miniaturadeimagen|390x390px|Portada del diario conservador uruguayo La Tribuna Popular, el 19 de noviembre de 1936, cuya editorial afirma que en Uruguay, "el judío aniquila la Industria, al Comercio y al proletariado" El antisemitismo en Uruguay ha sucedido desde la llegada de los primeros judíos a la Banda Oriental y durante toda la historia de los judíos en el país, pero principalmente se registraron más casos de antisemitismo en los períodos que van de los años 1910 a los años 1930 y de los años 1960 a los años 1970. Los casos más graves han sido asesinatos, deportaciones y torturas, pero también ha habido atentados con bomba contra sinagogas y vandalización de cementerios judíos, así como expresiones de odio.
De acuerdo a la organización Observatorio Web, una iniciativa del Congreso Judío Latinoamericano, en 2024 Uruguay registró el mayor número de comentarios y posteos antisemitas en redes sociales de la región. Sin embargo, la precisión de estas cifras ha sido cuestionada: más del 80% de los comentarios y posteos relevados por Observatorio Web como «antisemitas» son de carácter «antisionista» y no se refieren a los judíos ni al judaísmo como tales.
La mayoría de los casos de antisemitismo registrados en Uruguay durante el y comienzos del se ajustan a las definiciones clásicas de antisemitismo en tanto «discriminación, prejuicios, hostilidad o violencia contra los judíos por el hecho de ser judíos (o contra las instituciones judías por el hecho de ser judías)». Según las organizaciones judías uruguayas vinculadas a Israel, una nueva ola de antisemitismo se registraría desde el 7 de octubre de 2023. La mayoría de los episodios que formarían parte de ese fenómeno a partir de entonces se caracterizan por ser manifestaciones críticas hacia Israel y la ideología política del sionismo, a quienes se acusa de cometer un genocidio. La calificación de estos episodios o bien como «antisemitas» o bien como manifestaciones legítimas de repudio hacia el Estado de Israel es parte del debate actual sobre la idea de «nuevo antisemitismo», defendida por autores y organizaciones sionistas, y repudiada por autores y colectivos no sionistas o críticos con Israel. Las acciones de Israel en Gaza han sido calificadas como genocidio por la casi totalidad de las organizaciones de derechos humanos internacionales e israelíes, así como por centenares de juristas y académicos expertos en el estudio de este crimen. Así mismo, la Corte Internacional de Justicia dictaminó de manera provisional en mayo de 2024 que había indicios de que Israel estuviese cometiendo un genocidio y ordenó una serie de medidas cautelares mientras se desarrollase la investigación oficial, que fueron violadas por Israel.
Años 1910 El pogromo antisemita de la Semana Trágica de Buenos Aires tuvo repercusiones en Uruguay. El profesor de historia de la Universidad Católica del Uruguay Gabriel Hojman lo repasa en un artículo de 2019: La antropóloga Teresa Porzacanski recogió testimonios de arrestos a miembros de la colectividad judía en Montevideo: "allá por el año 20, se buscaba a los comunistas, y como nosotros éramos rusos, pensaban que éramos comunistas. Y una vez, vinieron a buscar a mi hermano (…) Había ido nada más a una conferencia (…) Y por eso (…) lo llevaron preso hasta que Frugoni (…) lo sacó en libertad”. La historiadora uruguaya-israelí Rosa Perla Raicher contextualizó estos hechos en el ambiente conservador luego del “alto de Viera” de 1916 y basándose en prensa de la época y en testimonios personales expresa “contemporáneamente a lo que sucedió en Buenos Aires durante la “Semana Trágica” en que fueron atacados obreros, perseguidos sobre todo los anarquistas y judíos del barrio judío porteño bajo alegada acusación de conspiración ‘rusa’; también en Montevideo fueron disueltos centros de actividad obrera, hubo arrestos y deportaciones. Por sospechas de presunta colaboración en planes subversivos fueron arrestados obreros judíos y allanado su centro cultural ‘La Aurora'”. Los historiadores Germán D’Elía y Armando Miraldi expresan: «Paralelamente a una represión contra el movimiento obrero argentino que dejó como saldo trágico muertos y heridos, en nuestro país el Jefe de Policía Virgilio Sampognaro denunció un ‘plan revolucionario’ y adoptó medidas en consecuencia: ‘El 11 de enero de 1919, se dio la noticia de la existencia de varios ‘agentes secretos rusos’ procediendo la policía a allanar el Centro Cultural Israelita ‘Aurora’ y a deportar a sus integrantes».
