El término calorías negativas se utiliza para describir la idea de que ciertos alimentos requerirían más energía para ser digeridos, absorbidos y metabolizados de la que aportan. Según esta hipótesis, su consumo produciría un balance energético negativo y favorecería la pérdida de peso.
En realidad, el concepto carece de respaldo científico. Todos los alimentos implican un pequeño gasto energético durante la digestión,el denominado efecto térmico de los alimentos, que representa solo entre un 5 y un 15 % de la energía consumida, muy por debajo del total que aportan. El New England Journal of Medicine ha demostrado que incluso actividades como masticar goma de mascar apenas incrementan el gasto energético de manera apreciable.
Diversas publicaciones de nutrición y medicina han refutado la existencia de los «alimentos con calorías negativas». Los estudios clínicos disponibles confirman que la pérdida de peso en dietas altas en vegetales o proteínas se debe al balance calórico general y no a un efecto “negativo” de los alimentos.
Los alimentos más citados en este contexto, como el apio, la lechuga, el brócoli o la manzana, son, en realidad, simplemente bajos en calorías y ricos en agua y fibra, lo que favorece la saciedad y puede contribuir a dietas hipocalóricas. Fuentes de divulgación científica como New Scientist y Time coinciden en que los supuestos “alimentos de calorías negativas” son un mito persistente sin evidencia experimental.
Véase también Metabolismo Teoría del balance energético dinámico Homeostasis energética
Referencias
Categoría:Nutrición