miniaturadeimagen|Los primeros siete Concilios Ecuménicos que caracterizan al cristianismo bizantino. La ortodoxia bizantina o cristianismo ortodoxo bizantino o romano está organizada en Iglesias autocéfalas: los cuatro antiguos patriarcados (que junto con la Iglesia de Roma conformaban la pentarquía del primer milenio), los patriarcados de origen más reciente y otras Iglesias ortodoxas. En la corriente principal (o «canónica») hay un total de catorce o quince Iglesias autocéfalas que conforman la Iglesia ortodoxa; aunque existen también otras Iglesias no reconocidas por las Iglesias canónicas. Cada Iglesia autocéfala es gobernada por una jerarquía independiente encabezada por un patriarca, arzobispo o metropolitano (por ejemplo, el patriarca de Alejandría, de Antioquía, de Jerusalén, etc.) que hace de autoridad suprema en su propia Iglesia, reconociendo un primado de honor al patriarca de Constantinopla. En las Iglesias autocéfalas tienen a su vez algunas Iglesias con el estatus de «autónomas», lo que quiere decir que gozan de mayor autonomía que las simples eparquías.
Muchas de estas jurisdicciones corresponden a los territorios de uno o más estados modernos. Por ejemplo, el Patriarcado de Moscú corresponde a Rusia y algunos de los otros estados postsoviéticos.Richters, Katja. The Post-Soviet Russian Orthodox Church: Politics, Culture and Greater Russia (2014) Pueden incluir también metrópolis, obispados (diócesis), parroquias, monasterios o metoquiones periféricos correspondientes a diásporas que también pueden estar ubicadas fuera del país en el que reside el primado (este es el caso del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla cuyo territorio canónico se encuentra ubicado en parte en el nororiente de Grecia); en ocasiones, tales jurisdicciones se superponen (p. ej., en la región de Besarabia se superponen las jurisdicciones de los patriarcas de Bucarest y de Moscú).
La expansión del cristianismo comenzó en el área oriental de la cuenca del Mediterráneo dentro de la cultura griega, dando lugar al desarrollo de la ortodoxia bizantina. El cristianismo ortodoxo, que incluye la ortodoxia bizantina y la ortodoxia oriental, es una de las tres ramas principales del cristianismo, junto con el catolicismo y el protestantismo.
Las comunidades ortodoxas bizantinas comparten conocimientos, enseñanzas y oficios de gran similitud, y un fuerte sentido de identificarse como partes de una sola Iglesia. El transcurso del año para todo cristiano ortodoxo se ve marcado a través del calendario litúrgico de la Iglesia de la que depende.
Los cristianos ortodoxos creen que el Espíritu Santo procede únicamente de Dios Padre y no «del Padre y del Hijo» (Filioque).
Teología
Trinidad Los cristianos ortodoxos creen en la Santísima Trinidad, tres personas distintas y divinas (hipóstasis), sin que haya superposición ni modalidad entre ellas, y cada una de las cuales tiene una esencia divina (ousia, griego: οὐσία)—no creada, inmaterial y eterna. Estas tres personas se distinguen típicamente por su relación entre ellas. El Padre es eterno y no engendrado y no procede de nadie, el Hijo es eterno y engendrado del Padre, y el Espíritu Santo es eterno y procede del Padre. La doctrina ortodoxa sobre la Santísima Trinidad está resumida en el Credo niceno.
Los cristianos ortodoxos tienen una concepción monoteísta de Dios (Dios es uno solo), que es a la vez trascendente (totalmente independiente y separado del universo material) e inmanente (involucrado en el universo material). A la hora de discutir la relación entre Dios y su creación, la teología ortodoxa hace una distinción entre la esencia eterna de Dios, que es totalmente trascendente, y sus energías no creadas, que son la manera en que se extiende hacia la humanidad. El Dios que es trascendente y el Dios que toca a la humanidad son el mismo. Es decir, tales energías no son algo que proceda de Dios o que Dios produzca, sino que son Dios mismo: distintas, pero inseparables del ser interior de Dios. Este punto de vista a menudo recibe el nombre de palamismo.
Al entender la Santísima Trinidad como «un solo Dios en tres personas», no se debe enfatizar más el «tres personas» que el «un solo Dios», y viceversa. Si bien las tres personas son distintas, están unidas en una sola esencia divina, y su unidad se expresa en comunidad y acción de forma tan completa que no pueden considerarse por separado. Por ejemplo, la salvación que brindan a la humanidad es una actividad llevada a cabo en común: «Cristo se hizo hombre por la voluntad del Padre y por la cooperación del Espíritu Santo. Cristo envía al Espíritu Santo que procede del Padre, y el Espíritu Santo forma a Cristo en nuestros corazones, y así Dios Padre es glorificado». Tal «comunión de esencia» es «indivisible». La terminología trinitaria —esencia, hipóstasis, etc.— se usa «filosóficamente», «para responder a las ideas de los herejes» y «para ubicar los términos en donde separan el error y la verdad». Las palabras hacen lo que pueden hacer, pero se cree que la naturaleza de la Santísima Trinidad en su plenitud permanece más allá del entendimiento y expresión humanos, un misterio sagrado que solo puede experimentarse.
El pecado, la salvación y la encarnación alt=|miniaturadeimagen|304x304px| Juan Damasceno Cuando los cristianos ortodoxos se refieren a la naturaleza caída, no afirman que la naturaleza humana se haya vuelto malévola en sí misma. La naturaleza humana todavía está hecha a imagen de Dios; los humanos siguen siendo creación de Dios, y Dios nunca ha creado nada malo, pero la naturaleza caída permanece abierta a malas intenciones y actos. Se dice a veces entre los ortodoxos que las personas están «inclinadas al pecado»; es decir, a las personas les resultan atractivas algunas cosas pecaminosas. Es la naturaleza de la tentación el hacer que cosas pecaminosas parezcan más atractivas, y es la naturaleza caída de los seres humanos la que busca o sucumbe ante tal atracción. Los cristianos ortodoxos rechazan la posición agustiniana según la cual los descendientes de Adán y Eva son en realidad culpables del pecado original de sus antepasados.