El historiador Fernando López D’Alesandro expresa sobre los hechos de Montevideo: “La ola represiva fue sazonada por un espectacular hallazgo del jefe de policía; una confabulación ‘maximalista’ llevada adelante por trabajadores rusos afincados en el país. Fueron hechos prisioneros Gregorio Guimberg, Pedro Pangerier, Francisco Provich, Jacobo Fleisman y J. Brener. Según la versión socialista, se acusaba a estos obreros rusos -también miembros del Comité Israelita- ‘de ser agentes de Lenine’ (sic) [enviados] para implantar el maximalismo en la república’. Más adelante los socialistas descalificarán esas versiones: ‘¿Dónde están las famosas cartas de Lenine que se decían fueron halladas en los bolsillos de algunos componentes del centro israelita? (…)’. Los anarquistas también condenaron esta trama (…) A la represión de este complot ‘soviético’, digitado por el propio ‘Lenine’ sucedió la deportación de varios militantes, entre ellos los rusos sospechosos”.
Años 1930 y 1940 miniaturadeimagen|Artículo a favor de los campos de concentracón nazis en el diario El Debate, 2 de diciembre de 1934 La dictadura de Gabriel Terra (1933-1938) promovió el fortalecimiento de las relaciones uruguayas con los regímenes nazifascistas de Alemania e Italia, al tiempo que "permitió el ascenso de la influencia nazi y la propagación del antisemitismo en Uruguay", de acuerdo a Raicher. Desde el gobierno legal de Terra de 1932 en adelante se "promulgaron leyes, decretos y reglamentos que dispusieron la selección y limitación de la inmigración en general, y la de judíos en particular". Los refugiados judíos "fueron considerados indeseables, y sujetos a categorías de selección establecidas, que clasificaban a los inmigrantes primordialmente sobre la base de sus condiciones étnicas, económicas y sociales".
La prédica antisemita, con repetición de estereotipos antijudíos usados por el fascismo europeo, era habitual en publicaciones como El Debate, órgano oficial de prensa de la corriente política herrerista del Partido Nacional, que tenía una importante simpatía por las potencias del Eje y por la tradición antisemita del nacionalismo católico. También existía una fuerte prédica antiinmigrantes y antisemita en el diario La Tribuna Popular, de larga tradición en el país y propiedad de una familia vinculada a los sectores más conservadores del Partido Nacional. Desde allí se sostenía que la política de puertas abiertas del batllismo hacia los inmigrantes estaba causando una crisis socioeconómica, y que en Uruguay había «judíos de sobra y ello plantea un grave problema», al tiempo que se alertaba de «una invasión judía» por parte «de los expulsados por Alemania en defensa de la nacionalidad y de su libertad económica y social».
Según la historiadora María Camou: “El antisemitismo, como bandera política, constituyó el aspecto más elaborado y homogéneo del discurso nazifascista nacional, y el que logró mayor incidencia, y para cuya difusión colaboró parte de la prensa conservadora, El Debate y El Diario, por ejemplo.” En 1936 afirmaba La Tribuna Popular: “El comunismo es dirigido, lisa y llanamente, por judíos.” El mismo diario había escrito antes: “La influencia semita se nota en toda actividad de nuestro país, y ello es deprimente para el espíritu nacional que se ve desplazado, desposeído y suplantado por los semitas en sus maniobras de fin utilitario y material”.
