La Iglesia católica es una organización religiosa minoritaria en el Tíbet, donde el budismo tibetano es la fe predominante. La primera misión católica en el Tíbet fue establecida por António de Andrade, un jesuita portugués, que en 1624 llegó al reino de Guge del Tíbet occidental.

La iglesia católica de Lhasa fue el primer templo católico construido en el Tíbet, pero fue destruida en 1745. La iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Yerkalo (ubicado en Markam, Chamdo) es actualmente el único templo católico en la región autónoma del Tíbet designada por el gobierno comunista chino, además de capillas e iglesias repartidas por los territorios tibetanos incorporados en Sichuan (Sechuan) y Yunnan.

Historia y

Los primeros misioneros católicos que llegaron al Tíbet, António de Andrade y Manuel Marques, arribaron al reino de Guge (Tíbet occidental) en 1624 y fueron acogidos por la familia real y, posteriormente les permitió construir una iglesia. Los dos jesuitas dependían de Goa (India portuguesa), donde la política sincrética de Akbar (1542–1605), mantenida por su hijo Jahangir (1569–1627), les permitió evolucionar libremente en un entorno bajo autoridad musulmana.

En 1627, en el reino contaba con un centenar de conversos aproximadamente. El catolicismo también se extendió a Rudok, Ladaj («Pequeño Tíbet» de la India) y Ü-Tsang (Tíbet central) y fue bien recibido por el gobernante del reino de Ü-Tsang, donde Andrade y sus compañeros establecieron un puesto jesuita en Shigatse en 1626. Nuño Coresma, jesuita español, dirigió en 1635 la segunda expedición de seis misioneros enviados a Tsaparang (capital del reino de Guge).

En 1661, Johann Grueber, jesuita austríaco, cruzó el Tíbet desde Sining hasta Lhasa, donde pasó un mes, antes de dirigirse a Nepal. Ippolito Desideri, jesuita italiano, fue el primer europeo documentado que estudió y comprendió con éxito la lengua y la cultura tibetanas durante su estancia de seis años en el Tíbet (1715–1721).

El también vio la llegada de varios misioneros capuchinos apoyados con donaciones del virreinato de Nueva España, que construyeron la iglesia católica de Lhasa en 1726. En 1736 el cardenal español Luis Antonio de Belluga y Moncada prestó apoyo al misionero capuchino Francesco della Penna cuando éste buscó ayuda para su evangelización en el Tíbet.

El catolicismo fue utilizado por algunos monarcas tibetanos y sus cortes y los lamas de la escuela karmapa para contrarrestar la influencia de la escuela gelug en el hasta que en 1745 todos los misioneros fueron expulsados ante la insistencia de los lamas. El Tíbet estaba cerrado a los extranjeros, aunque esta región quedó bajo la autoridad de la misión sui iuris del Indostán en 1792, no llegaron más misioneros hasta 1844.

En 1844, Évariste Régis Huc, lazarista francés, preparó su viaje al Tíbet por sugerencia del vicario apostólico de Mongolia (Joseph-Martial Mouly). En septiembre de 1844 llegó a Dolon Nor (Mongolia Interior) e hizo los preparativos para su viaje. Poco después, acompañado de su joven compañero lazarista, Joseph Gabet. En enero de 1845 llegaron a Tang-kiul, una villa ubicada en la frontera entre Kokonor y el Tíbet nororiental. En lugar de emprender un viaje independiente de cuatro meses a Lhasa, esperaron ocho meses a que una embajada tibetana regresara de Pekín. Mientras tanto, bajo la dirección de un maestro inteligente, estudiaron la lengua tibetana y la literatura budista. Durante los tres meses de su estancia residieron en el monasterio de Kumbum, que se decía que tenía capacidad para .

