La conquista del peñón de Vélez de la Gomera por la Monarquía Hispánica tuvo lugar en 1564. Sucedió a una expedición fallida el año anterior, y tuvo como resultado el asentamiento español definitivo en el peñón como plaza fuerte, que ha continuado hasta la actualidad.Enciclopedia Universal Ilustrada, páginas 693-696

La expedición fue un logro impactante por su éxito y brevedad, ya que el peñón se consideraba inexpugnable si no fuera por hambre.Fernández Duro, p.70 Constituyó una victoria pequeña pero simbólica, la primera seña de recuperación del poderío naval hispánico tras el desastre de Los Gelves, y precedió al gran éxito de la defensa de Malta del año próximo.

Trasfondo España conquistó el peñón por primera vez el 23 de julio de 1508, cuando las tropas de Fernando el Católico al mando de Pedro Navarro, antiguo pupilo del Gran Capitán, se hicieron con él. Las fuerzas moras trataron de reconquistarlo en varias ocasiones, consiguiéndolo en diciembre de 1522 de manos del gobernador Juan de Villalobos y estableciendo el estado musulmán de Badis, base de piratería berberisca y corso otomano. Los intentos españoles de retomarlo se sucedieron en 1525 y 1563, estorbados por la implicación de España en las Guerras de Italia contra Francia, aliada otomana. Entre tanto el peñón se convirtió en un importante astillero berberisco.

En 1563, una expedición al mando de Sancho Martínez de Leiva (no confundir con su hijo homónimo) fracasó a la hora de tomar el peñón, por lo que el rey Felipe II ordenó la repetición de la empresa en abril, cuando se supo que la armada otomana no llevaría a cabo grandes operaciones.Historia general, p. 22 Puso al mando al veterano García de Toledo Osorio, virrey de Nápoles. La armada, que incluiría aliados del imperio portugués, se reunió en Málaga, con cada una de sus escuadras haciendo capturas de naves berberiscas por el camino, y partió el 29 de agosto.Fernández Duro, p. 65-66 En ella volverían a participar Leiva y Álvaro de Bazán, el cual se se había distinguido en la primera a pesar de sus planes tácticos no fueron escuchados.

La armada otomana fue pillada a contrapié, ya que sus capitanes se figuraron que una armada así se dirigiría a Argel, Bugía o Trípoli, no a Vélez de la Gomera, una fortaleza más pequeña y que se consideraba inexpugnable. De hecho, para mayor secreto, ni las propias tripulaciones cristianas lo sabían, y sólo tras zarpar el virreyles reveló su objetivo.Fernández Duro, p. 66

Fuerzas enfrentadas La flota católica comprendía 6000 soldados del Tercio de Nápoles, 2000 lansquenetes alemanes y 1200 aliados italianos, además de otros portugueses y malteses. Estaba formada por diferentes escuadrones:

La armada española, liderada por García de Toledo con 14 galeras, además de Álvaro de Bazán con otras 12. Siete de las galeras españolas fueron prestadas por Marco Antonio Colonna. La marina portuguesa Francisco Barreto con 8 galeras, además de un galeón y cuatro carabelas. La marina genovesa, capitaneada por Giovanni Andrea Doria con 12 galeras, además de Marco Centurione con otras 4. En ella iban también galeras particulares. La escuadra de Nápoles, liderada por Sancho de Leyva con 11 galeras. La escuadra de Sicilia, mandada por Fadrique de Carvajal, hijo del señor de Jódar, con 10 galeras. La armada de la orden de San Juan, con 5 galeras capitaneadas por Pierre de Giou, caballero de San Juan, con 5 maltesas. Las tropas embarcadas las mandaba Mathurin Romegas. La marina toscana, con 7 galeras capitaneadas por Jacopo Apiano. Las tropas embarcadas eran mandadas por Chiappino Vitelli. La marina saboyana, liderada por André Provana de Leyni con 10 galeras.

