El Sacro Imperio Romano Germánico (; ), a veces llamado Imperio antiguo para distinguirlo del Imperio alemán de 1871-1918, fue una agrupación política situada en la Europa Occidental y Central, cuyo ámbito de poder recayó en el emperador romano germánico desde la Edad Media hasta inicios de la Edad Contemporánea. Como abreviatura del nombre cuádruple se ha hecho uso en fuentes de lengua española de las siglas SIRG.

Su nombre deriva de la pretensión de los gobernantes alemanes de continuar la tradición del Imperio carolingio (desaparecido tras el Tratado de Verdún del año 843), el cual había revivido el título de emperador romano en Occidente como una forma de conservar el prestigio del antiguo Imperio romano de Occidente.

El adjetivo «sacro» no fue empleado hasta el reinado de Federico Barbarroja para legitimar su existencia como la voluntad divina en el sentido cristiano. Así, la designación Sacrum Imperium fue documentada por primera vez en 1157, mientras que el título Sacrum Romanum Imperium apareció hacia 1184 y fue usado de manera definitiva desde 1254. El complemento Deutscher Nation (en latín: Nationis Germanicæ) fue añadido en el .

El Imperio se formó en 962 bajo la dinastía sajona a partir de la antigua Francia Oriental (una de las tres partes en que se dividió el Imperio carolingio). Desde su creación, el Sacro Imperio se convirtió en la entidad predominante en la Europa central durante casi un milenio hasta su disolución en 1806.

En el curso de los siglos, sus fronteras fueron considerablemente modificadas. En el momento de su mayor expansión, el Imperio comprendía casi todo el territorio de la actual Europa central, así como partes de Europa del sur. Así, a inicios del , en tiempos del emperador Carlos V, además del territorio de Holstein, el Sacro Imperio comprendía Bohemia, Moravia y Silesia. Por el sur se extendía hasta Carniola en las costas del Adriático; por el oeste, abarcaba el condado libre de Borgoña (Franco-Condado) y Saboya, fuera de Génova, Lombardía y Toscana en tierras italianas. También estaba integrada en el Imperio la mayor parte de los Países Bajos, con la excepción del Artois y Flandes, al oeste del Escalda.

Debido a su carácter supranacional, el Sacro Imperio nunca se convirtió en un Estado nación o en un Estado moderno; más bien, mantuvo un gobierno monárquico y una tradición imperial estamental. En 1648, los Estados vecinos fueron constitucionalmente integrados como Estados imperiales.

El Imperio debía asegurar la estabilidad política y la resolución pacífica de los conflictos mediante la restricción de la dinámica del poder: ofrecía protección a los súbditos contra la arbitrariedad de los señores, así como a los estamentos más bajos contra toda infracción a los derechos cometida por los estamentos más altos o por el propio Imperio.

A pesar de varios éxitos iniciales, el Imperio fue estructuralmente incapaz de emprender guerras ofensivas, extender su poder o su territorio. Así, a partir de mediados del , el Imperio ya no fue capaz de seguir protegiendo a sus miembros de las políticas expansionistas de las potencias internas y externas. Esta fue su mayor carencia y una de las causas de su declive.

La defensa del derecho y la conservación de la paz se convirtieron en sus objetivos fundamentales. Las guerras napoleónicas y el consiguiente establecimiento de la Confederación del Rin demostraron la debilidad del Sacro Imperio, el cual se convirtió en un conjunto incapaz de actuar. El Sacro Imperio Romano Germánico desapareció el 6 de agosto de 1806 cuando Francisco II renunció a la corona imperial para mantenerse únicamente como emperador austríaco, debido a las derrotas sufridas a manos de Napoleón Bonaparte.

Naturaleza del Imperio El Sacro Imperio Romano Germánico se originó en la Francia Oriental. Debido a su naturaleza prenacional y supranacional, el mismo nunca se convirtió en un Estado nación moderno, como en el caso de Francia Occidental, por lo que nunca se desarrolló un sentimiento nacionalista integral.

