miniaturadeimagen|Algunos temas característicos del género de lo maravilloso científico. En el sentido de las manecillas del reloj: omnipresencia del transporte aéreo urbano, criaturas prehistóricas que arrasan París, hombres artificiales, vuelos interplanetarios y encuentros extraterrestres. Ilustraciones que Thomas Girard-Prince Gigi hizo para la novela de André Robida Le Vingtième Siècle. La vie électrique (El . La vida eléctrica), la novela de Jules Lermina L'Effrayante Aventure (La aventura aterradora), la novela de Gaston Leroux La Poupée sanglante (La muñeca sangrienta) y la novela de Arnould Galopin Le Docteur Oméga (El doctor Omega).|412x412pxLo maravilloso científico (en francés: merveilleux scientifique o merveilleux-scientifique) es un género literario que se desarrolló en Francia desde finales del hasta mediados del . Emparentada en la actualidad con la ciencia ficción, esta literatura de imaginación científica gira en torno a temas emblemáticos, como los científicos locos y sus inventos extraordinarios, los mundos perdidos, la exploración del sistema solar, las catástrofes y la aparición de los superhombres.

Trayectoria Este movimiento literario se consolidó en la segunda mitad del . Aunque surgió a raíz de las novelas científicas de Julio Verne, el movimiento se alejó de su modelo y se concentró en una nueva generación de autores, como Albert Robida, Camille Flammarion, J.-H. Rosny aîné y Maurice Renard. Este último, por su parte, reivindicó como modelos más imaginativos las obras de los novelistas Edgar Allan Poe y H. G. Wells. Así, Renard publicó en 1909 un manifiesto en que se apropiaba de un neologismo creado en el : maravilloso científico. En francés, el término también puede llevar guion (merveilleux-scientifique), lo que subraya la relación que guardan entre sí la modernización del cuento de hadas y la racionalización de lo sobrenatural. Así definida, la novela de lo maravilloso científico se basa en la alteración de una ley científica en torno a la que se construye la trama, con el fin de hacer reflexionar al lector mostrándole las amenazas y los encantos de la ciencia.

Los novelistas populares usaron este género, que se nutrió de las ciencias y las pseudociencias que resonaban en la opinión pública, como los descubrimientos radiográficos, eléctricos y biológicos. Sin embargo, a pesar de la base teórica que aportó Maurice Renard en 1909, la literatura de lo maravilloso científico no logró consolidarse como movimiento literario y acabó por ser un grupo literario esparcido y heterogéneo. No obstante la llegada de una nueva generación de autores como José Moselli, René Thévenin, Théo Varlet, Jacques Spitz y André Maurois, esta literatura no consiguió renovarse y empezó a decaer a partir de los años treinta, mientras que, al mismo tiempo, en Estados Unidos, la literatura de imaginación científica gozaba de gran éxito bajo el nombre de ciencia ficción, con una ampliación de sus temas. Presentada como un nuevo género, la ciencia ficción llegó a Francia en los años cincuenta y, luego de seducir a autores y lectores franceses, completó la desaparición del movimiento de lo maravilloso científico y de sus generaciones de escritores.

El género de lo maravilloso científico fue un género marginal y de poca aceptación durante la segunda mitad del . Sin embargo, desde finales de los años noventa, ha sido objeto de nueva atención pública gracias a la labor crítica de varios investigadores y a la reapropiación por parte de autores que hicieron reaparecer este género literario olvidado; en especial, por medio de las historietas. Origen miniaturadeimagen|Publicadas en la primera mitad del , las novelas y relatos de Edgar Allan Poe a menudo presentan la figura del erudito y el tema de los descubrimientos científicos, lo que prefiguraba el género de lo maravilloso científico.|izquierdaminiaturadeimagen|John Progrès, genio protector de los tiempos modernos en Le Monde tel qu’il sera (El mundo tal como será, 1846), novela futurista de Émile Souvestre. Aunque algunos autores, como Rabelais, experimentaron con la ficción especulativa al principio, el género no se desarrolló hasta el . A finales del el escritor Charles Georges Thomas Garnier empezó a publicar Voyages Imaginaires, Songes, Visions et Romans Cabalistiques (Viajes Imaginarios, Sueños, Visiones y Novelas Cabalísticas) entre 1787 y 1789, la primera colección dedicada a la literatura de imaginación. A lo largo de sus treinta y seis volúmenes, la colección ofrece setenta y cuatro relatos especulativos con temas como la utopía, exploración o anticipación científica.