Junto a ellas iban 15 chalupas bajo Alonso de Bazán, 35 bergantines y una urca, dando un total de alrededor de 150 velas.Fernández Duro, p. 67-68

Batalla El 31 de agosto tocaron tierra y procedieron a ocupar y atrincherar las cercanas Torres de Alcalá, que estaban sin guarnición. Tan pronto como vieron la flota, los habitantes de Badis abandonaron la ciudad, mientras que los turcos del peñón se encerraron en él y dieron fuego a tres naves catalanas capturadas que estaban allí atracadas. Dejando a Marco Centurione como comandante de la flota y tras explorar profusamente la región y repeler varias patrullas islámicas, Toledo organizó una fuerza terrestre en tres escuadrones, con la artillería y la impedimenta en medio y columnas a los lados, encabezada por Leyva. Se dirigió así a la ciudad, de la que tomó posesión tras repeler breves asaltos.Fernández Duro, p. 68-69

Toledo ordenó construir una trinchera para la artillería en la playa, a poca distancia del peñón, y emplazar más cañones en lo alto del Cantil y el Baba, que requirió incluso llevar piezas a hombros por lo fragoso del terreno. Mientras tanto, en el interior de la fortaleza se pensaba en aguantar: el corsario y caíd Kara Mustafá (no confundir con el posterior Kara Mustafá) había avituallado el peñon antes de la llegada de los cristianos y dejado a su cargo al renegado español Ferret, y ahora intentaba recabar refuerzos del sultán wattásida de Fez, confiando en la solidez de los muros para aguantar hasta que llegase. Los cristianos rodearon entonces el peñón con varios barcos desde el mar, y así, cercada por todos por todos lados, comenzaron a bombardear la posición. El efecto fue fulminante, y el primer día quedaron destruidas dos torres y varias piezas de los defensores, mientras que los cristianos sólo tuvieron que repeler más escaramuzas berberiscas.Fernández Duro, p. 69

Durante la noche, Giovanni Andrea Doria subió otras dos piezas de artillería a una peña cercana usando aparejos de escalada. Los turcos lo descubrieron y trataron de repelerlo con arcabucería, pero no lo lograron. Ante la tardanza de los refuerzos musulmanes, decidieron abandonar la fortaleza, haciéndolo también con nocturnidad y en pocos grupos para no ser detectados y atacados. Quedaron 27 turcos que se negaron a seguirle, de los cuales el capitán, renegado albanés, se entregó a Doria y contó la situación a los cristianos. Tras acercarse a la fortaleza con un batel, Doria obtuvo la rendición de los que quedaban en la fortaleza y ésta fue ocupada por los expedicionarios poco después, haciéndose con toda la artillería y víveres que los moros habían dejado tras de sí y poniendo fin al asedio el 6 de agosto.

Despedidas las flotas de Portugal y Malta, García de Toledo dejó 500 hombres como guarnición mientras se reparaba la fortaleza al mando de Álvaro de Bazán, y se dispuso a reembarcar en la flota todas las demás fuerzas. En medio de los preparativos llegaron los refuerzos de Fez, que fueron repelidos.

Posterioridad El peñón se sumó a las ya existentes plazas españolas en África, y Toledo fue ascendido a virrey de Sicilia en octubre por la facilidad de la empresa.Fernández Duro, p.64 Incluso Giovanni Andrea Doria, infame por su papel en Djerba, salió con alabanzas.Fernández Duro, p. 71 El cronista francés Pierre de Brantôme, participante invitado de España en la operación, quedó impresionado con su despliegue y eficiencia, que relató al rey Carlos IX de Francia lamentándose de que su país nunca hubiera tenido recursos navales como aquellos.

El sultán Solimán, ante la indignación en el mundo musulmán por la toma del peñón, creció en sus intenciones de lanzar un ataque potente contra las posiciones cristianas en el Mediterráneo oeste. Tras deliberar entre apuntar a Sicilia o a Malta, se decidió por esta última, especialmente después de que Romegas recapturara una gran nao toscana tomada por los turcos y realizara una atrevida exploración en el Peloponeso otomano. Ello desembocó en el Gran Sitio de Malta del año siguiente, donde García de Toledo y Álvaro de Sande asistieron a la Orden de Malta para vencer a los turcos.

Vélez de la Gomera sería atacado en varias ocasiones, entre las que destacaron las ofensivas de Muley Amet con 10.000 hombres en 1680 y por Muley Sidam con 14.000 en 1701, pero todos fueron repelidos y derrotados.

Referencias

Bibliografía Enciclopedia General del Mar. Garriga, 1957. Enciclopedia Universal Ilustrada - tomo 67, Espasa, 1929.

Fernández Duro, Cesáreo. La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón hasta la actualidad. Madrid, 1970.

Lafuente, Modesto; Valera, Juan; Pirala, Antonio; Borrego, Andrés. Historia general de España desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Fernando VII. 1883.

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