El chabolismo en Bilbao se dio principalmente a mediados del como consecuencia de los grandes procesos migratorios del campo a la ciudad ocurridos durante las décadas de los años 40, 50 y 60 en España. Debido a las penurias causadas por la guerra civil, a la posterior sequía de 1944 y al consecuente bajo nivel que vida de las poblaciones rurales muchas familias emigraron hacia los núcleos urbanos y hacia los centros industriales del país como Bilbao. En el País Vasco a los que vivían en las chabolas los llamaban de forma despectiva chaboleros, coreanos, maketos, o belarrimotzak (orejas cortas), desertores del arado o trenak ekarritakoak (los que trajo el tren).
El aumento repentino de la población de la ciudad y la falta de planificación institucional provocaron una gran falta de vivienda, especialmente de vivienda asequible, lo que llevó a muchas de estas familias a construirse una chabola en los solares abandonados del centro y en los montes de los alrededores. En los años 50 llegaron a vivir en chabolas más de 26.000 personas, aproximadamente un 10% de la población. Mientras que Bilbao dobló su población algunos de los municipios como Santurce y Portugalete multiplicaron casi por cinco su población entre 1940 y 1970. La mayor parte de los barrios fueron derribados en 1961 y las familias trasladadas al poblado dirigido de Ocharcoaga, con viviendas para 18.000 personas.
Historia
La dificultad de acceso a la vivienda en Bilbao por parte de las clases más desfavorecidas es un problema que se ha documentado por lo menos desde la revolución industrial de finales del , cuando las primeras olas de inmigrantes llegaron para trabajar en los sectores industriales en desarrollo durante esa época, como la minería, los altos hornos o los astilleros, y se asentaron en los primeros arrabales. Achuri, uno de los barrios más antiguos, fue uno de estos primeros asentamientos. La población de Bilbao pasó de 35.737 en 1867 a los 81.956 en 1900.
El segundo gran crecimiento de la ciudad se dio durante la Primera Guerra Mundial con la expansión de la industria química o la electrificación, y gracias a la postura neutral de España vivió un segundo periodo de expansión económica. Los distintos ensanches de Bilbao, como el ensanche de Abando, fueron pensados principalmente para mejorar la infraestructura urbana de los barrios acomodados, teniendo poco en cuenta las clases trabajadoras. Los siguientes planes comarcales de urbanización de 1945 y 1964 estuvieron enfocados a la anexión a Bilbao de municipios como Erandio (1940) y el valle de Asúa (1966), y su eje principal fue el industrial; supeditando e resto de las inversiones en infraestructuras necesarias para la industria.
En 1918, viendo la falta de viviendas de bajo coste de la ciudad, el Ayuntamiento creó el organismo Junta de Viviendas (actualmente Viviendas Municipales) con el objetivo de construir viviendas de tipo económico y alquilarlas. A lo largo de los años se fueron constituyendo otras constructoras benéficas locales como Viviendas Municipales de Bilbao, Viviendas de Vizcaya de la Diputación Provincial de Vizcaya, el Patronato Social de Viviendas Protegidas de Vizcaya del Gobierno Civil o Nazareth del obispado de Bilbao, Viviendas Municipales Sociedad en Comandita o la Obra Sindical del Hogar a través de las cooperativas de viviendas.
