonios directos, de otras personas o de tipo mixto, como el De martyribus Palaestinae de Eusebio de Cesarea. Contienen narraciones de las que se puede extraer una información o documento de uno de los dos grupos precedentes como el Menologion de Simón Metafraste. Abarcan todos aquellos relatos que carecen de una base histórica, a excepción del nombre del sepulcro, y del culto del mártir como la Passio S. Felicitatis. Los componen las historias puramente fantásticas, auténticos productos de la imaginación, como por ejemplo la Passio S. Nicephori.Cf. BHG 1331-1334. Agrupan narraciones de carácter legendario que falsifican la verdad histórica y pueden definirse como falsas.

Si se consideran los elementos que distinguen los seis grupos, es posible constatar que el primero y el segundo se refieren a un tipo uniforme de textos por el carácter coetáneo y directo de la información; los dos siguientes contienen relatos, fundados en diversa medida, en datos al menos parcialmente seguros; los dos últimos, en cambio, son verdaderas fantasías sin base histórica.

Manteniendo el mismo criterio de Delehaye, los textos pueden clasificarse en tres grupos más simples: Las actas oficiales y los relatos de testimonios directos. Las narraciones basadas en documentos pertenecientes al primer grupo o, al menos, en un cierto número de elementos históricos seguros. Las novelas o fantasías hagiográficas.

Esquema literario

thumb|Trajano Decio, emperador que organizó la mayor de las persecuciones contra cristianos en 249 Excepto las acta, todos los documentos de tipo narrativo anteriormente citados ofrecen desde el punto de vista literario, caracteres comunes, por ser todos fruto de una elaboración y proceso compositivos propios de la literatura hagiográfica; la tendencia a la forma esquemática tiene un origen remoto, cuyo rastro se manifiesta ya en antiquísimos textos, próximos por el tipo y sinceridad narrativa, a las mismas acta. Así ha sucedido por ejemplo, en el Martyrium Polycarpi, en el que es posible reconocer el intento del hagiógrafo de asimilar la muerte del mártir a la de Cristo.Cf. Hans von Campenhausen, «Bearbeitungen und Interpolationen des Polycarpmartyriums», en Aus der Frühzeit des Christentums, J.C.B. Mohr, Tubinga 1963, p. 253-330. Este tema, del mártir que imita a Cristo, aparece ya en los primeros escritores cristianos.Cf. Victricius, De laude Sanctorum, 56. Cuando posteriormente, a partir del se llegan a fijar determinados esquemas o criterios esenciales, los hagiógrafos adoptan algunas características narrativas que llegan a hacerse propias del género literario de las pasiones.

En primer lugar se ha conservado el tono jurídico del proceso criminal romano de las primeras acta; a veces incluso algunas de las pasiones hacen referencia a éste, mostrando así cómo, en más de una ocasión, las acta perdidas realizaron la función de fuentes. La fórmula introductoria de la fecha consular de las acta conserva la indicación del emperador, gobernador o procónsul, aun en los casos históricamente erróneos. Las fases del procedimiento, arresto, comparición, interrogatorio, tortura, sentencia y suplicio se conservan y constituyen la estructura de la narración; igualmente se conservan los protagonistas, generalmente poco numerosos, de las antiguas acta: el mártir, el juez o magistrado y el verdugo; en segundo término, los espectadores cristianos que animan a su compañero y, finalmente, la masa hostil de los paganos. Sobre un esquema semejante se desarrolla el proceso evolutivo de las pasiones (a lo largo de los siglos IV al XX), con sucesivos enriquecimientos y perfeccionamientos formales, incorporando inclusive fantasías, lugares comunes y errores, debidos tanto a la ignorancia como a la ciega piedad de los hagiógrafos. Estas relaciones poco fundamentadas, pueden descomponerse así:

El apóstol e incluso el reducido grupo inicial de los mártires llegaron a unirse con grupos topográfica o litúrgicamente próximos; La figura del perseguidor quedó tipificada en los más crueles de los conocidos y considerados tradicionalmente como tales: Decio, Valeriano y Diocleciano; y otro tanto sucedió con la figura del gobernador (praeses, proconsularis), a quien se denominó frecuentemente Anulinus, personaje histórico del . El interrogatorio se prolongó de una manera desmesurada, poniendo a menudo en boca del mártir profesiones de fe imitando la teología de la época y los escritos neotestamentarios; Se hacía pronunciar al mártir discursos polémicos, plagiando el contenido de otras obras, generalmente de los escritos apologéticos, dirigidos a los paganos o contra las herejías.

Otro tanto sucedió con las narraciones de las penas y torturas, prolongadas y multiplicadas sin ahorrar prodigios realizados por el mártir, adornados del elemento espectacular proporcionado por la fantasía y la leyenda. En esta transformación y desarrollo, negativo desde el punto de vista crítico, influyeron en grado considerable varios factores: la difusión del culto a las reliquias, con los inevitables abusos fácilmente imaginables; veneración al santo mártir, patrono de la ciudad, monasterio o iglesia, que obligaba a encontrarle o inventarle una vida; el ambiente particularmente religioso y devoto de la Edad Media, favorecido por los monjes que se contaban entre los más activos escritores de los textos hagiográficos.

Recopilaciones

thumb|Papa Gregorio I Magno