La Torá oral o Ley oral () son estatutos e interpretaciones legales que no están escritos en los Cinco Libros de Moisés de acuerdo con el judaísmo rabínico, la Torá escrita (), y que son consideradas por judíos ortodoxos como prescriptivas y dadas al mismo tiempo. Este código de conducta judío holístico abarca una amplia gama de rituales, prácticas de culto, relaciones interpersonales y con Dios, que incluyen desde leyes dietarias hasta la observancia del Sabbat y las festividades, pasando por las relaciones matrimoniales, prácticas agrícolas y reclamaciones civiles y de daños y perjuicios.
De acuerdo con la tradición judía rabínica, la Torá oral fue transmitida oralmente de generación en generación, en una cadena ininterrumpida, hasta que su contenido fue finalmente puesto por escrito tras la destrucción del Segundo Templo en el año 70 d. C., momento en el que la civilización judía tuvo que enfrentarse a una amenaza existencial, en virtud de la dispersión del pueblo judío.
Los principales repositorios de la Torá oral son la Mishná, que fue compilada por Yehudah Hanasí (el Príncipe) entre los años 200 y 220 d. C., y la Guemará, una serie de comentarios y debates continuos en relación con la Mishná, y que en su conjunto forman el Talmud, que constituye el texto preeminente del judaísmo rabínico. Existen dos versiones del Talmud; una fue escrita en Galilea 300-350 d. C. (el Talmud de Jerusalén) y un segundo Talmud más extenso que fue compilado en la Babilonia judía 450-500 d. C. (el Talmud de Babilonia).
Un principio fundamental de fe en el judaísmo ortodoxo es la creencia de que la Torá oral fue transmitida oralmente por Dios a Moisés en el Monte Sinaí bíblico en medio del Éxodo desde el país de Egipto (Mitzraim) y Maimónides lo reconoció como uno de sus Trece principios de la fe judía. No obstante, no todas las ramas nuevas de ideologías de inspiración rabínica aceptan que la torá oral proceda literalmente de Har Sinaí, caracterizándola en cambio como el producto de un proceso histórico de interpretación continua.
Ha habido asimismo disidentes históricos de la torá oral en su totalidad, entre quienes se encuentran los antiguos saduceos, esenios y seguidores del judaísmo caraíta moderno, quienes derivan sus prácticas religiosas estricta y exclusivamente de la torá escrita, usando el significado más natural de las Escrituras para formar su propia base de la ley judía. Los caraítas apelan a menudo a tradiciones interpretativas pero, a diferencia de los judíos rabínicos, no atribuyen a tales tradiciones una paridad autoritativa o normativa con respecto a la torá escrita. Los judíos beta Israel, que siguen tradicionalmente una forma de judaísmo denominada Haymanot, rechazan también la idea de una torá oral.
Componentes de la Torá oral El término «Torá oral» no debe entenderse como monolítico. La Enciclopedia Judía divide la Torá oral en ocho categorías—ordenadas de acuerdo con su nivel relativo de autoridad—que se encuentran dentro del talmud, la tosefta y los midrashim halájicos.
Explicaciones de aquellas leyes del derecho escrito que no son plenamente inteligibles sin sus explicaciones y, presuponen por tanto una interpretación oral. Tales explicaciones están conectadas de alguna manera con las Escrituras. Halajot antiguas que no tienen conexión con las Escrituras y no pueden conectarse con ellas, de manera que derivan su autoridad sólo de la tradición que las atribuye a Moisés en el Sinaí. (En el caso de estos dos grupos, es imposible determinar qué aclaraciones y reglas fueron realmente dadas a Moisés en el Sinaí y cuáles fueron añadidas posteriormente.) Leyes que se encuentran en los libros de los profetas . Algunas de ellas se originaron en la época de los Profetas, pero otras son mucho más antiguas, y tal vez hayan sido transmitidos oralmente y puestas por escrito por los Profetas. También se les llama «Dibre Ḳabbalah» (Palabras de tradición). Interpretaciones y regulaciones que definen muchas leyes escritas, así como nuevas leyes, formuladas por los escribas tempranos, empezando en la época de Esdras. Éstas también son llamadas «Dibre Soferim» (Palabras de los escribas). Interpretaciones y regulaciones que cubren la ley escrita, así como nuevas halajot, que los tanaim dedujeron a partir de las Escrituras mediante reglas hermenéuticas o mediante conclusiones lógicas. Hay diferencias de opinión entre los estudiosos con respecto a la mayoría de estas explicaciones y definiciones, pero tienen el mismo peso que la ley escrita, y también se les llama «Debar Torah"»(Reglamento de la torá). Costumbres y observancias («taḳḳanot») que fueron introducidas en épocas diversas por diferentes estudiosos. Se le atribuyen en parte a Moisés, y en parte a Josué, pero principalmente a los miembros de la Gran Sinagoga o a los Soferim («escribas»), y también se les llama «Dibre Soferim» («Palabras de los escribas»). Estatutos y decisiones («gezerot») decretadas por el sanedrín o tribunal, y aceptadas generalmente. Tales leyes sólo podían ser derogadas por otro tribunal mayor que el primero en términos de número y erudición. Estatutos y regulaciones para los cuales los eruditos no habían encontrado tradición ni alusión en las Escrituras, pero que aceptaban como normas después de abstraerlas de las costumbres y leyes del país en el que vivían. Estos eran llamados «Hilkhot Medinah» (Estatutos del país).