Años 40 y 50 El fenómeno del chabolismo empezó a tomar peso después de la guerra civil durante la década de 1940, cuando se asentaban en la capital unas 3000 personas al año, cifra que pasó a 5000 en los 50. En España se dio un éxodo masivo del campo a las ciudades, y las áreas metropolitanas de Madrid, Barcelona y Bilbao fueron las que más crecieron, absorbiendo el 65% del total de la emigración española. Esta migración tuvo diversas causas entre las que se encuentran el estado de posguerra y crisis económica que trajo el conflicto, la pérdida de mano de obra debido a la muerte por la guerra o al exilio republicano, la sequía que se produjo en España durante la primera mitad de los años 40 o la política económica autárquica del Gobierno franquista. Los bombardeos de la batalla de Bilbao, que derrumbaron numerosos edificios de viviendas y dejaron en muy malas condiciones muchos otros, y la llegada masiva de inmigrantes provocaron un grave problema de falta de viviendas, tanto para las personas recién llegadas como para las que ya residían en la ciudad. Según el arquitecto de Elgóibar Pedro Muguruza en el libro Arquitectura popular española publicado en 1940, en España el 30% de las viviendas en España era insalubres, el 45% defectuosas, y únicamente el 25% reunía unas condiciones de salubridad aceptables.
La falta de viviendas asequibles provocó, además de los barrios de chabolas, que una gran cantidad de familias viviesen subarrendadas, compartiendo piso o incluso viviendo en pasillos en lo que se ha llamado como chabolismo invisible. Durante la primera mitad de los años 40 unas 50.000 personas vivían en régimen de subarriendo, en 1950 un 43,43% vivían compartiendo vivienda, y en los 60 esta cifra subió hasta casi las 100.000 personas, un 58,6% de la población. Bajo la premisa del existenzminimum de raíz racionalista, y bajo la guía del Instituto Nacional de la Vivienda, se construyeron algunos proyectos de vivienda social pública. La Central Nacional Sindicalista (el sindicato de la Falange) construyó algunas promociones en 1939, que la Obra Sindical del Hogar (OSH) asumió en 1941. El número de vivienda municipal fue muy bajo, entre 1939 y 1944 se construyeron menos de 400 viviendas sociales, muchas de ellas bajo las leyes de casas baratas, y entre entre 1944 y 1951 se construyeron 1.488. De promoción estatal se construyeron en Bilbao entre 1944 y 1951 1.069 viviendas a cargo de la Organización Sindical del Hogar. Tanto las municipales como las estatales tenían entre 40 y 70 metros cuadrados y casi todas estaban destinadas a la compra.
Bilbao presentaba problemas específicos en cuanto a su ejecución urbanística como su topografía montañosa y la escasez de suelo urbanizable, lo que provocó a su vez que se desarrollara con trama urbana de alta densidad. Las instalaciones industriales estaban entretejidas en la estructura de la ciudad, lo que provocaba problemas de salubridad y saneamiento, además de la alta contaminación de la ría, y la insuficiencia del pantano de Ordunte bajo de titularidad del Ayuntamiento de Bilbao generaba también problemas de abastecimiento de agua.
En 1946 se puso en marcha el Plan de Ordenación Urbanística y Comarcal de Bilbao y su entorno y se constituyó la Mancomunidad del Gran Bilbao para afrontar los cambios demográficos que se estaban dando tanto en Bilbao como en los municipios del área metropolitana. Este plan, pese a incluir a 26 municipios, se negoció entre el Ayuntamiento de Bilbao y el Ministerio de Gobernación por lo que en gran parte supeditó los intereses del crecimiento de Bilbao al resto de la región. A partir de los 50 la población del área metropolitana de Bilbao se multiplicó por dos en 20 años, pasando de 400.000 personas en 1950 a más de 800.000 en 1970.
