El gobierno constitucional de José Rufino Echenique en el Perú empezó el 20 de abril de 1851 y terminó el 5 de enero de 1855, como consecuencia de un golpe de Estado tras una guerra civil.

El general José Rufino Echenique fue elegido en las elecciones de 1851, consideradas como las primeras elecciones verdaderas del Perú, cuando habían ya transcurrido treinta años del inicio de la República. Fue un gobierno conservador, que recibió la oposición de los políticos liberales, pero no tuvo mayor trastorno hasta el estallido de la revolución de 1854.

En el aspecto económico, dio leyes y decretos para impulsar el comercio y la industria; continuó con la explotación a vasta escala del guano de islas, contratando con varias firmas de consignatarios; convirtió la deuda externa inglesa, conservando de esa manera el crédito del país; arregló la deuda de la independencia con los países de la antigua Gran Colombia (Ecuador, Nueva Granada y Venezuela); propició el pagó de un millón de pesos a los herederos del Libertador Bolívar, según lo comprometido en el Congreso peruano de 1825. También continuó el pago de la deuda interna, llamada la Consolidación, dando lugar a agudas críticas, pues se le acusó de haber permitido el enriquecimiento ilícito de muchas gentes de manera fraudulenta.

Con el respaldo proporcionado por los ingresos de la venta del guano de islas, el gobierno de Echenique continuó el progreso material iniciado por su antecesor, el presidente Ramón Castilla. Construyó el ferrocarril de Tacna a Arica; promovió la navegación y colonización de la región amazónica; trajo ingenieros de Europa para que trabajaran en el Perú en un vasto plan de obras públicas, que incluía irrigaciones para ampliar la frontera agrícola; construyó o mejoró los muelles y aduanas de los principales puertos; construyó caminos y puentes en toda la República; y contrató en Italia la construcción de las estatuas de Colón y Bolívar, para ornar los espacios públicos de Lima, las cuales llegaron en el siguiente gobierno.

Continuó también con el fortalecimiento del ejército y la armada iniciado por su antecesor Castilla. Mandó a construir en Inglaterra la fragata a vapor Apurímac, y las goletas Tumbes y Loa. La marina de guerra llegó a contar con 17 unidades, siendo una de las más poderosas de Sudamérica. Durante este mandato ocurrió el sacrificio del marino Juan Noel.

En el aspecto internacional, defendió con éxito la soberanía peruana en las islas Lobos (costa norte), amenazada por la presencia de ingleses y estadounidenses que querían explotar el guano aduciendo que dichas islas eran “tierra de nadie”. Enfrentó también el incidente provocado por la “Expedición Flores”, cuando el expresidente de Ecuador Juan José Flores armó en el Perú una expedición para invadir dicho país, la cual concluyó en fracaso. Inició la delimitación de las fronteras del Perú al celebrar en 1851 un convenio de comercio y navegación con el Brasil, por lo que se otorgó territorios a dicho a país en la frontera norte colindando con el río Amazonas, a cambio de libre navegación y comercio por dicha vía fluvial. Con Ecuador hubo una discusión diplomática en la que por primera vez el gobierno peruano usó en la defensa de la posesión de su territorio el texto de la Real Cédula de 1802 recientemente ubicado luego de estar perdido en los archivos. Y con Bolivia hubo una seria tensión debido a la inundación en el sur peruano de moneda boliviana feble (de baja ley) que abiertamente promovió el gobierno de Manuel Isidoro Belzu, entre otros atentados que contra la regla diplomática que cometió este mandatario, lo que estuvo a punto de desencadenar un conflicto armado, llegando el Congreso peruano a dar al Ejecutivo autorización para iniciar la guerra.

Finalmente, el país se vio sacudido por el escándalo del pago de la deuda de la consolidación, lo cual, sumado al desinterés mostrado por Echenique en iniciar la guerra con Bolivia, provocó un levantamiento popular a la cabeza del cual se puso el expresidente Castilla, con el apoyo de los políticos liberales; por eso se le suele llamar también como la Revolución Liberal de 1854, aunque Castilla mismo no profesaba esa ideología. Se desencadenó así una guerra civil, en el transcurso de la cual, el gobierno revolucionario dio dos leyes trascendentales: la abolición de la esclavitud y la abolición del tributo indígena. La contienda concluyó el 5 de enero de 1855 con la derrota de Echenique en la batalla de La Palma, seguido de su derrocamiento y destierro.

Elecciones de 1850

180px|miniaturadeimagen|izquierda|El mariscal Ramón Castilla, presidente de 1845 a 1851, apoyó la candidatura del general José Rufino Echenique para que fuera su sucesor. En las elecciones de 1851 el general José Rufino Echenique, entonces presidente del Consejo de Estado (cargo equivalente al de primer vicepresidente) se presentó como candidato, con el apoyo del gobierno de Ramón Castilla y de los sectores conservadores del país.

También presentaron su candidatura el general Manuel Ignacio de Vivanco, apoyado por el pueblo de Arequipa y algunas zonas del norte del país; y el caudillo civil Domingo Elías, respaldado por hombres de negocio e intelectuales liberales, que fundaron a propósito el Club Progresista, el primer intento de creación de un partido civil en el Perú. Otros candidatos con menos opción de triunfo fueron los generales Miguel de San Román, Antonio Gutiérrez de la Fuente y Pedro Bermúdez.