El Imperio mantuvo una organización monárquica y corporativa, dirigida por un emperador, más los gobernantes de los Estados imperiales, con muy pocas instituciones comunes. El poder del Imperio no se encontraba únicamente en manos del emperador romano-germánico ni de los príncipes electores, o de un conjunto de personas organizadas en la Dieta Imperial; por ello, el Imperio no puede ser entendido como un Estado federal ni como una confederación.

Tampoco era una simple aristocracia u oligarquía.Willoweit, Dietmar (2009). Deutsche Verfassungsgeschichte. Vom Frankenreich bis zur Wiedervereinigung Deutschlands. Múnich: vol. 6, secciones 13.IV, 15.2, 21.2 y 22.2. No obstante, presenta características propias de todas estas formas estatales. La historia del Sacro Imperio está marcada por la lucha en cuanto a su naturaleza. Así como nunca logró romper la obstinación regional de sus territorios, el Imperio se vino abajo en una confederación informe: la Kleinstaaterei.Svoboda, Karl J. (2003). Schwerpunkte des Privatrechts. Versicherungswirtschaft, pág. 7.

El Sacro Imperio fue una institución única en la historia mundial y es por ello que la forma más sencilla de entenderlo sea quizás mostrando sus diferencias respecto a otras entidades más comunes: Nunca tuvo vocación de convertirse en Estado nación, sólo buscó integrar naciones en un solo concepto sagrado de naciones renacentistas con bases católicas cristiano-romanas y con un mismo propósito común, a pesar del carácter germánico de la mayor parte de sus gobernantes y habitantes. Desde sus inicios, el Sacro Imperio estuvo constituido por diversos pueblos, y una parte sustancial de su nobleza y cargos electos procedía de fuera de la comunidad germano-hablante. En su apogeo, el Imperio englobaba la mayor parte de las actuales: Alemania, Austria, Suiza, Liechtenstein, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, República Checa y Eslovenia, así como el este de Francia, norte de Italia y oeste de Polonia. Y con ellos sus idiomas, que comprendían multitud de dialectos y variantes de lo que formarían el alemán, el italiano y el francés, además de las lenguas eslavas. Por otro lado, su división en numerosos territorios gobernados por príncipes seculares y eclesiásticos, obispos, condes, caballeros imperiales y ciudades libres hacían de él, al menos en la época moderna, un territorio mucho menos cohesionado que los emergentes Estados modernos que tenía a su alrededor. A diferencia de las confederaciones, el concepto de imperio no sólo implicaba el gobierno de un territorio específico, sino que tenía fuertes connotaciones religiosas (de ahí el prefijo sacro), y durante mucho tiempo mantuvo un fuerte ascendiente sobre otros gobernantes del orbe cristiano. Hasta 1508, los reyes alemanes no eran considerados como emperadores hasta que el papa los hubiese coronado formalmente como tales.

Estructura e instituciones

Desde la Alta Edad Media, el Sacro Imperio se caracterizó por una peculiar coexistencia entre emperador y poderes locales. A diferencia de los gobernantes de la Francia Occidentalis, que más tarde se convertiría en Francia, el emperador nunca obtuvo el control directo sobre los Estados que oficialmente regentaba. De hecho, desde sus inicios se vio obligado a ceder más y más poderes a los duques y sus territorios. Dicho proceso empezaría en el , concluyendo en gran medida con la paz de Westfalia (1648).

Oficialmente, el Imperio o Reich se componía del rey, que había de ser coronado emperador por el papa (hasta 1508), y los Reichsstände (Estados imperiales).

Rey de los pueblos germánicos thumb|200px|Corona del Sacro Imperio (2.ª mitad del ), conservada actualmente en la Schatzkammer de Viena. thumb|Mitad izquierda del manto imperial, Schatzkammer de Viena. La coronación de Carlomagno como emperador de los romanos en 800 constituyó el ejemplo que siguieron los posteriores reyes, y fue la actuación de Carlomagno defendiendo al papa frente a la rebelión de los habitantes de Roma, lo que inició la noción del emperador como protector de la iglesia.

