Los orangutanes (Pongo) son un género de primates homínidos que comprende tres especies de grandes simios originarios de Indonesia y Malasia. Al orangután de Borneo (Pongo pygmaeus) y al de Sumatra (Pongo abelii) se sumó en noviembre de 2017 una tercera especie, cuando se identificó y describió el orangután de Tapanuli (Pongo tapanuliensis). Se distinguen de los simios africanos por el pelaje de color rojizo y una constitución más adaptada a la vida arbórea. Además, tienen el estilo de vida más solitario de todos los monos antropomorfos; únicamente existen lazos sociales duraderos entre madre y cría. No se quedan atrás, sin embargo, en cuanto a inteligencia. En su medio natural, fabrican y utilizan herramientas sofisticadas y muestran gran pericia construyendo nidos en los árboles. Se alimentan principalmente de fruta, aunque su dieta también incluye otros vegetales, miel, insectos, huevos de aves.
Los estudios de campo empezaron más recientemente que los de los chimpancés y gorilas; la pionera fue Birutė Galdikas, que comenzó sus observaciones en 1971, y tras veinte años de estudios de campo ha llegado a ser la mayor autoridad en materia de orangutanes. Las poblaciones han disminuido de forma dramática en las últimas décadas; solo quedan unos setenta mil individuos (datos de 2017) en las selvas de Borneo y Sumatra. Todas las especies de este género están al borde de la extinción según datos de la UICN. Las causas son la caza furtiva, la destrucción del hábitat por el cultivo de palma de aceite y el comercio ilegal con mascotas exóticas. Hay varias organizaciones dedicadas a salvar los orangutanes salvajes. thumb|alt=
Etimología thumb|Pongo tapanuliensis macho/hembra|alt=El nombre deriva de las palabras malayas (o indonesias) «orang», que significa 'gente' o 'personas', y «hutan», 'selva', 'jungla' o 'bosque', es decir, es una «persona de la selva». La primera referencia que se tiene del uso de esta palabra es de 1631, fecha de publicación del libro Historiae naturalis et medicae Indiae orientalis, del médico neerlandés Jacobus Bontius. Este informó que, según decían los malayos, el simio sabía hablar pero prefería no demostrarlo, no fuera a ser que lo pusieran a trabajar. Linneo le dio posteriormente el nombre Simia satyrus.
En cuanto al nombre del género, Pongo, su origen se debe a un error. Procede de la narración de un marinero inglés del a quien los portugueses tuvieron prisionero en Angola y que describe dos monstruos antropoides llamados Pongo y Engeco. Probablemente se trataría de gorilas.
Características
Los orangutanes son los segundos primates más grandes de los que existen en la actualidad, después del gorila; su estatura varía entre 1,25 y 1,50 m. Con respecto al peso, el dimorfismo sexual es considerable: las hembras, por lo general, no pasan de unos 50 kg, mientras que los machos alcanzan fácilmente el doble, y en cautividad a veces llegan a pesar aún más. Están cubiertos de pelo largo y fino, que oscurece ligeramente con la edad. Aparte de las diferencias individuales, se aprecia una coloración distinta entre el orangután de Borneo y el de Sumatra, siendo este último el que tiene el pelo más largo y de color más claro. Sus brazos son más largos que las piernas, y éstas las pueden curvar hacia dentro, lo cual les permite trepar verticalmente por los troncos, gracias también a que las articulaciones de hombros y caderas son especialmente flexibles. Sus manos son parecidas a las de los humanos, con dedos largos y un pulgar oponible, pero la configuración de los ligamentos y tendones es distinta, de forma que pueden sujetar objetos pequeños con fuerza sin necesidad de usar el pulgar. izquierda|miniaturadeimagen|Mano de hembra adulta Una característica llamativa de los machos adultos son sus mejillas grandes y planas, llamadas «bridas» (en inglés, cheek pads), formadas por bolsas de grasa que desarrollan en la madurez y sirven para hacer gala de su estatus de macho dominante. Están especialmente desarrolladas en el orangután de Borneo, que además tiene unas bolsas similares en la garganta.
