El Palacio Real (), conocido durante la etapa comunista (1948-1990) como Palacio de la República (), es un palacio monumental de Bucarest, capital de Rumanía, situado en plena Calea Victoriei. El edificio, en sus diversas fases, sirvió de residencia oficial a los reyes de Rumanía hasta 1947, cuando se instauró el régimen comunista tras la abdicación forzada de Miguel I de Rumanía, y es considerado un símbolo de resistencia y del orgullo nacional, que representa la determinación del país por conservar su herencia. Desde los años 1950, acoge las colecciones de arte nacional de Rumanía, siendo a partir de 2001 sede del Museo Nacional de Arte ().

El palacio es la residencia real más grande y arquitectónicamente significativa de Rumanía (teniendo en cuenta que el Palacio del Parlamento Rumano, considerado el edificio más pesado del mundo, es una nueva construcción y nunca sirvió como residencia de la monarquía). Además, contiene espacios emblemáticos como el Salón del Trono, el Comedor Real y la monumental Escalera de los Vaivodas, y está ligado a algunos de los acontecimientos clave de la historia de Rumanía. En frente se encuentra la plaza de la Revolución, originalmente conocida como plaza del Palacio () y rebautizada tras la revolución rumana de 1989. Una estatua ecuestre del primer rey de Rumanía, Carlos I, se encuentra en el centro de la plaza.

El palacio sigue teniendo un valor sentimental para la familia real rumana, una dinastía que siempre fue querida por el pueblo (si bien no ejercen en la actualidad de monarcas, siendo Rumanía una república). Aunque actualmente los miembros de la familia utilizan el palacio Elisabeta como su residencia oficial, el Gobierno rumano les permite utilizar el Palacio Real en distintas ocasiones.

Historia

El Antiguo Palacio El palacio está ubicado en el lugar donde anteriormente se encontraba el palacete Golescu (conocido posteriormente como el Antiguo Palacio Real), una mansión neoclásica construida entre 1812 y 1815. Esta recibía el nombre de su dueño, Dinicu Golescu, un boyardo (aristócrata) de Valaquia y viajero aficionado, reconocido por sus escritos sobre sus viajes y sus artículos de prensa. El edificio disponía de 25 habitaciones, siendo una de las mansiones más grandes de la capital rumana de la época. En 1833 fue vendido a la familia Kreţulescu, relacionada con la dinastía valaca gobernante (cuyo nombre lleva la contigua iglesia Kreţulescu).

En 1837, se convirtió en la residencia oficial del príncipe valaco (hospodar) Alejandro II Ghica. Le sigió Gheorghe Bibescu, quien abandonó el lugar tras la Revolución de Valaquia de 1848, dejándolo en manos de una guarnición. Durante la existencia de los Principados Unidos de Valaquia y Moldavia (entre 1859 a 1866, predecesor del Reino de Rumanía), el domnitor (príncipe y jefe de Estado) Alejandro Juan Cuza hizo del palacete Golescu su residencia oficial (manteniendo su nombre). miniaturadeimagen|La familia real rumana en la Sala del Trono, 1881. En febrero de 1866, Cuza fue destituido por la Coalición Monstruosa (una alianza entre nacionales liberales y conservadores rumanos), acordando el nombramiento del príncipe wurtembergués Carlos de Hohenzollern-Sigmaringen (futuro Carlos I) a domnitor del país, por entonces ya conocido como Rumanía. El 10 de mayo de 1866, el príncipe alemán llegó por primera vez a Bucarest, donde fue invitado a residir en la mansión Golescu, convirtiéndola de facto en residencia de Estado. En 1881, Rumanía se convirtió oficialmente en reino tras su independencia del Imperio otomano en la guerra ruso-turca de 1877-1878, y Carlos I fue proclamado primer rey de Rumanía y jefe de la futura Casa de Rumanía; es en ese momento que el edificio pasa a llamarse Palacio Real. Bajo el reinado de Carlos se realizaron varias modificaciones al palacio, encargando su modernización al estilo neoclásico a los arquitectos Paul Gottereau y Karel Liman (Liman también fue el arquitecto jefe del Castillo Peleș, también encargado por Carlos I). Ya que no era lo suficientemente grande ni disponía de espacios apropiados para las funciones de Estado, fue ampliado dotándole de una nueva ala, que incluía las principales dependencias para la gestión administrativa y celebración de actos de Estado, como el Salón del Trono, concluyendo los trabajos en 1906. En su testamento, Carlos I estipula que su colección de arte, que decoraba las salas y estancias del palacio, debía seguir en manos a la familia real. miniaturadeimagen|184x184px|La Sala del Trono del Palacio Real de Bucarest, 1902.En 1926, hacia finales del reinado de Fernando I, sobrino de Carlos, un incendio asoló el Antiguo Palacio Real —que quedó reducido a cenizas más de un siglo tras su construcción—, propiciando el uso del palacio de Cotroceni como residencia de la familia real rumana. Dicho palacio había sido construido por Carlos I como residencia oficial de los entonces príncipes herederos Fernando y María de Edimburgo. En esta época, dado que era necesaria una renovación total del Palacio Real, los restos del antiguo edificio fueron completamente demolidos. Como en el caso de otras estructuras monumentales europeas, fue un incendio el que propició la construcción de un edificio más moderno y adecuado para sus propósitos.