Esta situación era común en las ciudades más industrializadas de la época como Madrid, Barcelona, Valencia o Gijón; y todas ellas tenían grandes asentamientos de chabolas. Según un informe oficial de 1950 el 25% de las viviendas españolas fueron categorizadas como “nocivas para la salud”, lo que llevó a aprobar el Primer Plan Nacional de Vivienda en 1955. La Orden Conjunta de 12 de julio de 1955 de dicho plan, entre otras cosas, exigía a las empresas de más de 50 empleados a construir viviendas para el 20% de los trabajadores permanentes. Las empresas de más de 50 empleados empleaban al 69% de los trabajadores industriales, y facilitaban la entrada de un piso o algún tipo de ayuda al trabajador (firmas, avales, etc), pero esta práctica podía dar paso a abusos por parte de los empresarios y como mecanismo de control social ya que tenían que dejar la vivienda en el caso que dejaran el trabajo. El 5 de septiembre de 1958 se firmó un decreto adjunto que obligaba la creación de comisiones para prevenir y sancionar la especulación, demoler las viviendas construidas sin permiso, regular y controlar la inmigración y sancionar la especulación (subdivisión de terrenos, construcción de edificios, venta o arrendamiento de los locales resultantes y la ocupación de ese tipo de edificios). El 18 de septiembre se publicó en el BOE un decreto prohibiendo explícitamente la construcción de chabolas en Bilbao.
Años 60 En 1957 se creó el Ministerio de Vivienda bajo la dirección de José Luis Arrese, arquitecto nacido en Bilbao y antiguo ministro-secretario general del Movimiento, que aglomeró los distintos organismos estatales dedicados a la vivienda y al urbanismo como el Instituto Nacional de la Vivienda, encargado de «fomentar la construcción de viviendas protegidas y asegurar su mejor aprovechamiento». Fue uno de los cambios iniciados durante la etapa del desarrollismo.
La Ley de Vivienda Subvencionada, extendida a Bilbao a principios de 1958, y el XIII Plan de Urgencia Social de Vizcaya de 1959, diseñado según el Plan de Urgencia Social de Madrid tras el fracaso de los dos planes urbanísticos anteriores (Ley de Viviendas Bonificables de 1944 y 1948 y el Plan Nacional de Vivienda de 1955), introdujeron el factor de la iniciativa privada a la construcción de vivienda subvencionadas, además de apostar definitivamente por la propiedad de la vivienda frente al alquiler. Incluyeron medidas como exenciones tributarias, expropiación y liberalización de suelo o subvenciones a fondo perdido. Se inició la construcción de dos grandes proyectos de construcción de viviendas, 3.765 en Ocharcoaga y 328 en Uretamendi a través de una cooperativa de vivienda. El Plan de Urgencia Social de Vizcaya fue establecido a través del Decreto 876/1959 del 27 de mayo.
Durante los años 60 se volvió a reanudar el crecimiento industrial, frenado durante años tanto por la guerra como posteriormente por la política autárquica y la represión franquista al sector nacionalista basco. Vizcaya se benefició del Plan de Estabilización, que promovió la inversión privada y liberalizó el mercado, especialmente en los sectores de la siderúrgica del acero, arrabio y laminados. de las navieras y de las industrias químicas, que experimentaron aumento del 111%. Pese al crecimiento económico esta liberalización también supuso una pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores y un aumento del coste de la vida. La población de Bilbao siguió creciendo un 32,54% en los años 50 y un 38,30% en los años 60.
1961 fue un año muy significativo en la historia del chabolismo de Bilbao ya que se entregaron los pisos del recién construido poblado dirigido de Ocharcoaga, con 3.644 viviendas. Tras el realojo de unas 18.000 personas en el polígono de viviendas de Ocharcoaga, se inició una operación de derribo del Plan de Absorción de Chabolas el 10 de agosto de 1961 llamada Derribo-Chabolas, llevada a cabo con la colaboración con el Ejército de Tierra debido a la resistencia de muchos de sus habitantes. Esta operación, y el traslado de la gente a Ocharcoaga, fue utilizado por el régimen como un elemento propagandístico, publicitada en el NO-DO y en otros medios de comunicación. La operación duró tres meses. Pese a que oficialmente la última chabola de Bilbao fue demolida en 1961, según un informe de Cáritas Bilbao de 1965 la ciudad todavía contaba con 15.000 personas viviendo en infraviviendas. El urbanismo planteado por el Plan de Absorción de Chabolas primaba los bajos costes por encima del bienestar de las personas que tenían que vivir en estos barrios nuevos.