derecha|miniaturadeimagen|Macho con grandes mejillas
Estos simios pasan casi todo el tiempo en los árboles, sobre todo los de Sumatra, donde tienen que estar precavidos ante la presencia de tigres y cocodrilos (no los hay en Borneo). Se desplazan trepando tranquilamente por la foresta, aferrándose a las ramas con las cuatro extremidades; sus pies prensiles y con pulgar oponible cumplen la misma función que las manos. También practican la braquiación. En posición de descanso, los dedos se curvan formando un gancho, y eso facilita el balancearse de rama en rama.
Las raras veces que descienden al suelo no caminan apoyándose sobre los nudillos, como los gorilas y chimpancés, sino sobre las palmas y los dedos flexionados, y el borde externo de los pies.
Comportamiento Alimentación El orangután es frugívoro: más de dos tercios de su dieta está compuesta por fruta. También consume tallos, hojas tiernas, insectos, miel y huevos de ave así como otros alimentos vegetales y animales, en conjunto más de trescientos. Además, comen pescado; a los peces más lentos los cogen con la mano, o usan palos. Otra opción es apropiarse de los sedales que utilizan los humanos. En cuanto a la «medicación»: se los ha observado ingiriendo arcilla o tierra, cuya función es suplir nutrientes minerales, absorber sustancias tóxicas y aliviar trastornos gástricos o intestinales. Además, usan plantas del género Commelina como bálsamo antiinflamatorio.
Vida social izquierda |miniaturadeimagen|210x210px|Macho de Borneo con «bridas» El estilo de vida de los orangutanes es poco común entre los grandes simios; se los ha descrito como sociales, pero semi solitarios (Galdikas, 1984). Solo existen lazos duraderos entre las hembras adultas y sus crías. Estas ocupan un rango territorial de hasta 900 hectáreas y los territorios se superponen con los de otras hembras, pero cuando coinciden, se suelen tratar entre sí de forma amistosa, y los pequeños aceptan los compañeros de juego. Los subadultos a veces viajan en grupos muy reducidos o se reúnen a comer en grandes árboles frutales, donde pueden darse interacciones diversas. En cuanto a los machos, hay que distinguir entre los machos alfa o residentes, con bridas y ya plenamente desarrollados, que poseen territorios de hasta 4.000 hectáreas, y por otra parte los «sin bridas », que aún no han alcanzado esa fase hormonal y todavía no tienen su propio territorio. Se ven pues obligados a moverse por zonas de los machos alfa, los cuales procuran mantener a los competidores alejados de su demarcación. Cuando coinciden con un rival, en ocasiones llegan a atacarse.
Comunicación Sus llamadas nada tienen que ver con los chillidos de, por ejemplo, los chimpancés; los orangutanes son animales silenciosos en comparación con el resto de simios. Desde lejos, solo se oye a los machos adultos cuando entonan sus llamadas largas, con la intención de atraer a hembras y de delimitar su territorio frente a los demás machos. Pero estos simios también son capaces de comunicar contenidos concretos, como por ejemplo el «ven aquí » de una madre a su retoño; otras vocalizaciones se usan durante la construcción del nido. Esto se sabe gracias a un estudio liderado por Serge Wich, de la Universidad de Zúrich, sobre sus vocalizaciones, que grabó durante dos años en diferentes poblaciones de Sumatra y de Borneo, y que además aportó el sorprendente resultado de que estas voces son diferentes en cada grupo. Se trata pues de un rasgo cultural, no de algo innato. Se ha estudiado también una forma de comunicación entre la madre y su cría que es sonora, pero no vocal: en inglés la llaman «loud scratch», es decir, una «rascada» ruidosa. Suelen ser las madres las que emplean estas señales, por ejemplo para indicarle al retoño que se van a poner en marcha. Otro comportamiento llamativo se ha resumido diciendo que los orangutanes «son capaces de hablar del pasado». Concretamente, se observó que ante la presencia de un tigre (o dos investigadores cubiertos con una tela imitando su pelaje) un grupo de hembras esperaba (hasta 20 minutos) a que el felino se hubiera retirado antes de dar la voz de alarma, con el fin de no hacerse notar ante el tigre, pero al mismo tiempo asegurándose de que los pequeños entendieran el peligro. Es este último descubrimiento, hecho en Sumatra en 2018 por Adriano Reis e Lameira y su equipo, de la Universidad de Saint Andrews, el que más ha llamado la atención de otros psicólogos y neurólogos; junto con las conclusiones de S. Wich puede revolucionar las ideas sobre cómo surgió el lenguaje humano.