El Nuevo Palacio En 1930, Carlos II encargó a los arquitectos Nicolae Nenciulescu y Arthur Lorentz la reconstrucción del palacio, aunque pronto se constató la necesidad de erigir un nuevo edificio. El actual Palacio Real (al principio conocido como Nuevo Palacio Real) fue construido entre 1936 y 1937 sobre la base del edificio quemado, bajo la supervisión directa de la reina madre, María. Si bien en un principio se contempló una restauración completa del edificio anterior y no la construcción de uno nuevo, esta idea fue descartada por inviable. El artífice del nuevo edificio, que conservaba la mezcla arquitectónica del palacio anterior, fue Nicolae Nenciulescu, futuro decano de la Universidad de Arquitectita y Urbanismo de Bucarest.

El edificio, inaugurado en 1937, era todo un ejemplo de majestuosidad, pero estaba poco adecuado para servir de vivienda, pues sus salas y vastos espacios habían sido diseñados para alojar actos oficiales y no como dependencias familiares. Con este motivo, se construyó otro edificio detrás del palacio, conocido como la Casa Nouă (‘la Casa Nueva’), donde residía la familia real hasta 1944; estaba ubicado en el lugar donde en la actualidad se encuentra la Sala Palatului (una famosa sala de conciertos). Entre el palacio y la Casa Nouă había un callejón, sin ninguna estructura que conectaba ambos edificios. En esta casa tuvo lugar el arresto del mariscal Ion Antonescu en la tarde del 23 de agosto de 1944, durante el golpe de Estado dirigido por el último rey rumano, Miguel I, que derrocó al régimen pronazi de Antonescu y provocó el cambio de bando de Rumanía a favor de los Aliados. miniaturadeimagen|Estatua de Ioan Georgescu, en el patio del palacio.|184x184px Unos días después, el 31 de agosto, la Luftwaffe bombardeó la capital rumana como represalia por el derrocamiento de Antonescu, causando destrozos por toda la ciudad, incluyendo la completa destrucción de la Casa Nouă y daños importantes al Palacio Real. Ya que el palacio de Cotroceni se encontraba en ese momento inservible (desde su casi total destrucción cuatro años antes en el gran terremoto de Bucarest), la única opción viable para una residencia de la familia real era el palacio de Elisabeta, en el parque Herăstrău, en ese momento propiedad gubernamental. El rey Miguel apeló a su tía, la princesa Isabel de Rumanía, reina consorte emérita de Grecia, para que intercediera ante las Cortes pidiendo su aprobación al uso del palacio por la familia, y estas accedieron. A su vez, hacia finales de año, gran parte del exterior del Palacio Real fue reconstruido al estilo clasicista, si bien su interior seguía en mal estado.

