La Virgen de Quitapesares (en gallego: Virxe de Quitapesares) es una advocación mariana originaria de Pontevedra (Galicia, España).

Historia Origen De la advocación de la Virgen de Quitapesares hay datos desde al menos la última década del siglo , si bien el origen de la imagen ubicada en la Basílica de Santa María la Mayor de Pontevedra, la más famosa de las escasas representaciones existentes a día de hoy bajo este título, se encuentra en el ataque que en 1585 realizó una flota inglesa comandada por el pirata Francis Drake. Dicha flota procedió a efectuar un asedio a las aldeas ubicadas en la ría de Pontevedra, quedando testimonio de este acontecimiento en una carta remitida a Felipe II el 7 de octubre:

El asedio quedó consignado en una memoria conservada en la Biblioteca Nacional de España, donde se realiza una crónica detallada de los hechos desde la llegada de los ingleses el 7 de octubre hasta su retirada el 21 del mismo mes:

En dicha memoria figuran a su vez varios actos de saqueo y vandalismo contra edificios religiosos en Teis y Vigo:

Así mismo, Pedro Rodríguez Muñiz dejó testimonio del segundo ataque de Drake a las costas pontevedresas, ocurrido en 1589, al relatar en 1595 el saqueo producido en el Monasterio de Nuestra Señora de Gracia de la isla de Tambo del mismo modo que Hipólito de Sá Bravo:

Del asalto a la isla de Tambo dejó constancia también en 1866 fray Esteban Álvarez Inclán:

Sin embargo, en 1998 Sergio Vázquez Rouco puso en tela de juicio la responsabilidad de Drake en el ataque a la isla de Tambo:

Esplendor thumb|Capilla de la Virgen de la Renda, en Combarro, Pontevedra (Galicia, España). De acuerdo con la tradición, el que los piratas ingleses no fuesen capaces de atravesar en 1585 la barrera de arena situada en Lourizán, donde se hallaba una ermita en la que recibía culto la Virgen de Placeres, fue visto por los lugareños como un milagro el cual atribuyeron a la imagen al considerarla autora del cúmulo de sedimentos que, fruto de la confluencia de agua dulce y agua salada, impidieron la extensión del asedio hasta la capital, a la par que dicha barrera provocaba que cualquier barco enemigo quedase varado y, por tanto, a expensas de un saqueo por parte de los pontevedreses, quienes a su vez veían cómo sus embarcaciones eran protegidas mientras atravesaban la barrera rumbo al puerto. Aprovechando que en ese momento se estaba acometiendo la construcción de la torre de las campanas de la Basílica de Santa María la Mayor de Pontevedra, se decidió instalar en la base, supuestamente en señal de agradecimiento a la Virgen de Placeres por su intercesión en favor de los pontevedreses, una presunta réplica en relieve de esta imagen, de bulto redondo y venerada a día de hoy en la Iglesia de Nuestra Señora de los Placeres (levantada por Eugenio Montero Ríos sobre la primitiva ermita de Lourizán), a la que se dio por nombre Virgen de Quitapesares, denominación con la que se conocía también a la Virgen de Placeres.En contraposición a los pontevedreses, en La Coruña los habitantes optaron por encomendarse durante el ataque de Drake a la Virgen del Rosario. La devoción a este título mariano se mantuvo vigente a lo largo del siglo e incluso se vio reforzada en 1702, año en que la Flota de Indias, apoyada por la armada del rey Luis XIV, sufrió un ataque en la ría de Vigo por parte de la coalición angloneerlandesa, dando lugar a la conocida como batalla de Rande; el puerto de Pontevedra se mantuvo al margen de este conflicto y no fue víctima de ningún ataque, hecho que los habitantes interpretaron como un signo de la protección ofrecida por la Virgen de Quitapesares, quien durante su apogeo recibió numerosos exvotos constatados en distintas crónicas.

Decadencia Menos de dos décadas después, en 1719, este título mariano causaría un gran rechazo entre los pontevedreses el cual provocaría su caída en el olvido. A raíz del conflicto de 1702, los cartógrafos que integraban las tropas francesas realizaron un exhaustivo análisis de las aguas y de todo el litoral de las rías, elaborando en consecuencia unos planos detallados que en 1719 pondrían a disposición de los ingleses, sus nuevos aliados, lo cual facilitó en gran medida el asedio de las tropas del almirante Michells, quienes arribaron al estuario de Ulló sin dificultad; una vez allí, y al mando del general Wade, las tropas se dirigieron a la villa de Pontevedra, la cual saquearon por varios días, si bien la misma se hallaba desierta debido a que sus habitantes, tal y como relató Antonio Meijide Pardo, huyeron despavoridos, lo que evitó su muerte durante los numerosos incendios que provocaron la destrucción de importantes construcciones, como las Torres Arzobispales, la Maestranza, el pazo de los Churruchaos y la casa de los hermanos Nodales:

Pese a que el relieve de la Virgen de Quitapesares sobrevivió al ataque junto con el resto de la basílica, los pontevedreses se sintieron traicionados y abandonados por la que hasta entonces habían considerado su protectora, lo que desencadenó un rechazo generalizado a esta advocación así como su condena al olvido, motivo por el que este título mariano no recibe ninguna clase de culto desde entonces, circunstancia que ha llevado a su vez a que muchos pontevedreses desconozcan en la actualidad el significado del relieve y la importancia que tuvo en su momento.

