miniatura|260px|Introducción de poblaciones nuevas de peces en la reserva natural de Stawinoga (Polonia). La repoblación de peces es la práctica de liberar peces criados artificialmente en viveros dentro de cuerpos de agua natural (ríos, lagos u océanos), para complementar a las poblaciones silvestres existentes o bien para introducir un nuevo conjunto. La repoblación se puede realizar en beneficio de la pesca comercial, recreativa o la pesca tribal de subsistencia, pero a menudo también se emplea para la conservación ecológica: para restaurar o aumentar la población de especies de peces amenazadas o en peligro de extinción que se ven presionadas por la sobrepesca, la destrucción del hábitat, el cambio climático o la competencia de especies invasoras.
La reploblación puede ser fuente de contaminación genética, propagación de parásitos y enfermedades, además de mermar la integridad genómica de las subpoblaciones locales. Especialmente en países en vías de desarrollo, esta práctica busca mejorar la alimentación de sus habitantes mediante el aumento de la producción de especies adecuadas para su consumo. En este sentido, en lugares donde la ictiofauna no cumple este requisito, la introducción de nuevas poblaciones permite su explotación por diferentes medios de acuicultura.
Historia Se tiene constancia del cultivo de peces para su consumo desde la Edad Antigua, como atestigua un bajorrelieve egipcio de c.2500a.C. que muestra una técnica primitiva de cría en un estanque artificial. También existía la piscicultura en la región del Indo-Pacífico hacia el 1400a.C.. De forma similar, en China se cultivaban ostras y carpas, y tanto griegos como romanos empleaban viveros para peces. El escritor hispano Columela afirmó en su tratado De re rustica que patricios y grandes fortunas repoblaban lagos y estanques artificiales con alevines de especies marinas, como doradas y lubinas.
miniatura|Operaciones de desove de Sander vitreus en 1939. La piscicultura se desarrolló en gran medida durante la Edad Media, especialmente el cultivo de carpas y truchas. La cría en agua salada se expandió durante el siglo en el Mediterráneo, el Atlántico sur y el sureste asiático, desde Indonesia hasta Taiwán. En la Edad Moderna se encuentran ejemplos de establecimientos dedicados a la repoblación de peces, como la piscifactoría Heninque en Francia, que se enfocaba en especies fluviales, y el criadero en La Granja en España, financiado por la monarca Isabel II. En 1881 y también en España se repobló el lago Enol con ejemplares de Salmo trutta lacustris.
Según el biólogo Edwin Pister, la repoblación generalizada de truchas en Estados Unidos se remonta al siglo . Durante los primeros cien años del proceso no se registró bien la ubicación y el número de peces introducidos; el único objetivo era mejorar la pesca deportiva, independientemente de las ramificaciones ecológicas, como la erosión de la biodiversidad. Durante el siglo Servicio de Pesca y Vida Silvestre catalogó de forma rigurosa las especies de peces destinadas a un lugar determinado. Esto comenzó en la década de 1960, cuando la investigación sugirió el impacto negativo de la población de peces con respecto a la complejidad ecológica de otras formas de vida. La Ley de Áreas Salvajes de 1964 también concienció al público acerca de los efectos que tiene la repoblación en otros organismos.
Especies repobladoras miniatura|izquierda|Un ejemplar de pejerrey en Mar de Plata. Su cultivo se destina principalmente a la pesca deportiva en países como Brasil, Uruguay, Argentina o Bolivia. miniatura|izquierda|Jaulas flotantes para la cría de salmones en Noruega.
En China, las especies repobladoras consisten principalmente en carpas omnívoras, como la carpa plateada (Hypophthalmichthys molitrix) y la carpa cabezona (Hypophthalmichthys nobilis). Estas poblaciones de carpas puede disminuir la claridad del agua en las cuencas subtropicales del país, ya que alteran la estructura de la red alimentaria. En la India también es común la cría de las principales carpas de la región, como Gibelion catla, Labeo rohita y Cirrhinus mrigala.
En Latinoamérica desde las últimas décadas del siglo la acuicultura se orienta a la piscicultura de repoblación. En sus inicios, esta se enfocó en especies exóticas, pero a finales de siglo comenzó la introducción de peces nativos. De esta manera, los salmónidos —provenientes de Europa y Norteamérica— se crían principalmente para este fin. En ciertas regiones, como Ecuador, los huevos de este género se importan de forma ininterrumpida, aunque esta práctica no es la habitual: tras las primeras importaciones, en los demás países se obtienen de reproductores en aguas repobladas. Otra especie común es el pejerrey (Odontesthes bonariensis), que se destina a lagos y embalses, tanto naturales como artificiales, en climas subtropicales y templados. También se usan para repoblación el género Percichthys (para piscicultura extensiva) y la familia Centrarchidae (repoblación y pesca deportiva).
Respecto a las especies marinas, su cría presentaba más problemas en comparación con los peces de agua dulce, ya que se tiene que tomar en cuenta la salinidad, la temperatura y la turbidez. Por ello, las piscifactorías en estos casos consisten principalmente en jaulas que cierran el mar. En Japón, entre otras especies, se introducen a las costas pargo (Pagrus major) y platija japonesa (Paralichthys olivaceus) para complementar las poblaciones silvestres. Alrededor del mundo —y particularmente en el mar Báltico— es común la repoblación de trucha marina (Salmo trutta L.) debido a que están amenazadas por la actividad humana en las desembocaduras de los ríos, que dificulta el desove y la cría.