Las leyes de los últimos tres grupos no eran consideradas iguales en términos validez a la ley escrita («De'oraita»), sino que se consideraban somo simples regulaciones rabínicas («de-rabbanan»).
Desarrollo histórico
Fuente y transmisión De acuerdo con estudios modernos, las tradiciones incorporadas en lo que se conoció después como la «Torá oral» se desarrollaron a lo largo de varias generaciones entre los habitantes de Judea y fueron transmitidas a través de modos diversos de transmisión cultural, que incluyeron pero no se limitaron a la transmisión oral. Se ha planteado la hipótesis de que, en algún punto previo al exilio babilónico entre el 586 y el 530 a. C., al aplicar el código mosaico a la vida cotidiana y al culto en el templo, «una multitud de usos que surgieron de la necesidad práctica, conveniencia o experiencia se hicieron en parte de la rutina de observancia del código y, con el paso del tiempo, llegaron a compartir la santidad y autoridad inherentes al código divinamente inspirado».
Tales prácticas sufrieron un crecimiento exponencial a partir de la época de Esdras y hasta la destrucción del Segundo Templo por parte de los romanos, a raíz de las cambiantes condiciones sociales y religiosas que vivían los habitantes de Judea. Muchas de tales prácticas eran promovidas por la secta de loss fariseos, compuesta por judíos mayoritariamente de clase baja y media que se oponían a los saduceos, la casta sacerdotal que controlaba el culto del templo. Los saduceos rechazaban la legitimidad de cualquier ley o tradición extrabíblica, así como ideas cada vez más populares tales como la inmortalidad del alma o intervención divina.Según Flavio Josefo, Antigüedades XIII. x. 6, "Los fariseos han transmitido al pueblo un gran número de observancias por sucesión de sus padres que no están escritas en la ley de Moisés; y por esa razón es que los saduceos las rechazan, y dicen que debemos considerar obligatorias aquellas observancias que están en la Palabra Escrita, pero que no debemos observar lo que se deriva de la tradición de nuestros antepasados." Danby señala lo siguiente:Una hipótesis razonable es la de que un resultado de esta controversia—una que continuó durante dos siglos—fue una compilación deliberada y justificación de la tradición no escrita por parte del partido fariseo, tal vez no sistemática y pequeña en escala en las etapas tempranas, pero estimulada y fomentada de vez en cuando tanto por la oposición de los saduceos como por controversia interna (tal como, p. ej., las disputas entre las Casas de Hillel y de Shammai) dentro de las filas de los fariseos, lo que culminó en las colecciones de leyes tradicionales (Halajot) de las cuales la mishná actual extrae su material.Con la destrucción del Segundo Templo alrededor del año 70 d. C., la secta de los saduceos fue despojada de su principal fuente de autoridad (esto es, el Templo y sus ritos y cultos), sin la cual su teología no tenía posibilidad de sobrevivir. Por otro lado, los fariseos pasaron a ser los progenitores de la clase rabínica, quienes formalizaron las tradiciones de sus predecesores. Tras la destrucción del Templo, es posible que el líder farisaico Yohanan ben Zakai (30-90 d. C.) se estableció en Yavne, donde creó una escuela que llegó a ser considerada por otros judíos como los sucesores del Sanedrín de Jerusalén. A este Concilio de Jamnia le recayó la obligación de administrar e interpretar la ley religiosa, conservar la tradición y resolver problemas que surgieron a raíz de que numerosas observancias dependían en el pasado de la existencia del Templo y del sacerdocio. De esta manera, entre los años 70 y 130 d. C., cuando la revuelta de Bar Kojba diezmó aún más a la comunidad judía, la Ley oral pasó por un período significativo de desarrollo y un nivel sin precedentes de autoridad legal y religiosa entre la población.
Codificación
La mishná La destrucción del Segundo Templo y la caída de Jerusalén en el y comienzos ddel devastaron a la comunidad judía. Tanto la primera guerra judeo-romana, entre los años 66 y 73 d. C., como la revuelta de Bar Kojba, costaron cientos de miles de vidas judías, así como la destrucción de yeshivot importantes y la muerte de miles de estudiosos y estudiantes. Fue en ese punto que se hizo evidente que la comunidad hebrea y su conocimiento estaban bajo amenaza, y que la única manera de garantizar que se pudiera preservar la ley era poniéndola por escrito. En consecuencia, alrededor del año 200 d. C. se completó una edición de la Ley Oral por escrito. Tanto la tradición rabínica como la investigación atribuyen este esfuerzo a Yehudáh Hanasí. El resultado de este esfuerzo, la mishná, se considera generalmente como la primera obra de la literatura rabínica.
«Mishná» es el nombre que se le da a los 63 tratados que Hanasí codificó de manera sistemática, que a su vez se dividen en seis «órdenes». A diferencia de la Torá, en la que, por ejemplo, las leyes del Sabbat se encuentran dispersas a lo largo de los libros del Éxodo, Levítico y Números, todas las leyes mishnáicas del Sabbat se encuentran en un solo tratado llamado Shabbat. Más aún, las leyes contenidas en los 24 capítulos que componen tal tratado son mucho más extensas que aquellas contenidas en la Torá, lo que refleja la amplitud de la Ley Oral. De acuerdo con lgunas autoridades, Hanasí hizo uso de hasta 13 colecciones separadas de Halajot provenientes de diferentes escuelas y períodos, y volvió a reunir ese material en un todo coherente, lo organizó de manera sistemática, resumió discusiones y, en algunos casos, emitió sus propios fallos en aquellos casos en que existían tradiciones alternativas.