Autoría thumb|Torre de las campanas de la Basílica de Santa María la Mayor de Pontevedra (c. 1550-1600), por Juan Pérez y Antonio Montero. En lo tocante a la autoría del relieve, facturado a finales del siglo , se sabe que la torre de las campanas de la Basílica de Santa María la Mayor fue diseñada por Mateo López ya que hay constancia de que fue él quien elaboró la traza, correspondiendo su ejecución a Juan Pérez y Antonio Montero; pese a que en principio se podría adjudicar la pieza a ambos, es preciso tener en cuenta que la construcción de la torre de las campanas se prolongó por más de cincuenta años, desde alrededor de 1550 hasta aproximadamente 1600, por lo que cabe la posibilidad de que en este amplio lapso de tiempo interviniese otro artista, aunque en caso de que Pérez hubiese trabajado en la fase inicial y Montero en la final o viceversa en vez de haberla levantado los dos al mismo tiempo, entonces el relieve sería obra exclusivamente o de Pérez o de Montero, si bien Juan Juego Puig lo atribuyó a los mareantes del Corpo Santo (en Pontevedra los pescadores eran llamados mareantes y se integraban en la Cofradía del Corpo Santo, mientras que los aunténticos mareantes pertenecían a la Cofradía de San Miguel). Independientemente de si Pérez y Montero trabajaron al mismo tiempo o en épocas diferentes, el último debía contar para finales del siglo con una edad avanzada puesto que para 1560 ya consta como cantero y hombre casado:

Por su parte, Juan Pérez debía ser anciano para finales del siglo en caso de seguir con vida si su identidad se corresponde con la del Juan Pérez mencionado en un traspaso en Santiago de Compostela con fecha del 20 de julio de 1534:

No parece sin embargo nada probable que la identidad del Juan Pérez que intervino en la torre de las campanas se pueda corresponder, dada la distancia geográfica, con la de ninguno de los al menos tres canteros homónimos activos a mediados del siglo en Aragón, dos de ellos, padre e hijo, involucrados en 1544 en la tasación de unas obras acometidas en el Monasterio de Nuestra Señora de Valentuñana. Por el mismo motivo, tampoco parece que su identidad se corresponda con la del Juan Pérez que en 1539 llevó a cabo la obra de un puente y un camino en La Serna (Laredo, Cantabria), ni con la del Juan Pérez que para 1575 se encontraba trabajando con Juan de Aras en la Iglesia de San Andrés de Carrión de los Condes (Palencia). Por otro lado, cabe destacar que la torre, y por ende el relieve, corrieron el riesgo de no llegar a construirse debido a la polémica surgida en torno a esta estructura, la cual era vista por los feligreses como un elemento que no se correspondía con el resto de la edificación a nivel arquitectónico ni ornamental, a lo que se suma la escasez de medios que había entonces y que puso igualmente en peligro la obra.

Datación thumb|Virgen del Coro (1498), atribuida a Guillemín de Gante. Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, en Guadalupe, Cáceres (Extremadura, España). Respecto a si la Virgen de Quitapesares es una réplica de la Virgen de Placeres, existen discrepancias ya que a día de hoy no se ha podido dilucidar si la Virgen de Placeres es realmente anterior a la Virgen de Quitapesares como asegura la tradición o viceversa, ya que la imagen de la Virgen de Placeres venerada cuando Drake atacó Galicia podría no corresponderse con la actual, aunque de la Virgen de Quitapesares no existe duda alguna acerca de su datación, pues de acuerdo con Pilar Rosales Vázquez y Juego Puig, la talla pontevedresa se corresponde con las obras acometidas en la década de 1590 en la torre de las campanas de la Basílica de Santa María la Mayor, aunque ambos sugirieron erróneamente la posibilidad de que Alonso III de Fonseca la tomase como insignia personal al ejercer de párroco de los mareantes pontevedreses o de que la regalase a los lugareños a modo de protección al ser esta parte de la ría uno de los puntos de mayor peligro, pues ambas hipótesis obligarían a fechar la imagen casi un siglo antes del ataque de Drake ya que Fonseca inició su carrera eclesiástica en 1491. Por su parte, la Virgen de Placeres aparece documentada por primera vez bajo el nombre de Nuestra Señora de Quitapesares en 1494, año en que se publicó la Planta de la villa, arrabal y Ría de Pontevedra, donde se menciona «la punta nombrada a Louriçan donde está un ermita de nuestra señora de quitapesares», si bien lo más probable es que la imagen venerada en ese momento no se corresponda con la actual ya que esta última no encaja con el estilo gótico tardío entonces imperante ni tampoco con otros estilos precedentes, como el románico. En 1595 sería referenciada por Rodríguez Muñiz y de nuevo en 1834 por Domingo Fontán en su Carta Geométrica de Galicia, estableciendo Juego Puig y Rosales Vázquez un vínculo entre ambos títulos marianos: «Creemos que en Lourizán ambas advocaciones, Quitapesares y Placeres, hacen alusión a la misma idea: las dificultades que conllevaba atravesar la barra».En Placeres, considerado un lugar peligroso para los navegantes, se tenía por costumbre avisar a los barcos mediante el empleo de un farol, conocido como «lume de San Miguel» («fuego de San Miguel»), el cual servía a su vez para señalar las aguas jurisdiccionales de Lérez.