Construcción de nidos miniaturadeimagen|Bebé en su hamaca Los orangutanes construyen nidos especializados para usarlos de día o de noche, a una altura de hasta treinta metros con el fin de permanecer alejados de los tigres, que aún suponen un peligro en algunas zonas. La tarea es compleja. En primer lugar, hay que escoger un árbol adecuado. Luego juntan varias ramas debajo de ellos y las unen en un punto. Tras construir la base, colocan encima ramas dobladas, más pequeñas y con hojas, que hacen de colchón. A continuación, trenzan los extremos de las ramas y las clavan en el colchón, aumentando así la estabilidad del nido; en cinco o seis minutos está listo. Los «hombres del bosque» dan prueba de unos conocimientos técnicos considerables para estas tareas. A veces se añaden otros elementos comparables a almohadas, mantas o techos. En cautividad, se muestran creativos con el material que se pone a su disposición.
Enemigos naturales izquierda|miniaturadeimagen|Tigre de Sumatra Los orangutanes no tienen muchos depredadores, aunque, por otra parte, tampoco tienen mucho con qué defenderse en caso de ataque. Se dan casos de tigres y otros felinos grandes que devoran a alguno, sobre todo a los pequeños, y especialmente de noche mientras duermen. Concretamente, se trata del tigre de Sumatra (Panthera tigris sumatrae) y de la pantera nebulosa de Borneo (Neofelis diardi). Este tigre es el de menor tamaño, pero sigue siendo un enemigo formidable para un orangután; además es capaz de trepar. Los hábitats selváticos de estas dos especies se están reduciendo mucho, de ahí que tengan más dificultades para encontrar comida y aumente la frecuencia de ataques a primates. También una pitón grande supone una amenaza, e incluso un jabalí barbudo (Sus barbatus) o un cocodrilo representan un peligro para un individuo joven, débil o simplemente descuidado.
El enemigo más letal sigue siendo el ser humano, bien de manera directa, dándole caza, bien de manera indirecta a través de la destrucción de su hábitat.
Reproducción y desarrollo miniaturadeimagen|Leche materna para el pequeño A los quince años, los machos ya han alcanzado la madurez sexual; sin embargo, pueden tardar hasta los veinte en desarrollar sus mejillas características; esto depende en gran medida de la presencia o ausencia de un macho residente. Según luzcan, o no, las llamadas «bridas», adoptan una estrategia de apareamiento diferente. Los que no las tienen vagabundean en busca de hembras en estro, y si encuentran a una, copulan con ella por la fuerza. Y es que las hembras prefieren a los machos con este «adorno facial» y buscan la compañía de ellos. Los machos residentes a veces establecen, después de copular con una hembra, una relación que puede durar semanas e incluso meses.
Las hembras tienen su primera cría entre los catorce y quince años, tras una gestación de nueve meses. No se tiene noticias de partos múltiples. Los machos no participan en la crianza; por otra parte, cabe señalar que no existe el infanticidio que se da en otras especies de primates.