Convertirse en emperador requería acceder previamente al título de rey de los germanos (Deutscher König). Desde tiempos inmemoriales, los reyes germanos habían sido designados por elección. En el era elegido entre los líderes de las cinco tribus más importantes (francos, sajones, bávaros, suabos y turingios), posteriormente entre los duques laicos y religiosos del reino, reduciéndose finalmente a los llamados Kurfürsten (príncipes electores). Finalmente, el colegio de electores quedó establecido mediante la Bula de Oro de 1356. Inicialmente había siete electores, pero su número fue variando ligeramente a través de los años.

Hasta 1508, los recién electos reyes debían trasladarse a Roma para ser coronados emperadores por el papa. No obstante, el proceso solía demorarse hasta la resolución de algunos conflictos «crónicos»: imponerse en el inestable norte de Italia y resolver disputas pendientes con el patriarca romano, entre otros.

Las tareas habituales de un soberano, como decretar normas o gobernar autónomamente el territorio, fueron siempre, en el caso del emperador, sumamente complejas. Su poder estaba fuertemente restringido por los diversos líderes locales. Desde finales del , el Reichstag (la Dieta) se estableció como órgano legislativo del Imperio: una complicada asamblea que se reunía a petición del emperador, sin una periodicidad establecida y en cada ocasión en una nueva sede. En 1663, el Reichstag se transformó en una asamblea permanente.

Estados Imperiales thumb|right|300px|Los príncipes electores del Sacro Imperio. De Bildatlas der Deutschen Geschichte, por Dr. Paul Knötel (1895). Una entidad era considerada como un Reichsstand (Estado imperial) si, conforme a las leyes feudales, no tenía más autoridad por encima que la del emperador del Sacro Imperio. Entre dichos Estados se contaban:

Territorios gobernados por un príncipe o duque, y en algunos casos reyes (a los gobernadores del Sacro Imperio, con la excepción de la Corona de Bohemia, no se les permitía ser reyes de territorios dentro del Imperio; sin embargo, algunos gobernaron reinos fuera de él, como ocurrió durante algún tiempo con el reino de Gran Bretaña, cuyo monarca era también Príncipe elector de Brunswick-Luneburgo). Territorios eclesiásticos dirigidos por un obispo o un príncipe-obispo. En el primer caso, el territorio era con frecuencia idéntico al de la diócesis, recayendo en el obispo tanto los poderes mundanos como los eclesiásticos; un ejemplo, entre muchos otros, podría ser el de Osnabrück. Por su parte, un príncipe-obispo de notable importancia en el Sacro Imperio fue el obispo de Maguncia, cuya sede episcopal se encontraba en la catedral de esa ciudad. Ciudades imperiales libres El número de territorios era increíblemente grande, llegando a varios centenares en tiempos de la Paz de Westfalia, no sobrepasando la extensión de muchos de ellos unos pocos kilómetros cuadrados. El Imperio, en una definición afortunada, era descrito como una «alfombra hecha de retales» (Flickenteppich).

Reichstag El Reichstag o Dieta era el órgano legislativo del Sacro Imperio Romano Germánico. A fines del (1777-1797) se dividía en tres tipos o clases: El Consejo de los electores, que incluía a los 7 electores del Sacro Imperio Romano Germánico. El Consejo de los príncipes, que incluía tanto a laicos como a eclesiásticos. El brazo laico o secular: 91 Príncipes (con título de príncipe, gran duque, duque, conde palatino, margrave o landgrave) tenían derecho a voto; algunos tenían varios votos al poseer el gobierno de más de un territorio con derecho a sufragio. Asimismo, el Consejo incluía cuatro colegios que agrupaban a unos 100 condes (Grafen) y señores (Herren): Renania, Suabia, Franconia y Westfalia. Cada colegio podía emitir un voto conjunto.