Así pues, desde la caída del hombre ha sido el dilema de la humanidad que ningún ser humano pueda restaurar su naturaleza a la unión con la gracia de Dios; fue necesario que Dios efectuara otro cambio en la naturaleza humana. Según los ortodoxos, Jesucristo fue a la vez Dios y Hombre absoluta y completamente, teniendo dos naturalezas de manera indivisible: engendrado eternamente del Padre en su divinidad, nació en su humanidad de una mujer, María, por consentimiento de ésta, por descendencia del Espíritu Santo. Vivió en la tierra, en el tiempo y en la historia, como un hombre, y como tal murió también, y fue al lugar de los muertos, que es el Hades. Pero en tanto era Dios, ni la muerte ni el Hades pudieron contenerlo, y resucitó, en su humanidad, por el poder del Espíritu Santo, destruyendo así el poder del Hades y de la muerte misma.
A través de la destrucción del poder del Hades para mantener a la humanidad como rehén a manos de Cristo, Cristo hizo efectivo el camino a la salvación para todos los justos que habían muerto desde el principio de los tiempos— salvando a muchos, entre ellos Adán y Eva, que son recordados en la Iglesia como santos.
La resurrección de Cristo miniaturadeimagen|273x273px| Un icono ortodoxo ruso de la resurrección del . La Iglesia ortodoxa entiende la muerte y resurrección de Jesús como hechos históricos reales, tal como son descritos en los evangelios del Nuevo Testamento.
Vida cristiana La enseñanza de la Iglesia es que los cristianos ortodoxos, a través del bautismo, entran en una nueva vida de salvación a través del arrepentimiento cuyo propósito es compartir la vida de Dios a través de la obra del Espíritu Santo. La vida cristiana ortodoxa es una peregrinación espiritual en la que cada persona, por medio de la imitación de Cristo y el hesicasmo, cultiva la práctica de la oración incesante. Cada vida ocurre dentro de la vida de la iglesia como un miembro del cuerpo de Cristo. Es entonces, a través del fuego del amor de Dios en la acción del Espíritu Santo, que cada miembro se hace más santo, más plenamente unido a Cristo, empezando en esta vida y continuando en la venidera. La iglesia enseña que todas las personas, al nacer a imagen de Dios, están llamadas a la theosis, la realización de la imagen en semejanza a Dios. Dios el creador, teniendo divinidad por naturaleza, ofrece a cada persona participación en la divinidad al aceptar cooperativamente el don de Su gracia.
La Iglesia ortodoxa, al entenderse a sí misma como el Cuerpo de Cristo, y al entender de manera similar que la vida cristiana lleva a la unificación en Cristo de todos los miembros de su cuerpo, considera que la iglesia abarca a todos los miembros de Cristo, aquellos que viven en la tierra actualmente, y también todos aquellos que a través de los siglos han pasado a la vida celestial. La iglesia incluye a los santos cristianos de todos los tiempos, y también jueces, profetas y justos judíos del primer pacto, Adán y Eva, incluso los ángeles y las huestes celestiales. En los ritos ortodoxos, los miembros terrenales junto con los miembros celestiales adoran a Dios como una sola comunidad en Cristo, en una unión que trasciende el tiempo y el espacio y une el cielo con la tierra. Esta unidad de la Iglesia es llamada a veces la comunión de los santos.
Virgen María y otros santos miniaturadeimagen| Nuestra Señora de Tenos es el principal santuario mariano de Grecia miniaturadeimagen| La Theotokos de Vladímir, uno de los iconos cristianos ortodoxos más venerados de la Virgen María La Iglesia ortodoxa cree que la muerte y la separación del cuerpo y el alma no son naturales—resultado de la Caída del Hombre. También sostienen que la congregación de la iglesia comprende tanto a los vivos como a los muertos. Todas las personas que se encuentran actualmente en el cielo son consideradas santas, sean o no conocidos sus nombres. No obstante, hay santos distinguidos a quienes Dios ha revelado como ejemplos especialmente buenos. Cuando un santo es revelado y en últimas reconocido por una gran parte de la iglesia, se celebra un rito de reconocimiento oficial (glorificación).
Esto no «hace» santa a la persona; simplemente reconoce el hecho y se lo anuncia al resto de la iglesia. Se prescribe un día para la celebración del santo, se componen himnos y se crean iconos. Numerosos santos son celebrados cada día del año. Son venerados (es decir, se les muestra gran respeto y amor) pero no son adorados, porque la adoración se debe solo a Dios (esta creencia también la comparten las iglesias católica y ortodoxas orientales). Al mostrar a los santos este amor y solicitar sus oraciones, los ortodoxos manifiestan su creencia en que los santos ayudan de esta forma en el proceso de salvación de las demás personas.
Lugar preeminente entre los santos ocupa la Virgen María (comúnmente conocida como Theotokos o Bogoroditsa : «Madre de Dios»). En la teología ortodoxa oriental, la Madre de Dios es el cumplimiento de los arquetipos del Antiguo Testamento revelados en el Arca de la Alianza (en tanto llevó en su interior a la Nueva Alianza en la persona de Cristo) y la zarza ardiente que se le apareció a Moisés (que simboliza a la Madre de Dios llevando a Dios en su ser sin ser consumida).