miniatura|240px|Interior de la antigua catedral del Sagrado Corazón de Dartsedo El vicariato apostólico de Lhasa (actualmente, diócesis de Kangding, o Dartsedo) fue erigido el 27 de marzo de 1846 con el breve del papa Gregorio XVI, obteniendo el territorio del vicariato apostólico de Sechuan y del vicariato apostólico del Tíbet-Indostán. La evangelización fue confiada a los misioneros de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París. En 1847, Charles Renou partió disfrazado de comerciante hacia Dartsedo (también, Tatsienlu o Kangding, en el Tíbet oriental) y luego continuó su viaje hacia Chamdo. Fue reconocido y arrestado en 1848 y escoltado de regreso a Cantón (China). Al mismo tiempo, Nicolas Krick y Augustin Bourry se acercaron al Tíbet desde el sur, desde Assam (India). En 1856, Pío IX encargó a Joseph Desflèches, vicario apostólico de Sechuan Oriental, que eligiera un vicario para la misión de Lhasa y, eligió a Léon Thomine Desmazures. Finalmente, con este nuevo vicario, se estableció el vicariato que unía los territorios del Tíbet oriental y Sichuan occidental.

Tras la expedición británica al Tíbet en 1904, Auguste Desgodins fue designado «párroco de Lhasa» por su obispo Pierre-Philippe Giraudeau, vicario apostólico del Tíbet, pero nunca viajó a Lhasa, la capital del Tíbet. Después de la caída del imperio manchú en 1911, los intentos de invasión del Tíbet en 1917 y en 1930 tampoco ayudaron al establecimiento de las Misiones Extranjeras de París. Algunos de estos misioneros también tuvieron dificultades para adaptarse al clima, por lo que después de 1930 les fueron enviados una docena de canónigos agustinos de la Congregación Hospitalaria del Gran San Bernardo (Martigny, Suiza), por invitación del obispo Jean de Guébriant, vicario apostólico de Kienchang. Son jóvenes misioneros curtidos en los Alpes suizos y que también tienen el proyecto de construir en 1933 un hospicio en el paso de Latsa, entre los valles de los ríos de Mekong y Saluén, donde se encuentra la iglesia del Sagrado Corazón de Tsedro.

miniatura|160px|Beato Maurice Tornay, párroco de Yerkalo, asesinado por lamas. miniatura|160px|Casimir Sandjrou, arrodillado con su sombrero en el suelo, fue compañero de viaje de Tornay y testigo de sus últimos días. El beato Maurice Tornay, miembro de la susodicha Congregación Hospitalaria del Gran San Bernardo, párroco de Yerkalo y misionero en Tsedro (Weisi), fue asesinado en la alta montaña de Chola (Sichuan) en 1949 durante su viaje hacia Lhasa. Era un católico tibetano su compañero de viaje llamado Casimir Sandjrou, quien actuó como un fiel guía para Tornay, lo acompañó a través de terrenos difíciles y fue testigo de sus últimos días y de su preparación espiritual para la muerte. Estuvo con Tornay cuando intentaron pasar por puestos de control, como el de Atuntze. Testificó sobre los últimos actos de Tornay, señalando que este rezó el rosario y, a pesar del peligro, perdonó a sus enemigos antes de morir.

Misioneros trabajaron en el Tíbet durante este período, a los ya mencionados se suman Georges André, responsable de la misión de Bahang (Yunnan); Jean-Baptiste Brieux, asesinado en 1881; Jules Dubernard, asesinado en 1905; Jean-André Soulié, asesinado en 1905 durante el levantamiento de Batang; Jean-Théodore Monbeig, asesinado en 1914 cerca de Litang, poco después de ayudar a revivir la comunidad cristiana en Batang. Félix Biet, vicario apostólico de Tatsienlu, que envió ejemplares zoológicos a Francia.