En julio de 1945, algunos de los daños al Salón del Trono fueron reparados con prisa para acoger la ceremonia de condecoración del rey Miguel con la Orden de la Victoria (la más alta y escasa condecoración militar soviética) por liderar el golpe de 1944 (la medalla fue entregada en nombre de Stalin por el mariscal Fiódor Tolbujin).Periódico "Pravda" No. 173 de fecha 21.07.1945 Menos de un año después, el salón sirvió también para el nombramiento del rey a Comandante en Jefe de la estadounidense Legión del Mérito en nombre del presidente Harry S. Truman. Si bien las reparaciones del interior del palacio resultaron superficiales y de mala calidad, lo cierto es que no serviría a la familia real por mucho tiempo pues poco después, en 1947, el rey fue obligado a abdicar y partir hacia el exilio, dejando atrás la mayoría de su patrimonio, incluida la gran colección de obras de arte que adornaban el palacio. En los años siguientes, estas obras fueron juntadas en una de las salas del palacio, recibiendo por primera vez una designación museística, con el nombre de Museo de Carlos I ().

Durante el régimen comunista (1947-1989, primero la República Popular y luego la República Socialista), el Palacio Real, en ese momento llamado Palacio de la República, se utilizó, entre otros, para albergar las colecciones de arte nacional de Rumanía. La Sala del Trono fue renombrada Sala del Consejo de Estado (), convirtiéndose en sede del Consejo de Ministros, si bien por su aspecto majestuoso fue utilizada principalmente para diversos actos de Estado de los dirigentes del país, sobre todo Nicolae Ceaușescu. Durante esa época, se eliminaron todos los símbolos que recordaban a la monarquía, como el sillón del trono, el gran escudo real estampado en las paredes, y otros. Las obras de arte de la monarquía, junto a otras traídas de distintas partes del país, pasarían a formar la Galería Nacional Rumana (completada pocos años después por la Galería de Arte Europeo y el Departamento de Arte Medieval Rumano). Detrás del Palacio Real, se construyó entre 1959 y 1960 una sala polivalente en el lugar donde antes se encontraba la Casa Nouă, siendo la actual Sala Palatului. En 1965, la Sala del Consejo de Estado se utilizó para el velatorio del difunto primer y penúltimo líder comunista del país, Gheorghe Gheorghiu-Dej, abierto al público para que los rumanos pudieran presentar sus últimos respetos (tanto voluntariamente como bajo presión).

Tras el fin del comunismo hasta la actualidad Después de la Revolución rumana de 1989, que llevó a la caída de Ceaușescu y acabó con más de cuatro décadas de régimen comunista, el Palacio Real seguía cumpliendo sus funciones museísticas bajo el Gobierno republicano. Durante los violentos enfrentamientos callejeros en diciembre de ese año, el edificio fue parcialmente incendiado, poniendo en grave peligro las obras de arte que se encontraban en su interior. En 1990, el museo pasó a ocupar por primera vez la totalidad del edificio, aunque permaneció cerrado durante una década debido a las obras de restauración, que sufrían reveses (sobre todo económicos).

En abril de 1992, tres años tras la revolución rumana, el rey emérito Miguel y su esposa Ana de Borbón-Parma pudieron visitar el país por primera vez. Su visita de dos días fue todo un acontecimiento histórico, e incluía una visita al Palacio Real. Su siguiente presencia en suelo rumano no se produciría hasta 1997, después de que el Gobierno de Victor Ciorbea aboliera el decreto comunista que prohibía la ciudadanía rumana a la familia real. Aquello permitió a miembros de la familia regresar y recuperar parte de su patrimonio, pero no el Palacio Real ni los objetos en su interior.