Según el historiador Jorge Basadre, estas elecciones fueron las primeras de la historia republicana del Perú que reunieron todas las características de un proceso electoral. Hubo varios candidatos, exhibición pública de fuerzas, formulación de programas, propaganda, campañas periodísticas cargadas de lisonjas al candidato propio y llenas de agravios hacia el rival. Echenique, por ejemplo, fue acusado de no tener la nacionalidad peruana y ser en realidad boliviano. Y hubo también serios indicios de malas maniobras de parte del gobierno para favorecer a su candidato preferido.

Las elecciones eran entonces indirectas, a través de los Colegios Electorales; estas se realizaron el 17 de febrero de 1850 en Lima y el 20 de diciembre de 1850 en provincias. Como solía ocurrir en ese tipo de elecciones, los partidarios de un candidato ganaban los colegios electorales con violencia, por lo que ocurrieron algunas reyertas sangrientas en Lima.

Ya acercándose la fecha del cambio de mando, el presidente Castilla convocó a un Congreso Extraordinario, para que tratara dos temas complicados que se habían presentado durante el proceso electoral: la presunta nacionalidad boliviana de Echenique y la fecha de la entrega de mando. Con respecto a esto último, Castilla había asumido el poder el 20 de abril de 1845 para un periodo de seis años, que culminaba el 20 de abril de 1851, pero la Constitución establecía que la toma de mando debía ser el 28 de julio, aniversario patrio. De modo que se planteó la duda de la fecha en que debía asumir el vencedor de las elecciones, si el 20 de abril o el 28 de julio.

El Congreso Extraordinario empezó sus sesiones el 20 de marzo de 1851. Con respecto al asunto de la nacionalidad de Echenique, la mayoría de los parlamentarios consideraron que no había motivos suficientes para cuestionar su nacionalidad peruana; se mostraron documentos que probaban que había nacido en Puno, aunque reconociendo que su partida de bautismo se había extraviado. En cuanto a la fecha de la toma de mando, esta fue fijada para el 20 de abril de 1851.

El Congreso se encargó también de revisar las actas electorales. De acuerdo al cómputo oficial, el total de electores fue de 3804. De ellos 2392 votaron por Echenique, 609 por Elías, 326 por Vivanco, 242 por San Román, 52 por Bermúdez, 33 por La Fuente, uno por Iguaín y el resto fue voto nulo o viciado. De ese modo, Echenique resultó elegido como presidente de la República.

Toma de mando miniaturadeimagen|180px|José Rufino Echenique en 1855. La transmisión de mando de 20 de abril de 1851 fue todo un acontecimiento. Por primera vez, después de treinta años de gobierno independiente, un presidente peruano terminaba constitucionalmente su mando y entregaba a otro que había ganado a través de elecciones populares.

La ceremonia se realizó en la tarde, en la sede del Congreso frente a la Plaza Bolívar. Echenique se dirigió solemnemente desde su casa situada en la calle Minería, acompañado de personalidades y autoridades. El trayecto le tomó una hora; a su paso, la gente salía a las calles o contemplaba el desfile desde los balcones, en medio de un ambiente de fiesta, mientras repicaban todas las campanas.

En la ceremonia de juramentación estuve presente el presidente saliente, Ramón Castilla. Echenique juró «ejercer fielmente el cargo, proteger la religión del Estado, conservar la integridad, independencia y unión de la nación y guardar y hacer guardar su Constitución y sus leyes». Los festejos duraron tres días; se dieron corridas de toros en la Plaza de Acho, se realizaron funciones en el Teatro Principal y se inauguró el Teatro de Variedades, donde la compañía de Mateo O’Loghlin representó el drama histórico Don Rodrigo Calderón de Ramón Navarrete.

Durante el besamanos o ceremonia de saludo al nuevo mandatario en Palacio de Gobierno, era tantas las visitas que el recinto quedó copado y Echenique tuvo que subir a un silla para agradecerles a todos su gentileza. Su gobierno se convirtió de alguna manera en la prolongación del primer gobierno de Castilla.

Aspecto político. Orden interno Gobierno conservador El gobierno de Echenique fue de tendencia conservadora. El mismo Echenique era un rico propietario, casado con la dama arequipeña Victoria Tristán, hija de Pío Tristán (el llamado “último virrey del Perú”), es decir, pertenecía a la clase alta y tenía estrechos vínculos con sus más importantes miembros.

El líder de los conservadores, Bartolomé Herrera, pasó a ser uno de sus principales colaboradores del gobierno, primero como Ministro de Justicia e Instrucción Pública, luego como encargado del despacho de Gobierno y Relaciones Exteriores, siendo después acreditado como ministro plenipotenciario ante la Santa Sede en Roma, donde gestionó la firma de un concordato, que a la postre no se dio.

El gobierno desde el principio afrontó dificultades, debido a la manera en que fue elegido. Sus opositores le acusaban de haber sido impuesto por Castilla, aduciendo malas maniobras durante las elecciones. Durante esa campaña electoral, Echenique había sufrido de constante difamación y hasta se cuestionó su nacionalidad peruana. Los bandos que se formaron en esas elecciones dividieron al país, por lo que Echenique tuvo siempre dificultad para mantener el orden y la paz. Solo faltaba una bandera popular para levantar al país y esa sería el escándalo de la consolidación, el primer caso de mega corrupción que afrontó el Perú, según veremos más adelante.

Motín de Arequipa de abril de 1851. La amnistía miniaturadeimagen|200px|izquierda|Boceto a lápiz de la ciudad de Arequipa vista desde la Alameda. Reproducido de la obra de Sir Clements Markham.