miniatura|izquierda|180px|Pascual Nadal Oltra, misionero a los leprosos, decapitado por comunistas. En Mosimién (conocida en tibetano como Boxab), Chagsam, una villa ubicada en Garzê, una de las tres regiones tibetanas de Sichuan, donde se encuentra la iglesia de Santa Ana de Mosimién construida por las Misiones Extranjeras de París, una comunidad misionera formada por frailes y monjas de diversas nacionalidades que trabajaban en una leprosería conocida como hogar de San José. En 1930, Pascual Nadal Oltra, franciscano y artista nacido en Pego (España), se unió a la misión de Mosimién trabajando como cantero y escultor. La idea de fundar la leprosería de Mosimién correspondía al obispo de Tatsienlu (Pierre-Philippe Giraudeau), el anciano prelado pretendía «evangelizar a los leprosos, partiendo de su cuidado corporal». El ejecutor de aquel proyecto fue su obispo-coadjutor (Pierre Valentin). La misión poseía en el lugar un viejo caserón junto a una heredad, al ser insuficiente para el proyecto de la leprosería adquirieron algunas parcelas más y la cercaron con un muro de obra. La fundación se puso bajo la dirección espiritual de los franciscanos, su primer Guardán fue el padre Plácido Albiero, un fraile italiano. La comunidad fundacional está formada (en enero de 1930) por el padre Guardián, fray Plácido Albiero (), el canadiense padre Bernabé Lafond, el italiano fray José Andreatta, enfermero diplomado () y el español fray Pascual Nadal y Oltra ().

miniatura|Iglesia de Santa Ana de Mosimién La leprosería de la misión de Mosimién se organizaría en torno de una capilla-oratorio, sobre la que se construyó una pequeña iglesia de tres naves (iglesia de Santa Ana de Mosimién), a la epístola estaba el convento de las hermanas y al evangelio se pensaba levantar el de los hermanos, pero finalmente éste se construyó en una pequeña granja que adquirieron extramuros. Se hizo también una farmacia, la enfermería y dormitorios para los primeros leprosos que llegaron. La instalación de los primeros leprosos no fue fácil, dada su ignorancia y la situación de marginación en la que vivían, por la aversión social que su enfermedad provocaba. Con todo (en 1935) contaban ya con un centenar de enfermos asilados.

En mayo de 1935, una columna del ejército comunista de Mao Tse Tung (Mao Zedong) huía del ejército regular de Chiang Kai-shek hacia el noroeste de China pasaba por la zona de Mosimién. Según relata el franciscano valenciano José Miguel Barrachina Lapiedra, autor del libro Fray Pascual Nadal y Oltra: Apóstol de los leprosos, mártir de China, y el Malaya Catholic Leader, periódico oficial de la archidiócesis de Singapur: «Los soldados comunistas entraron en la residencia, la saquearon, detuvieron a los religiosos y muchos de los leprosos trataron de defenderlos, pero dispararon contra los propios enfermos. A continuación, los franciscanos fueron llevados ante Mao Tse Tung, quien les interrogó, dejó prisioneros a dos de ellos, fray Pascual y el fraile italiano Epifanio Pegoraro, y liberó al resto. Había más de en la banda, incluido una gran cantidad de mujeres. Antes de su partida, los rojos desvalijaron el pueblo, llevándose todo lo mueble y comestible, dejando a la gente del distrito sin medios de subsistencia. Días después, el 4 de diciembre de 1935 un oficial se dirigió a la aldea de Leang Ho Kow (Tsanlha, Ngawa), donde estaban apresados los dos franciscanos, y les decapitó con una espada. Varios vecinos fueron testigos desde sus casas de la ejecución y uno de ellos enterró los cuerpos.»

En la carta que dirige al poeta Raymond Cortat, fechada el 17 de enero de 1937, Marie-Rosine Sahler, miembro de las Franciscanas Misioneras de María, relata detalladamente su viaje, su llegada a China y su vida en la leprosería, un testimonio sobre la dificultad política: «En 1935, la leprosería fue atacada salvajemente por bandas comunistas y la comunidad tuvo que huir a las montañas y permanecer allí durante ocho días. A su regreso, encontró la leprosería desvalijada y todos los suministros saqueados. Sin embargo, la comunidad logró recuperar y acoger de nuevo a los enfermos, que en 1937 eran .»

Situación actual Después de la toma de poder por parte de los comunistas en China en 1949, la Iglesia católica en China se ha visto obligada a realizar su culto en los templos aprobados por la autoridad que pertenecen a la Asociación Patriótica Católica China, que no acepta la primacía del romano pontífice. Algunos misioneros fueron detenidos y enviados a «centros de reforma del pensamiento» en los que se sometieron a un inquietante proceso de reeducación en un ambiente carcelario vengativo.