Durante este período existieron varias agrupaciones políticas y clubes sociales que eran abiertamente antisemitas y estaban a favor del nazismo y el fascismo. Muchos de estos grupos estaban vinculados a la derecha nacionalista uruguaya, particularmente al herrerismo blanco y al terrismo colorado, y algunos estaban formados por integrantes de la comunidad alemana y por la comunidad italiana del país. En 1931 se creó el Partido Nacional Socialista de Uruguay, vinculado a la embajada alemana y sin mayores adherentes.
Años 1960 alt=Noticia en el diario uruguayo Época sobre el atentado contra Soledad Barrett donde se ve una foto de sus muslos con cortes de navaja en forma de esvásticas|miniaturadeimagen|Noticia en el diario uruguayo Época sobre el atentado contra Soledad Barrett, 7 de julio de 1962|307x307px En los años 1960 existió un incremento del antisemitismo y sus protagonistas fueron grupos juveniles de ultraderecha. Veinte días después de que el primer ministro israelí David Ben-Gurión anunciara públicamente la captura del criminal nazi Adolf Eichmann en Argentina, en Uruguay se sucedieron varios atentados antisemitas. La noche del 13 de junio de 1960 «una bomba de factura casera explotó en la puerta de la sinagoga ubicada en la Ciudad Vieja de Montevideo y otras dos fueron halladas antes de detonar en dos templos judíos emplazados en calles céntricas. No hubo heridos, aunque en el edificio de Ciudad Vieja, tal como puede verse en las fotografías que denuncian el hecho, se registraron daños materiales significativos», según consigna la historiadora Magdalena Broquetas. Los atacantes estaban vinculados a la agrupación ultraderechista Alianza Nacionalista Argentina.
«En la década de 1960 se llevaron a cabo «marcadas» (tatuajes de esvásticas o cruces gamadas realizadas con objetos punzantes por grupos neonazis)», dice el investigador uruguayo Fernando Amado. «El caso más renombrado ocurrió en julio de 1962. Un grupo marcó con esvásticas los muslos de la dirigente estudiantil Soledad Barrett». Barrett, una joven paraguaya comunista de 17 años y de ascendencia judía, estaba exiliada en Montevideo por su militancia contra la dictadura de Stroessner. «Fue raptada en plena calle y obligada a subir a un automóvil en donde recibió golpes y le tatuaron con una navaja esvásticas en sus muslos», señala Broquetas. «Según relató Soledad a la prensa, tras ser introducida con violencia en el automóvil donde se produjo la agresión, sus ocupantes le indicaron corear consignas pro-nazis del estilo “¡Viva Hitler!” y anticomunistas como “¡Abajo Fidel!”, “¡Abajo el comunismo cubano!”»
Años 1970 Durante la dictadura cívico-militar uruguaya (1973-1985) se registraron diversos episodios de antisemitismo. Entre los varios oficiales de la dictadura conocidos por adherir a la ideología nazi destaca el general Alberto Ballestrino, quien fuera miembro fundador de la logia militar Tenientes de Artigas, jefe de Policía de Montevideo, y director de la Escuela de Armas y Servicios y de la Escuela Militar. En 1996, Ballestrino describió así a la logia Tenientes de Artigas en declaraciones a la revista Posdata: «Era gente de derecha. Se inspiraba mucho en la trayectoria del general Francisco Franco; incluso en los líderes de Europa de aquel momento, Mussolini, Hitler». En el documental Decile a Mario que no vuelva (2007), otro miembro de los Tenientes de Artigas, el coronel retirado Gilberto Vázquez, en ese momento preso en la Cárcel Central, confiesa su admiración por el nazismo alemán y su desprecio por los judíos. Vázquez tuvo un papel destacado en el llamado Órgano Coordinador de Operaciones Antisubversivas, dedicada a la tortura y desaparición forzada de opositores, para luego desempeñarse en el Estado Mayor del Ejército y en el Instituto Militar de Estudios Superiores.