Los TECOS es una sociedad secreta mexicana asociada al integrismo y nacionalcatolicismo, fundada en Guadalajara, Jalisco, México a principios de la década de 1930. Los TECOS ejercieron tradicionalmente un importante grado de influencia sobre el personal docente y estudiantil de la Universidad Autónoma de Guadalajara. La organización surge como una respuesta de la Guerra Cristera y las disputas existentes en el México Posrevolucionario sobre la introducción del marxismo en el sistema educativo. La organización se desarrolló siguiendo firmes líneas anticomunistas, además de posicionarse en contra de lo que afirmaban que era una «conspiración judeo-masónica».

La organización creció aún más durante la década de 1950 y jugó un papel destacado en la Liga Mundial Anticomunista, liderando esencialmente la rama latinoamericana de la operación.

Al igual que los comunistas a los que se oponían, Los TECOS desarrollaron una serie de grupos de fachada, con una membresía masiva (no vinculada por los juramentos de la sociedad secreta), que buscaban influir y controlar diversos asuntos de la política, sociedad y religión en México de manera secreta. Estos grupos eran típicamente estudiantiles, católicos de derecha y anticomunistas; algunos se dedicaban a la violencia con los militantes de extrema izquierda, mientras que otros se dedicaban a la propaganda y al cabildeo más sutil.

Los TECOS generaron varias sucursales en diferentes estados de México. Uno de ellos, en Puebla, era conocido como El Yunque. Esta organización, si bien comparte la misma visión de mundo católica ultraconservadora, se separó de Los TECOS a principios de la década de 1960 en una amarga disputa sobre la cuestión religiosa del Concilio Vaticano Segundo. Los TECOS y varios de sus líderes espirituales, incluido el sacerdote Joaquín Sáenz y Arriaga, fueron pioneros en formular la tesis del sedevacantismo, mientras que El Yunque sostuvo como legítimos los aspirantes al papado post-conciliar desde el Papa Pablo VI en adelante.

Etimología Existen diferentes opiniones sobre el origen del nombre TECOS y su significado. Según algunas fuentes, es un acrónimo de Tarea Educativa y Cultural hacia el Orden y la Síntesis. Un segundo nivel de significado del nombre es que teco es tecolote, haciendo referencia a "la devoción del estudiante por los estudios académicos nocturnos". Una hija de un miembro de Los TECOS afirmó: «Sí, significa búho. Los Tecos son búhos cuyos ojos son rojos. Los miembros del grupo se llaman Los Tecos porque están despiertos toda la noche haciendo lo suyo». Su influencia en la universidad fue tal que el equipo de fútbol asociado con esta lleva el nombre de Tecos Fútbol Club.

Historia

Antecedentes: La política mexicana en la década de 1920

Los orígenes de Los TECOS encuentran sus raíces más directamente en la resistencia conservadora y católica a los acontecimientos políticos en México en la década de 1920, que cobraron protagonismo en la Revolución Mexicana, tras la caída del régimen liberal moderado del período del Porfiriato. Aunque el general Porfirio Díaz era masón y se adhirió a las posiciones del Partido Liberal, no impuso activamente el anticlericalismo, por lo que, como compromiso, su gobierno había sido relativamente tolerado por los elementos conservadores mexicanos. Después del comienzo de la Revolución mexicana, que derrocó a Díaz, algunos opositores conservadores de los revolucionarios y católicos políticamente activos respaldaron el ascenso al poder del general Victoriano Huerta (que había sido apoyado en esta empresa por el Imperio alemán), pero su mandato duró poco. A raíz de esto, los carrancistas y otros grupos revolucionarios se involucraron en una reacción general contra los católicos mexicanos (hubieran apoyado o no a Huerta) y desarrollaron adiciones anticatólicas a la Constitución mexicana de 1917. Al mismo tiempo, se produjo en Rusia la Revolución bolchevique de Octubre, que inculcó en los elementos conservadores mexicanos la idea de que existía una conspiración mundial para derrocar al cristianismo.

Frente a esta visión burguesa, secularista y "masónica" de la sociedad, los católicos mexicanos fundaron diversas organizaciones para resistir el anticlericalismo y coordinarse en pos del "orden cristiano en México". Esto incluía la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), una asociación mayoritariamente laica patrocinada por la Compañía de Jesús, que había sido creada en 1913 por el P. Bernardo Bergöend, jesuita nacido en Francia, con la aprobación de José Mora y del Río, arzobispo de México. Después de las adiciones anticlericales cada vez más radicales a la Constitución mexicana de 1917, que impusieron la educación secular como obligatoria, dejaron al Estado en control de la propiedad de la Iglesia e hicieron obligatorio que los sacerdotes se registraran ante las autoridades del gobierno local para poder operar, creció una reacción católica, centrada en la ACJM. Los católicos crearon un partido político, el Partido Católico Nacional (PCN), que participó en el proceso político y en las elecciones de 1920, respaldando a la oposición, pero perdió ante Álvaro Obregón del Partido Laborista Mexicano, con una postura radicalmente anticlerical.