A pesar de este intento de estructuración, tal literatura conformó en el un conjunto disperso que se publicó de forma difusa. En 1834, el escritor Félix Bodin catalogó todos los inventos de los que podría beneficiarse el ser humano en Le Roman de l’avenir (La novela del futuro). Al año siguiente, Edgar Allan Poe publicó «La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall», un bulo periodístico en que relata el fantástico viaje de un hombre a la Luna. En 1846, el novelista Émile Souvestre» publicó Le Monde tel qu’il sera (El mundo tal como será), un relato futurista ambientado en el año 3000. En otro ámbito de la literatura de imaginación científica, el escritor Charles Defontenay publicó en 1854 Star ou Psi de Cassiopée (La estrella o Psi de Casiopea), una novela precursora de la descripción a detalle de los usos y costumbres de una civilización extraterrestre. La diversidad de obras impidió su consolidación como género literario, ya que muchos novelistas concluyen que tales textos atribuyen sus divagaciones a los sueños o a la locura del narrador.miniaturadeimagen|Las novelas de Julio Verne popularizaron los relatos de imaginación científica.Este tipo de literatura experimentó un giro con la publicación de las novelas científicas de Julio Verne, cuyo éxito popular contribuyó a democratizó un género literario nuevo. Considerado uno de los padres fundadores de la ciencia ficción, el novelista nantés dejó una huella indeleble en los relatos de imaginación científica, hasta opacar todo un movimiento literario que comenzaba a formarse en torno a varios escritores. A la sombra de la popularidad de los relatos vernianos, el género maravilloso científico comenzó a surgir en paralelo al desarrollo de las ciencias y las pseudociencias, así como a la relevancia de las observaciones psiquiátricas en el imaginario popular a partir de la década de 1880. Los médicos James Braid y Eugène Azam llevaron a cabo trabajos acerca de la hipnosis en 1840, a los que siguieron los del doctor Charcot en la segunda mitad del , que trajeron a la luz lo desconocido de cada individuo. Además de transformar lo sobrenatural en natural y proporcionar una explicación racional a las hazañas de los convulsionarios y los poseídos Este contexto de emulación científica también se nutrió de nombres de la talla de Marie y Pierre Curie, Charles Richet y Camille Flammarion, quienes estudiaban racionalmente fenómenos inexplicables. Sus investigaciones se centraron en la revelación de mundos invisibles, la comunicación a distancia y la capacidad de ver a través de cuerpos opacos.

A finales del , numerosas prácticas que la gente consideraba extravagantes, como la frenología, la hipnoterapia y el faquirismo, hicieron el intento de consolidarse como disciplinas científicas, lo que provocó que la opinión pública fuera más receptiva a las especulaciones científicas. Sin embargo, también contribuyeron los avances científicos, desde el descubrimiento de los rayos X hasta los intentos de comunicación con el planeta Marte. Estos nuevos desarrollos científicos (o pseudocientíficos) nutrieron las páginas de revistas como Je Sais Tout (Lo Sé Todo) y Lectures pour Tous (Lecturas para Todos), que publicaron artículos de divulgación e hipótesis sobre el futuro de la ciencia, junto con relatos de anticipación.

A finales del , una nueva generación de escritores (entre ellos, J.-H. Rosny aîné) se comprometió a usar la ciencia y la pseudociencia con fines puramente ficticios Estos autores se distinguieron de sus predecesores, que usaban las elementos hipotéticos como detonador, al estilo de las utopías del escritor Cyrano de Bergerac, las sátiras de Jonathan Swift y las exposiciones astronómicas de Camille Flammarion.

Definición

Lo «maravilloso científico», una literatura de lo imaginario con contornos vagamente definidos miniaturadeimagen|Antes de que Maurice Renard se apropiara de ella, la expresión maravilloso científico servía sobre todo para aludir a la obra de H. G. Wells.|296x296pxLa expresión maravilloso científico es un término ambiguo que, antes del manifiesto fundador de Maurice Renard, tenía distintos significados. Acuñado por primera vez en el , la crítica literaria usó este neologismo para designar todas las obras novelescas que guardaban una relación con el ámbito de lo científico, o sea los intentos de unir ciencia y maravillas, o, la mayoría de las veces, para designar las novelas científicas. Desde 1875, el periodista Louis Énault empleó el término maravilloso científico para describir la trama de La Perle noire (La perla negra), de Victorien Sardou, una obra en que lo inverosímil se explica mediante la ciencia, mientras que en su estudio Les romanciers aujourd’hui (Los novelistas de hoy, 1890), el crítico Charles Le Goffic asoció el término con las novelas científicas de Julio Verne. El fisiólogo Joseph-Pierre Durand de Gros popularizó la expresión en 1894 con su obra Le Merveilleux scientifique (Lo maravilloso científico), que designaba el estudio científico de prácticas que antes se consideraban maravillosas. Sin embargo, a principios del , los críticos usaban la expresión sobre todo para aludir a la obra de H. G. Wells siguiendo el ejemplo del psiquiatra Marcel Réja en un artículo que publicó en 1904 en la revista Le Mercure de France (El Mercurio de Francia) bajo el título «H.-G. Wells et le merveilleux scientifique» (H. G. Wells y lo maravilloso científico). Además, es probable que en este artículo Maurice Renard encontrara por primera vez la expresión. Los críticos que analizaban la relación que guardan entre sí lo imaginario y la ciencia señalaban con frecuencia la comparación entre los dos grandes novelistas del imaginario científico, Julio Verne y H. G. Wells. Cuando Maurice Renard publicó su artículo fundacional, el interés crítico por este nuevo género de ficción ya había surgido desde hace varios años.

Teorización de un género literario. La novela de lo maravilloso científico renardiana izquierda|miniaturadeimagen|Entre 1909 y 1928, Maurice Renard se dedicó a teorizar la noción de lo maravilloso científico.|320x320px A principios del , el término maravilloso científico variaba de significado hasta que Maurice Renard se apropió de la expresión en 1909 para definirlo con precisión. El escritor expuso su programa literario en tres artículos:

«Du roman merveilleux-scientifique et de son action sur l’intelligence du progrès» (Sobre la novela de lo maravilloso científico y su influencia en la comprensión del progreso) en Le Spectateur (El Espectador) en octubre de 1909. «Le Merveilleux scientifique et La Force mystérieuse de J.-H. Rosny aîné» (Lo maravilloso científico y La fuerza misteriosa de J.-H. Rosny aîné) en La Vie (La Vida) en junio de 1914. «Le roman d’hypothèse» (La novela de hipótesis), en la revista A.B.C. en 1928.

A lo largo de su carrera literaria, Renard no solo cambió la definición del género que promovía, sino también su nombre, lo que convirtió a la expresión maravilloso científico en algo más difícil de entender.

Manifiesto de 1909