Contextos para la repoblación
Si bien implementada, la repoblación puede ser una técnica rentable y que puede transformar la pesca y la alimentación local. Por ejemplo, en África tuvo éxito la introducción de Limnothrissa miodon en los lagos Kivu y Kariba, lo que aumentó diez veces su productividad pesquera. Por otra parte, la repoblación de peces también pueden tener efectos ambientales perjudiciales, como en el caso de Lates niloticus en el lago Victoria. Por tanto, las propuestas para introducir especies deben considerar el posible impacto ambiental.
La mayoría de las introducciones tienen una o varias iteraciones, hasta que la nueva especie esté establecida y pueda mantener un censo constante mediante reproducción natural. La siembra periódica de peces es más común, especialmente como medio para administrar cuerpos de agua pequeños o estacionales, o bien para complementar poblaciones naturales. Este procedimiento no es económico en flujos de agua más grandes o cuando hay una gran diversidad de organismos que la habitan. De esta forma, la repoblación de grandes lagos o ríos involucra especies de mayor valor o alevines, que no requieren de alimentos con alto contenido proteico. Las circunstancias en las que se repueblan peces incluyen:
Cuando hay un nicho ecológico sin explotar, como fue el lago Kariba antes de la introducción de Limnothrissa miodon. Otros ejemplos incluyen la población de Mormyrus longirostris en el lago Mutirikwe (sureste de Zimbabue), que aumentó considerablemente la producción de peces sin ningún efecto sobre otras especies.
Para restaurar la biodiversidad, en especial en lagos artificiales donde las especies del sistema fluvial que deberían habitarlos estaban ausentes cuando se cerró la represa. Esta situación ocurre porque estas tienden a cerrarse en la estación seca, cuando muchas especies migratorias están ausentes en ese momento. Un ejemplo de tal situación es la represa Chimutsi (Zimbabue): aunque carece del bagre Clarias gariepinus estos se encuentran río abajo.
Cuando las poblaciones se han agotado debido a la sobrepesca, la contaminación o la sequía. En estos casos es habitual la cría de alevines en ambientes externos y controlados para mejorar o restaurar los rendimientos de las pesquerías.
En respuesta a problemas específicos, como el uso de Ctenopharyngodon idella para reducir la cantidad de malezas. Otros causas que justifican la repoblación de una especie de pez es el posible control de enfermedades transmitidas por vectores como la esquistosomiasis, la malaria o la filariasis.
Beneficios Conservación de las especies Ante casos de merma de la población local de peces, por motivos como la polución o una causa de mortalidad repentina, se puede accionar con una nueva introducción de las mismas especies. La repoblación se utiliza a nivel mundial para la conservación y la gestión de la vida silvestre, pero no se conocen del todo sus efectos sobre la red alimentaria y la estabilidad del ecosistema. Esto proceso tiene típicamente dos objetivos: la conservación y la mejora. La conservación tiene la finalidad de aumentar la población —que pudo haber sido reducida por la pesca—, a través de un flujo directo de alevines de criadero introducidos en el medio natural, de manera que su abundancia se mantenga de forma autosostenible. El principal objetivo de la repoblación, no obstante, suele ser la mejora: es decir, maximizar las capturas para la pesca comercial y recreativa. Pese a los beneficios potenciales de la repoblación para la conservación de especies, muchos programas de introducción fracasan o dañan la biodiversidad local.
La repoblación de peces también se puede llevar a cabo bajo un contexto de presión en las especies por el cambio climático. El aumento de la temperatura también repercute en las aguas, así como el incremento de las precipitaciones en ciertas zonas puede derivar en mayor escorrentía y eutrofización. Dichos cambios pueden afectar al crecimiento de los peces, de forma que se desarrollen más rápido en aguas más cálidas, puesto que aceleran el metabolismo. Esto puede derivar en una peor nutrición, ya que sus presas habitualmente no sufren el mismo proceso. Del mismo modo, el calentamiento global tiene consecuencias en el desove y afecta especialmente a salmónidos, pues si los inviernos son más leves su ciclo biológico se vería alterado y se retrasaría. De acuerdo a Amy Teffer, investigadora de la Universidad de Massachusetts, la repoblación con grupos de las mismas especies que toleren temperaturas más elevadas podría beneficiar a los peces «a ser más resistentes al cambio climático». De este modo, se seleccionarían los rasgos hereditarios que favorezcan una mayor tolerancia térmica y a distintas cantidades de oxígeno.
Mejora de la alimentación local miniatura|Pez cabeza de serpiente (Channa striata), relleno de hierbas de limón y hojas de lima. El pescado constituye el 17% de las proteínas animales que se consumen a nivel global y su uso en alimentación per cápita ha aumentado desde finales del siglo —se situó en 20.5kg en 2018—. En 2019, de las 158 millones de toneladas de alimentos acuáticos que se produjeron, el 72% se destinó al mercado asiático. La repoblación de peces puede contribuir a la alimentación de los habitantes cercanos. De este modo, en zonas como el sur de África es común que los pequeños cuerpos de agua sean públicos, de tal forma que las personas con menos recursos tienen la oportunidad de completar su dieta. Por ejemplo, en el distrito de Thiruvananthapuram al sur de la India comenzó en 2022 un proceso de liberación de alevines en aguas públicas, con los objetivos de aumentar la población de peces y garantizar una dieta equilibrada. Este proyecto también incluye especies autóctonas, como el pez cabeza de serpiente (Channa striata).