Con el ascenso al poder del sucesor elegido por Obregón, Plutarco Elías Calles, también laborista, se promulgó la llamada Ley Calles de 1926, que aplicó más estrechamente la Constitución de 1917 y agregó disposiciones propias (como buscar excluir a los sacerdotes católicos de participar en la vida política) se produjo una rebelión conocida como la Guerra Cristera. Además de la ACJM, que jugó un papel destacado en el bando cristero, la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, fundada en 1925, también jugaría un papel central. Los cristeros, aunque en muchos sentidos tradicionalistas, no eran puramente reaccionarios y apoyaban un catolicismo social basado en la Rerum novarum, lo que les permitió obtener el apoyo de algunas comunidades campesinas e indígenas en su revuelta contra la clase dominante "masónica" liberal y radical. Finalmente, la Iglesia institucional fue persuadida a retirar su apoyo, como parte de una paz negociada por los Estados Unidos y militarmente la rebelión llegó a su fin, aunque la persecución estatal explícita y violenta continuó hasta que Calles fue obligado a exiliarse por su sucesor, Lázaro Cárdenas, quien se había hecho cargo del Partido Nacional Revolucionario (PNR) que Calles había fundado.

Fundación y la lucha por la educación miniaturadeimagen|Plutarco Elías Calles, Presidente de México durante el Maximato y la Guerra Cristera, que ejerció las políticas más represivas en contra de los católicos mexicanos. Durante los años del Maximato, cuando Calles seguía controlando indirectamente el país, el PNR comenzó a tomar una dirección más socialista. En 1931, Narciso Bassols, un materialista ateo, se convirtió en el primer marxista en ocupar el cargo en México como Secretario de Educación Pública. Con un discurso anticlerical y anticonservador titulado el Grito de Guadalajara, Calles anunció abiertamente un plan para entrar en un "período revolucionario psicológico", donde el Estado tomaría el control de toda la educación en México para "apoderarse de la conciencia de la infancia" para la Revolución.

Después del ascenso de Cárdenas, Bassols continuó y desarrolló la siguiente fase de este programa educativo revolucionario, conocido como "educación socialista", mediante la cual todas las escuelas enseñarían a los niños de acuerdo con los principios del materialismo marxista y el ateísmo. Además de esto, los marxistas tuvieron otros papeles en el régimen de Cárdenas: creado a partir de la CROM, a la CTM, un sindicato que fue un actor político fundamental en el México Posrevolucionario. En un inicio, la CTM estuvo bajo el control de Vicente Lombardo Toledano, aunque nunca fue miembro del Partido Comunista Mexicano, Lombardo Toledano era, sin embargo, fuertemente prosoviético y su ascendencia judía fue utilizada por elementos de la ultraderecha como evidencia de que el régimen de Cárdenas era una conspiración "judeo-masónica-comunista" y de que la bolchevización de México estaba en curso.

Después de la Guerra Cristera, con el ascenso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y la continua tensión entre el Gobierno Mexicano y la población católica derivo en que los católicos políticamente activos en México comenzaron a desarrollar sociedades "reservadas" o secretas para resistir al Estado. Las organizaciones tenían una estructura piramidal, divididas en pequeñas células que no tenían contacto entre sí; irónicamente, esta estructura era similar a las organizaciones revolucionarias paramasónicas contra las que lucharon tan vehementemente. Algunos de estos grupos incluyen La Legión o Los Legiones (fundada en 1932 por Manuel Romo de Alba y cercana a los jesuitas y al sinarquismo ), su sucesora La Base (fundada en 1934, que eventualmente crearía la Unión Nacional Sinarquista ), y Los Conejos (fundada en 1935 en la Ciudad de México). Los TECOS, fundada en Guadalajara, Jalisco en 1934, fue una de estas sociedades católicas mexicanas de derecha "reservadas". Los miembros fundadores de la organización fueron el abogado Carlos Cuesta Gallardo (1911-1985), de 23 años, y Antonio Leaño Álvarez del Castillo (1911-2010). Aunque el apoyo dentro de la orden no fue total, varios sacerdotes de la Compañía de Jesús, también conocidos como los jesuitas, apoyaron a Los TECOS y el avance hacia la fundación de la Universidad Autónoma de Guadalajara, entre ellos; el P. José de Jesús Martínez Aguirre, P. Manuel Cordero, P. Joaquín Figueroa de Luna, P. Ramiro Camacho y el P. Joaquín Sáenz y Arriaga.

Scott Anderson y Jon Lee Anderson han afirmado que Carlos Cuesta Gallardo visitó el Tercer Reich en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Lo que hizo allí está rodeado de misterio, pero los Anderson y otros han especulado que estaba allí, en contacto con agentes alemanes, para potencialmente organizar la creación de una formación simpatizante de las potencias del Eje en el Río Grande como una póliza de seguro contra los Estados Unidos . Esto fue parte de un patrón en las relaciones entre Alemania y México, ya que los alemanes ya habían intervenido en la Revolución Mexicana anteriormente y en la controversia que rodeó al telegrama Zimmermann durante la Primera Guerra Mundial (parte de un plan para ayudar a la Reconquista mexicana de Texas, Arizona y Nuevo México ). A principios de la década de 1930, el joven Cuesta Gallardo ya estaba obsesionado con el concepto de una conspiración judeo-masónica y era un fanático de la literatura en este sentido proveniente de fuera de México, como El judío internacional de Henry Ford y Los protocolos de los sabios de Sión, probablemente de la Okhrana rusa, según un contemporáneo Luis Calderón. A Cuesta Gallardo se le ha acusado de escribir posteriormente, bajo varios seudónimos diferentes, sus propios libros del mismo género, incluso bajo el nombre de “Traian Romanescu” (un supuesto exiliado rumano), siendo la obra más popular de este tipo La Gran Conspiración Judía, publicada en México en 1961. Así como La Complot contra la Iglesia, como un esfuerzo colaborativo, bajo el nombre de “Maurice Pinay”, publicado al inicio del Concilio Vaticano II. Muchas de estas obras fueron publicadas como parte de la serie Biblioteca de secretos políticos.